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jueves, 21 de marzo de 2013

Tras las huellas del pasado: Los caminos reales de Santander


Vanguardia Liberal
4 de marzo de 2013
Xiomara Montañez Monsalve

Siglos atrás, estas sendas permitieron el paso de los indígenas, de las tropas colonizadoras y de extranjeros que transformaron el comercio en la región. Hoy, a pesar de que muchos se encuentran en completo abandono y no son custodiados, un grupo de personas trabaja en rescatarlos. ‘Vanguardia Liberal’ recorrió uno de los tramos restaurados, entre Zapatoca y Guane, y esto fue lo que encontró.  

NELSON DÍAZ/VANGUARDIA LIBERAL
Tras las huellas del pasado: Los caminos reales de Santander
(Foto: NELSON DÍAZ/VANGUARDIA LIBERAL)
Transitar los caminos empedrados que utilizaron los indígenas de la región siglos atrás para comunicar a sus pueblos y seguir las huellas de los conquistadores, quienes a paso de mula, escoltados por mestizos, abrieron trochas para trasladar a sus gobernantes y las riquezas, no es imposible hoy.

Recordar la entrada y salida de productos como el tabaco, el algodón, la quina, los sombreros y el oro, gracias al intercambio comercial propiciado por ‘el ingeniero de caminos’, el alemán Geo Von Lenguerke, no solo se pude hacer mediante los libros.

En el presente, como ocurrió siglos atrás, es posible conocer los tradicionales caminos reales de Santander, gracias a que un grupo de campesinos de corregimientos y veredas de Zapatoca y Guane se le han medido a la tarea de sacarlos a luz, con herramientas comunes como una pala, la carretilla y la porra.

La mayoría son labriegos de veredas y corregimientos como La Fuente, de Zapatoca, que liderados por un amante de la historia y del patrimonio de Santander, el barichara Fabio Adolfo Calderón, ha recuperado, piedra a piedra, estos senderos.

Gracias al trabajo adelantado durante un año, se pude llegar por los caminos reales al puente Ruedas, ubicado sobre el río Suárez e incluso divisar desde la parte alta del terreno a Guane y Barichara, sin ningún tipo de obstáculo. Solo están allí los imponentes paisajes que se roban las miradas de los caminantes. 

Cerca de 10 kilómetros están listos para que se proyecte un corredor turístico. Sin embargo, las alcaldías y la Gobernación de Santander aún no asignan recursos para que esto se haga realidad.

Despertar de la historia
Como un loco. Así calificaron a Fabio Adolfo Calderón algunos políticos y gestores culturales de Barichara, cuando él los buscó y les habló del proyecto para rescatar los caminos reales de Santander, en esta zona del departamento.  

Mientras transita parte del sendero, saliendo del corregimiento La Fuente, bajo la intensa lluvia y la neblina que ese domingo cubre a Zapatoca, Fabio asegura: “Alguien tenía que darme la mano, porque el proyecto no era algo traído de los cabellos”.

Finalmente, con el apoyo del Fondo de Promoción Turística y de algunos mandatarios locales de pueblos aledaños a los caminos, así como inversión privada, este hijo del constructor Adolfo Calderón, de quien tiene memoria el pueblo Guane, pues según dicen, “no hay una casa donde él no haya metido la mano”, arrancó con la restauración de este tramo en 2011.

Con cuadrillas de hasta 20 hombres, el barichara comenzó a levantar piedras, a encontrarse con cercas que les impedían el paso, a ver toda clase de reptiles al acecho y a convivir con el calor que caracteriza el cañón del río Suárez. Pero contaba, según él, con la mejor bebida hidratante y estimulante de la que se tiene memoria en cualquier campo de Santander, el guarapo. 

“Todo lo hicimos a punta de fuerza. No se usó dinamita, solo fuerza de porra. El resultado de esto es que las personas que estuvieron en este proyecto siguen siendo parte del él. Al levantar cada piedra también removieron la historia de sus antepasados”, comenta Fabio.

La fila de piedras de diversos tamaños, enterradas como fósiles; pequeños puentes sobre quebradas, rehabilitados con troncos de árboles; cultivos de tabaco, árboles frutales y florales, así como el ruido que producen las chicharras es lo que se ve y se siente al recorrer estos tramos.

