Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de septiembre de 2013

José Mujica, presidente de Uruguay, habla en la ONU - septiembre de 2013 -




Mujica advirtió en la Asamblea General de ONU que si el mundo no cambia su rumbo, y controla los enormes cambios que la globalización ha impuesto, la especie humana corre el riesgo de sucumbir. "Es posible un Mundo con una humanidad mejor, pero tal vez hoy la primera tarea sea salvar la vida". "El Mundo requiere a gritos reglas globales que respeten los logros de las Ciencias, que abunda pero no gobiernan", dijo.


jueves, 15 de agosto de 2013

Políticas agrarias: entre disturbios campesinos y concentración de tierras



Miguel Fernando Mejía*
Razón Pública
4 de agosto de 2013

La ley prevé tanto Zonas de Reserva Campesina como Zonas de Desarrollo Empresarial.  Es un modelo dual de desarrollo agrario, que de no encontrar orden, nos llevara a crisis más profundas y guerras de mayor duración.

miguel mejia situación campo sembradío campesino
Foto: David KaHeLLo

Problema sin resolver

Hoy recobra vigencia la mirada del sociólogo colombiano Orlando Fals Borda sobre la cuestión agraria en Colombia. En un texto de 1975 describe con lucidez el ciclo de un problema no resuelto, que resurge cada década:

“Las concesiones de baldios han ocupado una gran porción del territorio nacional, especialmente en áreas estratégicas suceptibles de rápido desarrollo económico… Muchas veces sus dueños — ausentistas todos — simplemente han esperado varias décadas dejando que las tierras se “engorden”, sea porque por allí se construya un camino, o porque los verdaderos campesinos, como se ha dicho, empiecen a civilizarlas.  Luego los llamados “dueños” las venden o se apropian de ellas, haciendo arreglos de explotación con los colonos (a veces llamados “arrendatarios”) mediante los cuales estos entregan los lotes convertidos en pastizales o cafetales para seguir a otros enmontados, en cadena interminable”[1].

Las protestas campesinas que se multiplican por el territorio confirman que, en efecto, el problema agrario sigue sin resolver.

Desde otra perspectiva se ha encendido el debate sobre la concentración indebida de la propiedad sobre baldios de la Nación, cuya denuncia provocó la caída del embajador colombiano en Washington.

Dos caras de la misma moneda.

Modelo dual



miguel mejia situación campo campesinos marcha

Foto: Agencia Prensa Rural 
El modelo dual de desarrollo agrario se basa en la coexistencia de economías campesinas y economías de escala agro–empresarial. Este es uno de los temas que se discuten en La Habana, lo cual indica que la paz pasa por asumir el problema con toda seriedad.

Pero mientras avanza el entendimiento en la mesa de conversaciones, en los hechos sigue creciendo la brecha entre la inconformidad de los campesinos y la voracidad del sector agroempresarial.

Para los campesinos, se trata de reproducir las condiciones de su propia existencia. Para los empresarios, se trata de garantizar el principio de la acumulación de capital. Pero unos y otros pretenden lograr sus objetivos sobre una misma base: la posesión de la tierra.

La legislacion agraria ampara el modelo dual de desarrollo rural:

· De un lado busca fortalecer la economía campesina, que participa de manera vital en la producción agroalimentaria del país.
· Del otro lado pretende garantizar las condiciones para establecer sistemas de producción de mayor escala, que presumiblemente han de ser fuentes de inversión y de empleo sostenibles. 

La eficiencia de ambos modos de producción — campesino y agro–empresarial — también ha sido materia de debates académicos en los últimos tiempos:

· Los sistemas de producción campesina demuestran su eficiencia en términos de productividad y de creación de valor ecológico y sociocultural, pero no reciben suficientes subsidios por parte del Estado colombiano.
· Los proyectos de escala agro–empresarial han sido criticados por su impacto ambiental y su precaria inversión social, en comparación con la elevada tasa de ganancias. Y sin embargo reciben los mayores subsidios del Estado. 

Zonas de Reserva Campesina 



miguel mejia situación campo pobreza campo

Foto: Camilo Ortíz 
Según la legislación colombiana, las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) son áreas de estabilización de la frontera agraria y de fortalecimiento de economías campesinas,  que deberían remediar las causas de los conflictos sociales y crear condiciones para la paz y la justicia social.

Las ZRC resultaron de la movilización de campesinos y colonos cocaleros en un proceso de concertación que quedó consagrado en la ley 160 de 1994 (denominada “de reforma agraria y desarrollo rural campesino”) y fue reglamentada, en el capitulo de ZRC, por el decreto 1777 de 1996.

Desde entonces y hasta 2002, se constituyeron seis ZRC, ubicadas en sitios agroecológicos estratégicos e inmersos en regiones de reciente colonización.

Esta circunstancia hizo que la figura de las ZRC-junto con las organizaciones que las promueven- fueran estigmatizadas por estar en áreas donde el conflicto armado ha tenido especial intensidad, y así quedaron en descrédito y abandono por parte del gobierno nacional durante los ocho años del gobierno de la Seguridad Democrática.  

