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martes, 1 de abril de 2014

Más de 42 mil hectáreas de Santurbán serán protegidas


El Espectador
Pastor Viviescas Gómez
31 de marzo de 2014

Minambiente presentó en Bucaramanga avances en la delimitación del páramo. Ministra dice estar dispuesta a enfrentar reacción de compañías mineras. 





Más de 42 mil hectáreas de Santurbán serán protegidas
Páramo de Santurban
 La cara de preocupación de los gerentes de las compañías mineras reflejaba la magnitud de la decisión tomada por la ministra de Ambiente, Luz Helena Sarmiento, quien después de largos meses de concertación por fin anunció en Bucaramanga que el Páramo de Santurbán, al menos en el papel, estará a salvo.

Apoyada en el concepto técnico emitido por el Instituto Alexander von Humboldt y en algunos criterios sociales, la ministra manifestó que ya fue definida la delimitación de Santurbán y que “este es un modelo de desarrollo realmente sostenible en el que prima que el recurso hídrico es lo más importante para la región y para la nación”.

La línea definitiva, que no será adoptada de inmediato, ni fue enseñada a los periodistas regionales, abarcará de acuerdo a la ministra Sarmiento “más de 42 mil hectáreas”, mientras que la superficie conservada del Parque Natural Regional quedó en 10.700 hectáreas.

“Demostramos que en esta decisión primó el deber ser y cuadruplicamos el área”, señaló, al tiempo que dijo que asume la responsabilidad y está dispuesta a enfrentar la reacción de compañías mineras como Eco Oro (antes Greystar) que ve frustrado su proyecto de Angostura. “Uno no puede gobernar con miedo, sino con firmeza y transparencia”, le dijo a El Espectador.

El significado de la tan anhelada noticia es que se ordena la suspensión de la minería a gran escala y la agricultura en páramo, los campesinos resultarán cobijados por una estrategia de reconversión de sus actividades y nadie tendrá que irse de quienes hoy habitan esa área ubicada en la jurisdicción de los municipios santandereanos de Suratá, California, Matanza, Vetas y Tona, incluido el corregimiento de Berlín que produce cebolla y papa.

La tarea que les espera a los gobiernos nacional, departamental y locales es crear incentivos mediante el pago por servicios ambientales para aquellas personas que opten por la conservación de los bosques y el agua, además de propiciarles otros medios de vida que sean compatibles con la conservación del páramo, consolidándolo como la inmensa fábrica de agua que alimenta a 21municipios de Santander y Norte de Santander, entre ellos el área metropolitana de Bucaramanga.

En esa etapa de transición habrá que determinar con exactitud, pueblo por pueblo, cuántas familias son las que tienen que suspender sus actividades de agricultura y ganadería, así como el número de desempleados que deja la explotación minera -en una primera fase recibirán subsidios-, para lo cual MinAmbiente considera que es clave que los alcaldes se conviertan en amigos del proceso.

El pago por servicios ambientales se hará por hectárea conservada y no por familia, con lo cual el Gobierno se le adelanta a quienes pretendieran pescar en río revuelto fraccionando sus fincas.

“Con esta medida de conservación del páramo en serio, ganaron todos los que necesitan agua y aquí necesitan agua todos: los mineros, los agricultores, los ciudadanos de arriba y los de abajo. Perdieron temporalmente los que ven limitadas sus posibilidades de producción agropecuaria o extractiva hoy dentro de Santurbán, pero la idea es que en la transición hallen un modo de vida que sea compatible con el páramo. También pierden unos mineros que tienen títulos adentro, y con ellos habrá que hacer una negociación de tipo jurídico”, explicó Juan Camilo Cárdenas, economista de la Universidad de los Andes y asesor de MinAmbiente.

