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miércoles, 3 de junio de 2015

Un tomate contra los alimentos transgénicos


Sally Palomino
El País
2 de junio de 2015


La fotografía de una antropóloga colombiana sirve para denunciar la manipulación artificial de la comida

La fotografía que presentó Alejandra Romero, premiada por la Unión Europea.

¿Qué tienen en común tres jóvenes provenientes de Afganistán, Ruanda y Colombia? Su preocupación por los alimentos y por el futuro que estos tienen en cada uno de sus países. Al menos eso es lo que cuenta Alejandra Romero, una estudiante colombiana de antropología de 20 años que reconoce no ser una fotógrafa experta, pero resultó ganadora de un concurso que organiza la Unión Europea (UE), que premia a los jóvenes que mejor retraten cómo el proceso que rodea a la comida puede llegar a ser nociva para la economía, para el medio ambiente, para la vida misma.

La imagen que presentó Romero formó parte de las más de 200 que participaron de todo el mundo. Ella fue la fue la única de América Latina y el Caribe seleccionada. Y su voz se unirá a la de ocho jóvenes de Asia, África y Europa que quieren llamar la atención sobre cómo las políticas públicas no están evitando que el futuro sea devastador. Por eso, con sencillas imágenes, piensan llamar la atención durante el foro Días europeos del desarrollo que se realiza este miércoles  y jueves en Bruselas.


La colombiana eligió unos tomates para plasmar su idea. “Traté de hacer una versión vegetal del famoso gráfico que muestra a los homínidos evolucionando hacia el homo sapiens. Elegí utilizar tomates, porque recuerdo cuando fui a un cultivo y son litros de químicos que se usan para su evolución. Me pareció la analogía perfecta para lo artificial”, cuenta desde la capital de Bélgica, desde donde pide que no se abandone a los campesinos y agricultores de su país.


La reflexión que pretende generar es la que según ella se debería plantear cualquier persona en el momento de pararse en un mercado a elegir su comida. “¿Qué le estamos dando a nuestros cuerpos? ¿Son productos alterados con químicos o genéticamente para mejorar su sabor o para aumentar su tamaño? ¿Se fumigó con pesticidas? Me conformaría con que las personas le den a su mente un segundo para formularse aunque sea uno de este tipo de cuestionamientos”, agrega.


En Colombia, según un informe de la ONG Agro-Bio, se sembraron durante el año anterior 118.899 hectáreas de cultivos transgénicos, lo que representó 16.876 más que en 2003. “En mi país la comida es cada vez más sintética, nos olvidamos de cómo nuestros campesinos utilizan la tierra para cultivar y para que los alimentos fueran naturales”, dice la joven, que en el foro expondrá su idea junto con otros activistas que impulsan, desde el tema de la alimentación, un cambio en el mundo.


La foto de la colombiana, elegida para representar a América Latina y el Caribe, trata de capturar la industrialización de los alimentos y el nuevo ciclo de “no vida” en un país donde desde el 2002 se siembran transgénicos.



sábado, 21 de junio de 2014

coplas y venenos



Ironías de la vida... los hijos de los labriegos participan en concursos de coplas con temas dedicados a la defensa del medio ambiente... mientras tanto, algunos de sus padres no dejan fumigar los orillos de las carreteras, pero en cambio si utilizan venenos 'extremadamente peligrosos' en sus cultivos... y como si fuera poco, dejan los recipietes tirados en la mitad de las labranzas...


sábado, 15 de febrero de 2014

Colombia y África: unidos por una taza de café


El País
Isabelle Schaefer
14 de febrero de 2014

Productores colombianos y africanos buscan la receta del mejor “café bajo sombra”, de gran sabor y amable con el medio ambiente

Personas en Ulloa catando café / Isabelle Schaefer/Banco Mundial
¿Café de Colombia o café de África? Según los conocedores, cada cual tiene sus virtudes, y las preferencias por uno o por otro dependen del paladar de cada consumidor. Lo concreto es que Colombia y las nacionescafeteras de África figuran entre los 10 mayores productores del mundo y, de un tiempo a esta parte, están aunando esfuerzos para producir una mejor taza de café, y con beneficios que van mucho más allá de su gran sabor.

La historia de este matrimonio de ideas se origina al otro lado del Atlántico, cuando unos productores de café de Ruanda y Burundi empiezan a explorar cómo lograr buena calidad del grano sin descuidar el medio ambiente. En otras palabras buscaban un café bueno por donde se le mire: con sostenibilidad del cultivo a largo plazo, con potencial para el turismo rural y con bienestar de quienes se dedican a su producción.

