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martes, 12 de septiembre de 2017

El mapa mundial del café se modifica por culpa del cambio climático


Algunas zonas de Latinoamérica que actualmente producen café podrían dejar de ser aptas para ese cultivo hacia 2050

La Vanguardia



Variedad de café producido en México (Yuri Cortez / AFP)

El cambio climático no acabará con las bebidas más consumidas del mundo -el café y el té- pero sí que alterará las zonas en las que se cultivan estos productos. El pasado mes de junio un estudio internacional indicaba que la mitad de los cultivos de café etíope se perderán este siglo por el cambio climático (ver La Vanguardia), y ahora una nueva investigación científica apunta que algunas zonas de Latinoamérica que actualmente producen café podrían dejar de ser aptas para ese cultivo hacia 2050 a raíz de los efectos del cambio climático. 

Los nuevos resultados forman parte de un estudio publicado (11 set.) en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). En la parte positiva, el estudio indica que algunas áreas en las que hoy no se produce el grano podrían utilizarse en el futuro para este cultivo, según esta investigación realizada por un equipo internacional.

"El estudio permite ver cómo el cambio climático podría modificar las áreas con capacidad de producir café, es decir, en qué zonas se perderá o ganará aptitud para este cultivo", dijo a Efe Pablo Imbach, investigador del Centro Internacional de Agricultura Tropical de Vietnam, quien lideró este trabajo.

El análisis incluye áreas "que en el futuro no tendrán un clima apto para la producción de café, así como aquellas que no lo tienen ahora pero lo podrían tener en el futuro", agregó Imbach. La comunidad científica sabe que el cambio climático causará cambios en los cultivos y en las especies polinizadoras, lo que tendrá consecuencias en la disponibilidad de alimentos y en la economía de los pequeños productores. "Sin embargo, no se había evaluado la manera en que los cambios en la distribución de las abejas se acoplaban a los cambios en la distribución de las áreas aptas para producir café", señaló el investigador.

Foto Mané Espinosa
En este estudio, el equipo creó un modelo con las distribuciones potenciales del café y de los polinizadores de ese cultivo bajo el clima actual y el que podría haber en un futuro en Latinoamérica.

Con ese modelo, buscaron comprender si las áreas que en un futuro serán aptas para la producción de café también serán adecuadas para las especies polinizadoras.

"Nuestros resultados sugieren que las áreas aptas para el café se reducirán entre el 73 y el 88 por ciento hacia 2050 en escenarios cálidos, una bajada entre el 46 y el 76 por ciento mayor a lo estimado en evaluaciones mundiales", indica el estudio.

"Aunque hallamos una reducción en la aptitud para el café y en la diversidad de las especies de abejas en más de un tercio de las áreas que en un futuro serán adecuadas para el café, todas las zonas albergarán potencialmente al menos cinco especies de abejas, lo que indica la continuación de los servicios de polinización", agrega el texto. Los resultados de la investigación sugieren que las pequeñas áreas que en el futuro serán más aptas para este cultivo estarán en zonas elevadas.

El cultivo de café es la base económica en muchas regiones del mundo (lightmemorystock / Getty)

En ese sentido, habrá una pérdida significativa de áreas aptas para el café en zonas con pocas montañas, como Nicaragua, Honduras y Venezuela, mientras que otros sitios verán una leve expansión. En ese segundo grupo aparecen México, Guatemala, Colombia y Costa Rica, según enumera el equipo de investigación.

Según Imbach, al simular los efectos del cambio climático sobre el café y las abejas, la comunidad científica puede "entender la magnitud y sitios en que ocurrirán estos cambios".

También a partir de un análisis con estas características, los especialistas pueden hacer recomendaciones a los productores "para apoyar su adaptación al cambio climático".

El investigador sostuvo que aún es necesario ver qué alternativas hay "para los medios de vida de los actuales productores de café en tierras que perderán aptitud para el cultivo" y los efectos que podrían generarse en las nuevas tierras aptas para el café. JEC
Artículo científico de referencia:
 
Coupling of pollination services and agriculture under climate change. PNAS. http://dx.doi.org/10.1073/pnas.1617940114. September 11, 2017.


Foto: Taylor Weidman / Bloomberg)
 
 

martes, 7 de enero de 2014

Media hora diaria de meditación alivia los síntomas de depresión y ansiedad


La Vanguardia
7 de enero de 2014


El estudio que publica la revista Journal of Internal Medicine también mostró la posibilidad del alivio de algunos síntomas dolorosos

Washington. (EFE).- Una media hora diaria de meditación puede aliviar los síntomas de la ansiedad y la depresión, según un estudio que publica hoy la revista Journal of Internal Medicine, una de las publicaciones de la Sociedad Médica de Estados Unidos.


"Hay mucha gente que usa la meditación, pero no es una práctica que se considere como una terapia médica convencional", indicó Madhav Goyal, profesor asistente en la División de Medicina Interna en la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins, de Maryland.

"Pero, en nuestro estudio, la meditación aparentemente proporcionó tanto alivio de algunos de los síntomas de la ansiedad y la depresión como otros estudios han encontrado en los medicamentos antidepresivos", añadió.

Los pacientes que participaron en el estudio no tenían ansiedad o depresión graves.

Los investigadores evaluaron el grado en el cual esos síntomas cambiaban en las personas que tenían una variedad de condiciones tales como el insomnio o la fibromialgia, aunque sólo una minoría de ellas tenían un diagnóstico de enfermedad mental.

Goyal y sus colegas encontraron que la llamada "meditación centrada" -una forma budista que centra la atención en el momento presente sin juicio sobre lo que ocurre- también mostró la posibilidad del alivio de algunos síntomas dolorosos.

Las conclusiones se validaron aún después de que los investigadores controlaran la posibilidad de un efecto placebo, por el cual los sujetos en un estudio se sienten mejor aun si no reciben tratamiento alguno porque perciben que se les da alguna ayuda para sus padecimientos.

Para su estudio los investigadores analizaron cuarenta y siete pruebas clínicas realizadas en junio de 2013 entre 3.515 participantes y que involucraron meditación y varios aspectos de la salud mental y física, incluidas depresión, ansiedad, estrés, insomnio, abuso de sustancias, diabetes, enfermedad cardiaca, cáncer y dolores crónicos.

Los científicos encontraron pruebas de mejoría moderada en los síntomas de ansiedad, depresión y dolor después de que los participantes cursaran un programa típico de instrucción en meditación centrada.
Asimismo hallaron pruebas menores de mejoría en el estrés y la calidad de vida. En los estudios que siguieron a los participantes por seis meses las mejorías persistieron.

Goyal dijo que "mucha gente tiene esta idea de que la meditación es sentarse y no hacer nada".
"Pero ésa no es la realidad", agregó. "La meditación es un entrenamiento activo de la mente para aumentar la percepción de la realidad, y hay diferentes programas de meditación que buscan esto por vías distintas".

La meditación centrada se practica, habitualmente, de 30 a 40 minutos por día, y enfatiza la aceptación de las percepciones, sentimientos y pensamientos sin juzgarlos, y un relajamiento del cuerpo y la mente.

 

jueves, 20 de septiembre de 2012

Gustaf Olsson, experto en gestión del agua



"Estamos bebiendo los orines de nuestros antepasados"
La Vanguardia
17 de septiembre de 2012

Tengo 71 años. Nací en Örebro y vivo en Göteborg (Suecia). Soy ingeniero de control, especialista en agua. Estoy casado y tenemos tres más tres hijos, y doce nietos. Soy un verde liberal y social. Creo en Dios, soy protestante practicante. Toco el órgano en la iglesia.
 
