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domingo, 20 de marzo de 2016

La ruta del café de Colombia llega a Madrid


Dirigentes Digital
Adriana Andecochea
11 de marzo de 2016

Diez establecimientos de Madrid participan en esta iniciativa. Así, el cliente podrá identificar donde tomar café de calidad y descubrir que Colombia sabe a café y que Madrid toma café de Colombia.

Supracafé es una marca española de cafés de alta calidad 100% arábica, especializada en hostelería con hacienda propia en Colombia. Con la intención de fomentar el consumo y la calidad de estos cafés, diez establecimientos formarán parte de una ruta cafetera por la capital.

La acción tendrá una duración del 10 al 24 de marzo y los establecimientos participantes estarán identificados con carteles y materiales específicos en los locales.

Paisaje Cultural Cafetero, un lugar mágico 

El Paisaje Cultural Cafetero de Colombia es Patrimonio Cultural de la Humanidad desde el 2011. La Unesco consideró que es "ejemplo de un centenario paisaje cultural sostenible y productivo, en el que el esfuerzo colectivo de varias generaciones de familias campesinas forjaron excepcionales instituciones productivas, sociales y culturales".

Localizado en las estribaciones central y occidental de la Cordillera de los Andes, el Paisaje Cultural Cafetero tiene una extensión de 141.000 hectáreas y agrupa zonas específicas de 47 municipios de los departamentos de Quindío, Risaralda, Caldas y Valle del Cauca.

Este inmenso paisaje verde, en el que sobresalen las colosales palmas de cera, árbol nacional de Colombia, es un escenario único para disfrutar de la naturaleza y adentrarse en los secretos y rituales de esta bebida milenaria. 

Las haciendas son uno de los elementos arquitectónicos más característicos de la cultura cafetera. De vivos colores y amplios pasillos, las hay para todos los gustos.

Algunas son verdaderos hoteles, y en otras se puede convivir con los propietarios. En ellas, podrá acercarse al proceso de cultivo y producción del café. Acomodarse en sus hamacas, disfrutar del típico desayuno cafetero a base de fruta, zumo, arepa y queso, y gozar del paisaje del entorno mientras saborea un buen café para empezar bien el día.

Los locales participantes serán las cafeterías de Mamá Framboise, las de Cafelito, Pangea que es trata de un café y agencia de viajes, las cafeterías de Monkeey koffee y las Pastelerías Mallorca.

martes, 16 de febrero de 2016

Un café especial y con un precio que logró establecer un récord


El Tiempo
14 de febrero de 2016


Emprendedores colombianos ganaron cupo para asistir a competencia mundial en Irlanda.

Felipe Sardi, cofundador de la firma La Palma & El Tucán.
Felipe Sardi, cofundador de La Palma & El Tucán

El amor por el café, así como el que nació entre ellos, hizo que Elisa María Madriñán, cofundadora y directora de Mercadeo y Comunicación, y Felipe Sardi Aristizábal, cofundador y director financiero, crearán La Palma & El Tucán, un proyecto empresarial que hoy se muestra como un caso de éxito en el país.

 

Felipe Sardi habló con EL TIEMPO para compartir su experiencia como emprendedor y los logros de esta próspera compañía nacional que ya hace presencia en el extranjero, y que el viernes pasado ganó el primer puesto del campeonato de Brewers Cup en Dinamarca con su café y le permitió a su cliente calificar al mundial en Irlanda (Dublín), que será en junio de este año.

¿Hace cuánto comenzaron y puntualmente en qué consiste esta iniciativa?

El proyectó comenzó hace 5 años con el compromiso de retar lo que hasta ahora se ha hecho en el país en términos de producción, procesamiento y comercialización de cafés especiales. La Palma & El Tucán tenía el objetivo de establecer un modelo de caficultura de impacto, incluyente y de valor compartido que tuviera especial énfasis en la experimentación con procesos de fermentación, para producir y exportar café verde a los mercados más sofisticados del mundo.

Les apostamos a dos categorías de producto: variedades de café no tradicionales sembradas en nuestra finca en Zipacón (Cundinamarca) y variedades de café tradicionales sembradas por nuestros vecinos caficultores, pero procesadas por nosotros. Teníamos claro que el éxito era lograr el equilibrio entre una buena genética, un microclima y suelo con condiciones ideales, y unos procesos de beneficio diferentes que lograran tazas de café con perfiles únicos.

¿Cuáles han sido los mayores logros?

Estamos convencidos de que uno de nuestros mayores logros ha sido poder incorporar dentro de nuestro modelo productivo y de comercialización a más de 100 familias caficultoras de la zona de influencia del proyecto, y generar condiciones prósperas que le devuelvan la rentabilidad a la actividad cafetera.

Con este proyecto hemos hecho una labor que integra a las familias caficultoras tradicionales de la región bajo un modelo de compra diferente, en el que el caficultor nos vende su café en cereza en el árbol.

A cambio, el proyecto aporta su propia cuadrilla de recolección, el transporte y ofrece primas por calidad y fidelidad que les permiten a los caficultores lograr precios de venta 50 por ciento por encima de los que recibe por café pergamino en puntos de venta local. Este año estamos incorporando una nueva prima social, con la que aspiramos a aumentar el impacto en nuestra región para aquellos caficultores comprometidos con trabajar en equipo con nuestro proyecto.

Así mismo, probamos que en nuestro país, como fruto de la disciplina y la innovación, se pueden conseguir cafés con atributos muy especiales que compiten en valor con los mejores cafés del mundo. Hace pocos meses vendimos 55 libras de un café muy especial (variedad Bourbon) que alcanzó el precio más alto en la historia de Colombia, 182 dólares por libra en verde, y que hoy están utilizando tostadores internacionales para concursar en los campeonatos más importantes de la industria de cafés especiales.

¿A qué países están exportando?

Comenzamos con Estados Unidos, que era el mercado más conocido por nosotros y en el que podíamos establecer relaciones directas con tostadores, ofreciendo un servicio de exportación e importación que nos permitía controlar toda la cadena y asegurarnos de que la experiencia de La Palma & El Tucán no se quedara en el puerto de salida. Para el segundo año ya exportábamos a Europa y Australia, y para el tercero a Taiwán y Canadá.

¿Qué viene para la compañía?

