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martes, 16 de febrero de 2016

Un café especial y con un precio que logró establecer un récord


El Tiempo
14 de febrero de 2016


Emprendedores colombianos ganaron cupo para asistir a competencia mundial en Irlanda.

Felipe Sardi, cofundador de la firma La Palma & El Tucán.
Felipe Sardi, cofundador de La Palma & El Tucán

El amor por el café, así como el que nació entre ellos, hizo que Elisa María Madriñán, cofundadora y directora de Mercadeo y Comunicación, y Felipe Sardi Aristizábal, cofundador y director financiero, crearán La Palma & El Tucán, un proyecto empresarial que hoy se muestra como un caso de éxito en el país.

 

Felipe Sardi habló con EL TIEMPO para compartir su experiencia como emprendedor y los logros de esta próspera compañía nacional que ya hace presencia en el extranjero, y que el viernes pasado ganó el primer puesto del campeonato de Brewers Cup en Dinamarca con su café y le permitió a su cliente calificar al mundial en Irlanda (Dublín), que será en junio de este año.

¿Hace cuánto comenzaron y puntualmente en qué consiste esta iniciativa?

El proyectó comenzó hace 5 años con el compromiso de retar lo que hasta ahora se ha hecho en el país en términos de producción, procesamiento y comercialización de cafés especiales. La Palma & El Tucán tenía el objetivo de establecer un modelo de caficultura de impacto, incluyente y de valor compartido que tuviera especial énfasis en la experimentación con procesos de fermentación, para producir y exportar café verde a los mercados más sofisticados del mundo.

Les apostamos a dos categorías de producto: variedades de café no tradicionales sembradas en nuestra finca en Zipacón (Cundinamarca) y variedades de café tradicionales sembradas por nuestros vecinos caficultores, pero procesadas por nosotros. Teníamos claro que el éxito era lograr el equilibrio entre una buena genética, un microclima y suelo con condiciones ideales, y unos procesos de beneficio diferentes que lograran tazas de café con perfiles únicos.

¿Cuáles han sido los mayores logros?

Estamos convencidos de que uno de nuestros mayores logros ha sido poder incorporar dentro de nuestro modelo productivo y de comercialización a más de 100 familias caficultoras de la zona de influencia del proyecto, y generar condiciones prósperas que le devuelvan la rentabilidad a la actividad cafetera.

Con este proyecto hemos hecho una labor que integra a las familias caficultoras tradicionales de la región bajo un modelo de compra diferente, en el que el caficultor nos vende su café en cereza en el árbol.

A cambio, el proyecto aporta su propia cuadrilla de recolección, el transporte y ofrece primas por calidad y fidelidad que les permiten a los caficultores lograr precios de venta 50 por ciento por encima de los que recibe por café pergamino en puntos de venta local. Este año estamos incorporando una nueva prima social, con la que aspiramos a aumentar el impacto en nuestra región para aquellos caficultores comprometidos con trabajar en equipo con nuestro proyecto.

Así mismo, probamos que en nuestro país, como fruto de la disciplina y la innovación, se pueden conseguir cafés con atributos muy especiales que compiten en valor con los mejores cafés del mundo. Hace pocos meses vendimos 55 libras de un café muy especial (variedad Bourbon) que alcanzó el precio más alto en la historia de Colombia, 182 dólares por libra en verde, y que hoy están utilizando tostadores internacionales para concursar en los campeonatos más importantes de la industria de cafés especiales.

¿A qué países están exportando?

Comenzamos con Estados Unidos, que era el mercado más conocido por nosotros y en el que podíamos establecer relaciones directas con tostadores, ofreciendo un servicio de exportación e importación que nos permitía controlar toda la cadena y asegurarnos de que la experiencia de La Palma & El Tucán no se quedara en el puerto de salida. Para el segundo año ya exportábamos a Europa y Australia, y para el tercero a Taiwán y Canadá.

¿Qué viene para la compañía?

Queremos replicar nuestro modelo en otras zonas del país donde identifiquemos una oferta ambiental muy atractiva para la siembra y procesamiento de cafés especiales y una comunidad de pequeños caficultores comprometidos con la calidad y el medioambiente, con quienes nos interesa mucho trabajar.



lunes, 16 de julio de 2012

café en movimiento


El Espectador
24 de junio de 2012 

La producción de granos selectos en Colombia es una realidad que va avanzando con fuerza.