Por eso no resulta extraño que al poco tiempo se interesaran en el llamado “eje cafetero” en el centro de Colombia, una región de verdes intensos y hermosas montañas, que fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

“Toda una vida” de café

Para llegar a la finca de Fabiola Vega, en el departamento del Valle del Cauca, hay que hacerlo en un Jeep “Willys”. El legendario vehículo -originalmente diseñado para la guerra- es el único con la fuerza y la resistencia necesarias para subir por las estrechas carreteras serpenteantes de estas montañas.

A sus 65 años, Fabiola cuenta que su experiencia con el café es la de “toda una vida”, mientras muestra con orgullo las “cerezas” (frutas del café) que comienzan a madurar bajo los platanales y otros árboles de generosa sombra, que ayudan a evitar plagas, a ahorrar fertilizantes y a producir un café de primera calidad.

Además del cultivo del café, y con la asesoría de una fundación especializada en proyectos sostenibles, en la finca se cría ganado vacuno y se siembran unos 600 árboles al año para reforestar el lugar. Estos otros productos -además de los turistas que llegan a esta región atraídos por su belleza - significan más fuentes de ingresos para los caficultores.

“En este lote no echo nada. Vive así como lo está viendo, uno va reforestando y con la misma hojarasca, yo abono”, le explica Fabiola a un grupo de visitantes poco usual: caficultores y expertos en café de tres países africanos:Burundi, Ruanda y Etiopia.

Tradición cafetera

Aparte del clima tropical, una topografía montañosa, y de haber padecido conflictos armados, estas naciones también tienen en común con Colombia el ser grandes productoras de café.

Sin embargo, del otro lado del Atlántico, los métodos son diferentes. En Etiopía, país donde se originó el café, todavía se encuentran cafetales silvestres en los bosques, pero en Ruanda y Burundi, por ejemplo, el cultivo de café en sombra apenas está comenzando.  Mientras en Colombia, donde hay alrededor de 560 mil familias cafeteras es una tradición centenaria, a pesar de que durante algunos años se alentó el cultivo bajo sol.

En Burundi, la mitad de sus casi 9 millones de habitantes dependen del café, y todavía se cultiva bajo sol. “Y con los cambios climáticos, hemos visto que con las sequías la producción baja”, explica Jumaine Hussein, consultor del Banco Mundial en manejo de recursos naturales.

Colombia produjo en 2013 más de 650 millones de kilos de café. Cerca de 40% del área total de siembra es café bajo sombra. El objetivo de la visita de la delegación africana fue venir a conocer personalmente las experiencias exitosas de producción de café que respetan el medio ambiente y contribuyen a mejorar el paisaje y las condiciones de vida de sus productores.

Un buen sistema

“Una de las cosas más interesantes que he visto en Colombia es la combinación de cultivos, el hecho de asociar plátano y café. Es un sistema que funciona muy bien”, dice Joseph Bigirimana, del consejo agrícola de Ruanda, donde medio millón de personas viven del café -en muchos casos como monocultivo- y donde la producción de plátanos está muy desarrollada.

En su finca cafetalera cerca de Pijao, en el departamento de Quíndio, y con su machete colgado a la cintura, Ricardo Díaz explica que “la ventaja (de tener diferentes cultivos) es que le cae menos plagas al plátano. Los otros árboles sirven para conservar el suelo y la sombra”. Díaz también cultiva aguacates y maderas preciosas, como el nogal, con el apoyo de un programa de producción rural.

Al final del recorrido, los visitantes de los tres países africanos se fueron con una lección aprendida. “Voy a animar a los miembros de nuestra asociación a sembrar otros cultivos para que tengan más beneficios”, dijo Théopiste Nyiramahoro, la presidenta de la Unión de Cooperativas de Caficultores de Kirehe, en el este de Ruanda.

Pero como en todo intercambio, los colombianos también tienen la oportunidad de aprender de sus colegas africanos. De modo que no parece estar lejana la fecha en la que una misión de caficultores y expertos colombianos desembarque en algún paisaje similar a este, pero en el continente africano.


sábado, 11 de enero de 2014

Una batalla por conservar los bosques colombianos se libra al pie de un volcán


El País

10 de enero de 2013
Pasto

Surge una nueva conciencia para defender los parques nacionales de Colombia.