Queremos replicar nuestro modelo en otras zonas del país donde identifiquemos una oferta ambiental muy atractiva para la siembra y procesamiento de cafés especiales y una comunidad de pequeños caficultores comprometidos con la calidad y el medioambiente, con quienes nos interesa mucho trabajar.



jueves, 3 de diciembre de 2015

“Tenemos que centrarnos en recuperar la rentabilidad del negocio cafetero”, presidente gremial



 Dinero.com
12 de diciembre de 2015

El presidente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), Roberto Vélez Vallejo, afirmó que uno de sus principales retos es recuperar la rentabilidad del negocio cafetero ya que las condiciones actuales amenazan su viabilidad.



La escasez de la mano de obra, el aumento de los costos de producción, la volatilidad de los precios del grano y las complejas condiciones climáticas que ha afrontado el país en los últimos meses, son algunos de los desafíos para los caficultores.

Así lo explicó la máxima autoridad de la FNC durante la instalación del Congreso Nacional de Cafeteros en Bogotá, un evento que reúne desde hoy y hasta el próximo viernes a los distintos representantes de ese tradicional oficio campesino. 

“La actividad está al filo de la navaja, rodeada de incertidumbres”, argumentó Vélez, al explicar las consecuencias que ha tenido la crisis económica mundial en la caficultura del país.

Para superar estas barreras será necesario focalizar los esfuerzos en materia de investigación científica, asistencia técnica y posicionamiento del grano nacional a nivel internacional, explicó Veléz, quien además considera que la unión del gremio será una de las claves para “enfrentar los desafíos actuales”. 

El presidente del Congreso cafetero, Luis Alfonso Castañeda, coincidió en que una de las tareas más importantes es “recuperar la rentabilidad de la empresa cafetera”, pues es “el requisito fundamental para garantizar la permanencia y sostenibilidad” de la actividad. 

Castañeda insistió en que es necesario “modernizar los instrumentos de política y apoyo” a los caficultores, dado que este es un sector que “se caracteriza por su altísima exposición a toda suerte de riesgos”. 

En este sentido, abogó por “la implementación de herramientas como los seguros, coberturas y otros mecanismos de estabilización del precio”, lo cual permitiría que los cultivadores reciban los ingresos de su negocio a tiempo.

Durante la instalación del Congreso, al que no asistió el presidente Juan Manuel Santos por asuntos diplomáticos, el ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas señaló que este ha sido “un año de enriquecimiento institucional” para la FNC.

El alto funcionario, quien celebró la eliminación de la visa Shengen al inicio de su intervención, calificó la elección de Roberto Vélez y los demás representantes del gremio cafetero como “ordenada, legítima y democrática”.

Cárdenas reconoció que hasta hace unos años “las perspectivas no eran nada buenas” para los cafeteros, ya que en el 2009 la producción alcanzó los 7,8 millones de sacos y el valor de la cosecha fue de solo $3,4 billones. 

En ese período la edad promedio del parque cafetero se calculó en 11 años y se estableció que el 70% de la producción era susceptible a la roya, un tipo de hongo que afecta la salud de las plantaciones. 

A pesar de que las cicatrices de esos años difíciles no han sido borradas, el sector ha adelantado una serie de medidas para superar dicha crisis, según lo explicó el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas. 

Entre ellas destaca la renovación de más de 500.000 hectáreas de cultivos de café, así como la recuperación de la producción de este grano (este año se cerrará con unos 13,4 millones de sacos y exportaciones cercanas a los US$3.000 millones). 



domingo, 26 de julio de 2015

Colombia siembra el turismo del café


El País
Juan Morenilla
25 de julio de 2015

Las fincas productoras diversifican sus ingresos con la llegada de visitantes extranjeros, en una industria tradicional que se reinventa

 
Un trabajador en una plantación de café en Colombia. / SAMUEL SÁNCHEZ

Gustavo Patiño recibe un mensaje en su móvil mientras explica a un grupo de turistas el largo y costoso proceso de producción del café. Esta vez es un grupo con españoles, italianos, alemanes e ingleses quienes escuchan al propietario de la finca El Ocaso, en el departamento colombiano de Quindío. Otras veces son chilenos, argentinos o australianos. De todo el mundo acuden visitantes a esta propiedad de 35 hectáreas, 18 de ellas dedicadas al café, que Patiño, nieto de cafeteros, gestiona desde hace 28 años. Es el ejemplo de un turismo del café con el que esta industria tradicional se ha reinventado para diversificar sus beneficios. Al aumento de la producción no ha correspondido un aumento de los precios y por lo tanto de las ganancias, y hoy algunas medianas fincas echan el lazo a los turistas como otra fuente de ingresos.

El mensaje del móvil le informa a Patiño, varias veces al día, del precio del café. La producción de hoy va a Washington. El precio varía según el valor de la libra en Nueva York y del dólar respecto al peso colombiano. La industria del café requiere una visión a largo plazo porque las decisiones actuales, como qué variedades cultivar, se recogerán en unos años. Entre tantas dudas, el turismo parece un valor firme.

La Unesco nombró al Paisaje Cultural Cafetero como Patrimonio Mundial de la Unesco en 2011. Además de este coffee tour por las praderas de El Ocaso, un viaje que para el visitante comienza con la plantación de la semilla y acaba con una taza de café en la mesa, la finca ofrece la opción de convertirse en agricultor durante tres días y aprender con detalle el proceso con un empleado de la empresa (y traductor si es necesario). Son unos 700 dólares, hospedaje incluido

“Los turistas se van maravillados de todo lo que hay detrás de una taza de café”, explica Patiño, que ha recibido incluso a una televisión coreana para mostrar su nuevo negocio. “El turismo ha permitido que los trabajadores tengan mejores condiciones, ha dado más sostenibilidad a nuestra industria. Con la venta de café cubrimos gastos. Con el turismo es con lo que podemos tener beneficios. En 2012 sufrimos la peor cosecha de la historia, los precios eran muy bajos y no rentaba. Colombia perdió mercado. Ahora ha recuperado la producción, hacemos más sacos, pero no han subido tanto los beneficios porque los precios no han vuelto a niveles tan altos. De ahí que necesitemos el turismo”, añade el propietario de El Ocaso. Las visitas relacionadas con este sector crecieron en el país un 10% en 2013 y otro tanto en 2014.