“El camino nos lleva hasta el puente Ruedas o de Lenguerke, que se cayó hace más de cuatro décadas. De allí es fácil conectarse con Guane y Barichara. De hecho, también tenemos una deuda con este puente, pues nadie se ha preocupado por levantarlo de nuevo”, añade Fabio.

Otros relatos
Con ‘potecas’ de ahuyama, sopa de ruyas y carne oreada fueron alimentados los labriegos que repararon el camino. El ranchero del campamento fue el también quinesiólogo y rezandero de la zona, Cristóbal Rivera. Estos recuerdos, como el día en el que Leo Von Lenguerke dijo a sus ayudantes que no destruyeran los senderos dejados para los españoles, pues les servían para arrancar con la comercialización de la quina, su producto más conocido, quedaron grabados en la historia de esta región.

Los viajes con carretillas cargadas con piedras; la excusa de ‘Villo’, un campesino que solo trabajaba bebiendo guarapo, y el cansancio de Pirulo, quien tenía que cargar las piedras más pesadas a pesar de ser bajo de estatura, se fusionan con otras anécdotas vividas por los habitantes siglos atrás.

Por ejemplo, el día en el que Tomás Cipriano de Mosquera, para el año 1848, impuso a las poblaciones campesinas aledañas a los caminos reales el uso de carretas con reducción de peso en la carga durante el invierno y aumento durante el verano, así como un ancho determinado para las llantas.

Esto seguirá existiendo gracias a la labor de estos hombres, quienes le regresaron al presente más de 700 años de historia y que buscan apoyo para que su proyecto no muera. 

“Pudimos organizarnos por grupos. Mientras unos ‘porriaban’ las piedras, otros las buscaban, las acomodaban. Trabajábamos desde las 7:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde. Creo que como los señores que hicieron esto siglos atrás, nosotros también marcamos la historia”, remata Óscar Miguel Sanabria Rueda, un zapatoca de 31 años, que hizo parte del proyecto.

Dato
El camino de piedra que conduce desde el municipio de Los Santos hasta Jordán Sube es otro de los senderos frecuentados por caminantes y turistas extranjeros, debido a su buen estado y a la belleza del paisaje.

Dato
El alemán Leo Von Lenguerke llegó a tierras santandereanas en 1852. Fue comerciante, ingeniero de vías, constructor e importador y exportador de productos como la quina, desde Girón hasta el río Magdalena.

1.300 kilómetros de caminos reales o vías antiguas tiene Santander.

Sobre la preservación de los caminos
En 2006, por medio de la ordenanza 021 del 7 de septiembre, la Asamblea de Santander prohibió la construcción de carreteras o vías férreas sobre el trazado de los caminos reales. Asimismo, ordenó la señalización de los caminos, poner en marcha planes para su recuperación por parte de la Gobernación y las alcaldías de los municipios que cruzan estos senderos y buscar su declaratoria como Monumentos Nacionales, en coordinación con el Ministerio de Cultura.

No obstante, hasta el momento las iniciativas se adelantan de manera independiente y no se contempla un presupuesto departamental para su restauración.

Testigos de esta obra
Gilberto Camargo Amorocho, arquitecto y líder de los caminantes en Colombia, asegura que Santander es un departamento en el que no es fácil encontrar “dolientes” para adelantar obras relacionadas con el patrimonio. “La Unesco declaró itinerarios culturales caminos como el de los Incas en Perú y el de Santiago de Compostela en España. Nosotros podríamos tener algo similar, que incentive el turismo en la región, pero el Estado debe invertir en estas propuestas”, asegura Camargo.

Ismael Umaña Rojas, concejal de Zapatoca, añade que Santander y Colombia tienen una deuda con Leo Von Lenguerke y no se le ha reconocido su importancia. “Hoy, frente a la gran quijotada que sacó adelante Fabio Calderón, solo resta apoyar la fases de recuperación que hacen falta y adquirir un compromiso en su mantenimiento y promoción”, concluye Umaña.


jueves, 30 de agosto de 2012

Galaneros y ‘patiamarillos’, ¿quién se quedará con el agua?