Pero los grandes derrotados con la decisión, a la que llegó el Gobierno después de multitudinarias marchas de protesta a lo largo de estos tres años, son aquellas personas y empresarios tanto colombianos como extranjeros que querían llevarse las toneladas de oro y plata que esconden estas montañas, sin tener presente el valor inconmensurable del agua y el medio ambiente. Se estima que en el caso de Eco Oro (antigua Grey Star), la delimitación del Parque Regional y ahora del páramo afectará un 60% de los títulos que le fueron otorgados a la minera canadiense.

domingo, 15 de septiembre de 2013

gobernador de Santander pide reducir el Páramo de Santurban para facilitar la minería a gran escala



“La petición se sale de todos los procedimientos”: Instituto Humboldt

El Espectador
Angélica María Cuevas Guarnizo
13 de septiembre de 2013

El gobernador de Santander le pidió al presidente Santos que la delimitación final del páramo sea igual a la del Parque Natural declarado en enero. Expertos creen que el 90% del vital ecosistema quedaría desprotegido. 

Páramo de Santurbán

Aunque la nueva ministra de Ambiente, Luz Elena Sarmiento, acaba de dar un plazo de tres meses para presentarle al país los nuevos límites del páramo de Santurbán, que ya fueron trazados por el Instituto Humboldt y que inevitablemente van a tener grandes repercusiones para las actividades económicas de alta montaña (como la ganadería, la agricultura y la minería), el gobernador de Santander, Richard Aguilar, quiso adelantarse al trámite y le solicitó al presidente Juan Manuel Santos que los lindes del páramo coincidan con los del Parque Natural Regional Santurbán, declarado en enero. (ver carta del gobernador)

En una carta que el portal La Silla Vacía dio a conocer ayer, el gobernador Aguilar le dice al presidente que el proceso de delimitación de páramos está “exponiendo a la comunidad a un estado de incertidumbre y desestabilización de la economía” de quienes viven en zonas que fueron declaradas áreas protegidas, y habla de los despidos masivos de trabajadores vinculados a las empresas mineras que se encuentran en la zona y de las “múltiples peticiones de las comunidades” que reclaman su derecho al trabajo.

“Teniendo en cuenta que Santander es un departamento minero”, el gobernador le solicitó al presidente Santos “hacer coincidir, en lo posible, el proceso de delimitación del Parque Natural Regional con el del páramo de Santurbán”, una propuesta que a los ojos de organizaciones ambientales como la Asociación Interamericana para la Defensa del Medio Ambiente (AIDA), codirigida por la doctora en ciencias de la Universidad de Yale Anna Cederstav, es a todas luces descabellada.

“Tenemos entendido que el Parque Natural Regional Santurbán sólo estaría protegiendo el 10% de un gran sistema de páramos”, dice Cederstav, “y los graves impactos ambientales que traerían las explotaciones mineras serían devastadores para estos ecosistemas. Está comprobado que los daños no sólo afectarán las zonas de extracción sino las aguas y el aire que las rodean. En Bolivia, los desechos de la mina en el cerro Porco, en Potosí, se extendieron por 800 kilómetros de río”.

Para la directora de AIDA, el Gobierno deberá entregarles otras alternativas económicas a los campesinos que se han dedicado a la ganadería y la minería en los páramos, porque de lo contrario se pondría en riesgo el agua que abastece a más de dos millones de habitantes.

De acuerdo con Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, la petición del gobernador “se sale de todos los procedimientos”, pues no está ajustada al método con el que se están delimitando los páramos de Colombia. “La manera en que se designa un área protegida regional es técnica y políticamente muy distinta a la designación científica de un páramo. Santurbán es muy extenso y gran parte de sus ecosistemas quedaron por fuera del Parque”

Sin embargo, “el Instituto respaldará la decisión que tome el Ministerio de Ambiente frente a este tema”, indicó Baptiste.

Aunque la polémica propuesta del gobernador Aguilar es bien vista por algunas comunidades y empresas mineras que tienen intereses de expansión en la zona, como Eco Oro (antigua Greystar), llama la atención que la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga también avale la solicitud.

“Lo expresado por el señor gobernador refleja el sentir de las organizaciones de base que están asentadas en la zona. Creemos que si la línea de páramo corresponde con la del Parque, se cumplirá con las expectativas de conservación”, le dijo a El Espectador el director encargado de la autoridad ambiental, Luis Alberto Flórez.