En Colombia hay unas 550.000 familias dueñas de fincas en 590 municipios. La maquinaria se ha recuperado después de ese bache de 2012. Entre abril de 2014 y marzo de 2015, por ejemplo, la producción de café en Colombia aumentó un 8%, de 11,5 millones de sacos de 60 kilos a 12,3, según la Federación Nacional de Cafeteros, el principal gremio del país, nacido en 1927. En ese periodo, las exportaciones crecieron un 5%, de 10,4 millones de sacos a 10,9. Es decir, casi toda la producción se exporta y el resto, el café de peor calidad —el grano pasa un examen que detecta 14 defectos diferentes—, se destina al consumo nacional. Los principales destinos son Estados Unidos (4,5 millones de sacos en 2014), Japón, Alemania, Bélgica y Canadá. A España viajaron 266.000 sacos el año pasado.

Patiño y otros productores de café tienen la esperanza de que el diálogo entre el Gobierno y las FARC desemboque en una paz que impulse el turismo. “La gente ve ahora a Colombia de manera distinta. El año pasado Colombia recibió 4,2 millones de turistas y el objetivo de este año son los cinco. Hay un interés también económico en el proceso”, cuenta “don Gustavo”, como le llaman sus empleados. Los recolectores reciben 450 pesos por kilo y día, más la alimentación. Una jornada supone para cada uno entre 10.000 y 15.000 pesos (entre 3,5 y 5 dólares). Patiño explica que el 70% del coste se va en mano de obra y que este gasto ha aumentado porque se ha elevado la exigencia de calidad. Y lamenta que un productor como él solo reciba “el 2% de lo que se paga en un bar o un restaurante por una taza de café”.

“En un momento en que el sector del café está con incertidumbre, aparece otro negocio vinculado a él que es un respiro. El turismo nos permite diversificar la ganancia”, añade Juan Pablo Echeverri (de origen vasco), gerente de Hacienda Venecia, en el departamento de Caldas. En las 200 hectáreas de la finca, entre 100 y 500 trabajadores, según la época, cuidan 1,3 millones de plantas de café. El año pasado recibieron a 7.000 turistas. “Ahora vienen más extranjeros que se van con una buena sensación de Colombia”, explica Echeverri; “en los noventa los colombianos teníamos miedo de viajar por Colombia incluso, y eso ha cambiado. Esta es una nueva Colombia”. Con el café de siempre.

 

jueves, 25 de junio de 2015

¿Qué tiene que ver el café que tomas con los bosques del mundo?


El País
25 de junio de 2015

Río de Janeiro

Para defender la calidad del grano, los productores están cada vez más involucrados en la protección del ambiente

El cafetero Márcio Vargas, de Varre-Sai, Río de Janeiro. / M.C. (BANCO MUNDIAL)

¿Qué relación tienen el café y los bosques? La respuesta es simple: sin bosques corren peligro la productividad y el buen sabor de esta bebida cotidiana. El grano crece en terreno montañoso, que depende de la protección de los árboles para evitar la erosión y mantener la humedad ideal. 

Los productores de café en América Latina no siempre han dominado este conocimiento, pero ahora muchos de ellos se han puesto a la vanguardia de la lucha por la conservación de los bosques.

Entre ellos se encuentran los agricultores de Varre-Sai, una pequeña ciudad 260 kilómetros al noroeste de Río de Janeiro. Todo Río de Janeiro y otros 16 estados de Brasil estuvieron cubiertos alguna vez por la Mata Atlántica, la formación vegetal más grande del continente después de la selva amazónica, con una superficie total de 1,3 millones de km2, un área del tamaño de Colombia.

Pero este bioma ha sido tan afectado por la ocupación humana que hoy en día solo queda el 12,5% de la superficie original, según un sondeo publicado a finales de mayo por la Fundación SOS Mata Atlántica. Y en el noroccidente del estado de Río, una región históricamente dominada por el monocultivo de café y azúcar, la superficie restante es de apenas del 3%.

Una curiosidad es que el grano que se produce en estas tierras todavía tiene mala fama, al punto de que en el mercado de café brasileño se utiliza el adjetivo "riado" (originario de Río de Janeiro) para describir una bebida amarga, hecha con granos baratos y de mala calidad.

Por eso, no son pocas las fincas de café que se han empezado en cambiar esa percepción y han comenzado a hacer esfuerzos por recuperar las áreas degradadas y conservar las que todavía existen. Estas fincas, como resultado, comienzan a tener paisajes – y productos – con cualidades similares.

El valor del bosque

Con estas nuevas técnicas, las cimas de las montañas cercanas a las fincas tienen un área protegida y cercada, formada por árboles nativos, que ayudan a absorber la lluvia. Más abajo, las plantaciones de café se distribuyen en curva de nivel para evitar la erosión. Algunas granjas, como la de Márcio Vargas, cuentan también con tanques de contención para el almacenamiento y reutilización del agua que no ha sido absorbida.

"Con esto, se obtiene un grano de mayor calidad, que ofrece tuestes más sabrosos", dice Vargas. Él y otros doce productores son apoyados por el programa de Río Rural (2006-2018), una asociación entre el gobierno del estado de Río de Janeiro y el Banco Mundial. Entre otras actividades, la iniciativa financió la conservación y recuperación de la Mata Atlántica.

En alianza con la municipalidad de Varre-Sai, los productores reciben el 60% del llamado IVA Ecológico, una cuota creada para recompensar a los cafeteros que crearon reservas privadas para proteger el patrimonio natural. En 2014, estas zonas abarcaron más de 200 hectáreas y sus propietarios recibieron más de US$17.500.

"No fue difícil movilizar a los agricultores para crear y preservar estas áreas. Al contrario. Es un trabajo que para ellos se traduce en una compensación económica. Y para la ciudad en un aumento de la biodiversidad y la belleza escénica", explica el técnico rural Manoel Duarte, quien lidera el programa en Varre-Sai.

Guardianes del agua

Otro paso para mejorar la calidad de los cafés locales es ayudar a los productores a tener acceso a la formación y equipamiento. Con el apoyo del programa Río Rural, por ejemplo, Márcio Vargas logró construir un patio de secado.