En 2010, la movilización campesina en el marco del primer encuentro de ZRC volvió a poner esta figura en el debate político y agrario del país, al producirse dos hechos importantes:

· de un lado, el proceso de reorganización campesina en torno a la reivindicación de la reforma agraria, retomando el logro que había significado la creación legal de las ZRC. 
· De otro lado, el anuncio de un nuevo compromiso del gobierno — por intermedio del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural — de retomar y dar impulso a esta política, para lo cual se planteó la “reactivación” de las ZRC existentes, así como la constitución y delimitación de más zonas a lo largo del país.

Miguel Mejia ZRC Incoder

Fuente: González Posso, Camilo: “Las Zonas de Reserva Campesina ya existen”, Marzo de 2013, Incoder.

El desarrollo de las ZRC como política pública ha estado determinado por distintos factores:

· La presión del movimiento campesino;
· La capacidad de autogestión de las organizaciones campesinas;
· La falta de voluntad política y el precario cumplimento de los gobiernos frente a los campesinos amparados bajo esta figura, lo cual de paso ha impulsado iniciativas legítimas, como las ZRC que existen en el Cauca. Y quizas como lo llegue a ser la ZRC del Catatumbo; si los accuerdos anunciados no se  cumplen.

Zonas de Desarrollo Empresarial

Las Zonas de Desarrollo Empresarial (ZDE) tambien quedaron establecidas en la ley 160 de 1994. No obstante, las empresas especializadas del sector agropecuario — para quienes se prevé esta figura — no han demostrado interés porque sea reglamentada.

Su puesta en marcha también se ha visto frenada por restricciones de orden juridico y social. La Constitución otorga prioridad a los trabajadores del campo como sujetos de la reforma agraria para el acceso progresivo a la tierra.  También la dinámica de poblamiento y de ocupación territorial ha llevado a que la mayor parte de los baldios — probablemente todos — ya tengan ocupantes hoy.  Una condición  crucial para que las ZDE resulten viables es la existencia de terrenos baldios sin ocupantes.

En varias ocasiones se ha intentado “perfeccionar” los artículos de la ley 160 que definen el alcance de las ZDE, con el propósito de permitir la acumulación de baldios de la Nación.  El caso más reciente fue lo previsto en el articulo 62 del Plan Nacional de Desarrollo 2010–2014 (ley 1450 de 2011) mediante los denominados Proyectos de Desarrollo Agropecuario y Forestal (PEDAF), artículo que fue declarado inexequible por la Corte Constitucional.

El nulo desarrollo del marco legal de las ZDE no ha impedido que se establezcan proyectos de carácter agro–empresarial en el país. En algunos casos se han utilizado estrategias de acaparamiento y de concentración de tierras mediante sofisticados artificios jurìdicos  — como los casos de Riopaila y de Mónica Semillas, en Vichada, entre otros —, pero en muchos otros casos se ha utilizado el  despojo violento sin escrúpulos: casos de Curbaradó y Jiguamiandó, Fondo Ganadero de Córdoba en Urabá, la Fazenda en Meta o Bellacruz en Cesar, entre otros. 

Falta voluntad política

Resulta paradójico el contraste entre un marco normativo que prevé un modelo dual y el modelo señorial de producción, herencia colonial vigente que impide reconocer efectivamente a quienes reclaman sus derechos.

En la actual coyuntura agraria del país, mientras los diseñadores de políticas públicas buscan fórmulas para “sanear” la concentración ilegal de las tierras de la Nación en concertación y consulta con quienes las promueven, de otra parte, malabaristas políticos intentan “conjurar” los paros agrarios y la inconformidad legítima de los campesinos.

Las dos figuras previstas en la ley deben contribuir al ordenamiento social y ambiental de la propiedad rural, así como al cumplimiento de la función social y ecológica que tiene la tierra, según la Constitución.

La conformación de Zonas de Reserva Campesina y de Zonas de Desarrollo Empresarial debe corresponder a un ordenamiento social, ambiental y productivo de la propiedad rural, basado en el equilibrio de la distribución de la tierra, la regulación de sus usos y el apoyo a los más desfavorecidos.

Un país que necesita la paz, paz que pasa por resolver el problema agrario, no puede persistir en el desconocimiento de los derechos de los desposeídos y en legitimar las ilegalidades de los acumuladores.

Un asunto de voluntad política.

*Ingeniero Agrónomo. MgS en Antropolología. Candidato a doctor en Agroecología. Universidad Nacional.


[1] Fals, Orlando: “Historia de la Cuestión Agraria en Colombia”. Bogotá, Publicaciones de la Rosca, 1975.


lunes, 3 de diciembre de 2012

'La paz requiere amnistía'


El Espectador
2 de diciembre de 2012

por: Luz M. Estupiñán Cardona
El catalán Vincenç Fisas analiza el proceso que adelantan el Gobierno y las Farc. Mucha verdad, perdón y reparación son las claves.