Vanguardia Liberal
28 de agosto de 2012
Desde que los pobladores de Galán conocieron que el agua de la quebrada Chivirití sería para abastecer a Barichara, se ha desatado una disputa que cada día divide más a la comunidad y el gobierno departamental.
Pensadores, científicos y las Naciones Unidas pronostican que en menos de cinco décadas la guerra entre las grandes potencias será por el agua de continentes como África y América. En Santander dos pueblos, Galán y Barichara, sin ser potencias, parecen ratificar esta teoría. Se enfrentan por la construcción de un acueducto que sólo beneficiará al “pueblito más bonito de Colombia”, cuyo recurso hídrico saldrá de las tierras galaneras.

 Si bien es cierto que la disputa por el agua no ha trascendido de los diálogos acalorados entre la Veeduría por la Defensa del Agua de Galán y los funcionarios departamentales, y que la atención se ha fijado en la supuesta pelea entre el párroco de ese municipio, Ciro Octavio Sierra, y el Gobernador de Santander, Richard Aguilar Villa, por la supuesta oposición del primero a la construcción del acueducto, lo cierto es que la comunidad galanera pidió intervención de la Procuraduría General de la Nación, para que revise la situación, y la Gobernación tuvo que suspender la construcción de la obra.

Acostumbrados a la escasez

La llegada del invierno o del verano le cambia al panorama a los galaneros. En época de lluvia, llegar y salir del pueblo por la deteriorada carretera que comunica con el municipio de Socorro, llevando cargas de verduras, huevos, gallinas, bestias y abonos para la tierra es toda una tortura. En época de verano todo empeora, pues la sequía se apodera de las quebradas cristalinas, no hay líquido para los pobladores y menos para los cultivos y las reses de engorde, características de este municipio agropecuario.

Ante la escasez del líquido, los galaneros optaron por implementar jornadas de racionamiento, enseñaron a sus animales a consumir agua sólo una vez al día, cambiaron la cría de vacas lecheras por el ganado de genética y se prepararon para correr a los potreros cada vez que llueve y recoger en canecas el ‘oro líquido’ que cae del cielo.

Miembros de la Veeduría por la Defensa del Agua de Galán aseguran que durante los últimos 40 años han tenido que cambiar cuatro veces de fuente de captación de agua. “De las fuentes de abastecimiento que nos quedan, entre esas el Acerradero y la Chivirití, es de donde pensamos surtirnos en un futuro y ahora se la quieren llevar para Barichara”, comenta Camilo Rueda, miembro de la veeduría.

Diálogo de sordos

Enrique Caicedo, líder de la veeduría ciudadana, denuncia que se enteraron de la construcción de un acueducto para Barichara a mediados de marzo de 2011, pero fue un año después que los ánimos se calentaron, cuando una comisión encabezada por representantes de la Gobernación de Santander, el Plan Departamental de Aguas, miembros del Consorcio San Jerónimo, encargado de la obra, y una delegación de funcionarios y habitantes de Barichara llegó a Galán a informar sobre los alcances del proyecto.

“Nos engañaron, no era una reunión informativa, sino una socialización, y trajeron gente de Barichara. Pasaron una lista de asistencia para que firmáramos y cuando nos dimos cuenta decía en la parte de abajo “socialización del proyecto para la construcción de un acueducto para Barichara”. La comunidad se enfureció y desde ese día la veeduría y el cura del pueblo, pasamos a ser enemigos del Gobernador”, comenta Caicedo.

La veeduría ciudadana asegura que por esto y otra serie de “cuestiones sin resolver” es que ha elevado una denuncia a la Procuraduría General de la Nación para que intervenga y estudie si existen irregularidades en la concesión que le otorgó la Corporación Autónoma de Santander, CAS, a Barichara para extraer el agua de la quebrada Chivirití.

“Tal vez pecamos por confiados, pues pensamos que nos iban a dar solución al problema que tenemos con el acueducto del pueblo, los acueductos veredales (artesanales) para el riego de las plantaciones y el sustento de los animales, pero nada pasó” explica el veedor Camilo Rueda.

La comunidad también consignó en el documento entregado al Ministerio Público una serie de denuncias presentadas por los líderes y campesinos de la vereda San Isidro –de donde nace la quebrada Chivirití–. Allí se expone que ellos no negociaron la servidumbre con el Consorcio San Jerónimo, que sólo dieron permisos de paso por sus tierras y que luego se retractaron, porque les prometieron obras y auxilios para la comunidad y esto nunca llegó.