Ahora sueña con montar una estación para tratar el agua que sobra de la transformación de los granos. "Otro de los objetivos es obtener una certificación relacionada con el café cultivado de manera sostenible", dice.

Para mejorar la productividad de los agricultores y promover el cuidado del medio ambiente, Río Rural es considerado por la ONU como un programa de referencia. En total, se dará asistencia a 78.000 agricultores hasta 2018.

"Con el programa, el agricultor se convierte en gerente y protector del agua y la biodiversidad, ya que ha aumentado la productividad y los ingresos. Esta combinación de beneficios hace que las buenas prácticas de manejo de recursos naturales se convierten en algo atractivo", explica el economista Marianne Grosclaude, responsable del programa en el Banco Mundial.

El café de sombra

Los esfuerzos se repiten en países como Colombia, que ya cultiva uno de los mejores granos de América Latina. Los agricultores trabajan para reforestar las zonas de montaña y diversificar los cultivos – uniendo plátano y café, por ejemplo –, una idea por la que ya han mostrado interés productores africanos, que buscan replicar estas técnicas.

También en Costa Rica, un proyecto compensa a agricultores, entre ellos productores de café, que mantienen sus bosques. En la granja de Julio Hernández, un productor que participa en la iniciativa, los cedros proporcionan sombra a las plantaciones de café y sirven como fertilizantes naturales. También son una fuente de ingresos: por cada árbol plantado, el agricultor recibe US$1,30 cada tres años.
El resultado es que gana el medio ambiente; y también el sabor y la calidad del café que va a parar en nuestra taza.

 

domingo, 31 de mayo de 2015

Más allá del cambio del gerente


El Espectador
Por: Mauricio Botero Caidedo
31 de mayo de 2015

En opinión del autor de esta nota, la caficultura colombiana —y por ende la Federación de Cafeteros— requiere una transformación mucho más radical que el simple cambio del gerente, por competente o incompetente que haya sido. 

La “institucionalidad” requiere un cambio de actitud y de posicionamiento, pero, muy especialmente, el sector requiere actualizar las políticas de producción y de comercialización del grano, políticas que le han hecho un enorme daño al sector y al país. El cambio de actitud tiene que ver con la manera arrogante y refractaria con que las directivas de la Federación toman toda sugerencia, como si por definición dichas directivas fueran depositarias de la verdad revelada. A las propuestas de la Comisión Cafetera, encabezadas por Juan José Echevarría, las directivas les restaron toda importancia al considerarlas producto de la ignorancia o el despiste, y las recomendaciones de dicha Comisión, en vez de debatirlas, las descalificaron de antemano.

El cambio de posicionamiento tiene que ver con los ajustes que el gremio y el mismo Gobierno tienen que hacer para situarse en un entorno totalmente diferente al que existía en 1989, cuando regía a nivel mundial un pacto de productores, cartel que a su albedrío establecía cuotas de producción. Antes del 89 el papel del consumidor era prácticamente inexistente: las decisiones de qué variedad, cuánto y dónde producir fluían de arriba abajo. Al desmontarse el pacto, y al empezar las decisiones a fluir de abajo para arriba, lo lógico hubiera sido que Colombia desmontara el manejo “dirigista” del sector. En un entorno de mercado libre la presencia del Estado en la dirigencia del gremio es redundante y perjudicial. Adicionalmente, al seguir siendo la “cúpula” la que señalaba y sigue señalando las directrices de producción y comercialización, los productores han dejado de recibir las señales sobre las preferencias del consumidor. De haberlo hecho, muy posiblemente Colombia sería la dueña de los mercados de “cafés especiales”, segmento que hoy acapara cerca del 37% del mercado mundial en volumen y más del 50% en facturación.

En materia de producción, Colombia se mantiene anclada en un modelo obsoleto que, con contadas excepciones, perpetúa uno de los mecanismos más absurdos del mundo: que siendo el país con mayor potencial de producir y consumir toda la gama de cafés, nos limitamos a ser por excelencia el país que consume internamente el peor café del universo. La culpa de este fenómeno, que los colombianos nunca hubiéramos adquirido el paladar para un buen café y nos tuviéramos que resignar como borregos a consumir productos de inferior calidad, recae en la Federación.

Finalmente, casi la totalidad de la política de comercialización está mandada a recoger. Hoy en día los reyes del mercado son los cafés especiales de denominación específica de origen. “Café de Colombia” no dice mayor cosa y el mercado paga con pocos centavos el hecho de que el producto sea 100% colombiano. Por el contrario, las primas por los cafés especiales, aquellas con denominación de origen, se miden en dólares.

Pero esta y otras opiniones equivalen a arar en el mar: ni se va a modificar la Federación de Cafeteros, ni se va a liberar el mercado, ni se van a eliminar los subsidios cafeteros, ni se va a sacar al Gobierno del consejo directivo del gremio. En su continuo e irreversible descenso, la “institucionalidad cafetera” va a seguir siendo refractaria al cambio.

jueves, 21 de mayo de 2015

Cambios cafeteros


Editorial 
El Espectador
20 de mayo de 2014

EL RETIRO DE LUIS GENARO MUÑOZ de la gerencia de la Federación Nacional de Cafeteros ha causado numerosas reacciones. Muchos de sus contradictores gremiales han respirado con alivio, en tanto que buena parte de la dirigencia cafetera ha lamentado su decisión. 

Observadores y analistas, entre ellos el director de la misión del café, Juan José Echavarría, han visto en la salida de Muñoz una oportunidad para exponer sus tesis provocadoras, que en esencia buscan cortar cualquier nexo del Estado con la Federación. Seguramente en las próximas semanas, cuando surjan más nombres para reemplazar al gerente en medio del debate asociado con las elecciones regionales y con un incierto precio internacional del grano, tendremos más perspectivas y posiciones sobre el debate cafetero.
 
Para entrar en ese debate, sin embargo, conviene revisar lo que deja el gerente que se retira, que no es poco. En estos seis años en que estuvo a cargo del gremio cafetero enfrentó una revaluación persistente, un ataque de roya sin precedentes y una ola invernal que tuvo un significativo impacto en la cosecha. En medio de esas condiciones complejas logró una reconversión cafetera sin precedentes en la historia de Colombia. Renovar más de 3.300 millones de árboles, la mayoría resistentes a la roya, no es tarea fácil, y ningún otro sector lo ha logrado. El cambio en las cifras de productividad y de cosecha es, sin duda, su principal ejecutoria, y las cifras no mienten.
 