 Vicenç Fisas, director de la Escuela de Cultura de Paz de Barcelona. / Archivo Particular
Vicenç Fisas, director de la Escuela de Cultura de Paz de Barcelona. / Archivo Particular
 
El catalán Vincenç Fisas, director de la Escuela de Cultura de Paz de Barcelona, quien asesoró diplomáticamente diferentes procesos de paz en el mundo y en Colombia ha realizado gestiones y redactado documentos que han sido llevados a las partes del conflicto armado de manera confidencial, dice que la amnistía —ahora que las Farc buscan allanar ese camino— es el rumbo final de todos los procesos de paz. En entrevista con El Espectador, Fisas da puntadas de lo que viene en esta negociación, que tuvo un corto receso y se retoma el 5 de diciembre en La Habana.

¿Cuál cree que debe ser el lugar de las víctimas en el proceso?

Las víctimas son parte esencial, pero en ningún proceso de paz forman parte de la mesa de negociaciones. Cuando llegue el momento, las Farc tendrán que pedir perdón por sus crímenes. La discusión será complicada. Sin duda se planteará si el Gobierno procede a una amnistía general, un tema polémico. La guerrilla no deja las armas para ir a prisión. En todos los procesos de paz, cuando se termina un acuerdo, los actores armados quedan amnistiados; no creo que Colombia sea una excepción. Pero eso implica una contrapartida: mucha verdad, perdón y, en lo posible, reparación a las víctimas.

¿Cree que la sociedad civil aceptará la amnistía?

La sociedad civil podrá entenderlo si el Gobierno hace pedagogía: vamos a pagar este precio por poner punto final a la historia de violencia. Habrá sectores, inclusive defensores de derechos humanos, que lucharán por evitarlo, pero todos los procesos de paz en el mundo, en el pasado y en el presente, terminan así. Ha habido conflictos con muchos más muertos que en Colombia, muchas más violaciones de derechos humanos y, sin embargo, se pone punto final, hay amnistía y los grupos armados participan en la vida política del país.

¿Incluiría también a los militares que están presos por delitos en el marco del conflicto armado?

Esta situación no se ha planteado en el actual proceso, pero una amnistía los incluiría también.

¿Cómo abordar este proceso desde la sociedad civil, los medios de comunicación, los sectores sociales?

Hay que ser realistas con los aportes a la mesa técnica, no pedir lo imposible al proceso. A las Farc y al Gobierno les pediría que fueran sensibles y tengan en cuenta las iniciativas que surjan de la sociedad civil. Si logramos que sea un proceso muy participativo, será más fácil abordar los temas difíciles de la agenda.

¿Un año es suficiente para un proceso de paz?

Si se lleva un buen ritmo de encuentros, es un tiempo razonable para llegar a acuerdos y discutir los tiempos de la agenda.

¿Cómo se vislumbra la participación política de las Farc, si se llega a un acuerdo?

El Estado está obligado a dar garantías necesarias y suficientes para que las Farc puedan diseñar un escenario de participación política a corto plazo, una vez se haya completado la negociación, a través de un partido político nuevo o como lo decidan las Farc.

¿La participación del general (r) Jorge Enrique Mora Rangel en la mesa negociadora es una garantía de seguridad?

La cuestión va más allá de su presencia en la mesa. Consiste en una política integral que no es solamente dar escoltas a las personas, se necesita también enviar mensajes a la sociedad sobre lo positivo que es tener a las Farc participando en política. En este proceso, los medios de comunicación tendrán un papel importante como valedores de esa conveniencia.

A estas alturas del proceso, ¿pueden participar otros grupos armados?

Aún sería un buen momento para hacer mesas paralelas con otras agrupaciones armadas, pero cada una en su sitio. Es imposible la vinculación al mismo proceso abierto con las Farc.

¿Proceso sin cese al fuego bilateral?

Yo hubiera preferido un alto al fuego bilateral al principio de la negociación: se ahorran víctimas y se evita la desconfianza. Pero el Gobierno no acepta esta posibilidad, se siente mucho más fuerte militarmente, prefiere mantener los combates y la persecución de las Farc mientras adelanta las negociaciones. Quiere debilitarlas aún más.

¿Hay un clima contrario al alto al fuego, ya sea por gasto militar o por grupos de presión?

El día que finalmente salga en los periódicos: “Las Farc dejan las armas y se desmovilizan”, será mágico, histórico, permitirá que el país sea muy generoso con las Farc. No estamos en ese momento, ese titular todavía no existe. Pero será en un ambiente diferente al que hay ahora. Uno de los resultados de un acuerdo de paz sería la retirada del Ejército en muchas regiones del país, el cierre de instalaciones militares que ya no serían necesarias...

Comparado con otros procesos de paz, ¿es optimista respecto al colombiano?

Hace poco tiempo se ha llegado a un acuerdo entre Sudán y Sudán del Sur, un conflicto que provocó un millón y medio de muertes y muchas barbaridades: asedio a ciudades, gente muriéndose de hambre, tres millones de personas desplazadas... Sin embargo, son capaces de firmar la paz y el líder de la guerrilla pasa a ser vicepresidente del país. En el mundo se han hecho cosas tan increíbles que me permiten suponer que en Colombia no tiene que ser diferente.

viernes, 21 de septiembre de 2012

21 de septiembre, Día Internacional de la Paz



El año 1981, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 21 de septiembre Día Internacional por la Paz. La voluntad de los representantes a la hora de declarar esta jornada era la de conmemorar y fortalecer los ideales de la Paz entre las personas y las naciones.
 