Antes de que el Ministerio de Ambiente emita alguna respuesta frente al tema, los ambientalistas recuerdan que el presidente Santos prometió que respetaría la detallada delimitación entregada por el Instituto Humboldt y que la Corte Constitucional ha sido clara en estipular (sentencia C-339 de 2002) que en Colombia las zonas excluidas de minería no se pueden limitar a las áreas protegidas por el sistema de Parques Naturales.

acuevas@elespectador.com
@angelicamcuevas


domingo, 21 de octubre de 2012

Páramo Santurbán en el limbo


Revista Semana
20 de octubre de 2012

Colombia no sabe dónde empiezan ni dónde terminan sus páramos. Por eso, nadie sabe qué va a pasar con el proyecto de sacar oro de la fábrica de agua de los santandereanos.


El debate alrededor del páramo de Santurbán en Santander parece un capítulo de una historia sin fin.  El año pasado no hubo una controversia  ambiental que se llevara más titulares que la intención de la compañía canadiense Greystar de extraer oro a gran escala en la zona en la que nace gran parte del agua de Bucaramanga. Por la presión mediática, las marchas de los santandereanos y las quejas de los ambientalistas, la empresa retiró la solicitud de licencia ambiental. Pero el debate no se solucionó. Un año después, la compañía sigue en la zona, el gobierno no dice qué parte de la exploración minera es páramo y la suerte del proyecto parece más enredada que antes.  Hoy nadie sabe qué va a pasar con Santurbán.

El escándalo del año pasado hizo que la Greystar reformulara su propuesta. Cuando la empresa llegó a la región, hace más de una década, pensaba hacer uno de los proyectos extractivos más grandes del continente, en una mina a cielo abierto, que extraería 7,1 millones de onzas de oro, haciendo a punta de dinamita un hueco en la montaña de dos kilómetros de largo por uno de ancho. La idea de esa mega explotación sucumbió ante el debate de su impacto ambiental. Por cuenta de este, la empresa decidió cambiarse el nombre a Eco-Oro y plantear un modelo subterráneo que podría producir 2,1 millones de onzas del metal precioso. Aunque esa fórmula impactaría menos el ambiente que la inicial, los ambientalistas y los santandereanos la siguen viendo con recelo.

Pocos entienden por qué se sigue debatiendo sobre Santurbán cuando la ley prohíbe taxativamente la minería en los páramos. El problema es simple: el país no sabe dónde empiezan ni dónde terminan esos ecosistemas. El Instituto Alexander Von Humboldt hizo un estudio en 2007, pero la escala es muy amplia y no permite precisar los linderos. Para explicar la situación la directora de la Agencia Nacional Minera, María Constanza García, dice que hoy se evalúan los proyectos mineros a una escala que sería como "mirar la tierra desde la luna". Esa indefinición en los límites de los páramos tiene a todo el mundo con los pelos de punta.

Los primeros preocupados son los mismos mineros. "Para una compañía que ha invertido en Colombia más de 200 millones de dólares, la indecisión en definir los páramos deja a los inversionistas con cuestionamientos muy profundos", afirma Joao Carrello, presidente de Eco-Oro. Por cuenta de que no se sabe qué parte de su exploración es páramo, la Agencia Nacional Minera emitió una resolución en la que le prohibía a Eco-Oro seguir explorando en más de la mitad del área del proyecto. La compañía apeló y la entidad tuvo que emitir una nueva resolución en la que dice que hay que esperar que el ministerio de Ambiente defina el asunto.

En el Ministerio de Ambiente dicen que no se ha podido delimitar el páramo porque la Corporación Autónoma Regional para la Meseta de Bucaramanga, la CAR local, no ha entregado la información.  Agregan que si el asunto no se define pronto, el Ministerio podría asumir la competencia de Santurbán. A la situación del páramo se suma la propuesta de la anterior administración de la CAR de consolidar la zona como parque regional natural, con lo cual la minería quedaría prohibida. Cuando esta empezó a plantearse se hablaba de proteger más de 60.000 hectáreas y hoy se habla solo de 11.000.