Dori Chávez, dueña de una finca cerca del parque, muestra su casa / Isabelle Schaefer
El humeante volcán Galeras, uno de los más activos de Colombia, parece vigilar silenciosamente a los dispares habitantes de esta rica foresta colombiana: seres humanos, miles de venados y otros animales, y más de 99 especies de orquídeas.

Algunas civilizaciones prehispánicas, como los Incas –que llegaron hasta el sur de Colombia–, ofrecían diversos tributos, incluso humanos, para pedir a los dioses que la montaña no despierte enfurecida.

Hoy en día, las faldas de este volcán muestran un escenario diferente: el Santuario de Flora y Fauna Galeras, a unos 700 kilómetros al sur de Bogotá, que se ha convertido en un ejemplo de agricultura amable con el medio ambiente

¿Cómo se conjuga la protección de esta biodiversidad con la actividad agrícola, uno de los pilares de la economía colombiana?

En los últimos años, el triángulo defensa de la naturaleza, bienestar de los campesinos y crecimiento económico ha venido cobrando importancia, especialmente en las zonas cercanas a las áreas protegidas, que suman un 12% del territorio nacional.

Con sus más de 7.000 hectáreas, el santuario Galeras alberga a 135 especies de aves, 600 especies de plantas y un tercio de las especies de venado de Colombia, entre otra fauna.

En las laderas del volcán, entre los arroyos que bajan de la montaña, se ven pequeñas fincas, con flores frente a las casas y huertas con letreros que indican los distintos cultivos. Se siembra café, trigo y mucho más, dependiendo de la finca.

La huella humana

El santuario, naturalmente, es un área protegida, pero sus alrededores no lo son, y la actividad de los pequeños productores agrícolas en los límites del parque tiene su impacto.

Los incendios forestales, la tala, la ampliación de la frontera agrícola, la cacería indiscriminada son algunas de las amenazas del santuario, según Nancy López de Viles, jefa del Santuario de flora y fauna Galeras. Colombia pierde más de 330.000 hectáreas de bosques al año por razones diversas, entre ellas la tala ilegal para propósitos comerciales, según datos del propio gobierno.

Además de afectar la flora y la fauna, estas actividades ponen en peligro también la que quizá es la mayor riqueza del santuario: cuatro lagunas, varios ríos y más de 100 quebradas que suministran agua a cerca de 500.000 personas en los pueblos cercanos.

“Nosotros cuando no teníamos conocimiento, hacíamos daños a la parte alta”, dice Dori Chávez, ama de casa y dueña de una finca cercana del parque. “Daños como echar candela, llevar los animales allá, soltarlos en los pajonales, dejar que vayan a los humedales”, advierte.

Ahora, un proyecto conjunto entre el parque nacional y las comunidades –financiado con una donación del Fondo para el Medio Ambiente Mundial e implementado por el Banco Mundial y el fondo colombiano Patrimonio Natural– enseña a los campesinos a cuidar el parque produciendo de manera más ecológica, sin talar y sin contaminar el agua. Los lugareños también ponen especial cuidado en asegurase de que sus desechos y desperdicios no terminen en el bosque.

Esta misma metodología ya se está aplicando en otros parques naturales de Colombia y ha beneficiado a 300 familias en distintos lugares del país, que cultivan y producen en armonía con el medio ambiente.

“Como tener mil guardaparques”

El proceso, claro, no fue fácil. Así lo recuerda Sandra Popayán, una de las agricultoras de la zona. “Como vinieron acá y dijeron que ahora tenemos que conservar, pues nos asustamos mucho porque dijimos: ‘no vamos a poder vivir, por la [falta de] leña’”.

Pero poco a poco, se fue creando conciencia. Hoy en día Sandra aprovecha los desechos que produce su parcela para generar gas mediante un biodigestor.

“Si hoy o mañana acabamos con el poquito bosque que queda, eso va a afectar al agua, entonces empezamos a sensibilizarnos y concientizarnos de la importancia, por qué cuidar eso”, opina Dori Chávez.

Otros agricultores ahora cuidan los arroyos que bajan de la montaña. Jorge Almeida, por ejemplo, tiene su finca a las orillas de una quebrada y plantó unos árboles para protegerla. “Estamos tratando de que las aguas [residuales de su casa y su plantación] no lleguen directamente a las quebradas”, explica.

“Ahora es como tener mil guardaparques, porque la misma gente es la que cuida su parque”, explica Nancy López. “Si viene un cazador, por ejemplo, ellos son los que están denunciando la cacería o están mirando quién es que hace el daño”, agrega.