Empero, se nos antoja que el más significativo de los logros institucionales de Luis Genaro Muñoz fue la profundización de la democracia cafetera. Propios y extraños, contradictores o no, deben reconocer que el mayor activo de la Federación y sus comités de cafeteros es su legitimidad, reflejada en una participación electoral para elegir sus cuadros directivos que supera el 67%. Muñoz habrá de ser recordado como uno de los gerentes quizás más cuestionados por sus representados, pero a su vez como el que más trabajó para que el gremio fortaleciera su democracia y sus elecciones.
 
En el debate sobre el futuro de la Federación, entonces, conviene tener una conversación más profunda sobre las instituciones cafeteras, que reconozca sus avances, sus retos, su necesidad de reformarse, claro, pero también sus limitaciones. Un debate que defina las expectativas y su capacidad de acción en el mundo de lo real. Como durante muchos años la Federación reemplazó al Estado en las zonas cafeteras, aún hoy muchos, sobre todo en las regiones, piensan que es quien determina el precio del café y quien, además, todo lo debe hacer y todo lo tiene que resolver.
 
Aunque hoy no tiene los recursos para seguir haciéndolo, ni en un mundo ideal es conveniente que nadie reemplace al Estado, la Federación y sus comités de cafeteros constituyen una institucionalidad excepcional en la Colombia rural que sería lamentable desconocer de tajo porque no exista tal cual en otros lugares del mundo, que es la idea que viene haciendo camino. Un país con las inequidades que vivimos, donde el Estado ha sido un ausente permanente en el campo, difícilmente va a alcanzar el desarrollo rural deseado con una simple receta de libre mercado y privatización. La limitada capacidad de actuar que han demostrado el actual y los anteriores gobiernos en las zonas rurales —fuente y alimento del conflicto armado— hace necesario valorar la institucionalidad cafetera de una forma más profunda. Es importante que el proceso de selección del nuevo gerente no se tome a la ligera y contribuya a fortalecer la institución. Colombia no puede darse el lujo de sacrificar una institución que tiene arraigo y capacidad de gestión en el campo, cuando eso es lo que más falta hace allí.


 

viernes, 15 de mayo de 2015

Terminó la cosecha de Luis Genaro Muñoz


El gerente de la Federación Nacional de Cafeteros propuso un “relevo institucional”, pero el acto fue visto como una renuncia. Aunque su cabeza era una de los pedidos para evitar el paro del sector, Dignidad Cafetera dice que la manifestación para mitad de año sigue en pie.


El Espectador
Óscar Güesguán Serpa

En Twitter: @oscarguesguan
13 de mayo de 2015

Luis Genaro Muñoz siempre contó con el apoyo de las mayorías en los comités cafeteros, pero esta vez prefirió dar un paso al costado. / Cristian Garavito - El Espectador

Seis años duró la gestión de Luis Genaro Muñoz en la Federación Nacional de Cafeteros (FNC). Ayer, durante el comité directivo de la entidad, el dirigente propuso un relevo institucional en la gerencia que fue aceptado por los representantes de las regiones cafeteras de Colombia.
 
Aunque la discusión sobre su salida de la agremiación se venía dando desde hace más de un año, Muñoz Ortega había manifestado su deseo de continuar en el cargo, por esta razón la noticia tomó por sorpresa al sector. 
 
El representante del comité directivo por Norte de Santander, Alfredo Yáñez Carvajal, aseguró que “lo importante, en este momento, es mantener la confianza del mercado internacional sobre todo porque en el mundo se están fusionando los compradores de café  y van a quedar tres o cuatro. No se puede crear incertidumbre”, advirtió.
 
Mientras se lleva a cabo el proceso para elegir al nuevo gerente de la FNC – para lo que sería necesario citar a un congreso cafetero extraordinario o se esperaría al que anualmente se hace en noviembre –, según los estatutos de la entidad, Luis Felipe Acero, gerente administrativo, quedará designado de manera interina.
 
 Si bien muy pocas personas del sector se atreven a hablar sobre candidatos para este cargo, de tiempo atrás se venían barajando nombres como el del actual embajador de Colombia ante el Reino Unido Néstor Osorio, el director de Corpoica Juan Lucas Restrepo, el mismo Acero y el representante de la FNC en Nueva York Juan Estéban Orduz.
 
“El problema ahora es que en río revuelto, el presidente Santos termine haciendo ganancia de pescadores y ponga un gerente que aplique las recomendaciones  de la Misión del Café. Quien llegue al cargo debe tener un perfil bien difícil de conseguir, porque hay que aclarar: este es un gremio que no nombra gerente sino que lo elige el Gobierno”, aseguró el representante de Dignidad Cafetera, Óscar Gutierrez. 
 
En todo caso, quien sea elegido recibirá una entidad con avances que muy pocas personas dentro del sector cafetero han dejado de reconocer. Entre ellos, la renovación de 612 mil hectáreas, el aumento de la tecnificación del parque cafetero de 86% en 2008 a 96% finalizando el año pasado y un evidente crecimiento de la producción que pasó de 7,8 millones de sacos entre enero  y diciembre de 2009, a 12,1 millones en el mismo periodo de 2014. Sin embargo, también hay un sentimiento unánime de que se necesita una renovación en la dirigencia del gremio cafetero. 
 
Para el exministro de Agricultura, Francisco Estupiñan, “había una situación de ingobernabilidad, la división era muy profunda entre los comités cafeteros que querían un cambio. Este es un proceso muy importante porque es necesario que las organizaciones se oxigenen, que venga gente nueva y una nueva orientación”.
 
Muñoz Ortega, quien a partir del 1 de junio dejará el cargo, generó inconformidad tanto en los productores, quienes aseguraban que era demasiado condescendiente con las solicitudes del Gobierno, como con el Ejecutivo pues, como dice Estupiñan, fue muy renuente al llevar a cabo las sugerencias hechas en la Misión Cafetera dirigida por Juan José Echavarría y solicitada por el presidente Santos.
 