¿Energía o Comida?
¿Energía o comida? Gustaf Olsson es uno de los mayores expertos mundiales en usos y gestión del agua. Es un miembro muy destacado de la Asociación Internacional del Agua (el más importante foro mundial sobre el agua), y ha publicado el estudio Water and energy, que es ahora motivo de controversia, porque pone sobre el tapete algunas de las contradicciones actuales acerca del empleo humano del agua (¿invertirla en producir energía o alimentos?), como las que apunta aquí. Gustaf Olsson ha sido invitado a debatir sobre el asunto por el grupo Lecquia (de la Universitat de Girona), uno de los más briosos equipos de investigación actualmente activos en Catalunya en cuestiones medioambientales.

¿Desde cuándo hay agua?
Hay agua en los cometas, en Marte, en las lunas de Saturno... Y en la Tierra, desde el principio. Pudo llegar aquí en cometas...

¿Cuánta agua hay en la Tierra?
Hay 1.400 millones de km3.

¿Cuánta salada y cuánta dulce?
El 97% está en mares y océanos. El 3% restante es agua dulce. De esta, el 69% está congelada en casquetes polares y glaciares, y otro 30% está bajo tierra. ¡Sólo el 1% de agua dulce está disponible en superficie!

¿Y va cambiando de estado y rotando?
Sí. Bebes agua que ya bebió Julio César.

Y que luego sudó y orinó.
Claro. No la contaminemos demasiado: ¡depurarla exigirá cada día más energía!

¿Qué país maltrata más su agua?
China tiene 600 ciudades con el agua echada a perder.

¿Qué uso mayoritario damos al agua dulce del planeta?
El 70% se destina a la agricultura; un 15%, a la industria, y el otro 15%, a uso doméstico.

¿El problema es la agricultura?
El problema es el mal reciclaje del agua. En India no depuran el agua..., y cada vez tienen que hacer pozos más hondos para hallar agua potable. Y agotan acuíferos. ¡Cada año tienen que descender diez metros más!

Hasta que se termine el agua.
Mientras, cada vez es más costoso bombear esa agua, y eso exige más energía.

¿Y de dónde proviene esa energía?
Del petróleo, mayoritariamente, con lo que se contamina más.

¿Qué país saca mejor partido del agua?
Noruega: ¡el 100% de su energía eléctrica la obtiene del agua! Mi país, Suecia, un 40% del agua, un 40% de nucleares y sólo un 20% del petróleo.

¿A más agua, más riqueza?
Si sabes aprovecharla correctamente. ¡El agua es el petróleo del futuro! Petróleo transparente. Lo dicen los asesores del Departamento de Energía de Estados Unidos.

¿Sí?
El agua es la medida de la eficacia energética: ¡obtener un litro de petróleo cuesta... 40 litros de agua!

Vaya.
Y cada vez costará más: extraer un litro de las arenas petrolíferas de Canadá cuesta ¡150 litros de agua!

¿Y si usáramos más bioetanol, combustible de origen vegetal?
Obtener un litro de bioetanol cuesta... ¡mil litros de agua! ¿Es esto ecológico?

Tenemos debate, ¿eh?
El maíz necesario para llenar el depósito de un coche con bioetanol... ¡equivale a proveer de comida a una persona todo un año!

Pero rinde más beneficios el bioetanol.
Con una huella ecológica grande. La producción de carne es también muy onerosa en agua: ¿sabe cuánta agua cuesta tener en el plato un kilo de carne de ternera?

¿Cuánta?
¡Quince mil litros de agua!

Qué barbaridad...
¿Y una taza de café? ¡Cien litros de agua!

¿Y cuánta agua consumo yo?
Un europeo, tres mil litros al día.

¿Tanto?
Enciendes la luz, pones la tele, conectas el aire acondicionado o la calefacción, pones una lavadora, cocinas, coges el tren o el coche, bebes un café, comes un bistec, tomas otro café, fumas...: tras cada uno de tus consumos... ¿qué hay? ¡Agua, agua y agua!

Entendido.
Si no somos responsables, no habrá agua para todos en todas partes. El conflicto de Oriente Medio es una guerra por el agua.

Los glaciares se funden: ¿ayudará eso?
No. A menos frío, caerá menos agua en forma de copos de nieve, y más en forma de huracanes. Y sin nieves fundiéndose en primavera, habrá menos flores y vegetación.

Y se ampliarán las zonas áridas, ¿no?
Sí, y es precisamente el caso de España.

¿Qué medidas tomaría usted aquí?
Enseñaría a poner la calefacción más baja, menos aire acondicionado, coger menos el coche... ¡Responsabilidad personal!

¿Y desalinizadoras? ¿Y presas?
Las desalinizadoras exigen demasiada energía. Y los embalses, en países cálidos, dejan evaporar demasiada agua. Y, además, empobrecen la fertilidad de las riberas y los deltas retroceden frente al embate del mar...

¿Hay alternativas, entonces?
Sí: reutilizar bien el agua. La de la ducha podría ir a las cisternas. El agua de mar, para refrigerar o calefactar. El agua que enfría nucleares, para calentar ciudades...

¿Dónde llueve menos en el planeta?
En el desierto de Atacama, en Chile.

¿Podemos provocar la lluvia?
Si hay nubes, podemos bombardearlas con yoduro de plata para que descarguen...

¿Ha probado el agua de Barcelona?
No es tan buena como la de Suecia, pero está bien. En Singapur venden embotellada agua de cloaca reciclada y potabilizada: Nueva Agua, la llaman. ¡Y está buena!

¡Ay, que acabaré bebiendo mis meados!
Seguro, pero es sólo una cuestión psicológica... ¡Ya le he dicho que estamos bebiéndonos los orines de nuestros antepasados!

¿Qué es lo que más le preocupa ahora?
Las compañías petroleras han arruinado el delta del Níger, lo que afecta a la vida de 30 millones de personas... Y ahora quieren aprovechar la retirada de hielos árticos y antárticos para extraer más y más petróleo...

martes, 17 de julio de 2012

Christian Felber, cofundador de Attac y padre de la economía del bien común


"Nadie debe cobrar más de 20 veces el salario mínimo" 

La Vanguardia 
10 de julio de 2012
Tengo 39 años, austriaco. Licenciado en Filología Románica, Ciencias Políticas, Psicología y Sociología. Doy clases en la Universidad de Economía de Viena. Soltero. La economía debe servir a la sociedad. Universo significa un solo verso, yo soy parte de esa canción


Debemos resolver la contradicción ética entre los valores de los mercados capitalistas (afán de lucro y competencia) y los principios constitucionales que recoge, entre otras, la Constitución de Baviera.  

"Toda actividad económica sirve al bien común". 
La economía del bien común es un sistema económico alternativo completo. Hoy se han adscrito al movimiento y aplican el modelo 717 empresas en 15 países, tres bancos europeos, 129 organizaciones y 50 políticos. 

 ¿Y en qué consiste su modelo? 
Está basado, como la economía de mercado, en empresas privadas. La diferencia estriba en que las empresas no compiten entre ellas, sino que cooperan para conseguir el mayor bien común a la sociedad en su conjunto.  

¿Y cómo se consigue eso? 
Cambiando las reglas del juego político. El éxito económico no se mide por indicadores monetarios como el beneficio financiero o el PIB, sino por el balance del bien común. Hoy una empresa puede ser exitosa agravando los problemas sociales y ecológicos.  

Destrozando el medio ambiente. 
Sí, y pisoteando los derechos humanos, empleando mano de obra infantil, desviando sus beneficios a paraísos fiscales o presionando mediante lobbies para promover leyes que vayan en su propio beneficio.  