Mientras tanto, en Santurbán reina la discordia. La Contraloría asegura que las mineras no dejan entrar a sus técnicos. La Sociedad de Ingenieros dice que el agua ya está contaminada. Eco -Oro anuncia un plan de retiro voluntario de sus trabajadores. Y los pobladores se quejan porque su único trabajo viene de la minería.

Para muchos, todo ese caos se solucionaría con la delimitación que tiene que hacer MinAmbiente. Para otros eso solo es el comienzo de una nueva disputa. "El problema de Santurbán no se resuelve poniendo un lindero. Hay que blindar todo el páramo. Ellos podrán algún día lograr la licencia ambiental, pero la licencia social nunca la van a tener'', sostiene Erwing Rodríguez, director de Bucaramanga Cómo Vamos.


jueves, 28 de abril de 2011

Más allá del oro de Santurbán


Agroecología y Oro Verde, amigables con el ambiente

Por: Diana Carolina Cantillo E.
Enviada Especial. El Espectador
23 de abril de 2011


Un grupo de campesinos y organizaciones ambientales visitaron el páramo, en Santander, para presentar a las comunidades actividades productivas diferentes a la minería a gran escala.

Una inmensa nube anclada en la cadena montañosa no permite distinguir entre el cielo y el páramo. El viento se impulsa, se abre paso entre la neblina. Quienes van camino a la cumbre del páramo Monsalve, Santander, extrañan que estando a casi 3.000 metros de altura no han sentido frío. Entonces don Pedro, un campesino de la zona, les explica que “es por la noche, cuando las nubes se pegan bien pegaditas al cielo, que se empieza a sentir el frío del páramo”.

La travesía comienza en el Alto de Cachirí rumbo al páramo de Monsalve, el cual hace parte del complejo paramuno de Santurbán y es donde nace el río Suratá, el cual fluye por el estrecho cañón de las cuchillas de Magueyes y del Común, para desembocar en el Río de Oro, en el municipio de Girón.

Hace un mes, la presión social al gobierno impidió que el Proyecto Angostura, de la multinacional aurífera Greystar, se desarrollara en el páramo de Santurbán.

Ahora el objetivo inicial de la misión ecológica, conformada por 30 personas (campesinos, afrocolombianos, indígenas, ambientalistas, investigadores y académicos), era el de alcanzar la cima del complejo, ubicada en los municipios de Vetas y California —pero por razones de seguridad sería imposible llegar hasta allí— y enseñarles a los habitantes de estas regiones actividades económicas diferentes a la minería, que emplea químicos y grandes cantidades de agua.

“Que los campesinos cultivaran alimentos propios de sus regiones, antes era un reto. Ellos no se imaginaban cómo era un caldo con papa orgánica”, afirma Adam Rankin, ingeniero ambiental y director de Fundaexpresión y la Escuela Agroecológica. Rankin asegura que sí se puede pensar en procesos de producción sostenible con semillas criollas, sin pesticidas y químicos, que aseguren la autonomía alimentaria de estas comunidades.

Es el caso de la Escuela Agroecológica de la Provincia de Soto, Santander, la cual surgió en 2001 por iniciativa de Fundaexpresión y con el acompañamiento técnico de la Universidad Industrial de Santander (UIS). Allí, cerca de 50 familias campesinas asociadas de Lebrija, Suratá, Matanza, Floridablanca, Girón, Piedecuesta, Charta y Tona han recuperado más de 180 tipos de papa, además de sembrar cultivos diversificados de habas, maíz, fríjol, hortalizas, apio y quinua, y mantener sistemas pecuarios amigables con el medio ambiente, como criaderos de truchas. Este grupo ha logrado crear casas campesinas para promocionar y vender sus productos. En Santurbán también sería posible.

A lo lejos se alcanza a ver un bosque de pinos y se siente un fresco aroma a eucalipto. Algunos de los que emprendieron este viaje contemplan a estas plantas con admiración por bellas e imponentes, en comparación con las otras que se observan en el camino. Tatiana Rodríguez, investigadora de minería de Censat-Agua Viva —organización ambientalista colombiana—, aclara que ninguna de estas dos plantas son propias del páramo, que fueron plantadas por la Corporación Autónoma Regional por la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB) hace más de diez años, como plan de reforestación a causa de la quema del suelo para la creación de potreros. Explica, además, que necesitan de grandes cantidades de agua para crecer, quitándoles la oportunidad de vivir a los arbustos propios de este ecosistema, los cuales tienen por función captar el agua y liberarla poco a poco.

