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martes, 26 de noviembre de 2013

¡Viva el café!


EL País
Por: José Carlos Capel
24 de noviembre de 2013
Todos juntos al final, jueces y concursantesNi siquiera a fuerza de oír la palabra barista consigo acostumbrarme a su significado.

Me suena a cualquier cosa menos a experto en la preparación de tazas de café y tragos derivados.

Eso a pesar de que llevo años escuchándola. Sobre todo en Italia, donde surgió el término.
La ganadora del VIII Campeonato Nacional de Baristas celebrado el pasado viernes en San Sebastián ha sido Carolina Hernández, colombiana, única mujer entre los siete finalistas que se impuso a los otros seis varones que competían por el trofeo.

Sucedió en el escenario del Basque Culinary Center tras superar las pruebas de una competición (representación) que duró varias horas. Algo muy habitual en Norteamérica y los países nórdicos europeos.
Si recurro a términos escenográficos es porque la actuación de los concursantes tiene mucho de espectáculo. Me comentaron que casi 200 profesionales han competido a lo largo de 2013 para llegar a esta final apasionante.

Bajo los auspicios del Forum Cultural del Café www.forumdelcafe.com, institución sin ánimo de lucro con sede en Barcelona, se han celebrado durante el año en curso 19 campeonatos previos. Es lógico que los finalistas, llegados de toda España fueran verdaderos expertos.

La ganadora, Carolina Hernández en plena acciónCada examen dura 16 minutos fraccionados en cuatro tiempos.

Los concursantes, “cocineros” del café a la vez que cocteleros, deben realizar 3 espressos, 2 cappuccinos, 2 bebidas de café con alcohol y 2 más sin licor ni destilados.

Siempre al ritmo de una música cambiante. Cada vez que concluye la melodía el examinado inicia otra tarea. A cada prueba su ritmo.

Todo muy deprisa, mientras explica en voz alta las mezclas empleadas y las características de los cafés y las bebidas especiales preparadas.

Enfrente dos jueces sensoriales, otros dos técnicos que miden tiempos y temperaturas, y un juez líder que dirime cosas importantes. Un jurado extremadamente riguroso que va restando puntos, valora los movimientos y expresiones de los concursantes, la elegancia de la mesa dispuesta por cada uno, y la finura y calidad de los cafés preparados.

Olimpiadas en formato de juego.

¿Qué se persigue con ello? Para Jordi Codina, ex presidente del Forum Cultural del Café, el campeonato intenta prestigiar la figura del barista y aumentar el consumo de café en nuestro país, uno de los más bajos de Europa.

Con anterioridad al concurso hubo un debate abierto en el que participamos la periodista Julia Pérez, el cocinero Pedro Subijana, Salvador Sans, propietario de Cafés el Magnífico (mejor tienda de cafés de España), y yo mismo.  

En pocos minutos tratamos cosas importantes y quedaron en el aire interrogantes sin respuesta. Admitidas las ventajas que puede representar para el sector hostelero contar con profesionales expertos la pregunta es inmediata ¿tendrán peso en el futuro los baristas?

Taza de cappuccinoSin precisar demasiado concluimos que los retos a los que el café se enfrenta en España son varios: a) Mejorar radicalmente la calidad de los cafés importados, en su mayoría malos robustas procedentes de Vietnam y Uganda b) Erradicar por vía de urgencia los infectos torrefactos, que atiborran las estanterías de las grandes superficies y c) Mejorar la cultura del café aumentando el número de expertos en su elaboración, bien sean cafés espressos o de infusión, favoritos de los grandes aficionados.

En el mismo escenario, antes de concluir el debate yo le pregunté a Salvador Sans, entrenador de la ganadora, su opinión sobre las monodosis, cápsulas que no requieren la intervención de especialistas.

Su respuesta fue contundente: “Si nos gusta tanto la cocina sabrosa elaborada por buenos cocineros, es lógico que queramos disfrutar con cafés hechos por grandes profesionales ¿qué son mejores los platos preparados o la cocina hecha al momento?”

Como es lógico sus palabras se acogieron con una ovación atronadora.