Algo debe cambiar. 
El 80% de los alemanes y el 90% de los austriacos esperan un nuevo orden económico. Según las encuestas, si se pregunta a la gente cuáles son los indicadores de calidad de vida más relevantes, las respuestas son prácticamente idénticas en todo el mundo.  

 ¿Qué queremos? 
Se resume en 15 identificadores (sanidad, calidad del tiempo, confianza, cooperación, aprecio, democracia, solidaridad...) que hoy podemos medir para saber cuál es la aportación de las empresas a ese bien común deseado. Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad de la empresa, mejores serán los resultados del balance del bien común alcanzados.  

¿Y tendrán premio? 
Sí, disfrutarán de ventajas legales: aranceles ventajosos, créditos baratos, tasas de impuestos reducidas, privilegios en compra pública y en concursos públicos...  

Hoy los productos éticos y ecológicos son considerablemente más caros. 
Cierto, pero con esos incentivos se abaratarán, mientras que los no éticos subirán de precio. El consumidor podrá identificar mediante un código de barras el balance del bien común a través de internet y del móvil, y el producto tendrá un distintivo de color, un semáforo, que informará del aporte de este producto al bien común. 

 ¿Cree que algún parlamento aprobará sus propuestas? 
Las estudia la UE, pero paralelamente estamos creando convenciones económicas democráticas que están redactando las reglas del juego, y el pueblo soberano las podrá convertir en vinculantes y legales.  

¿Hay algún ejemplo? 
Muro d'Alcoi, en Alicante, se ha declarado oficialmente municipio del bien común. Y hay municipios en Austria, Italia y Alemania que lo están fomentando porque hay empresas, científicos y organizaciones que se han pronunciado a favor de esta iniciativa. Viena se esta planteando dar prioridad en la compra pública a empresas que hagan el balance del bien común.  

¿Qué otras medidas propone? 
Que los excedentes financieros no se utilicen para bonificar a personas que no trabajan en la empresa, prohibir la adquisición hostil de otras empresas, la inversión en mercados financieros y la aportación a partidos políticos. En contrapartida, el impuesto sobre el beneficio empresarial se elimina.  

¿Dónde revertirían esos excedentes? 
En inversiones con plusvalía social y ecológica, devolución de créditos, depósitos en reservas limitadas, bonificación a los empleados de forma restringida y créditos sin intereses a empresas cooperadoras.  

¿Qué más? 
Cuanto más tengas, más difícil será adquirir más. Ha de haber un límite por arriba y por abajo a la desigualdad en los ingresos, la propiedad privada y el tamaño de las empresas.  

¿Qué propone para las diferencias de ingresos y patrimonios? 
Limitarlas, ingresos máximos de por ejemplo 20 veces el salario mínimo y propiedades que no excedan los diez millones de euros. Y el derecho de cesión y herencia de 500.000 euros por persona.

¿Y el empleo? 
Las empresas serán más exitosas cuanto más contribuyan a reducir el paro, proponemos diversas medidas como un año sabático cada diez que reduciría un 10% el paro. Y un banco democrático con depósitos de ahorro garantizados, cuentas corrientes gratuitas, créditos de interés reducido y de riesgo con plusvalía social y ecológica. ¿Qué hacemos con los impuestos? En Austria el 90% de la población no tiene ni la tercera parte de toda la propiedad privada, no vamos a poner ningún impuesto sobre ellos.  

¿Que paguen los súper ricos? 
La propiedad privada es cinco veces la deuda pública en toda la zona euro; si le aplicamos el 1% de impuestos, en diez años se reduciría a la mitad y a las grandes fortunas sólo les implicaría el 10% de su fortuna. 

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Calidad de vida 

Calidad de vida Felber sentó las bases de La economía del bien común (Ed. Deusto) y se fueron sumando economistas y empresarios para profundizar en este nuevo modelo que pretende poner la economía al servicio del ciudadano y no del beneficio, con propuestas claras. Corregir, por ejemplo, las abismales desigualdades salariales: "En Alemania los altos ejecutivos ganan 5.000 veces más que el salario mínimo legal. Creo que es inconstitucional y debemos conseguir que lo prohíban por ley". El egoísmo y la irresponsabilidad de la economía deben dar paso a la cooperación. Felber invita a personas, empresas y comunidades a sumarse a esta reconstrucción de la economía (http://www.economia-del-bien-comun.org/). 

viernes, 29 de junio de 2012

"Tu bienestar depende de cómo prestas atención"



La Vanguardia
27de junio de 2012

Laurence Freeman, director de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana

 Soy británico medio irlandés. Me licencié en Literatura Inglesa en Oxford y de Teología en Canadá. Soy monje benedictino. Una sociedad justa y civilizada se mide en cómo cuida a los marginales, los pobres y los vulnerables. Creo que el ser humano es una manifestación de lo divino.





Usted no iba para monje.
Yo era un estudiante de Literatura Inglesa que quería ser un escritor famoso.

¿Quería triunfar?
Sí, y pensé que debía comenzar por una carrera académica, pero acabó asfixiándome y me pasé a la banca.

¿De la literatura a la banca?
Hice lo que recomendaban los Monty Python: algo completamente diferente. Quería averiguar cómo se hace el dinero.

¿Y qué descubrió?
Que el placer que da el dinero es muy estéril pero puede ser adictivo, y que muchas personas se quedan atrapadas en un trabajo del que no disfrutan. Cuando le dije a mi jefe que me iba porque quería ser escritor, me dijo con tristeza: "Ojalá hubiera hecho lo mismo". Después me retiré seis meses a un monasterio para aprender a meditar.

¿Por qué lo hizo?
Me sentía muy perdido, necesitaba conocerme más a mí mismo. Terminado el retiro me dije: "Muy bien, ya he aprendido a meditar, ya puedo irme a conquistar el mundo".

¿Lo conquistó?
Había perdido mi ambición mundana, y fue un shock, porque solemos encontrar significado en lo que vamos a conseguir.

Se quedó sin zanahoria.
La alternativa era el monasterio, pero no lo veía claro. Decidí recorrer Europa y por el camino comprendí que mi resistencia era la imagen que tenía del monasterio: no era un lugar hermoso, ni romántico, ni dramático. Hasta que comprendí que ser monje consistía en comprometerme con la libertad.

¿Enclaustrado en un monasterio, prometiendo obediencia y evitando alegrías?
El monasterio que usted describe es un lugar endemoniado, como un banco sin dinero. Se trata de vivir la vida ordinaria con una intensidad extraordinaria. El resultado es la trascendencia del ego, librarte de los miedos, y eso es lo que te da la libertad, y en la libertad está la alegría.

El deseo es nuestra gasolina.
"¿Qué estáis buscando?", les dice Jesús a los discípulos que le siguen. Esa es la gran pregunta. El sufrimiento surge por el conflicto de deseos, no sabemos lo que realmente queremos. La meditación nos ayuda.

¿Y qué queremos?
Hallar nuestro yo verdadero. El bienestar esta íntimamente conectado a nuestra manera de prestar atención a las otras personas para poder verlas tal cual son, sin proyectar nuestros propios deseos y miedos sobre ellas. El siguiente nivel de conocimiento es descubrir que cuando prestamos atención de esa forma estamos amando. Es sencillo.

¿...?
Vivimos en una sociedad con unos valores materiales excesivos, ya no interiorizamos los valores espirituales, y eso crea personas indefensas y heridas. Enseñar a meditar a los niños, a poner atención, es lo más importante que podemos hacer.