Tras este nuevo proceso, según uno de los analistas consultados por El Espectador, también habría una intención del Ejecutivo de apaciguar la marea ante una movilización advertida por Dignidad Cafetera para mitad de año. “Se trata de un contentillo”, puntualizó.
 
“Los cafeteros están pidiendo otro PIC, antes de decidir si se les da o no, hay que mirar cómo está estructurado el negocio, cuánto le cuesta al cafetero. Se quejan de que no hay mano de obra,  por eso hay que revisar si es el momento de empezar a cultivar café en los llanos para cosecharlo con maquinaria y no con mano de obra directa”, manifestó el exministro de Agricultura, Rubén Dario Lizarralde. 
 
Por ahora, la realidad internacional es que se avecina la recuperación de la cosecha cafetera de Brasil, que produce el 33% del grano en el mundo, potente jugador del negocio.  ¿Cómo deberá maniobrar Colombia frente a ese panorama  en medio de  esta crisis institucional local? 


domingo, 28 de diciembre de 2014

Yo estuve en la recuperación cafetera


El Espectador
Luis Genaro Muñoz *
28 de diciembre de 2014

Después de una temporada agria por la que atravesaron los cafeteros, este sector económico está viviendo gracias a la renovación de sus plantaciones, una luna de miel con los precios internacionales y la producción al alza, un verdadero trago dulce. ¿Cómo lo lograron? 

Yo estuve en la recuperación cafetera
Luis Genaro Muñoz


 Durante los últimos 25 años los cafeteros de Colombia enfrentaron diversos retos que gravitaron alrededor de la seguridad en el campo, de la volatilidad en las cotizaciones internacionales y de los altísimos intereses, los cuales redujeron la inversión en el sector rural, epicentro en donde se desarrolla la caficultura. Pero fue precisamente gracias a la fortaleza de las instituciones cafeteras que el impacto de los citados flagelos fue menor en el sector cafetero que en otros cultivos.

La primera década del presente siglo comenzó con los precios más bajos en la historia del grano. Entre tanto, el entorno de la seguridad mejoró progresivamente, pero los cafeteros se vieron obligados a competir en un escenario de revaluación del peso sin precedentes. Así las cosas, la rentabilidad y la inversión en las plantaciones se vieron afectadas.

Con el año 2009 llegó la ola invernal y sentimos en carne propia el cambio climático, que nos trajo unos excesos de humedad que precipitaron una infección de roya sin precedentes, factor que redujo drásticamente la productividad promedio del parque cafetero, lo que condujo a un período de cuatro años de producción y productividades significativamente inferiores a los promedios históricos. Fue en ese momento, y ante semejante realidad, cuando gremialmente decidimos que era inaplazable realizar una reconversión productiva de centenares de miles de cafetales en la Colombia cafetera.

Me correspondió entonces la responsabilidad y el honor de coordinar y liderar este esfuerzo, fruto de un inmenso trabajo en equipo. Labor que incluyó gestionar los apoyos del Gobierno Nacional, que permitieron renovar 3.200 millones de árboles de café en 600 mil hectáreas; de coordinar esfuerzos con bancos privados y con el Banco Agrario, para que miles de cafeteros pudieran financiar inversiones en sus plantaciones por más de $3 billones y lograran por primera vez acceso al crédito. Para obtener estos resultados, fue también necesario crear nuevos servicios financieros gracias a nuestra cédula cafetera inteligente, así como crear los incentivos necesarios para que los más pequeños productores lograran el acceso efectivo a los programas del Gobierno y al incentivo a la capitalización rural.

Afortunadamente los cafeteros en estas épocas de vicisitudes han contado con su Federación y sus Comités de Cafeteros para lograr alianzas efectivas y así poder ejecutar los programas necesarios para beneficiar a su razón de ser, que no es otra que el bienestar de las 560 mil familias caficultoras y sus comunidades. En buena hora contaron con su centro de investigación, Cenicafé, con su servicio de extensión compuesto por cerca de 1.500 profesores yarumos que llegan hasta las veredas más apartadas. También ha resultado invaluable y oportuno haber recibido el apoyo del Gobierno Nacional para llevar a cabo un programa de reconversión productiva de tan grandes dimensiones, cuyo resultado positivo se ha traducido en significativos niveles de producción e ingreso cafetero.

En suma, la arquitectura gremial diseñada por nuestros fundadores nos permitió articular esfuerzos y políticas para lograr ese cambio a pesar de las incomprensiones y la acritud de las críticas. Como uno de los participantes de este proceso gremial colectivo de recuperación y reconversión cafetera, me reafirmo en que cuando se tiene un plan serio y de largo aliento que se ejecuta con transparencia, profesionalismo, consistencia y coherencia, se abre el camino de las soluciones que permiten cambiar la vida de centenares de miles de personas. Nos falta, sin duda, mucho por hacer, porque el trabajo con la tierra es de todos los días y a toda hora. Con esta verdad en mente hoy podemos presentarles a los colombianos una caficultura renovada, joven y sana, que constituye la base productiva de la próxima década y un buen paso para lograr una caficultura sostenible.

* Gerente de la Federación Nacional de Cafeteros.


sábado, 6 de diciembre de 2014

Caficultura será clave en posconflicto colombiano


El Espectador
5 de diciembre de 2014

Así lo manifestó el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, durante el cierre del LXXX Congreso Nacional de Cafeteros.

Caficultura será clave en posconflicto colombiano
Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas

La caficultura, como eje central de la cohesión social en Colombia, será un aspecto fundamental de llegarse a firmar un acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc, dijo este viernes el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

"En un escenario de posconflicto, que es el que todos soñamos, la institucionalidad cafetera va a ser clave porque puede aportar las inversiones y los espacios democráticos que se necesitarán", aseguró Cárdenas en una rueda de prensa al cierre del LXXX Congreso Nacional de Cafeteros.

Ante los cafeteros, que durante tres días analizaron en Bogotá la situación de su sector, el ministro sostuvo que "el capital social que ha construido este gremio va a salir a flote cuando se logre la paz, porque la base de la solución del conflicto está en lo rural y ahí es donde la caficultura será fundamental".
Según Cárdenas, prueba del avance en ese aspecto es que "paralelo a las negociaciones entre el Gobierno y las Farc en La Habana se ha fortalecido el presupuesto para el área rural".