La declaración pretendía que durante toda la jornada se parara el fuego y la violencia en cualquier región del mundo donde hubiera un conflicto armado.

Hoy en día, pero, en el difícil contexto económico, político y social que vivimos, sobretodo en occidente, desde la Fundación Carta de la Paz dirigida a la ONU somos conscientes no sólo de la violencia directa que se produce por todas partes, sino también de la violencia estructural que cada día hace más grandes y punzantes las diferencias entre ricos y pobres.

Por este motivo, pero también en plena conciencia de que la Paz se consigue con uno mismo, y también entre individuos, queremos compartir con vosotros el Manifiesto de Barcelona por la Paz, elaborado con motivo del I Congreso Internacional Edificar la Paz al siglo XXI que se celebró en esta ciudad el mes de abril de 2012.

Manifiesto Barcelona por la Paz

 
Con motivo del Ier Congreso Internacional Edificar la Paz en el siglo XXI celebrado en Barcelona los días 23, 24 y 25 de abril del 2012, el Comité Científico, recogiendo las aportaciones, las comunicaciones y las ponencias que se han presentado y los trabajos precongresuales, da a conocer el siguiente Manifiesto.

Somos conscientes de:
  1. La difícil encrucijada en la que se halla la humanidad
  2. La injusticia social que padecen millones de seres humanos
  3. La intolerancia que provoca una multitud de víctimas
  4. Las guerras que hieren el mundo
  5. La fragilidad de la democracia
  6. La devastación del medio ambiente
  7. La indignación de muchas ciudadanas y ciudadanos
Y manifestamos que:
  1. La paz no es un regalo; es un valor que se construye día a día.
  2. El ser humano es capaz de hacer el mal, pero también el bien.
  3. Cualquier persona está llamada a ser un agente de paz. La pacificación del mundo depende de todos. Nadie está exento de esta tarea.
  4. Los acontecimientos del pasado han configurado nuestro presente.
  5. No somos responsables de lo que acaeció en el pasado. Sin embargo, el futuro no está escrito. En gran parte, depende de nosotros.
  6. La historia es una fuente de aprendizaje. Es un deber transmitirla con rigor y con la máxima objetividad. Rememorar el pasado constituye un deber.
  7. No podemos olvidar a las víctimas del pasado. Su sufrimiento nos interpela y exige actuar de un modo eficiente y eficaz para evitar la reiteración del mal.
  8. Las decisiones del presente afectan a los contemporáneos, pero también a las generaciones venideras. Somos responsables de edificar un mundo en paz, justo y fraterno y confiamos en el talento compartido y en la fuerza colectiva para conseguirlo.
  9. La violencia genera más violencia. El verdadero antídoto a la violencia es la justicia y el ejercicio de la reconciliación.
  10. El desarme integral, material y espiritual, es condición ineludible para la paz.
  11. Cualquier decisión en el ámbito local tiene sus efectos en el mundo global. Todo es interdependiente. Existe una solidaridad fundamental. Debemos tener consciencia de ello y potenciarla.
  12. La diversidad es un bien necesario a proteger y amar. Todo ser humano tiene derecho a vivir en el marco de su(s) identidad(es), pero las identidades no son universos cerrados.
  13. Lo que nos une es más profundo que lo que nos separa. No podemos perderlo de vista y tenemos que fomentar la fraternidad universal.
  14. En la indignación hay un indicio de esperanza; pero el futuro requiere del compromiso libre de todas y todos.
  15. La democracia, tal y como la conocemos, tiene que dar un salto cualitativo. La transparencia y la participación tienen que ser sus fundamentos.
  16. La paz es el fruto de la libertad, la equidad y la solidaridad.
Por ello, llamamos a:
  1. A todas las ciudadanas y ciudadanos, para que tomen consciencia que cada uno es un agente de paz y que la paz es la condición para la plenitud del ser humano.
  2. A las instituciones educativas, formales y no formales, porque tienen la responsabilidad de educar en la cultura de paz y potenciar la resolución pacífica de conflictos.
  3. A las universidades y a los centros de investigación, porque, junto con la sociedad civil organizada, busquen vías plausibles e inteligentes para pacificar el mundo.
  4. A los medios de comunicación social, porque son la ventana del mundo. A través de ellos contemplamos la realidad. Tienen la gran responsabilidad de presentar lo que ocurre con fidelidad y rigor y promover la paz.
  5. A los gobernantes, porque el mejor modo de construir el futuro es trabajar para el bien de los presentes.

sábado, 8 de septiembre de 2012

El conflicto colombiano en la literatura


- No hay escritor colombiano en cuya obra no esté presenté el enfrentamiento gobierno-guerrilla
- García Márquez, Artura Álape, Laura Restrepo, Abad Faciolince, Evelio Rosero...
- Presentamos un panorama de algunas de las obras clave para entender la situación del país


 
El País
Madrid 8 SEP 2012

“Llegó el tiempo de cerrarle el portón a los violentos”, dijo el martes Timochenko, el máximo líder de la guerrilla más antigua del continente americano, la colombiana, al dar por iniciado un nuevo proceso de diálogo con el gobierno en busca de la paz. De cerrar un portón y de abrir una puerta: la de la narrativa que ha contado y tendrá que seguir contando lo sucedido en más de sesenta años de barbarie, los de la última violencia, como una manera de exorcizar la muerte a manos de los otros, recuperar la memoria y, ante todo, mantenerla para no volver a repetirse.