Pensaba que la meditación era una tradición oriental.
Jesús era un maestro de la contemplación, no nos da reglas sobre la oración, simplemente nos dice: entra en tu habitación interior, cierra la puerta y reza a Dios, que está en ese lugar secreto; no pienses, abandona tus preocupaciones, pon atención plena.

¿Todo esto lo decía Jesús?
Sí. Su enseñanza es mística. Hay que distinguir entre espiritualidad y religión. La espiritualidad es el interior de la experiencia, y la religión es el sistema de símbolos que nos ayuda a desarrollar esta experiencia.

O a cortarla en seco.
Cierto, porque la religión sin espiritualidad se convierte en diabólica: en ese terreno están los fundamentalistas.

¿Dialoga mucho con el Dalái Lama?
Sí, y he aprendido que el diálogo no es solamente compartir ideas, sino también intentar ver desde el punto de vista del otro.

Por el contrario, a la Iglesia católica el Dalái lama ni la prohíbe ni la condena.
El Dalái Lama es un individuo extraordinario. La Iglesia es una estructura de estructuras y siempre ha tenido tensiones, y creo que va a pasar por un periodo traumático.

¿Por qué lo dice?
Es muy difícil guiar una institución como esa en un momento de crisis. El propia Dalái Lama dice que al haber sido expulsado del Tíbet ha dejado de ser un prisionero de su propia institución. La Iglesia es humana, y su pecado a lo largo de la historia ha sido dejarse llevar por la tentación de poder.

¿Cómo se arregla eso?
Podemos minimizar ese proceso restaurando la dimensión contemplativa de la Iglesia. Creo que a través de la muerte y la resurrección, la Iglesia que conocemos dará paso a una más pequeña, más contemplativa.

¿Qué es la contemplación?
El simple gozo de la verdad, decía Tomás de Aquino.

Hay muchas verdades.
La verdad es lo que incluye todo, y por eso siempre está en expansión, es imposible estar en la verdad y tener prejuicios. Otra forma de contemplar es estar en el momento presente. El presente no es algo cronológico, es lo que contiene al tiempo.

Parece usted un budista.
Hay un único Dios y todos participamos de esa realidad. La meditación nos ayuda a abrirnos a este terreno común. Si perdemos la experiencia de unidad, la diversidad se convierte en división, y la división es lo que lleva a la violencia.

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Sus libros:
El camino de la meditación (kindle)
Jesús, el maestro interior
Meditación Cristiana y Silencio

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El regalo

Hace un frío que pela, pero los pajaritos cantan en el claustro de la Casa d'Exercicis Sant Ignasi-Sarrià, donde se dispone a ofrecer un retiro de meditación a los alumnos que lo deseen. Freeman, en mangas de camisa, me descubre los orígenes de la meditación cristiana, que se dedica a esparcir por el mundo. Su congregación, Monte Oliveto, está en más de cien países; su impulsor -junto con John Main, su maestro espiritual, ya fallecido- es un hombre inquieto que buscó conocerse a sí mismo tras trabajar en la banca y el periodismo y recorrer Europa en busca de sentido; por eso está convencido de que el mejor regalo que les podemos hacer a los niños y a los jóvenes es la herramienta de la meditación.

miércoles, 18 de abril de 2012

El espejo de la soledad


La Vanguardia
15 de abril de 2012


Nuestra singularidad es la condición previa para nuestra eventual soledad, pero no su causa, que es de carácter relacional, apunta Heleno Saña. Y si buscamos la compañía de los otros, no es necesariamente por instinto gregario, sino por el reconocimiento de que su proximidad no es sólo molestia o pugna sino que constituye condición para el amor, la amistad o la vida social.

Tenemos el presente
Ramón Bayés

A lo largo de la vida suelen darse momentos de soledad deseada, iberadora, y otros, en los que, sumergidos en mares de soledad no deseada, nos limitamos a agitar brazos, piernas y neuronas para mantenernos a flote; incluso existen algunos en los que el sentimiento de soledad se hace tan intolerable que deseamos la muerte como única vía de escape.

En unas páginas memorables sobre las vivencias de enfermedad, Laín Entralgo señala que sentirse enfermo es, esencialmente, percibir con mayor o menor intensidad: amenaza, malestar, miedo, impotencia, succión por el cuerpo y soledad. "La soledad -comentaba recientemente Louise Hawkley, llegada a Barcelona para participar en una Jornada sobre La soledad, organizada por la asociación Amics de la Gent Gran- "es como el hambre o la sed, un estado de carencia".

Una investigación empírica publicada en The Lancet hace pocos años señalaba la importancia del aislamiento social -probable semilla de soledad no deseada- como posible factor facilitador de las demencias. Un análisis de los resultados encontrados permite, además, observar que lo relevante para evitar el deterioro cognitivo no es la existencia de un vínculo afectivo sólido sino las interacciones variadas con pareja, amigos, familiares, niños, vecinos, etcétera

"Lo nuclear -sugiere el sociólogo Norbert Elías en su ensayo La soledad de los moribundos- no es vivir solo sino sentirse solo y Eric Cassell escribe que "los que sufren no son los cuerpos, son las personas". Y al llegar a este punto debemos preguntarnos: ¿qué es una persona?

Cierto día un amigo le comentó al filósofo británico Gilbert Ryle que le gustaría conocer la universidad y Ryle se prestó a acompañarlo. Le mostró las bibliotecas, los laboratorios, las aulas; le presentó a profesores y alumnos, observaron el desarrollo de unas clases, pasearon por el campus. Al terminar la visita, el amigo le preguntó a Ryle: "Bien, ¿pero dónde está la universidad?". Es fácil, escribe Ryle, caer en un error categorial. Las bibliotecas, laboratorios, profesores, alumnos, aulas, etcétera. permiten que exista la universidad pero no son la universidad; la universidad pertenece a otra categoría.

Y lo mismo ocurre con la persona. La persona no es el organismo; no es la mente; no es el cerebro, no es el entorno, y es, a mi juicio, insatisfactorio limitarse a decir que es un producto bio-psico-social. La persona es el resultado final -siempre provisional mientras viva- de una historia interactiva individual elaborada en entornos físicos, culturales, sociales y afectivos específicos, a través del lenguaje y otras formas de comunicación. En síntesis: como la universidad, la persona no tiene res extensa es una biografía en desarrollo, única e irrepetible. La persona es el viaje. Entender a la persona es entender la soledad.

Para terminar este breve y variopinto recorrido citaré un párrafo de la autobiografía de Archie Cochrane, el padre de la llamada "medicina basada en la evidencia", que es, a mi juicio, sumamente esclarecedor en el tema que nos ocupa: "Otro acontecimiento en el campo de concentración de Elsterhorst me afectó profundamente. Entrada la noche los alemanes trajeron a mi barracón un joven prisionero soviético. La enfermería estaba llena; el prisionero estaba moribundo, chillaba y yo no quería despertar a los enfermos por lo que lo llevé a mi habitación. Lo examiné. Sufría de graves cavernas en ambos pulmones y de roce pleural grave. Pensé que esto último era la causa de sus gritos. No tenía morfina, sólo aspirina y ésta no le producía ningún efecto. Estaba desesperado. Casi no sabía ruso y en el barracón nadie lo hablaba. Finalmente, de forma instintiva, lo senté en mi cama y lo abracé; sus gritos cesaron casi inmediatamente y murió tranquilo en mis brazos pocas horas más tarde. Lo que causaba los chillidos no era la pleuresía sino la soledad. Fue la mejor lección que he recibido en la vida sobre el cuidado de los enfermos que van a morir. Me sentí avergonzado de mi error diagnóstico y mantuve la historia en secreto".

