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viernes, 6 de marzo de 2015

La perspectiva cafetera del desarrollo rural



¿Hay un ejemplo en la caficultura para el futuro del campo?

El gerente de la Federación de Cafeteros tercia en el debate que sobre la modernización de Colombia abrieron dos artículos de James Robinson, de la Universidad de Harvard, en El Espectador. 

El Espectador
5 de marzo de 2015
Luis Genaro Muñoz *


La perspectiva cafetera del desarrollo rural


A finales del año pasado y a principios de este, el reconocido economista James Robinson, coautor con Daron Acemoglu del famoso libro “Por qué fracasan los países”, publicó en El Espectador dos artículos sobre Colombia que de inmediato llamaron la atención de políticos y economistas. En ellos, “¿Cómo modernizar a Colombia?” y “Colombia, ¿Esta vez es diferente?” expuso sus argumentos sobre la manera cómo el país podría encontrar la vía más óptima para el desarrollo rural. Quisiera exponer el punto de vista que tenemos sobre sus opiniones en la Federación, como una manera de contribuir a un debate de gran importancia, en el cual jugamos un papel de primer orden.

El profesor Robinson señala que para modernizar a Colombia debemos alejarnos de la solución “impracticable” de la redistribución de tierras, apartándonos de un utópico desarrollo rural. Sostiene que lejos de distraerse en el campo, el país debería concentrarse en realizar mayores inversiones en educación para brindar a los jóvenes las oportunidades necesarias para transformar la sociedad en la que habitan. Buena parte de quienes han comentado los dos artículos del profesor británico han hecho énfasis en la necesidad de contribuir efectivamente al desarrollo rural reduciendo las tensiones y las dificultades que han generado la concentración de la tierra y la violencia en el campo, aspectos que sin lugar a dudas han sido el combustible de un conflicto que ya supera los 50 años.


Desde la perspectiva cafetera podemos asegurar que tanto la equidad del modelo agrario como la provisión de bienes públicos, en particular la educación, son dos elementos necesarios y no excluyentes para mejorar las condiciones de vida de la población rural. En otras palabras, el desarrollo rural y la equidad en el campo deben hacer parte de la Colombia moderna que describe el profesor Robinson y ser un soporte para contrarrestar los efectos negativos del conflicto.

En lo que tiene que ver con la equidad, es importante destacar que aunque en la zona cafetera la propiedad rural es menos concentrada, el coeficiente GINI de propiedad rural cafetera (0,70) es inferior al de la zona rural en su conjunto (0,86) e incluso inferior al promedio de América Latina (0,80), lo que hace absolutamente necesario complementar el acceso a la propiedad con el acceso a nuevas tecnologías, a variedades y sistemas de producción que se ajusten a su entorno, a la asistencia técnica y a los bienes públicos sectoriales que permitan a los cafeteros ser competitivos. Y sobre todo, al capital de trabajo que les permita ser altamente productivos, reducir sus riesgos y acceder al sistema financiero.

La equidad y la competitividad también dependen de la provisión de bienes públicos y el acceso al crédito para reconversión productiva. Precisamente en este renglón, en los últimos cinco años hemos logrado que más de 200.000 pequeños productores, que antes estaban marginados del sistema financiero, pudiesen renovar sus plantaciones accediendo al crédito. Así mismo a través de la Cédula Cafetera Inteligente hemos construido un modelo de inclusión financiera rural exitoso, permitiendo el acceso en solo tres meses, a más de 340 mil cafeteros a cuentas de ahorro.


Por otra parte, los caficultores pueden decir con orgullo que cuentan con un Servicio de Extensión conformado por cerca de 1.500 técnicos que brinda un exitoso modelo educativo basado en diferentes técnicas y con el uso de TIC. Por último, es necesario enfatizar en la importante tarea realizada por Cenicafé en lo referente a la innovación y desarrollo de variedades resistentes al cambio climático a las que cualquier productor puede acceder. Esto por mencionar solo algunos de los bienes públicos con que cuenta la caficultura.