“Supuestamente se negociaron las servidumbres, pero eso no fue así. Primero se debe conciliar con los dueños de los predios, si se llega a un acuerdo esto se eleva a escritura pública y se registra en la Oficina de Instrumentos Públicos. Nada de eso se hizo y tampoco existe”, explica Caicedo.

“Todo esto se lo expresamos en reuniones, pero el Alcalde de Barichara y el Gobernador le echan la culpa al párroco y desvían la discusión. Esto ha llegado a tal punto, que hasta las iglesias cristianas del pueblo han intervenido y han tomado asiento en la Mesa Comunitaria que conformamos para mirar el futuro del agua en Galán. ¿Por qué no hacen un acueducto para los dos municipios? No estamos en contra de la gente de Barichara, pero no nos tienen en cuenta para nada”, concluye el veedor ciudadano.

Enrique Bueno Rey, Secretario de Infraestructura responde:

¿Cuáles son las alternativas que plantea la Gobernación?
En Galán estamos haciendo inversiones por más de $600 millones en la repotenciación del sistema de acueducto que existe, pues presentaba varias fallas en las redes de conducción  y distribución de agua. También planteamos surtir a Galán con el líquido, por medio de un sistema diferente, que refuerce las tres fuentes hídricas que tiene el municipio, sacando aguas de la quebrada Chivirití, pero en otro punto de captación; hemos planteado la posibilidad de que se modifique la reglamentación para que se hagan las compensaciones ambientales con la comunidad de la vereda San Isidro donde está la captación, que se implemente un programa para garantizar la sostenibilidad del recurso hídrico, que permita ampliar el sistema y garantizar su cobertura. Consideramos que esta problemática tiene más un tinte político que cualquier otra cosa. Hoy en día la comunidad exige que tengamos que pagarles regalías y eso es absurdo. Hay interferencia de las autoridades eclesiásticas que no son técnicas ni son sociales.

¿Técnicamente es viable darles agua a los dos municipios desde la misma fuente hídrica?
Le hemos propuesto a la comunidad de Galán que nosotros hacemos el proyecto para formular la ingeniería y los diseños para esta obra, aportamos los recursos para la obra por 3 mil 800 millones de pesos, pero no les bastó. Hay un contrato que existe y hay que cumplirlo.

¿Es posible llevar agua a Barichara desde otra fuente que no sea la quebrada Chivirití?
Existe la posibilidad de un bombeo que es más costoso. Se podría surtir a Barichara con el acueducto regional de Chicamocha o del Oriente. El municipio tiene otras fuentes, pero son insuficientes, como Galán, cuya comunidad dice que en época de alta sequía tiene que hacer racionamiento.

¿Es necesario el acueducto para Barichara?
Según Pablo Figueroa, gerente de la cooperativa del Embalse El Común de ese municipio, la construcción de un acueducto para Barichara no es un capricho, pues esto obedece a un estudio adelantado por Acción Social de la Presidencia de la República, hace tres años aproximadamente. En él se analizaron las fuentes hídricas y de aguas subterráneas de municipios como Barichara, Socorro, Los Santos y Barbosa y se encontró que Barichara no tenía agua suficiente para abastecer a su comunidad. “La conclusión fue que la fuente más cercana para captar agua era la quebrada Chivirití de Galán, explica Figueroa.

Habla la CAS

La directora regional de la Corporación Autónoma de Santander, Flor María Rangel Guerrero, explicó a Vanguardia Liberal que tres fuentes hídricas son las que abastecen actualmente a la población de Galán, de las cuales se otorgó una concesión de 5,5 litros por segundo para el municipio galanero y de 29 litros por segundo para Barichara.

En época de lluvia, según los estudios adelantados por la CAS, el caudal de la quebrada Chivirití alcanza los 650 litros por segundo y en época de sequía lo más bajo que llega a estar es en 166 litros por segundo. “A pesar de la concesión que otorgamos son de 2,5 y 29 litros por segundo, es decir, 31,5 litros por segundo. Esto significa que sin hacer ninguna actividad de protección y de recuperación al recurso hídrico, el municipio de Galán tiene una disponibilidad de agua en verano de 130 litros por segundo”, explica la funcionaria.