Y los cambios empiezan a notarse. Los mismos productores señalan que antes bajaba muy poca agua por las quebradas y que ahora “baja bastante, para los humanos y para los animales” y que también se han vuelto a ver algunas de las especies animales.

A pesar de estos resultados, el trabajo no está terminado. “Hay que seguir fortaleciendo a las comunidades, con capacitaciones, en temas como cambio climático, como biodiversidad y sobre la importancia de estos ecosistemas”, explica López, la jefa del parque.


domingo, 11 de agosto de 2013

Nace el Congreso Ambiental de Santander - CASA AGUAYA


Comunicado de prensa no. 1

Como resultado del proceso de confluencia y organización que se inició en el segundo semestre del año 2012, el día 8 de agosto nació un nuevo espacio para la defensa del ambiente, el agua y la vida en el departamento de Santander; el CONGRESO AMBIENTAL DE SANTANDER – CASA AGUAYA. 

El camino recorrido para llegar a este punto incluye momentos clave, tales como la Cumbre Ambiental Agua, Paz y Vida; realizada el pasado 22 de marzo de 2013 en el municipio de San Gil.  Ocasión en la que se reunieron cerca de 300 personas que mandataron la creación de un espacio pluralista y democrático para unir fuerzas y esperanzas en la magna tarea de defender el territorio y la Madre Naturaleza.  Posteriormente, y a manera de continuación del proceso, se dio la reunión de líderes comunitarios y ambientalistas del 20 y 21 de julio del mismo año; ocasión en que se lanza el Manifiesto de los Pueblos del Sur de Santander en Defensa de la Vida, el Agua y el Territorio; el mismo donde dice:

“…se ha mandatado coordinar todas las organizaciones cívicas, populares, ambientalistas, y solidarias para continuar y apoyar las acciones que ya se adelantan en Santander en defensa del Agua, la Vida y el Territorio…” (para ver la versión completa click aquí)

Es así como desde el día 8 de agosto se presenta públicamente a este nuevo espacio civil, comunitario y popular denominado CONGRESO AMBIENTAL DE SANTANDER – CASA AGUAYA, nombre con el que además se pretende rescatar la memoria étnica y cultural de las principales comunidades originarias de la región como son los agataes, los guanes y los yariguíes, de allí el vocablo “Aguaya”.

En la jornada de cración se dispuso cuále es la misión y la visión de este nuevo espacio; se definieron cuatro ejes de trabajo y los representantes de cada uno de ellos, se hicieron las primeras programaciones de trabajo y se inició esta nueva etapa en la indeclinable lucha por la Vida que se adelanta en la tierra de los comuneros y el eterno José Antonio Galán.

San Gil, ocho de agosto de 2013.

CONGRESO AMBIENTAL DE SANTANDER  - CASA AGUAYA




Uno de los momentos del debate















sábado, 11 de mayo de 2013

No habrá minería en páramos


El Espectador
Jairo Chacón González
10 de mayo de 2013
  
El Estado expidió decretos reglamentarios para que la industria no tenga contratiempos.

El próximo lunes se conocerá el alcance del decreto para la firma de concesiones mineras.  / El Espectador
El próximo lunes se conocerá el alcance del decreto para la firma de concesiones mineras. / El Espectador
En Colombia no se podrá hacer minería en páramos, humedales Ramsar y reservas forestales protectoras.

Así lo advirtió el ministro de Minas y Energía, Federico Renjifo, al explicar que estos ecosistemas no pierden vigencia como zonas excluidas de la minería con la entrada en vigencia, mañana, de la Ley 685 de 2001, la cual había sido derogada por la Ley 362, que la reformó.

Para ello el Gobierno Nacional expidió tres decretos reglamentarios a la Ley 685, lo cual permitirá la actividad minera y su relación con los recursos naturales no queda desamparada jurídicamente.

Las nuevas disposiciones señalan que las solicitudes de títulos mineros que hayan agotado el plazo sin surtir el trámite respectivo se someterán a los plazos fijados por el Gobierno. Además, aquellos que se hubieren agotado para el solicitante, sin que hubiere satisfecho los requisitos respectivos, darán lugar al rechazo de la propuesta”.

En el tema de formalización, el Gobierno fijó en 15 hectáreas para personas naturales y 500 para grupos o asociaciones mineras el área máxima para otorgar. Además, sólo podrán solicitar un título y no podrán sobreponerse en otros títulos.