“Los páramos son como una esponja. Si usted arranca un pedazo de tierra y la espachurra, le va a salir harta agua. Es por eso que esas empresas grandes van detrás de él”, es la explicación que da Cruz de Lina Landazábal, oriunda de Cachirí, un corregimiento de Suratá, en el departamento de Santander. Ella ha vivido toda su vida en el subpáramo de Monsalve, donde tiene una parcela en la que desarrolla cultivos sin químicos y pesticidas. Recuerda que un hermano suyo murió en una mina ilegal a causa del cianuro y que por eso y la contaminación que le han ocasionado al páramo, ella y la minería no van.

Cruz de Lina es la encargada de dirigir al grupo por la trocha pedregosa y resbaladiza del páramo, hasta el Monsalve, camino que según ella puede andar con los ojos vendados porque lo recorre hace 30 años en bestia o a pie, según el clima.

Antes de subir al páramo, en el corregimiento de Cachirí, el grupo se reunió con campesinos de Suratá y con Marta Patricia Suárez, secretaria de Salud del municipio, con el fin de intercambiar sus experiencias en torno a la preservación del ecosistema de páramo y las alternativas productivas empleadas en otras regiones, como lo son los cultivos agroecológicos y un proyecto llamado Oro Verde.

Oro Verde nació como una iniciativa de organizaciones como la Fundación Amigos del Chocó (Amichocó) y el Consejo Comunitario del Chocó, las cuales buscan que las generaciones jóvenes chocoanas practiquen las técnicas ancestrales de la minería artesanal, las cuales son aplicadas para el oro de aluvión, por ejemplo el mazamorreo, zambullidero y agua corrida.

El oro verde es natural y se comercializa bajo esta premisa alrededor del mundo, desde 2006, lo que le hace tener un valor agregado que se traduce en que se paga más por éste que por el oro extraído con químicos. En la actualidad 194 familias afrocolombianas e indígenas de Alto San Juan (Chocó) se benefician del proyecto. Pero las multinacionales están detrás del otro método, el contaminante.

En el caso de Suratá, de acuerdo con José Ignacio Echeverría, alcalde del municipio, “el 100% del territorio tiene solicitud de explotación minera. Lo único que se salva es los 10 metros de ancho y los 25 kilómetros de largo que tiene el río”. Durante la visita a este municipio, se pudo observar la exploración que realiza Oro Barracuda, empresa minera que está abriendo vía de Cachirí a Arboledas.

De tal reunión surgió la propuesta de crear una reserva campesina no sólo para defensa de la zona de páramo que pertenece a ese corregimiento, sino para la protección de sus formas de vida y fuentes de preservación propias, como los campesinos con vocación netamente agrícola y no minera.

EnlaceÉber Abello Villada, concejal y miembro de la Asociación de Productores del municipio de Caramanta, Antioquia, quien hace parte de la misión ecológica, considera que “la única salida que tenemos las personas que vivimos en zonas en las que hay oro, es la de asociarnos en comunidad para hacerles frente a las multinacionales y al mismo Gobierno, para quienes prima el desarrollo capitalista y no el cuidado del agua”.

Cruz de Lina va a la delantera del trayecto y para darles ánimo a los agotados caminantes les dice que “el páramo virgen está sólo a tabaco y medio”. Por ahora sólo se ven potreros, musgos que la gente de la zona llama colchón de pobres, cepos —unas flores tubulares de color fucsia que sirven de alimento a colibríes—, uvos y moras silvestres. Durante el camino, Cruz de Lina explica a sus pupilos todos los secretos que guardan esas tierras: “Esta es la sanalotodo —dice señalando una planta— y la utilizamos para curar todos los males”. Luego se ríe. Después de una hora de camino, se ve abundante paja y unas plantas de tallo pequeño con hojas de terciopelo: los frailejones. Eso indica que es páramo. Sigue la caminata otros cinco minutos hasta que una estatua del Sagrado Corazón de Jesús les da la bienvenida a sus visitantes. Allí el grupo hace un círculo, las personas se toman de la mano y hacen una oración, que cada quien ofrece a su dios y según su creencia. El grupo promete ser el guardián de la naturaleza de sus regiones, como el oro más preciado que tienen siendo ellos labradores de la tierra.