El nuevo proceso de paz iniciado por el presidente Juan Manuel Santos con la FARC, si finaliza con éxito, empezaría a cerrar una herida cuyo más reciente inicio los colombianos ubican en el 9 de abril de 1948, cuando Juan Roa Sierra, un oscuro personaje de 26 años, disparó y asesinó en el centro de Bogotá a Jorge Eliécer Gaitán, un líder liberal que se proyectaba a la presidencia del país. Este es el punto de partida no sólo de los últimos 63 años en Colombia, sino también de El bogotazo: memorias del olvido, del escritor Arturo Álape, ya fallecido, en el que reconstruye los antecedentes, el crimen y los disturbios que le siguieron y que originaron la llamada violencia colombiana, una guerra partidista que derivó en el bandolerismo y el establecimiento de la guerrilla de las FARC, ahora en proceso de paz, y luego de las posteriores (ELN, EPL, M-19) de los años sesenta y setenta. El conflicto en sí mismo, la irrupción de actores como el paramilitarismo y el narcotráfico, con la corrupción que ha generado al interior de todas las instituciones, incluida la misma guerrilla, así como la violación constante de derechos humanos fundamentales, han proporcionado material abundante no sólo para la literatura sino para el periodismo y la investigación.

De las viejas guerras, como la de los Mil días, a finales del XIX y principios del XX, que nutren obras como Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, o El coronel no tiene quién le escriba, a una vorágine en la que se han gestado textos como Las muertes de Tirofijo, el mítico fundador de las FARC, aunque en realidad es una colección de cuentos, La bola del monte, o El diario de un guerrillero, todos de Álape, y todos situados en los inicios de esa guerrilla; o Abraham entre bandidos, una novela de factura más reciente, 2010, del escritor Tomás González, que recrea el tránsito que hacían el bandolerismo y las guerrillas liberales hacia lo que finalmente se conoció como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), guerrilla de origen eminentemente rural y cimentada en sus inicios en el derecho de los campesinos a la tierra.
 
La paulatina degradación del conflicto da lugar a novelas como Los Ejércitos de Evelio José Rosero, premio Tusquets 2006, acerca de las muchas guerras en las que vive inmersa la población en regiones que no son el centro del país; Muchacha al desaparecer, 2010, una incursión en la prosa de la poeta Marta Renza, la historia de una militante desaparecida en los ochenta, cuando las FARC participaron en un fracasado proceso de paz, o En el brazo del río , 2006, en la que dos niñas alternan sus voces para estremecer con lo que significa morir en una masacre y las versiones que se dan sobre la misma. También hacia finales del primer decenio de este siglo está escrito El olvido que seremos, quizá la mejor obra de Héctor Abad Faciolince, en la que con una sensibilidad extremecedora recupera a su padre, un defensor de los derechos humanos, asesinado por su compromiso.

NO FICCIÓN

En el campo de la no ficción, aunque es una narrativa matizada que puede llegar a la literatura, están escritores como Alfredo Molano que de manera infatigable ha rescatado historias como Los bombardeos del Pato, Los años del Tropel o Trochas y fusiles, y Patricia Nieto con Crónicas de la guerra en Colombia o Los olvidados. Laura Restrepo, desde la orilla del periodismo, escribió en los ochenta La historia de una traición, un primer truncado proceso de paz con el M-19, ya reintegrado en la vida civil, que fue reeditado posteriormente como Historia de un entusiasmo. En el género testimonial No hay silencio que no termine de Ingrid Betancur, publicado hace dos años, es la narración de su largo cautiverio con las Farc, texto precedido por los publicados por otros secuestrados.

Y aunque no están mencionados todos los que son, puede asegurarse con certeza que no existe escritor colombiano contemporáneo cuya obra no esté marcada de alguna manera por el sino que le ha tocado vivir.

* Marbel Sandoval es periodista y autora de En el abrazo del río.

sábado, 1 de septiembre de 2012

El nuevo país, las viejas FARC


Colombia ha experimentado un sustancial avance económico en los últimos años, ha arrinconado la crispación política y busca un camino al desarrollo a partir de la reconciliación

Andrea Peña
El País
28 de agosto de 2012


Hace apenas una década, los miembros de las FARC llegaban a la mesa de negociaciones con el presidente Andrés Pastrana en actitud arrogante. Lo primero que hacían era exhibir sus bien lustrados fusiles y luego se soltaban en largos monólogos en los que reclamaban innumerables peticiones. Por aquella época, el grupo guerrillero estaba presente en los 32 departamentos del país e incluso tenían un músculo militar que le permitía tomar poblaciones enteras y llevarse a cuanto agente o soldado hubiera sobrevivido a sus devastadores ataques.