Según Rangel Guerrero, se organizó una mesa de seguimiento para mirar la situación con la comunidad. “Buscamos que la comunidad nos acompañe en la realización de los aforos, que ellos verifiquen las mediciones para que les de tranquilidad.  Yo no conozco las razones de por qué decidieron que fuera esa cuenca para hacer el acueducto”.

Casi oculto en el costado oriental de la serranía Los Yareguíes, a cinco horas de la capital santandereana, se ubica Galán, un municipio con 3.800 habitantes, entre la zona urbana y rural, y un clima que alcanza los 20 grados centígrados. Café, yuca, maíz, tabaco y plátano, así como la ganadería, destacan a esta población de la Provincia Comunera como agropecuaria por naturaleza.

Según manifestó Flor María Rangel, directora regional de la CAS, la Alcaldía de ese municipio ha manifestó que existen situaciones vulnerables en cuanto a las necesidades de saneamiento básico en algunas veredas.

9.540 millones 934 mil 318 pesos cuesta la construcción del Acueducto de Barichara. Se contemplaba como fecha de inicio de la construcción de esta obra el 23 de marzo de este año. Sin embargo, la Secretaria de Infraestructura aseguró que la obra estará suspendida hasta nueva orden.

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Respetada pediodista Xiomara Montañez:

Muy atento al contenido y sentido de su publicación del pasado domingo 26 de agosto en relación con el Agua para el Acueducto de Barichara. 

Como integrante que fuí de la Veeduría Ciudadanapara el Agua, en momentos de la reciente y pasada crisis padecida por el colapso de la Represa del Común, abastecedora del precioso fluido para la municipalidad de Barichara, entre otras, es de lamentar  la situación que ahora se plantea. 

El tema  del Acueducto proyectado a abastecer con recursos hídricos de la quebrada Chivirití y la situación que ahora se divulga con lujo de detalle, a mi juicio, debe manejarse con excesivo tino e inteligencia, por las enormes repercusiones que estas situaciones suelen acarrear en la suerte de los vecindarios y más cuando hay intereses muy superiores de convivencia pacífica, políticos, sociales, económicos ; la región puede verse enormente perjudicada. 

El tema del agua es muy delicado desde la esquina que se quiera ver,  de la salud principalmente  y más cuando Barichara  es reconocida  como uno de los destinos de residencia permanente, transitoria o los turísticos del mayor interés tanto nacional como internacional. 

En aras de una información algo más técnica, concreta y menos sesgada a los aspectos puramente de controversia entre dos mucicipios, comedidamente le sugiero, respetada periodista, obviamente  si tiene a bien hacerlo, consultar  los expertos de la Universidad Industrial de Santander, Escuela de Ingeniería en lo que corresponde a las áreas de Aguas y Manejos Hídricos y lo propio a Ingeominas sobre el recurso de Aguas subterraneas, recurso que es y sigue siendo una excelente alternativa en lo político, técnico y económico. 

Cuando los técnicos que nos hicieron la socialización de los estudios en Barichara y sustentaron la viabilidad del proyecto bajo esas determinantes de diseño, nos quedó la duda si el estudio de esta alternativa se tuvo en cuenta con toda su significación por los diseñadores contratados. 

Sigo creyendo que, por lo menos teóricamente, crisis  como la vivida y padecida no debe volverse a presentarse, si se mantienen adecuada y técnicamente los dos pozos uno el recuperado y otro el perforado por Ingeominas.

Mi  interés es el del ciudadano del común que se pregunta si ¿esa es la situación de pugnacidad que se dice vive la región por una razón tan sensible  y fuera de eso, Barichara sin acueducto, cuál será la solución? 

Muchas gracias por la atención que le merezca mi sincera apreciación.

Jesus Hernan Villa-Roel Ramírez
C.C. 2927127 de Bogotá


miércoles, 18 de julio de 2012

La huella indeleble de la tapia pisada


Xiomara Montañez Monsalve
8 de julio de 2012

El pueblo de los ‘patiamarillos’, Barichara, se sigue robando todas las miradas por la sencillez y belleza de sus casas. Sin embargo, persiste la preocupación de arquitectos como Jaime Higuera Reyes porque la tradición de las construcciones en tapia pisada no quede en el olvido y mucho menos sean remplazadas por el concreto.

Los hombres ‘patiamarillos’ esperan a que la luz del día se asome y a que el firmamento se vista de azul, para subirse a la montaña de tierra húmeda y cobriza sólo con un propósito, el de danzar.