Durante el Congreso Nacional de Cafeteros se dio a conocer que el presupuesto del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural pasó de un billón de pesos anuales (431,3 millones de dólares) en 2010 a cinco billones de pesos (2.156 millones de dólares) en 2014.

El funcionario explicó que con ese aumento prevén "asegurar que se sigan empleando recursos para el mejoramiento de la vivienda en el campo, proyectos productivos" y de riego, al indicar que "la brecha entre lo rural y lo urbano debe cerrarse para que la reconciliación realmente se pueda dar".

Cárdenas le solicitó a los representantes de los cafeteros que aprovechen el buen momento por el que atraviesa el sector en cuanto a producción y precios y que ahorren para los tiempos difíciles.
"La coyuntura de precios es favorable, con una tasa de cambio de 2.300 pesos, con un precio internacional del orden de los dos dólares la libra y con una producción que llega a un nivel alto comparado con 2010 al pasar de 8 millones de sacos a 12 millones de sacos", comentó.

No obstante, señaló que "el gremio y el Gobierno deberán planear con anticipación qué se hace en un momento de precios altos y qué en uno de precios bajos". "Tenemos que prepararnos para diseñar un mecanismo para que esa capacidad de estabilización exista y eso depende mucho de lo que se haga cuando hay vacas gordas", añadió.


jueves, 13 de noviembre de 2014

Hablemos de café


El Espectador
Juan Manuel Ospina
12 de noviembre de 2014


http://caricaturahomez.blogspot.com/
Hablar de café es en buena medida hablar de Colombia, pues como pocas actividades económicas esta ha conformado el rostro del país, con su carga de verdad y fantasía: su comercio exterior, su paisaje rural – patrimonio de la humanidad -, su “cultura de ladera” única en el mundo; su clase media en formación, verdadero centro de gravedad de un escenario rural polarizado entre muchos pobres y algunos ricos; en fin, ha sido gran generador de empleo y de ingresos, tanto que la actividad económica del país oscilaba al compás del ciclo de las cosechas cafeteras.

Hoy ya ni la caficultura ni el país son los mismos de entonces, pero lejos se está de celebrar su entierro o de pretender que ésta pueda continuar como si nada hubiera pasado. Necesita, como tantas cosas en el país, “ponerse al día” para avanzar sin perder la esencia de lo que somos y hemos sido como sociedad.

Colombia ya no es (solamente) café pero seguirá siendo cafetera; encontrar ese punto de equilibrio, es encontrar el camino. Hoy eso es posible dadas las perspectivas de un nuevo protagonismo de lo agrario y rural en el país, en medio del malestar existente en el mundo cafetero y de los desafíos que implica la búsqueda de una salida definitiva a nuestra vieja confrontación interna. Por esas razones, la “Misión para la competitividad de la caficultura colombiana” es pertinente y es importante; sus conclusiones no pueden terminar en el anaquel de las buenas intenciones, rápidamente olvidadas por obra y gracia de la mejora (¿coyuntural?) del precio internacional del grano y del ajuste cambiario de un peso que estaba peligrosamente sobrevaluado.

La Federación de Cafeteros, una institución con alma colombiana como pocas, reclama a gritos repensarla y reestructurarla para ponerla a tono con los nuevos tiempos; se volvió anacrónica, con pinta de elefante blanco. Su actualización es la piedra angular de la nueva caficultura colombiana, por la sencilla razón que una y otra han estado indisolublemente ligadas por noventa años. Su control del Fondo Nacional del Café, que debe redefinirse, le permitió reinar sin restricción alguna. La nueva Federación ha de centrarse en los comités departamentales y municipales federados, debidamente empoderados para ser los interlocutores del gobierno que habrá de sustituirlos en la tarea de financiar y suministrar los bienes públicos que requieren los caficultores como productores, sus comunidades y regiones – educación, vías terciarias, salud, vivienda, seguridad y justicia -.

En acuerdo con el poder público, habrán de determinar un plan de mediano plazo de organización de la nueva geografía regional cafetera, de acuerdo con su historia y su potencial y vocación productiva, para garantizar empleos e ingresos a sus pobladores en una economía regional crecientemente diversificada, gracias a un manejo sostenible de ecosistemas complejos con actividades productivas de caficultura técnica y de producciones agropecuarias complementarias demandantes de fuerza de trabajo, para aprovechar mejor su potencial productivo. Igualmente habrán de definir y operar un mecanismo de estabilización del ingreso del productor -¿una franja de precios de compra del grano establecido a partir de los costos de producción y teniendo en cuenta las oscilaciones del precio internacional? -, que permita ahorrar ingresos en los períodos de precios altos y compensarlo en las coyunturas de precios bajos. No es un subsidio al ingreso sino una estabilización del mismo, para contrarrestar sus perturbadoras oscilaciones. Los recursos - ¿administrados por un fondo de estabilización de ingresos, el nuevo Fondo Nacional del Café? – sería administrado conjuntamente por el gobierno nacional y la Federación.

Los comités y la Federación tendrían dos grandes responsabilidades específicas, financiadas con recursos públicos mediante convenio con el gobierno nacional: la investigación y la transferencia de conocimientos, a cargo de Cenicafé o su equivalente, y el apoyo a la formación de cooperativas regionales para la compra directa del grano y la comercialización de los principales insumos. La Federación como tal se retira de la actividad comercial.

Son ideas realizables y conformes a los lineamientos conocidos del trabajo de la Misión. Los cafeteros y el país lo reclaman y no dan espera.

domingo, 9 de noviembre de 2014

¿Por qué el café de Colombia es el mejor café del mundo?




El mundo ya sabe que el café de Colombia es delicioso, pero acaso, ¿locales y foráneos conocen de dónde viene este delicioso sabor? Para que puedas disfrutar mucho más tu próxima taza de café colombiano, aquí te traemos todo lo que debes saber sobre el Café de Colombia.


Ganadora Taza de la Excelencia 2014





Carmen Cecilia Montoya Patiño, caficultora del municipio de Urrao, Antioquia, fue la ganadora de Taza de la Excelencia 2014, el concurso de café más importante de Colombia.


sábado, 8 de noviembre de 2014

La caída del imperio cafetero


El Espectador
Salomón Kalmanovitz
26 de octubre de 2014

EN 1976, Héctor Melo publicó un libro titulado El imperio clandestino del café.