La ciudadanía exhausta votó por la mano dura y eligió a Álvaro Uribe, quien no se tomó un respiro en su propósito de vencerlos militarmente. Con su Política de Seguridad Democrática, llevó la fuerza pública a 300 de los 1.100 municipios colombianos en donde la guerrilla dictaba la única Ley. A medida que iban cayendo comandantes de la guerrilla, otros eran capturados y centenares más le decían adiós a las armas y se reincorporaban a la vida civil, la gente empezó a recuperar la confianza.

Los colombianos volvieron a transitar por las carreteras y retornaron a los campos, optó por darle confianza a otros sectores políticos. En ese contexto, la economía colombiana, que bordeaba la recesión, llegó a crecer un 7,4%, por encima de la media latinoamericana (5,5%). Regresaron las inversiones y miles de personas que habían salido de Colombia, entre ellos cientos de cerebros fugados.

Al ser elegido a la presidencia en 2010, Juan Manuel Santos anunció que si bien el país iba por buen camino ahora había que esforzarse más para alcanzar el desarrollo y que esto pasaba por la reconciliación. Santos firmó una Ley de Tierras y una Ley de Víctimas, entre la ovación de los sectores más progresistas y la mirada atónita de las FARC. Además, empezó a fortalecer otras instituciones que han creado una geografía en donde la convivencia es evidente: en 400 municipios de Colombia durante este año no ha habido un solo asesinato.

En el contexto internacional, Santos se reconcilió con los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez; y de Ecuador, Rafael Correa; países con los que Uribe había llegado a un alto nivel de pugnacidad, precisamente a causa de las FARC. La crisis se desató siendo Santos ministro de Defensa, a raíz del bombardeo contra el campamento de Raúl Reyes en Ecuador. Los ordenadores incautados destaparon las conexiones y la protección que las FARC tenían en ambos países.

En el terreno político, Santos invitó a todos los movimientos políticos a trabajar en conjunto en lo que se llama la unidad nacional. Igual hizo con las altas cortes y los periodistas más críticos. Los tiempos de crispación quedaron atrás.

En este contexto, el país empezó a ver la luz al final del túnel favorecido además por un buen manejo económico. El Producto Interno Bruto (PIB) creció el año pasado un 5,9%; la inversión extranjera directa (IED) sobrepasó los 13.000 millones de dólares. “En la región, solo Colombia mantiene el dinamismo en el exterior”, dijo en su informe del año pasado la Comisión Económica para América Latina (Cepal).

Hay más datos para el optimismo, las exportaciones colombianas superaron los 50.000 millones de dólares en 2011, una cifra sin precedentes. Y en materia petrolera, el país se acerca a una producción de 1 millón de barriles diarios. Además, la confianza en el país hoy es enorme. "Tenemos una economía con una inflación baja y estable y unas condiciones monetarias y fiscales que muestran gran estabilidad y fortaleza", dice el gerente del Banco de la República, José Darío Uribe. Como resultado de todo esto, Colombia recuperó el grado de inversión que perdió a finales de los noventa.

Sin embargo, todo esto contrasta con el atraso en especial en materia de infraestructura y en unos niveles de pobreza de los que Santos dice sentir vergüenza. Él cree que si se destinara un porcentaje de los millonarios recursos que van para la guerra, en asistencia y en obras públicas, Colombia daría un paso enorme. Eso, por ejemplo, fue lo que les dijo a los empresarios quienes le respondieron que comparten su punto de vista y le dijeron que están de acuerdo en la búsqueda de la paz negociada. Incluso le dijeron que están dispuestos a pagar un impuesto extra para apoyar el proceso y aún más en dar vocería política y acceso a cargos de elección popular a los desmovilizados, en caso de que este resulta exitoso. Además de los empresarios, Santos cuenta hoy con un clima favorable a la negociación en vastos sectores de la opinión pública. El nuevo país quiere apostarle al futuro y dejar atrás los 50 años de guerra. Claro que la realidad es tozuda y dura. Falta ver que dicen ahora las FARC, las viejas FARC.

martes, 12 de junio de 2012

voces para la paz





Publicado el 14/05/2012 per solimusi

http://www.vocesparalapaz.com

Concierto "Voces para la Paz" (Músicos Solidarios)
Auditorio Nacional de Música de Madrid Madrid, 12 de junio de 2011
Director: Miguel Roa
Solista: Alfredo Anaya
Proyecto: Pozos en Níger

martes, 10 de abril de 2012

we love you



lunes, 9 de abril de 2012

El día de la memoria


Editorial
El Espectador


Hoy, 9 de abril, es un día que significa mucho para la historia de Colombia.

El principal acontecimiento que conmemora esta fecha es que hace 64 años murió asesinado Jorge Eliécer Gaitán, uno de esos íconos liberales que encarnaban algún tipo de progreso para el país, así como un discurso avanzado de lucha de clases, de desigualdad social, y una esperanza de cambio a largo plazo para el pueblo colombiano.

Su asesinato, uno de los más duros del siglo XX, cometido por fuerzas y móviles que aún se desconocen, fue para la sociedad capitalina de entonces una especie de reflejo de la época de la Violencia que vivía el resto de Colombia en sus espacios rurales. Las imágenes, muy probablemente, se revivirán hoy en la mente de muchos: el tranvía en llamas, los saqueos, los incendios, el cadáver descompuesto y vuelto un despojo de Juan Roa Sierra, el presunto perpetrador, asesinado acaso muy prematuramente por cuenta del ajusticiamiento veloz de las masas que lo arrastraron por las calles.