Sus pies visten cotizas o alpargatas. Sus cuerpos están vestidos con ropas viejas, manchadas por el barro, y sus rostros están marcados por la brisa fría y los rayos del sol.

El tapial está listo. Las banderas y las compuertas que lo rodean están firmes. Llegó el momento de pisar y de acompañar el movimiento con un palo de madera en la mano, similar a un remo, pero con punta chata. Pero antes el tapiero debe medir la humedad de la tierra. Así que toma un puñado en su mano, lo aprieta hasta hacerlo una bola, y luego lo lanza al cielo. Si este no se desmorona significa que su material está listo para ser transformado en un gran muro, que puede sobrevivir por más de tres siglos.

Por momentos, la tierra cobriza parece tragarse las pisadas de estos hombres, pero sólo los tapiadores saben cómo dominar la situación y convertir la tierra en una superficie firme.
Una pierna se levanta seguida de la otra. El sonido que produce es muy suave, similar al de un tambor que anuncia un ritual. El tapiero toma velocidad. Esta vez intervienen sus caderas, luego su torso, después sus brazos y por último los hombros y su cuello. El sonido del tambor se acelera, pero cada vez es más bajo. 

El movimiento articulado no permite que el cuerpo desfallezca. A pesar de que las gotas de sudor bajan por la frente, la espalda y las piernas, el tapiero barichara sigue con su danza, similar a la utilizada por los indígenas frente a grandes hogueras.

Cuando siente que ha concluido su labor, baja de la caja de madera y mira su obra de arte, producto de la tierra, de las enseñanzas de su antepasados indígenas y de la creatividad que durante siglos ha destacado al “pueblito más bonito de Colombia”, Barichara.

Pero, ¿qué está pasando con esta tradición? Es la pregunta que desde hace varios años trata de responder el arquitecto Jaime Higuera Reyes, quien al internarse en Barichara con el propósito de extender este legado dejado por los pueblos indígenas, se ha encontrado con toda clase de situaciones que lo han decepcionado.

Jaime Higuera Reyes asegura que existe un choque de culturas, que la gente del pueblo, algunos tapieros y sus familias, ahora quieren casas de material, mientras los que llegan a Barichara se mueren por vivir en una de las bellas y blancas construcciones, con ventanas y puertas de colores.

Esto está generando que la arquitectura del pueblo se enmascare, que sólo se mantengan las fachadas de las casas y por dentro nos encontremos con lujosas mansiones con pisos de mármol y paredes en vidrio”, comente este profesional.

No podemos hablar de nuevas técnicas incorporadas a las de la construcción con bahareque y tapia pisada, sino de técnicas que quieren acabar con otras. El tapiero parece que se cansó de danzar y ahora es feliz echando concreto”, añade Higuera.

Sueños de tierra


Este amante del urbanismo asegura que llegó a Barichara siguiendo el rastro del bahareque y la tapia pisada, del que poco hablan los profesores en las facultades de arquitectura de las universidades.

Afirma que planeó su retirada a las tierras de  los ‘patiamarillos’ durante 20 años y que junto a su esposa, empacó maletas en 1994 para ir a buscar la casa de tapia pisada de sus sueños. “Me vine a investigar y a desarrollar mis proyectos. Quise hacerle un aporte a la cultura de Santander y creo que lo conseguí”, añade este amante de la salsa ‘brava’.

Llegaron a las ruinas de la casona que un día fue el área principal de la hacienda Santa Bárbara, una de las más grandes de Barichara siglos atrás. Unos cuantos muros de barro, paredes blancas manchadas de color cobrizo y techos a punto de derrumbarse fue lo que encontraron.

En este lote Jaime buscó hacer una casa que reuniera todos los detalles que había soñado y que nunca había podido imponer en sus construcciones citadinas, pues a los clientes no les entusiasmaba mucho la idea de tener una casa de barro.

Mientras recorría este espacio a cielo abierto, fueron apareciendo más vestigios de lo que fue la casa siglos atrás: Bloques de barro hechos a mano y bellas columnas nacidas de la misma la tierra que se extrae de la región.

Era lugar sinónimo de historia, un fiel ejemplo de lo  que eran las técnicas tradicionales de construcción en siglos pasados, desconocidas por muchos, sin que nadie las hubiera mejorado o cambiado.