Era cuestión de tiempo. El café colombiano, que durante años se ha valorado de manera genérica por su suavidad y calidad gracias al meticuloso trabajo de homogeneización emprendido por la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC), hoy sorprende al mundo por sus pequeñas y rutilantes producciones, gracias a una fase de apertura comercial para granos selectos.

Bajo el sombrero de Café de Colombia, estos nuevos productores y distribuidores —especialmente los dedicados a las bajas elaboraciones— están encantando a críticos y consumidores, y prueba de ello son los cada vez más frecuentes premios obtenidos por estos cafés en los principales concursos internacionales.

Este auge, que está en plena gestación, ha llevado a la FNC y al programa Colombia Toma Café a poner el foco en el tema de la diversidad, y para ello ha invitado a grandes figuras globales del rubro, como el italiano Vittorio Castellani, quien hace pocas semanas viajó por el país como parte de una expedición llamada “Colombia sabe de café” (www.colombiasabedecafe.com).

El impacto fue inequívoco: “Me voy absoluta y deliciosamente sorprendido”, confesó después de su periplo. Ciertamente, Castellani sabe algo de comidas y productos del mundo. Como reconocido cocinero, periodista y asiduo investigador —se le conoce como “Chef Kumalé”—, ha recorrido el globo por cerca de veinte años en busca de trascendentales claves gastronómicas. Pero su más grande trabajo, sin duda, es una emocionante serie televisiva sobre la historia del café, difundida por National Geographic.

Aunque la serie se desarrolla en África y en los países árabes —ejes iniciales de la cultura cafetera mundial—, Castellani también ha viajado a Brasil y Perú. Pero le faltaba Colombia, y su descubrimiento lo dejó atónito. “A medida que visité la geografía cafetera —dividida en acotadas parcelas—, encontré modestos y consagrados productores; aprendí originales formas de elaboración y de consumo, y me compenetré tanto con la cultura cafetera colombiana, que de inmediato la asemejé con la forma clásica de hacer vinos. Es como en Italia: cada lugar de origen es diferente; cada proceso es enriquecido por el productor; cada aporte hecho por el clima y por el suelo otorga a la taza un toque único. En el fondo, cada café es una cultura”.

Precisamente, estos atributos particulares han hecho que muchos productores encuentren eco internacional a su trabajo.

“En efecto, ha llegado el momento de que nuestro café suba de estatus”, dice Juan Pablo Villota, cabeza visible de Café San Alberto, de Buenavista, Quindío.

Sometido a un proceso quíntuple de selección de granos, San Alberto se ha convertido, en corto tiempo, en uno de los cafés especiales y de origen más premiados en el escenario internacional. Su apuesta central ha sido demostrar que el café es mucho más que un estimulante para entrar en calor. “Para nosotros, se trata de un producto situado en el mismo nivel de los vinos y los licores, donde la calidad, el lujo y los procesos característicos son fundamentales”. Esta visión de la excelencia ha llevado a Café San Alberto a obtener grandes galardones de producto en concursos y ferias en Corea y Rusia. Y en las últimas semanas se hizo acreedor al título Tres Estrellas Doradas, del International Taste & Quality Institute, de Bélgica.

Un caso similar es el de Granja La Esperanza, otro productor nacional cuya especialidad es la variedad Geisha, la más apreciada y costosa del mundo. Recientemente, la Asociación Norteamericana de Cafés Especiales (SCAA), le asignó a dos cafés de Granja La Esperanza, en el Valle del Cauca, el segundo y tercer lugar en el ranking de los diez primeros cafés del mundo. En la prueba participaron más de 250 variedades de 26 países. La representación exclusiva de ambos productos está a cargo de Café Devotion, comercializados con las marcas Devotion Geisha Reserva (Finca Cerro Azul) y Devotion Blueberry Mountain Geisha (Finca Las Margaritas).

“Nos complace que Granja La Esperanza haya encontrado en Café Devotion su aliado nacional para la comercialización de estos tesoros”, dice Steven Sutton, gerente general de esta empresa distribuidora, que cuenta con una boutique especializada en el nuevo Hotel Hilton Bogotá.

“Dar el gran salto para una mayor apreciación de nuestros cafés es el reto del programa Colombia Toma Café”, dice Ana María Sierra, su coordinadora ejecutiva. “Definitivamente, necesitamos aprender y saber más de nuestros productos. Si los críticos y consumidores más exigentes ya lo han hecho, no hay ninguna razón para que los colombianos no lo logremos”.