En cuanto a mí, a ti lector, al enfermo, al que está en duelo, al que envejece, a los que, poco a poco, vamos perdiendo en el viaje a familiares y amigos, ¿qué podemos hacer tras aceptar que la muerte forma parte de la vida?.

Tal vez admitir el hecho de que nadie ha vivido nunca en el pasado ni en el futuro; que lo único que tenemos es el presente, el aquí y el ahora; y que el secreto de la felicidad -objetivo irrenunciable de todos nosotros– consiste en desear lo que somos y tenemos, no lo que no somos ni tenemos. Aceptemos algunos de los momentos de soledad que nos ofrece la vida, como regalo valioso y tratemos de aliviar con una sonrisa los momentos de soledad no deseada de aquellos con quienes compartimos un tiempo y un espacio, nuestros compañeros de viaje.

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Una Buena Esperanza

Marc Antoni Broggi

Tolerar la soledad propia y mitigar la de los demás: éste sería un buen punto de partida.

Se debe aprender a estar solo, a retirarse dentro de sí para conocerse y tolerarse. El miedo a hacerlo es temor a la vida, a ver cómo es y a aceptar nuestra condición: "
¿Què és la veritat?", se pregunta Espriu: "La solitud de l'home / i el seu secret esglai". Uno debe poder vislumbrar este espanto y hacérselo propio, metabolizarlo. Cultivar los momentos de soledad es una forma saludable de detenerse y ordenar en silencio aspectos internos (sentimientos, recuerdos, creencias); es una ocasión de construirse, de reconstruirse. "A mis soledades voy / de mis soledades vengo / porque para andar conmigo / me bastan mis pensamientos".

Es razonable un cierto gusto por este refugio. Incluso puede ser que, como Robinson Crusoe, el espanto venga de descubrir una huella inesperada en la arena de nuestra "isla", de ver que ninguna está completamente aislada, ninguna soledad es lo bastante hermética. Porque, si cierta soledad es inevitable, también lo es la presencia de los demás: incluso nuestro silencio está poblado de sus voces. Tarde o temprano descubrimos que nuestro verdadero y más sólido refugio es la convivencia mutua. Que ella enriquece incluso nuestros momentos de soledad con recuerdos y la esperanza de vínculos más estrechos. Y es una buena esperanza porque depende de nuestro esfuerzo.

Precisamente quien frecuenta la soledad estaría más dispuesto a compartirla, a ofrecer su hospitalidad: es decir, a recibir al otro tal como es, siempre distinto pero también herido por un "íntimo y secreto espanto" que debemos entrever y acompañar. Acompañar no es imponer una presencia, sino saber estar allí. Puede que todo el mundo deba sufrir y morir solo, se dice; pero nadie debe sentirse abandonado por la indiferencia de alrededor. Es fundamental que note que se le ve y mira, quizás admira, por pasar lo que está pasando, por ser humano y padecer lo que padecemos. Conociendo su fragilidad, se le debe acompañar "en el sentimiento" y ayudar contra el sufrimiento. Debemos aprender a darnos un apoyo cálido para evitar la fría soledad no deseada.

La buena compañía dignifica a quien la recibe y a quien la da. Y ayuda a respetar mejor cada intimidad. Nos humaniza. Más que las humanidades, será la disposición humanitaria, la solidaridad activa, la que nos ayude a hacer un mundo menos inhóspito y desolado y más habitable; quizá más alegre.

miércoles, 29 de febrero de 2012

En compañía de la soledad


Irene Orce
La Vanguardia

“La soledad es el imperio de la consciencia”, Gustavo Adolfo Bécquer

Soledad. Una palabra que para algunos significa refugio y para muchos representa una condena. Hay quien la busca con desesperación, y quien con la misma desesperación trata de librarse de ella. Como si de un imán se tratara, atrae emociones contrapuestas a cada uno de sus polos. Y terminar gravitando en uno o en otro depende de nuestra predisposición ante su presencia. No en vano, cuando la escogemos se transforma en nuestra mejor aliada, pero cuando impone su compañía se convierte en la peor de las invitadas. Su reputación promete malestar, aburrimiento, tristeza y fracaso social. En la era de la comunicación no existe acompañante más impopular. De ahí que tratemos de ahuyentarla con todos los medios a nuestro alcance.

Gracias a las nuevas tecnologías, vivimos más ‘conectados’ que nunca. Muchos de nosotros estamos localizables las 24 horas del día. Internet, las redes sociales y los teléfonos móviles han cambiado en gran medida nuestra manera de relacionarnos. La realidad es que cada vez compartimos más a través de una pantalla. Contamos con más facilidades para interactuar con otros seres humanos que en ningún otro período histórico. En este escenario, parece que la soledad no tiene cabida. Debería estar extinta. Sin embargo, las estadísticas sobre el aumento de ventas de antidepresivos y fármacos derivados hablan a gritos del sentimiento de soledad que acompaña cada día a millones de seres humanos. No hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor. O tal vez baste con mirarnos al espejo.

Quizás sea el momento de analizar qué sucede cuando nos sentimos solos. Más allá de la incomodidad y el malestar, la sensación de aislamiento abre una compuerta al vacío que anida en lo más profundo de nuestro interior. Es entonces cuando surge nuestra desesperada necesidad de evadirnos y distraernos. La verdad incómoda que se encuentra tras esta realidad, es que en general son pocos quienes encuentran compañía consigo mismos. Lo cierto es que la soledad no deseada puede resultar apabullante, terriblemente dolorosa e incluso autodestructiva… pero también nos brinda la oportunidad de descubrir quiénes somos y de aprender a construir un vínculo más sano con nosotros mismos.

Mejor solos que mal acompañados


“Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad”, Anónimo

Cuando nacemos, los seres humanos necesitamos del contacto físico para sobrevivir. A través de la piel nos comunicamos, exploramos y establecemos nuestros primeros vínculos con otras personas. En base a nuestras relaciones vamos construyendo nuestra realidad afectiva, y a medida que vamos creciendo, nuestra autoimagen. La soledad no aparece hasta que conquistamos la autonomía física y comenzamos a aventurarnos en el territorio de la independencia. Y si nuestra dimensión relacional está bien estructurada, es un elemento que nos permite profundizar sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Según los expertos, “es un factor de equilibrio psicológico clave en el desarrollo humano, pues nos da el espacio y el tiempo que nos permiten poder reconectar con nuestras auténticas necesidades emocionales e inquietudes personales”. Sin embargo, cuando la soledad no deseada se extiende en el tiempo, adquiere un componente árido, emocional y afectivamente.

No en vano, gran parte del sufrimiento que genera la soledad se debe a la lucha permanente que mantenemos con ella. Sin embargo, lo único que conseguimos cuando la rechazamos es incrementar nuestro nivel de malestar. En cambio, si aceptamos su presencia podremos constatar que también puede aportarnos lecciones valiosas. Nos libera de la dependencia de los demás y nos obliga a encontrarnos con nosotros mismos. Al fin y al cabo, ¿qué dice de nosotros el hecho de que no estemos a gusto con nuestra propia compañía? Y ¿cómo pretendemos construir relaciones sanas si no hemos atendido primero la que mantenemos con nosotros mismos?

Si nos atrevemos a ir más allá del desierto de la soledad encontraremos un espacio de equilibrio que nos hace crecer en humildad y aprendizaje, nos ayuda a valorar más nuestras relaciones y nos conecta con la empatía. Si sentimos que no tenemos ninguna persona con la que poder compartir auténticamente y ningún proyecto del que formamos parte, tal vez sea el momento de plantearnos qué estamos haciendo nosotros para que eso suceda. Y la soledad nos brinda el regalo del tiempo para averiguarlo.