Fotografías: Flaminia Pelazzi

En twitter: @JCCapel IMG_1003 copia
La ganadora, la colombiana Carolina Hernández y su entrenador, el gran Salvador Sans, propietarios de la tienda Cafés El MagníficoUno de los finalistas en plena actuación Aspecto del escenario y del auditorio del Basque Culinary Center donde se celebró la prueba



jueves, 5 de enero de 2012

Cuando el café es cultura


Por: Joseccapel
El País

No existe en Europa una tienda de cafés como la que tiene Salvador Sans en Barcelona (www.cafeselmagnifico.com) Al menos que yo conozca. Y no precisamente por el tamaño del local, pequeño e inaparente, sino porque Sans, de quien soy amigo desde hace años, es uno de esos profesionales que aúna pasión y cultura. Aparte de que en facebook se muestre muy activo, el contenido de su propia web y los carteles de su minúsculo mostrador lo dicen todo.

Tuesta a diario, muele y vende cafés de Guatemala, de Colombia, de Etiopía y de muchos otros orígenes. Pero no cafés anónimos, sino micro lotes procedentes de fincas concretas, situadas a alturas variables y cosechados por agricultores con nombres y apellidos.

Ayer a media tarde se me ocurrió pasar a saludarle y, de paso, disfrutar con alguno de los cafés que prepara en un rinconcito de la barra. Como la tienda estaba a reventar me detuve observando una máquina con probetas de cristal situada en el escaparate. “ Es para infusionar café en frío”, me dijo enseguida.

“Te invito a participar en una experiencia. Vamos a probar una mezcla de dos variedades de café de Panamá, --caturra y typica--, cultivadas a 1.700 metros de altura. Y las vamos a preparar de tres maneras distintas”. Cuando le dije que yo solo sabía de la existencia de arábicas y robustas, me soltó que de los arábicas existen 600 variedades, entre ellas dos básicas, typica y borgón y que de esta última procede la caturra. Vaya ignorancia la mía, pensé enseguida.

El primer café lo infusionó en una maquinita manual denominada “Aeropres”, sistema intermedio entre el café de filtro y el sistema de presión italiano. Para 2 tazas utilizó 17 gr de café y 3 decilitros de agua Bezoya, su favorita porque carece de residuos. Bastaron cuatro minutos en un cilindro de cristal con el agua a 80/ 85 º C con posterior extracción por presión por el sistema de jeringa. ¿Resultado? Un café delicadísimo que me sirvió en una copa tipo borgoña para apreciar mejor sus aromas. Dulce, sedoso, suavemente ácido con abundantes notas cítricas y un ligero amargor de fondo. Espléndido. Una infusión que muchos españoles calificarían de agua de castañas.

El segundo lo preparó en una cafetera “Chemex”, la típica Melita con filtro de papel. Para dos tazas 30 gramos de café y ½ litro de agua. Colocó el café en el fondo y fue vertiendo el líquido caliente en dos tiempos. Primero muy poco para lograr la preinfusión y luego el resto procurando que el agua no mojara el papel y evitar que arrastrara los sólidos solubles. Eso fue lo que me dijo.

¿Resultado? De nuevo un café delicadísimo similar al primero, abundante en toques dulces y ácidos pero con mayor potencia en la boca.

El último fue un simple espresso. Colocó en el porta 7 gramos para dos tazas e hizo la extracción con una máquina convencional con la presión bien regulada. ¿Balance final? Algo completamente distinto. La sensación ácido / dulce de las dos primeras muestras se había invertido. Ahora era ácida y mucho más amarga.

“Haz una cosa”, me dijo. “Prueba la famosa espuma del espresso con una cucharilla”. Lo hice y su amargor era tremendo. Vaya conflicto.

Le deje hablar porque sus comentarios nunca tienen desperdicio: “El café espresso iguala calidades, mejora los malos y empeora los buenos. Aún así no estoy en contra. Hay un tipo para cada momento. Lo que defiendo son los orígenes. Hay cafés tan buenos que juntarlos es una herejía. ¿Qué pasaría si mezcláramos un “Chateau D´Yquem con un Pingus? Los cafés cosechados a más altura son los más ácidos y finos...

La degustación de uno de estos cafés que Salvador Sans prepara a la vista tiene un coste de 5 euros para dos personas.