Ahora bien, no solo se trata de proveer elementos de competitividad a través de bienes públicos sectoriales. Es en este contexto donde el tema de la educación toma una especial relevancia y se convierte también en un factor de cambio. En nuestro concepto, la educación no necesariamente debe implicar migración a la ciudad, ni las oportunidades económicas y desarrollo se limitan al mundo de lo urbano. En efecto, el habitante del campo también necesita oportunidades educativas que sean relevantes para su entorno, que lo hagan parte del progreso, y le permitan identificar oportunidades y mejorar su calidad de vida en el sector rural. Más allá de hablar de la educación” como un servicio genérico, debemos hablar de un modelo educativo que se ajuste a la infraestructura disponible en las veredas, que lleve eficientemente una plataforma educativa relevante y ajustada a lo que viven los habitantes del campo.

En este contexto, el Estado no puede ignorar la problemática de más de 11 millones de colombianos que habitan el campo, esperando a que el problema rural se marchite por sí solo. Estaríamos definitivamente perdidos si hoy que por fin, el Estado y la sociedad en su conjunto han vuelto sus ojos al campo, desaprovechamos como país esta oportunidad única e irrepetible de apostarle al desarrollo rural. Dar un salto de modernidad para el sector agrario sin duda requiere hacer una profunda transformación educativa para erradicar la pobreza en la periferia. Colombia necesita de un Estado efectivo para enfrentar tanto la problemática agraria como la revolución educativa, que como dije no creo que se trata de asuntos excluyentes.

Como bien cita el mismo Robinson, existen casos de países exitosos económicamente que se han basado en modelos de economía rural de pequeños productores y quizá en este punto nosotros no tengamos que buscar tan lejos. El economista y jefe de la Misión para la Transformación del Campo, José Antonio Ocampo, señala que el café ha sido la mejor demostración de que es posible generar desarrollo agrario a partir de la pequeña propiedad en Colombia.

Entonces, ¿cuáles son los modelos educativos relevantes para el campo? ¿Cómo vamos a lograr una ambiciosa meta que provea educación y oportunidades, cambios tecnológicos, convivencia y capital social en nuestra sociedad rural? Sin querer sugerir que tenemos la solución para cada problemática, sí podemos asegurar que la institucionalidad cafetera ha contribuido a desarrollar modelos exitosos de alianzas público-privadas que han contribuido a solucionar tan importante reto.

Desde hace varios años la Federación ha promovido el relevo generacional en la caficultura basados en modelos educativos innovadores, de tal forma que se les brinde a los jóvenes del campo las herramientas y conocimientos básicos para realizar empresas cafeteras exitosas y sostenibles. El programa Escuela y Café, y la adopción del modelo de Escuela Nueva en las escuelas rurales de Caldas no solo ha merecido importantes reconocimientos internacionales sino que incluso otros países como Vietnam, por sugerencia del Banco Mundial, han buscado replicarlos. Este modelo busca implementar una metodología que contribuya con el fortalecimiento de la calidad, cobertura y pertinencia de la educación rural a través de proyectos pedagógicos productivos. El Comité de Cafeteros de Caldas, pionero de esta iniciativa, ha expandido el modelo educativo desde la educación básica hasta la educación superior y construyendo puentes para la conexión laboral.

Son estas iniciativas de equidad, de bienes públicos cafeteros, de educación relevante en el entorno rural, las que constituyen la piedra angular del nuevo plan estratégico de la Federación, aprobado por los representantes gremiales del país en el último Congreso Nacional de Cafeteros. Esta nueva política de sostenibilidad busca contribuir decididamente en la transformación de la educación rural, promoviendo calidad, cobertura y pertinencia a través de modelos flexibles de educación formal y no formal basados en metodologías activas que generen y amplíen las competencias de la población rural. Se trata, en suma, de hacer una revolución educativa en el campo, de pensar que es posible generar en las regiones procesos virtuosos de desarrollo que se articulen con lo agroindustrial, con el comercio y los servicios incorporando cada vez mayores y mejores tecnologías que nos pongan en la senda de “la modernidad”.