Independencia sana

“Es muy difícil encontrar la felicidad dentro de uno mismo, pero imposible hallarla en ninguna otra parte”, Nicolás Chamfort

El primer paso para reconciliarnos con ella consiste en gestionar mejor nuestra manera de compartir. A menudo, quienes padecen de soledad suelen buscar cualquier oportunidad para descargar sus aflicciones. Lo cierto es que cuando llevamos mucho tiempo conteniendo nuestra necesidad de compartir, en cuanto vemos la oportunidad abrimos al máximo las compuertas. Y por lo general, no obtenemos los resultados deseados. Tal vez la descarga nos aporte un alivio momentáneo, pero no nos libera de la cárcel de la soledad. Somos nosotros quienes tenemos esa llave.

Al fin y al cabo, la soledad no entiende de física. Podemos sentirnos tremendamente solos en una sala llena de gente. No se trata de la cantidad de personas que nos rodean, sino de la calidad de los intercambios que realizamos con ellas. La necesidad de conectar con otras personas a un nivel más allá del superficial forma parte de la condición humana. De ahí la importancia de cambiar nuestra estrategia de comunicación. Si aspiramos a construir relaciones sanas, tenemos que empezar por interesarnos por los demás antes de avasallarles con un incesante monólogo. Y es que cada vez que nos abrimos a la escucha, conectamos con la parte más genuina de nosotros mismos.

Dedicar tiempo a establecer relaciones de calidad es el primer paso para liberarnos de la soledad no deseada. En última instancia somos seres sociales que necesitamos de los demás para construirnos a nosotros mismos. Y no sólo para cubrir nuestras necesidades afectivas, sino para afianzar nuestra autoestima. En este proceso también es importante utilizar nuestra mente de manera creativa, ocupándola con pensamientos estimulantes en vez de maltratarnos con pensamientos nocivos. Por ejemplo, cada vez que nos asalte el pensamiento “me siento solo”, podemos sustituirlo por la afirmación “estoy acompañado por mí mismo”.

No en vano, quienes sacan provecho de su propia compañía rara vez se aburren, y no necesitan de un ambiente externo favorable para sentirse bien. Es el resultado de darnos lo que necesitamos en vez de buscarlo en los demás. Depende únicamente de nosotros transformar el desierto de la soledad en un jardín secreto, un refugio del ruido que existe en nuestra vida. Un lugar donde podemos estar solos sin sentirnos desconectados del mundo. De ahí la importancia de comprometernos con el reto que propone la soledad. Si optamos por aliarnos con ella en vez de padecerla, podremos mejorar notablemente nuestra calidad de vida. Se trata de un proceso que requiere toneladas de honestidad y buenas dosis de voluntad. No en vano, implica mostrarnos desde la vulnerabilidad. Y estar dispuestos a realizar cambios importantes en nuestra conducta, nuestra actitud y nuestra rutina. Tal vez entonces seamos capaces de visitar ese jardín de vez en cuando, con la certeza de que estamos bien acompañados…por nosotros mismos.

En clave de coaching

¿En qué situaciones me siento solo?
¿Qué me aporta la soledad?
¿Qué pasaría si convirtiera la soledad en una oportunidad para conocerme mejor?

Libro recomendado

‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez (Cátedra)

© Extracto del artículo publicado en el suplemento de La Vanguardia ‘Estilos de Vida’ (ES)

martes, 31 de enero de 2012

La cultura de la queja


Irene Orce
ireneorce@gmail.com
Blog de coaching y desarrollo personal
La Vanguardia


“Nunca debe el hombre quejarse de los tiempos en que vive, pues no le servirá de nada. En cambio, en su poder está en mejorarlos”, Thomas Carlyle

La queja es una compañera fiel. Nos visita cada mañana cuando suena el despertador. Aparece en todo atasco de tráfico. Nos hace compañía en la cola del supermercado. Siempre atenta, acude cada vez que se da un inesperado cambio de planes. Nos escolta durante nuestra jornada laboral y nos asiste cada vez que oímos mencionar la crisis. Y jamás se pierde la llegada de la factura de la tarjeta de crédito. Es moneda de cambio común en todas las conversaciones. Nos quejamos de nuestros padres, de nuestros hijos, de nuestro jefe, del gobierno y de la oposición… A menudo, cuando algo no funciona protestamos antes, durante e incluso después de arreglarlo. Es así como, poco a poco, entre todos vamos construyendo y perpetuando la cultura de la queja.

Hemos sacrificado muchas horas en el altar de la protesta y el lamento, pero ¿alguna vez nos hemos planteado cuál es su coste real? ¿Qué nos aporta la queja? ¿Cuáles son los resultados emocionales que se derivan de esta actitud? Y ¿de qué manera influye en nuestras relaciones? En un primer momento nos ofrecen una zona de confort, un espacio que nos permite evitar, aunque sea temporalmente, enfrentarnos a aquello que requiere solución. Sin embargo, el consuelo que brindan se evapora con rapidez. La satisfacción de nuestras necesidades depende de nuestra capacidad de resolver problemas, contratiempos y conflictos. Y la queja constante merma nuestras posibilidades y recursos para lograrlo.

En última instancia, cuando nos quejamos no mejoramos ninguna situación. Más bien contribuimos a crear más malestar y potencial conflicto a nuestro alrededor. Eso no significa que no podamos compartir con los demás todas aquellas cosas con las que no estamos de acuerdo, simplemente darnos cuenta de que utilizar la protesta y la crítica a discreción puede resultar altamente perjudicial para nuestra salud emocional y la de quienes nos rodean. De ahí la importancia de hacernos más conscientes de la presencia y los efectos que tienen en nuestra vida, para aprender a regularlas y gestionarlas de manera más eficaz y menos dañina.

El foco de atención
“Sin razón se queja del mar el que otra vez navega”, Séneca

Vivir instalados en la queja resulta cómodo. En ocasiones, incluso útil. No en vano, cuando nos quejamos buscamos que otros se encarguen de solucionar nuestros problemas. Pero también nos incapacita. Nos lleva a estancarnos en el problema, en vez de llevarnos a construir la solución necesaria. Y a poner el foco de atención en lo negativo de la situación, en vez de valorar las alternativas que se abren ante nosotros. Poco a poco, va tejiendo una pantalla que nos inmuniza contra la responsabilidad. Así, vamos delegando en los demás las causas y las consecuencias de nuestras emociones, acciones y conductas. Nos convertimos en víctimas de nuestra realidad. Quedamos a merced de nuestras circunstancias, deseos y expectativas. Y cuando éstas no se cumplen, aumentamos nuestra cosecha de malestar.

Quienes viven instalados en la queja no son ajenos a la amargura. Si aspiramos a romper la influencia negativa de esta adicción, tenemos que comenzar por abrir el campo de visión y sumar en perspectiva. Ante cualquier contratiempo, podemos optar por buscar culpables y caer en la trampa de la discusión. Pero también podemos tomarnos el espacio necesario para transformar la queja, la crítica y el juicio en una propuesta constructiva. Tal vez no podamos cambiar nuestras circunstancias, pero sí podemos cambiar nuestra manera de interpretarlas. Para lograrlo, tenemos que romper el patrón negativo de pensamiento que nos lleva a operar desde nuestras carencias. Y el primer paso para conseguirlo es aprender a valorar todo aquello que damos por sentado.

De ahí la importancia de recuperar el arte de agradecer. De la mano del agradecimiento surge de forma natural la valoración, es decir, la capacidad de apreciar lo que somos, lo que tenemos y lo que hacemos en el momento presente. Lo cierto es que cuanto más valoramos nuestra existencia, más abundancia experimentamos en la dimensión emocional de nuestra vida. Y cuanto más nos quejamos, más escasez padecemos. Prueba de ello es que aquello que no valoramos solemos terminar perdiéndolo.