Este fue un evento que muchos analistas tienden a identificar y etiquetar como el origen de un segundo período de violencia en espiral del que Colombia aún no logra salir. Es por eso un deber recordarlo en la memoria y tenerlo presente, siempre que se pueda, como objeto de un análisis mayor.

El legislador ha optado porque este día, asimismo, sea el de Memoria y Solidaridad con las Víctimas. No sólo de aquellas que quedaron sin reparación alguna desde la época de la Violencia, sino también de las que abundan hoy en día por ese círculo que al parecer no sabemos cómo romper de una manera adecuada y permanente. Pese a la significación histórica del día, es una oportunidad para solidarizar a la sociedad colombiana con aquellas personas que han sufrido los percances del conflicto.

Es una oportunidad, también, para definir discursos y realidades en torno a las víctimas. A reconocerlas como tal y no entrar en un negacionismo perjudicial y a veces inconsciente. El músculo legal más claro en estos momentos es la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, que por sus efectos pragmáticos inmediatos (y pese a las críticas que hemos hecho o los obstáculos de implementación que hemos mencionado en este espacio) es un instrumento jurídico al que hay que darle impulso y hacerle seguimiento.

Puede que se presenten conflictos en torno al significado de la fecha (que la gente, cada vez menos, tiende a ver bajo la lupa partidista), pero ese es un asunto que, como decía ayer Gonzalo Sánchez en estas páginas, es uno de los rasgos propios de la memoria. Y ese es un asunto que debe respetarse a toda costa. El mejor de los escenarios, sin embargo, es conmemorar ambas fechas dentro de una convivencia pacífica de ideas: como una experiencia en la que, al mismo tiempo que se honra la memoria de un día importante para el país y sus víctimas centenarias, sirva también para poner en el foco de la escena a los perjudicados de hoy. A su lucha. Con el fin nada despreciable de que sea hoy, y no dentro de 64 años, que sus derechos se reivindiquen, sus situaciones particulares perdidas se restituyan y la verdad de lo ocurrido en sus vidas y las de sus familiares se sepa.

Falta entonces que aquellas organizaciones de la sociedad civil sepan leer el nuevo significado del día de hoy y lo simbolicen de una manera efectiva, con el fin de movilizar no sólo a la sociedad, sino también a las víctimas. Creemos firmemente que la reconciliación puede llegar más fácil si se usan correctamente este tipo de medidas simbólicas.

domingo, 8 de abril de 2012

Lo que hay que decir


El escritor alemán se opone a un ataque israelí contra Irán

Günter Grass 4 de abril de 2012
EL País

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor...

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como alemanes—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

Traducción de Miguel Sáenz. El texto original en alemán se publica hoy en el diario Süddeutsche Zeitung.

domingo, 1 de abril de 2012

Un vuelo de palabras por las víctimas




Por: William Ospina
El Espectador

1 de abril de 2012

Ya sin pavor viera este cielo/ si pudiera volver a verte, escribió hace muchos años el poeta Antonio Llanos. Y Aurelio Arturo, el hombre del sur, dijo, hablando sin duda a un ser hondamente querido y perdido: Déjame ya ocultarme en tu recuerdo inmenso.

Forma parte de la herencia de la condición humana ese recibir y perder, ese saborear y abandonar los dones del mundo. Ir cada quien, como decía Emerson, renunciando a su mundo estrella por estrella. Así expresó también Borges uno de los rasgos patéticos de nuestra existencia cotidiana: Si para todo hay término y hay tasa,/ y última vez y nunca más y olvido,/ ¿quién nos dirá de quién, en esta casa/ sin saberlo nos hemos despedido?

Pero en Colombia, hace mucho tiempo, las tragedias comunes de la condición humana se multiplican y se agravan hasta lo indecible. No es mentira decir que Colombia es un pozo de dolor humano muy profundo, y que en pocos sitios es tan necesario ese llamado a la solidaridad y a la compañía que hizo Barba Jacob en sus más altos versos: Apoya tu fatiga en mi fatiga/ que yo mi pena apoyaré en tu pena.

Cada vez se habla más entre nosotros de las víctimas, pero eso no significa que la tragedia sea reciente. La violencia es nuestra peor tradición, y si ahora hablamos de esto más que antes es porque hay una creciente voluntad de hacer visible el dolor de millones de personas, de buscar la verdad de los hechos y la reparación de las ofensas.

Esto es necesario por muchas razones distintas. Los crímenes y los despojos, los hechos y los dolores tienen que aflorar a la comprensión y al lenguaje. Pasar de los hechos a la conciencia de los hechos es ya una conquista. Pero convertir en palabras el dolor es también un bálsamo, el comienzo de un remedio. Lo cantan los versos iniciales del Martín Fierro: Aquí me pongo a cantar/ al compás de la vihuela/ que al hombre que lo desvela/ una pena extraordinaria,/ como el ave solitaria/ con su cantar se consuela.