Gerente General – Federación de Cafeteros *



miércoles, 3 de abril de 2013

Ayudas al café, ¿en veremos?


El Espectador
Por Héctor Sandoval Duarte
2 de abril de 2013

Los cafeteros que tienen menos de dos hectáreas y que no cuentan con cédula cafetera, señalan que no han recibido los subsidios de $145.000 por carga acordados el mes pasado.


Luego de que se disolviera el paro cafetero y se lograra un acuerdo el mes pasado para que el Gobierno diera un subsidio de $145.000 por carga de café a los productores, algunos agricultores que tienen en sus fincas menos de 1.500 palos de café señalan que hasta el momento las ayudas no se han hecho efectivas. De acuerdo con el senador Carlos Baena, el hecho de que muchos de ellos no cuenten con la cédula cafetera, ha sido una de las barreras.

Según se acordó entre productores y Gobierno, el apoyo debe llegar directamente a los agricultores a través de “cédula o tarjeta cafetera, transferencia bancaria al productor en cuentas de cualquier entidad financiera, cheque de gerencia en cualquier sucursal de Davivienda o con pago directo en todos los comités municipales y departamentales de cafeteros”. Sin embargo, Lorenzo Pizo —caficultor huilense—, asegura que en municipios como Garzón (Huila) se escucha que a los cultivadores más pequeños no les están llegando los subsidios acordados.

Mario Gómez Estrada, exdirigente cafetero de Caldas, advirtió que hay personas falsificando facturas o que se las compran a los productores para reclamar los subsidios. “Quienes no tienen cédula pueden acudir a los comités cafeteros municipales. Además, tienen que llevar las facturas de venta”.

Aunque en departamentos como Risaralda algunos cultivadores están guardando su café a la espera de que los precios se recuperen (la carga del grano está en $515.000), James Maya —representante por ese departamento ante el Comité Nacional de Cafeteros— sostiene que son pocos. “En este momento el grano que cogemos tenemos que venderlo”. En cuanto a los subsidios, reiteró que quienes no porten su cédula cafetera pueden recibir el auxilio en efectivo a través de los comités departamentales, siempre y cuando cuenten con la factura para evitar irregularidades.

Los cálculos de Maya indican que de 550.000 productores aproximadamente, cerca de 500.000 portan la cédula cafetera, una tarjeta de chip que no sólo identifica al agricultor, sino que permite hacer transacciones financieras. Sin embargo, Óscar Gutiérrez Reyes, representante del Movimiento por la Dignidad Cafetera, sostiene que sólo cuentan con este sistema 340.000 campesinos.

“El hecho de que los subsidios no lleguen a los productores, es uno de los problemas. Además, el Sistema de Información Cafetera (Sica) —que registra todas las fincas y el número de arrobas que vende cada una— tiene inconsistencias. También, hay cafeteros que no quieren sacar cédulas”, comentó Gutiérrez.

¿Contrabando subsidiado?

Óscar Gutiérrez Reyes denunció que los contrabandistas están ingresando café ecuatoriano al país. “Por cada carga que comercializan, ellos están ganándose $145.000 de utilidad. Eso no lo pueden controlar los cafeteros, quienes no son inspectores de aduanas. La Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) y el Ministerio de Hacienda deben hacerlo”. 

Asimismo, advirtió que si el Gobierno no cumple con los compromisos acordados por los productores, las manifestaciones regresarán a las principales carreteras, como sucedió entre febrero y marzo.

Recientemente, el gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, Luis Genaro Muñoz Ortega, advirtió que “los contrabandistas pueden tratar de aprovechar la coyuntura para apropiarse indebidamente de las ayudas a través del ingreso de café a nuestro territorio, haciéndolo pasar como producido en el país mediante facturas de compraventa ficticias”. Además, invitó a los cultivadores a “evitar la tentación de prestar su cédula cafetera a terceros.


Por: Héctor Sandoval Duarte
En Twitter: @hector_sandoval