El arte de valorar y agradecer
“El secreto de la felicidad está en aprender a valorar lo que tenemos y dejar de lamentarnos por lo que perdimos”, Anónimo

En opinión de los expertos, “nuestra capacidad de valorar lo que tenemos es precisamente lo que nos permite disfrutar plenamente de nuestra existencia, centrándonos en lo que está a nuestra disposición y no tanto en lo que nos falta”. Sin embargo, en general nos regimos según la conocida ‘ley de Murphy’. Esta teoría popular y pesimista tiene como finalidad explicar los infortunios que acaecen en nuestro día a día. En esencia, establece que “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Y esta afirmación se aplica tanto a las situaciones banales como a las cuestiones más trascendentes. Así, siguiendo los dictados de la ley de Murphy, tendemos a enfatizar aquellos hechos que nos perjudican o que directamente no nos benefician. Y esta es la razón por la que cada vez que una rebanada de pan untada con mantequilla se nos cae al suelo, la mayoría de nosotros tendemos a recordar más vívidamente las veces en que cae con el lado de la mantequilla hacia el suelo. Es decir, que solemos quejarnos cuando esto ocurre, pero no solemos acordarnos cada vez que cae del lado opuesto. O incluso de cuando ni siquiera se nos cae.

Cabe señalar que existen alternativas a esta percepción egocéntrica. Cada vez más seres humanos están empezando a regirse por los principios que establece la denominada ‘ley de Wurphy’. Y ésta se basa en una simple premisa: “Aprender a vivir el misterio de la vida con asombro, dándonos cuenta de que el simple hecho de estar vivo es, en sí mismo, un regalo maravilloso”. Lo cierto es que en base a esta toma de consciencia ya no damos nada por sentado. Al percibir la realidad desde la óptica de la ley de Wurphy, encontramos cada día cientos de detalles cotidianos por los que sentirnos profundamente agradecidos. No en vano, la mayoría de nosotros dormimos sobre una cama y bajo un techo. Tenemos acceso a agua potable. Y a ciertos lujos con los que mantener nuestra higiene. Encendemos el grifo y sale agua caliente a propulsión. Comemos cada día. Tenemos nevera. Y despensa. Etcétera, etcétera, etcétera…

No hay mejor antídoto contra la cultura de la queja que la cultura del agradecimiento. No en vano, nos brinda la perspectiva necesaria para responder de la manera más eficiente, responsable y consciente posible ante los retos e imprevistos que surgen en nuestro día a día. En última instancia, nuestra capacidad de apreciar y valorar lo que sí forma parte de nuestra vida es infinita, tan ilimitada como lo es nuestra imaginación. El reto está en acordarnos cada vez que la tostada cae con el lado de la mantequilla hacia arriba. Y hacerlo también cuando no se nos cae. Incluso apreciar y valorar el hecho de podernos comer una tostada siempre que nos apetezca. Depende de nosotros: podemos decidir saborear la tostada…O quejarnos de que no queda mermelada.

En clave de coaching
¿Para qué me sirve quejarme?
¿Qué puedo hacer para cambiar aquello de lo que me quejo?
¿En qué medida quejarme me impide valorar el momento presente?

Libro recomendado
‘El Sinsentido común’, de Borja Vilaseca (Temas de Hoy)

© Extracto del artículo publicado en el suplemento de La Vanguardia ‘Estilos de Vida’ (ES)


sábado, 15 de octubre de 2011

el precio de tener la razón - aprender a escuchar


Irene Orce
La Vanguardia


(...)

Aprender a escuchar
“La razón es un sol severo: ilumina pero ciega”, Romain Rolland

Si aspiramos a trascenderlo, tenemos que comenzar por atrevernos a examinarlo y cuestionarlo. En la medida que seamos capaces de desidentificarnos de nuestro ‘mapa mental’ estaremos más receptivos a valorar las opiniones ajenas, el primer paso para superar el mal hábito de querer tener siempre la razón. De este modo podremos comenzar a dejar de responder de forma reactiva e impulsiva, lo que pone de manifiesto que no estamos prestando verdadera atención a nuestro interlocutor.

Frente a esta situación surge otra pregunta incómoda: en nuestras relaciones con los demás, ¿realmente escuchamos? Desde pequeños vamos a la escuela para aprender a hablar y a escribir, pero nadie nos enseña a escuchar. Solemos pasar nuestros días limitándonos a oír. Y canalizamos nuestra necesidad de establecer relaciones sociales desarrollando distintos tipos de escucha. Probablemente, la que más utilizamos es la denominada ‘escucha de buenas intenciones’, que consiste en compadecer y tratar de convencer a nuestro interlocutor, intentando imponerle nuestro punto de vista.

Sin embargo, con esta actitud no logramos mejorar su situación. Este resultado es fruto de la mala comunicación y nuestra falta de atención hacia el otro. Cambiar esta inercia tóxica pasa por comprometernos con nosotros mismos y nuestras relaciones, trabajando nuestra capacidad de escuchar activamente. No en vano, cuando escuchamos dejamos de juzgar, y creamos un espacio de comprensión que nos permite responder a nuestro interlocutor desde la responsabilidad y la consciencia. No se trata de ver quién tiene la ‘razón’, sino de crear un clima de empatía, confianza y autenticidad, en el que es posible comprender las necesidades, sentimientos y motivaciones de la otra persona. Ésa es la esencia de una conversación enriquecedora, incluso transformadora. Para lograrlo, basta con que de vez en cuando nos preguntemos qué preferimos: ¿tener la razón o ser felices?

viernes, 24 de junio de 2011

San Juan y el ruido


¿Cuándo decidimos que la fiesta de Sant Joan sería una bacanal de ruido y de estridencia?

Pilar Rahola
La Vanguardia


Año tras año aumenta mi incomodidad con la fiesta de Sant Joan. Y no hablo lógicamente de cuestiones trágicas, como las terribles muertes del año pasado, o las intoxicaciones que se produjeron hace años. Estas son circunstancias de otra dimensión, cuya gravedad las convierte en temas centrales, pero que no son intrínsecas a Sant Joan. Muy al contrario, este artículo tiene una vocación más humilde y no dispara tan alto. Aunque también está implicada una manera de entender la salud colectiva. Hablo, como otras veces en estas fechas, del ruido. Y reconozco que al principio Sant Joan me gustaba: el simbolismo del fuego, la belleza del solsticio, la noche... Pero de la misma manera que me seducen los aspectos míticos de la fiesta, no soy capaz de resistir –y cada año menos– su derivada atronadora. ¿En qué momento decidimos que Sant Joan sería una bacanal de ruido y de estridencia? ¿Cuándo pasamos de disfrutar de una fiesta colectiva, con las hogueras en los barrios y los vecinos compartiendo la coca –paisaje amado de la infancia de muchos de nosotros–, a ser un apocalipsis del trueno? Y la respuesta, si existe, se pierde en elucubraciones sociológicas de las cuales no tengo el diccionario.

Quizás tenemos pánico a la soledad, y el ruido nos acompaña en esta vida colectiva que ha olvidado la conjugación del verbo compartir. O tal vez, más gente quiere decir más ruido, más ruido quiere decir más fiesta y más fiesta quiere decir menos miedo. O no son nada más que modas que se imponen con la fuerza de los hechos consumados, y después nadie les pone el freno. Es cierto que la gente del Mediterráneo formamos parte de una cultura ruidosa, y el festival de petardos de la Valencia fallera sería su apoteosis. Pero no se trata de preservar una tradición concreta, sino de una auténtica comodidad en la estridencia, como si el silencio fuera un vacío insuperable, la puerta del pánico.