Pero poco sería pedirle al lenguaje que nos dé apenas conciencia y consuelo. El lenguaje brota de los nervios vivos, del tejido de la memoria y de las fuentes de la emoción, pero es también el instrumento que cohesiona a las sociedades. Nombrar lo que se vive, lo que se teme, lo que se espera, más que una manera de crear la conciencia personal, es una forma de buscar una respuesta compartida.

Por eso la iniciativa de la Alta Consejería para la paz y la reconciliación y de Idartes, el Instituto Distrital de las Artes, de convocar a un ejercicio colectivo de expresión verbal por las víctimas de las violencias colombianas es tan valiosa y merece una participación multitudinaria. En preparación para el Día Nacional de la Memoria, convocado para el 9 de abril, la fecha más significativa de nuestra historia, se ha pedido que cada quien exprese con una frase, con una reflexión, con un verso, ese cúmulo de dolor, de nostalgia, de desesperanza y de esperanza, la experiencia de las víctimas de la sociedad colombiana. Ese ejercicio es necesario y es la manera de formar un coro en el que cada voz conserve su tono personal y su acento único.

La soledad es como esas lluvias que viniendo del mar avanzan por la noche. Todos lo hemos sentido: todos podemos expresarlo. El relato y la poesía deben dejar de ser el oficio de unos especialistas y convertirse en el grito de una comunidad. Todos tenemos historias, sentimientos, dolores y sueños. Y todos tenemos el lenguaje capaz de transmitir esa emoción, de compartir esos sentimientos, de atrapar su sentido profundo.

Que no haya entonces nadie que no se sienta capaz de hacer una frase, un verso, ese vuelo de palabras, como lo llamó Arturo, en que vayan concentrados su asombro, su indignación, su solidaridad y su afecto. Porque no queremos olvidar, comprendemos el grito de Borges: Sólo una cosa no hay, es el olvido. Porque sentimos que los seres que amábamos y que desaparecieron no pueden morir, entendemos por fin esas palabras de Quevedo: Su cuerpo dejarán, no su cuidado/ serán ceniza mas tendrán sentido/ polvo serán, mas polvo enamorado.

Pero no se trata sólo de hablar de las víctimas y de expresar su dolor, sino de comprender que en una sociedad tan llena de injusticias, ofensas y exclusiones, donde hay tanto miedo, tantos peligros, tanta incertidumbre, todos de alguna manera somos víctimas: de la arbitrariedad de unos, de la crueldad de otros, del egoísmo de los demás, y también de nuestra propia insensibilidad, de esa extensa falta de solidaridad y de compromiso. No se puede ignorar ni acallar el profundo dolor de las víctimas, pero también es urgente superar esa condición, encontrar el camino para dejar de ser víctimas.

Alguien dijo una vez con dureza: Ser maltratado no es un mérito. De nosotros depende, de nuestra inteligencia, de nuestra decisión de ser de veras una comunidad, no permitir que la injusticia se prolongue y condene a un pueblo talentoso, laborioso y valiente, a la eterna condición de víctima. Todo pueblo tiene que ser capaz de reemplazar a una dirigencia indigna y de abrirle camino a un verdadero proyecto de respeto, de dignidad y de alegría. La suerte de los pueblos depende fundamentalmente de sí mismos.

sábado, 15 de octubre de 2011

la doctrina del individuo


“En ese sentido, el confucianismo conectó la cuestión de la paz mundial con el cultivo de nuestras vidas personales. La primerísima lección que, según han decidido los estudiosos confucianistas desde la dinastía Sung, deben aprender los niños en la escuela, contiene este pasaje:

El pueblo antiguo que deseaba tener una clara armonía moral en el mundo, ordenaba primero su vida nacional; los que deseaban ordenar su vida nacional regulaban primero su vida familiar; los que deseaban regular su vida familiar cultivaban primero sus vidas personales; los que deseaban cultivar sus vidas personales enderezaban primero sus corazones; quienes deseaban enderezar sus corazones hacían primero sinceras sus voluntades; los que deseaban hacer sinceras sus voluntades llegaban primero a la comprensión; la comprensión proviene de la exploración del conocimiento de las cosas.

Cuando se gana el conocimiento de las cosas se logra la comprensión; cuando se gana la comprensión, la voluntad es sincera; cuando la voluntad es sincera, el corazón se endereza; cuando el corazón se endereza, se cultiva la vida personal; cuando la vida personal se cultiva, se regula la vida familiar; cuando se regula la vida familiar, la vida nacional es ordenada, y cuando la vida nacional es ordenada, el mundo está en paz.

Desde el Emperador hasta el hombre común, el cultivo de la vida personal es el cimiento para todo. Es imposible que cuando los cimientos no están en orden se halle en orden la superestructura. Jamás ha habido un árbol de tronco delgado cuyas ramas superiores sean pesadas y fuertes. Hay una causa y una secuencia en las cosas, y un comienzo y un fin en los asuntos humanos. Conocer el orden de precedencia es tener el comienzo de la sabiduría.

Ling Yutang
La importancia de vivir

Cap VI La doctrina del Individuo

lunes, 31 de mayo de 2010