Portada
Allí argumentaba que la Federación de Cafeteros constituía un Estado dentro del Estado, que era dominante en todas sus organizaciones económicas, desde el Banco de la República al Ministerio de Hacienda. La llamada Escuela de Manizales había llenado muchas posiciones estratégicas de los gobiernos desde los años veinte del siglo pasado, en tanto el café proveía el 80% de las divisas (hoy es el 3,2%) que penosamente racionaba el país después de culminado el largo auge de posguerra.

Las políticas económicas eran favorables al gremio: se trataba de devaluar la tasa de cambio, sin preocuparse por la inflación; su alianza con los industriales del Triángulo de Oro, constituido por Medellín, Cali y Bogotá, concentraba el desarrollo económico en ellas, a costa de la región Caribe y del resto del país.

Si las bonanzas eran de los cafeteros, las crisis debíamos sufragarlas los contribuyentes. Los impuestos al café no entraban al cofre común sino a las arcas de la Federación, que los distribuía entre sus comités departamentales y municipales para dotarse de vías, acueductos, electricidad, educación y salud. Este reparto evidenciaba que carecíamos de democracia económica, o sea, de ciudadanos iguales frente a la tributación y al gasto, de acuerdo con la capacidad de cada cual y de las necesidades regionales representadas en el Congreso.

Tampoco éramos ni somos una democracia liberal, sino más bien un Estado corporativo en donde los gremios “conciertan” con el Gobierno para llevar sus iniciativas al Congreso. Allí, la representación surge de clientelas que organizan los mandos medios, dirigidos por una oligarquía hereditaria que se desliza por la puerta giratoria entre Gobierno y gremios.

Liquidado el pacto internacional de cuotas en 1989, la Federación tuvo que enfrentar un mundo nuevo y duro que nunca pudo descifrar; no quiso aflojar el monopolio sobre la producción y la atención al cafetero que se le había entregado durante 60 años de hegemonía. Era un mercado global de intensa competencia que exigía flexibilidad, en el que era necesario reducir costos y diversificar la oferta. Había que introducir variedades resistentes y no contar con la preferencia del mundo a favor del suave colombiano. Al tiempo que Vietnam multiplicaba su producción por diez y Brasil la duplicaba, Colombia la reducía en 50%. La Federación prohíbe al día de hoy la siembra de variedades robustas y hasta hace poco rehusaba permitir la exportación de cafés especiales, donde se concentra la demanda del público más pudiente.

La Comisión de Estudios del Café encontró situaciones de alto riesgo moral en el comportamiento de la Federación: participa comercialmente en el mercado que regula, exigiéndoles a sus competidores información con la que puede aventajarlos; recibe subsidios del Gobierno, pues la contribución cafetera no alcanza para financiar su burocracia, lo cual incentiva la toma de malas decisiones pues no tienen costo para su dirigencia; utiliza sus redes clientelistas para presionar al Gobierno a que entregue subsidios a los productores, especialmente a los más grandes, pero no tanto como para causar desórdenes, algo que aprovechó el movimiento Dignidad Cafetera para desplazarla de la negociación con el Gobierno durante el último paro. Hoy, la debilidad de la Federación permite que el Gobierno nombre a su gerente.

viernes, 7 de noviembre de 2014

La Federación Nacional de Cafeteros se moderniza


El Espectador
Marcela Meléndez. Investigadora de Econ Estudio.
23 de octubre de 2014

Hay al menos tres razones por las que impulsar la competitividad de la caficultura colombiana requiere modernizar la institucionalidad cafetera. 

La primera es que en el mundo que surge con el rompimiento del Pacto Cafetero —de competencia, variedades múltiples, mercados de nicho—, Colombia ha perdido liderazgo. La industria no se adaptó con agilidad a las nuevas condiciones del mercado, por la rigidez de políticas e instituciones que tampoco se adaptaron a la nueva realidad con la velocidad necesaria.

La segunda es que la actividad de la industria no se desarrolla en un terreno plano de competencia: hay un agente que es a la vez competidor, diseñador de políticas y regulador del mercado, que no enfrenta el mismo nivel de riesgo en sus decisiones de negocio que sus competidores porque está amparado por recursos públicos (de nuestros impuestos) y que no enfrenta las mismas obligaciones tributarias que sus competidores.

La tercera es que en el sector cafetero la política de desarrollo productivo y la política social se han confundido en la práctica y esto ha contribuido a restar efectividad a los dos tipos de intervenciones.

¿Cómo es el mundo de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) moderna? Es uno en que los exportadores de café quedan sujetos solamente a los requisitos generales de todo exportador y ya no tienen que registrar sus transacciones ante la FNC, su competidor en el mercado, ni ser autorizados por ella para realizarlas. Y los estándares de calidad asociados con la marca “Café de Colombia” ya no son una barrera para la exportación: todo el café colombiano que encuentra demanda puede exportarse.

La actividad comercial de la FNC moderna queda sujeta al mismo régimen tributario que el de cualquier actor privado y la FNC moderna no es responsable del diseño de la política cafetera. Interactúa, como cualquier otro actor privado, con las autoridades gubernamentales competentes para poner a consideración sus peticiones. Tampoco es responsable del diseño ni de la ejecución de la política social que se dirige a los caficultores.

La contribución cafetera se destina exclusivamente a la inversión en investigación y desarrollo para la caficultura y a financiar servicios de asistencia técnica para los caficultores. Un brazo de la FNC, independiente del brazo comercial, que opera bajo un nuevo esquema de gobierno corporativo, asume la responsabilidad de potenciarlas. Los recursos de la parafiscalidad no financian la burocracia del gremio, no sirven para apalancar su negocio privado y no están disponibles para que se haga política con ellos en las regiones.

¿Sigue la FNC moderna existiendo como gremio y como jugador en los mercados del café? Por supuesto. ¿Sigue haciéndolo desde una situación de ventaja frente a sus competidores con origen en condiciones especiales, herencia de otros tiempos? No. La FNC moderna se adapta al terreno plano de competencia para contribuir a la transformación del campo y a darle una cara distinta al país en la etapa del posconflicto.