Lo cierto es que por Santurbán unos se han desnudado en medio del frío montañés defendiendo la causa ambientalista, y otros al borde de propinar linchamientos han tratado de proteger la actividad minera, la cual consideran su sustento. Pareciera que su niebla adherida a las rocas y la multiplicidad de su horizonte embrujaran a todo aquel que pise este paraíso.

El intento fallido de Greystar

El pasado 17 de marzo, cuando se conoció que la minera canadiense Greystar retiraría su solicitud de licencia para la explotación de oro en el páramo de Santurbán, Santander, la multinacional dejó abierta la posibilidad de realizar un nuevo proyecto en esta región: explotación subterránea.

La respuesta del Ministerio de Minas y Energía no se hizo esperar. A través de un comunicado aseguró que “debe quedar suficientemente claro que de ninguna manera es viable un proyecto de explotación subterránea que comprometa el ecosistema integral de páramo y subpáramo”.

A partir de ese momento ha habido silencio en Greystar. La última noticia de la multinacional corrió por cuenta de un remezón en sus puestos directivos. Fue nombrado como presidente al abogado colombiano Rafael Nieto Loaiza, en reemplazo de Steve Kesler, quien estuvo al frente de la fallida licencia en Santurbán.

miércoles, 13 de abril de 2011

'Creí Estar' vs Greystar



"El oro no vale nada": Esta es la consigna de dos artistas que mediante la exposición de su obra “Creí estar”, en Bucaramanga, protestan para evitar que la minera Greystar llegue con sus máquinas al páramo santandereano.

Son 1.500 lingotes de “oro” regados por el piso de la sala principal de La Casa del Libro Total, una casona-galería en el corazón histórico de Bucaramanga.

No hay cámaras de seguridad y hasta el momento no ha desaparecido ninguna barra. No se trata tampoco de un botín abandonado por unos asaltantes despistados. Es la obra de Luis Duarte y Francisco Blanco Creí Estar, elaborada a manera de protesta contra una eventual explotación minera a cielo abierto en el Páramo de Santurbán.

Los lingotes dorados realmente no son de oro. Fueron termoformados, fundidos en yeso para darles contextura y recubiertos en poliestireno. En una de sus caras tienen grabado un esqueleto, y en la otra, en alto relieve, el nombre de ‘Creí Estar’, parafraseando el nombre de la multinacional canadiense que tiene como accionista a la Corporación Financiera Internacional (adscrita al Banco Mundial).

Las barras pueden no sólo ser observadas sino tocadas y reacomodadas por los asistentes. La instalación, un mural al óleo y fotográfico de 3,50 metros, empieza con imágenes de frailejones y las 80 lagunas sagradas, luego muestra cómo la vida se va extinguiendo y llega a un agujero negro como la noche que simboliza el cráter que dejan las excavaciones de la gran minería. Finalmente se observan las barras esparcidas en el piso, como si en realidad fueran lo menos importante a la hora de comparar la riqueza del agua con el valor de un metal que hoy se cotiza a por lo menos US$1.374 (más de $2,5 millones) la onza, cuando hace diez años apenas superaba los US$200.

Señalando la calavera, Francisco Blanco dice que “la gente adora el oro, pero esto es lo que nos va a dejar la minería si permiten que las multinacionales se metan a Santurbán”.

“Los artistas debemos actuar frente a lo que le está pasando a la comunidad. La gente tiene que despertar y hay que presionar para que no vayan a cometer ese error”, manifestó Luis Duarte, quien aunque sabe que su obra le incomodará a Greystar, espera que no lo tilden de subversivo.

“El oro genera codicia y egoísmo, pero para nosotros es mucho más importante un vaso de agua que un gramo de oro”, concluyó Duarte.