A Jaime le faltaban muchas cosas por descubrir y conocer, especialmente las fórmulas que sólo tenían los antiguos tapieros baricharas, que pasaban por su casa y le preguntaban por qué insistía en recuperar un lote en ruinas y no le apostaba a una casa de cemento.

Así que se puso a buscar a los más experimentados. Fue entonces cuando conoció a Don Urbano, mejor nombre no podía tener, afirma Jaime en medio de carcajadas y palmas. Era un hombre de 96 años que le dijo que levantara su casa en el mismo lugar donde estaba el caney caído de la desaparecida finca, para que aprovechara los regalos de la naturaleza.

“Me contó que esta era una zona donde se habitaba en caneyes, cuyos  bastiones se ubicaban dependiendo de la circulación del viento y la salida del sol. Como allí se secaba tabaco, ellos organizaban el lugar de acuerdo a estos principios”, explica este arquitecto.

Jaime se enamoró mucho más de su proyecto y le puso más empeño. Quiso interrogar más a Don Urbano sobre el tema, pero éste se empeñó en que Jaime debía sacarle también provecho al árbol de mamón que aún se conserva en la entrada de esta casa, que hoy además de ser su vivienda, también funciona como un hostal para viajeros. 

“Él insistía en que era un árbol macho de mamón, y que si no lo levantaba a fuete nunca me iba a dar frutos. Mucha gente de por acá cree en eso y dicen que es efectivo. La verdad no lo hecho porque no me imagino con una correa ‘cascando’ a un árbol (risas)”.

Más allá de todas sus vivencias con Don Urbano, Jaime le añadió otro componente a su proyecto, el estudio del caney. “A mi juicio es la edificación criolla, nuestra y colombiana. Yo les digo en conferencias y pregunto cuál es la arquitectura nuestra y nadie responde. Es el caney. El caney es tan polifacético y pocos proyectos se han hecho partiendo de esta construcción”, añade.

Más allá de la tradición


Algunos tapieros de Barichara cuentan que los estratos en el pueblo se determinaban de acuerdo al grosor de la pared de las casas hechas en tapia pisada.


Se conoce que muchas de las casas que aún sobreviven alrededor del parque tienen muros de hasta 80 centímetros de ancho. Por eso eran reconocidas como las mejores del pueblo.
También comentan que hacia la periferia del municipio, las tapias de algunas viviendas sólo alcanzan los 50 centímetros y por eso es que su valor e importancia es menor.

Y un detalle más: Los viejos tapieros concluyen que para que una casa logre estar en pie hasta cuatro siglos, debe tener buenas botas y buen sombrero. Es decir, que sus techos sobresalgan y que la base de la vivienda no sea salpicada por el agua.

Estas y muchas enseñanzas más han sido utilizadas por Jaime Higuera y por cientos de arquitectos y amantes de las antiguas técnicas de construcción en muchos proyectos dentro y fuera de Barichara.

Aunque Jaime no ha logrado consolidar sus sueños –construir viviendas de interés cultural con el diseño participativo aportado por la comunidad–, no pierde la esperanza de que algún día los más pobres y necesitados puedan habitar en casas dignas, lejos de los modelos que hoy se conocen como viviendas de interés social.

“Lo más importante es que el material vale cero pesos. Generalmente se saca del sitio, si acaso uno paga el transporte de la tierra. No se registran desperdicios y mucho menos escombros. La idea no es descabellada. La he difundido en cientos de talleres de arquitectura en todo el país y pronto viajo a Europa para seguir difundiéndola”, comenta este bumangués.

Las facultades de arquitectura no pueden seguir formando arquitectos aburguesados. En Colombia somos una sociedad agraria, cuyos proyectos de construcción deben estar dirigidos según las necesidades de la población. ¿Por qué no apostarle a viejas técnicas como la de la tapia pisada, incluyendo parámetros de sismoresistencia y proponemos nuevas opciones de vivienda? Creo que debemos reflexionar sobre esto”, añade.

Jaime Higuera asegura que las técnicas se mantienen y que a lo mejor pasarán décadas antes de que los tapieros desaparezcan. Sin embargo, insiste en que sí se deben aplicar pruebas a estas edificaciones para mejorar tanto las construcciones existentes como las que muchos desean construir en Barichara.