¿Exagero? Podría ser porque reconozco mi alergia a los petardos más ruidosos y los días que giran alrededor de Sant Joan son, para mí y para muchos de los que amo, una auténtica tortura. Mis animales, por ejemplo, sufren horrorosamente y no saben dónde esconderse del pavor que los agarra. Pero también es insoportable para muchas personas mayores, especialmente aquellas que viven en casas bajas en los centros de los pueblos, y para muchos que sin tener una edad avanzada no entendemos que disfrutar de una fiesta sea dejar el tímpano medio destruido. Claro que personalmente tampoco entiendo que la verbena sea un homenaje al alcohol, y cuántos jóvenes no acaban tirados semiinconscientes en las playas catalanas... Al final es una cuestión de equilibrio entre el petardo y el trueno, entre el beber y el hincharse de alcohol hasta reventar, entre la fiesta y el descontrol. El problema es que el exceso de unos –ruido incluido– contamina la fiesta de todos.

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PD: Aun así, felicitacines para todos los Juanes: Bundó, Huguet, Arciniegas, Santamaría, Pozo, Ferrando, Olivera, Mingol, González-Feria...

sábado, 23 de abril de 2011

"Lo que doy me lo doy, y lo que no doy me lo quito"


Alejandro Jodorowsky, artista polivalente, psicomago, tarotista, cineasta, escritor

Por: Ima Sanchís
La Contra. La Vanguardia



Acabo de cumplir 82 años. Pascal es mi mujer desde hace seis años. Tuve cuatro hijos varones y uno murió, por fin tengo una gata. La conciencia al poder, dios interior. Creo profundamente en ti y en la humanidad como un todo. Hay que saltar del yo al tú, y del tú al nosotros.



¿Algún comienzo?

Sí, el de aceptar morir feliz, esa es la finalidad de la vida.

¿Qué se lleva?

He aprendido que la vida es un sueño absolutamente particular, es decir: sales de ti mismo y te buscas hasta llegar a ti mismo.

¿Y durante ese paseo?

He aprendido que tengo dentro de mi cráneo tantas neuronas como estrellas hay en el cielo, y aunque yo crea que no las uso están funcionando todo el tiempo: día y noche. Y que no somos un árbol, somos el bosque: el individuo separado es una ilusión.

¿Y por qué estamos en esa ilusión?

Todo el futuro está en nuestro cerebro, pero a causa de la sociedad, la cultura y la familia entramos en una cárcel psicológica que nos crea una falsa individualidad.

…Un nombre, una nacionalidad.

Sí, una definición. Así ha funcionando la humanidad pero poco a poco la conciencia va ganando terreno. ¿Y qué es la conciencia?

…

Lo que llamamos inconsciente, todo ese poder en potencia que hay en nuestro interior. Nos debatimos, como una mariposa se debate en su capullo para abrir las alas y ser libre. Pero, ¿qué es ser libre?

…

Es aceptar y admirar los valores del otro que son mis propios valores. ¿Y cómo los despertamos, a través de qué?

...

Del arte, capaz de sanar a la sociedad. En mi blog, Plano Creativo, he citado a todas las mujeres para que el 7 de mayo vayan al Vaticano vestidas de papisa.

¿Psicomagia social?

Sí, liberadora, para que la Iglesia comprenda que la mujer está muy aplastada por las tradiciones y que Dios es también mujer.

En Buenos Aires hizo un cementerio metafórico para los desaparecidos.

Sí, en el mismo lugar en que fueron torturados pusimos lápidas y fotos. No fue un acto po-lítico sino po-ético.

¿En qué se ha equivocado?

En llamarme Alejandro Jodorowsky. Tengo nombre, cuando alguien dice “Alejandro”, giro la cabeza como un perro. El error es vivirse como un individuo separado. El arte sagrado es anónimo, nadie sabe quién hizo la catedral de Notre Dame. El arte sagrado se recibe, y cuando tú llegas a recibir el verdadero ser que tú eres y lo reconoces, cesa el error.

Recibir es un don, algo que te entregan.

No. Hay que trabajar para ser capaz de recibir y de dar lo que se recibe, porque se puede caer en el error de acumular en un nombre, en premios, en todas esas cosas asquerosas que son los reconocimientos públicos.

No sea tan extremo.

Yo saldría a la calle con una canasta llena de medallas y se la pondría a todo el mundo: cada individuo es genial, un artista.

Cada miércoles desde hace 30 años lee gratis el tarot en un café de París, ¿qué nos pasa?

Los gurús dementes dicen que hay que matar al ego, y son los que más ego tienen. El ego es una parte esencial nuestra, no hay que destruirlo, hay que domarlo.

Intentémoslo.

Imagine un ciego y un perro. El perro es el ego que conduce al ser esencial y está angustiado porque hace una tarea que no le corresponde. Pero si tú conduces a tu perro, tienes un perro feliz, un ego feliz.

Entiendo.

Yo he aprendido a ver mi nivel de conciencia: existe el nivel infantil, el animal, el adolescente, el adulto explotador, el servicial. Todo es comprender que no puedes dar una ayuda a la gente más allá de tu nivel.

Lógico.

Si yo descubro que tengo un talento, descubro que ese talento está dormido en todos. He aprendido a buscar en mí para dar a los otros. Lo que doy me lo doy, y lo que no doy me lo quito.

Deme un consejo para que mi perro no me muerda.

Hay una carta del tarot que es un diablo lleno de ojos, significa que el diablo no tiene miedo de verse, si no uno cae en los binarios: bueno y malo, moral e inmoral..., perdiéndonos toda la gama que hay entre los extremos. Hay que aprender a no tratar de ser perfectos, de agradar al profesor, a los papás, a los otros. Verse tal como uno es.

... Y aceptarse.

Sí, eso es lo primero, y significa afrontar el sufrimiento voluntariamente; ahí empieza el camino, la liberación.

¿Pero uno no debe intentar cambiar?

No se trata de cambiar una cosa por otra, hay que mutar. Yo soy la taza que contiene los garbanzos, pero no soy los garbanzos. Mi mente contiene ideas, pero deben ser fluidas, ir cambiando como cambia la realidad. Y tampoco soy mis deseos. Hay que vivir una vida útil, ¿y qué es útil?

...

Todo lo que permite que la humanidad se desarrolle, todo aquello que te lleva a lo fluido; e inútil todo aquello que te estanca.

Volvamos al inconsciente reprimido.

Si quiere que salga, haga arte: crear una pareja es un arte, saber mirar, saber vivir es arte. Los artesanos son artistas sanos. Hay que ser el artesano de uno mismo y llegar al arte santo. ¿Y qué es la santidad?

…

Bendecir todo aquello que ves, que oyes, que tocas, que conoces, siendo lo que eres y no lo que los otros quieren que seas.

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Locura lúcida

Ha hecho de su vida puro arte, no ha parado de inventar: películas, cómics, libros, terapias. Afirma que los deseos y las frustraciones familiares pasan de generación en generación y para librarse de ellas inventó la psicomagia: actos simbólicos que liberan nuestro inconsciente (ya que el cerebro no distingue entre realidad consciente e inconsciente). De sus andanzas con los chamanes aprendió a entrar en los sueños y formar parte del mundo onírico con plena conciencia (sueños lúcidos), y de eso habló en Caixa- Forum en el ciclo de conferencias Sobre los sueños y la fantasía. Me dejó dos consejo: Interprete la realidad como un sueño y sólo viva con personas que le alegren la vida.