La autoridad minera rechazará la formalización de un título cuando las áreas solicitadas se encuentren ocupadas por títulos mineros diferentes a los contratos de concesión, contratos en áreas de aporte o autorización temporal. También cuando las áreas solicitadas se encuentren dentro de las áreas excluibles.

Los otros dos decretos tienen que ver con el ordenamiento territorial y la prórroga. Un tercer decreto, que saldrá la próxima semana, fija las condiciones para las concesiones.

El ministro explicó que al caerse la Ley 362 “no quedará desamparado el minero tradicional, pues vamos a dar continuidad a los procesos de formalización de los mineros que ya habían solicitado su título”.

Además recalcó que “tampoco se volverá a la feria de títulos que vivió el país en el pasado. Este Gobierno ha sido muy exigente con los titulares mineros y no bajaremos la guardia. Cero tolerancia a la irresponsabilidad ambiental”.

Pese a la posición de ambientalistas que consideran que a partir de mañana los páramos volverán a estar en peligro, el Gobierno reiteró que las medidas que se vienen implementando lo impedirán.

La directora del Sector de Minería a Gran Escala, Claudia Jiménez, señaló que con el retorno de la Ley 685 no pasará nada, ya que las empresas responsables no harán minería en páramo. “Nosotros respetamos las normas y las cumplimos”.

La dirigente señaló que la industria ve con preocupación que la persecución contra la minería formal se fundamente en argumentos que no están soportados en estudios verídicos, que desconocen la posición del Gobierno y de las compañías.

El presidente de la Cámara Colombiana de Minería, César Díaz, y el director ejecutivo de Fenalcarbón, Alfonso Saade, coincidieron en señalar que con la reforma a la Ley 685 no afectará negativamente el medio ambiente, ya que sólo se modificaron 10 decretos que están reforzados por el Plan Nacional de Desarrollo.
Entre tanto, Eduardo Chaparro, de Asomineros de la Andi, explicó que con las normas vigentes, más los decretos expedidos por el Gobierno, fijarán la línea de acción de la locomotora minera.

jchacon@elespectador.com

@jairochacong



domingo, 15 de julio de 2012

En tiempos de peligro


William Ospina
15 de julio de 2012

Tendemos a pensar que los grandes inventos de la humanidad son los de nuestra época; por eso está bien que alguien nos recuerde que las edades de los grandes inventos fueron aquellas en que inventamos el lenguaje, domesticamos el fuego y las semillas, convertimos en compañeros de aventura al caballo y al perro, la vaca y la oveja, inventamos el amor y la amistad, el hogar y la cocción de los alimentos, en que adivinamos o presentimos a los dioses y alzamos nuestros primeros templos, cuando descubrimos el consuelo y la felicidad del arte tallando gruesas venus de piedra, pintando bisontes y toros y nuestras propias manos en las entrañas de las grutas.

Los grandes inventos no son los artefactos, ni las cosas que nos hacen más eficaces, más veloces, más capaces de destrucción y de intimidación, de acumulación y de egoísmo. Los grandes inventos son los que nos hicieron humanos en el sentido más silvestre del término: el que utilizamos para decir que alguien es generoso, compasivo, cordial, capaz de inteligencia serena y de solidaridad. Todos advertimos que hay en el proceso de humanización, no como una conquista plena sino como una tendencia, la búsqueda de la lucidez, de la cordialidad, de la responsabilidad, de la gratitud, de la generosidad, de la celebración de los dones del mundo.

¿En qué consiste hoy la crisis histórica si no en el colapso al que parece llevarnos nuestra propia soberbia? Una doctrina del crecimiento económico que encumbra a unos países en el derroche, el saqueo de recursos y la producción de basuras, y abisma a los otros en la precariedad, mientras precipita crisis cada vez más absurdas sobre las propias naciones opulentas. Un modelo de producción y comercio que convierte el planeta en una vulgar bodega de recursos para la irracionalidad de la industria; cuyo frenesí de velocidad y de consumo altera los ciclos del clima, transforma el planeta en un organismo impredecible, crea un desequilibrio creciente del acceso a los recursos y al conocimiento, y convierte la sociedad en escenario del terror y la arbitrariedad, del tráfico de todo lo prohibido y de corrupción de todo lo permitido. Asistimos al fracaso de los valores históricos que fundamentaron toda moral y toda ética; y vemos desplomarse todo lo que fue respetable y sagrado.

Es inquietante saber que no es tanto la ignorancia sino el conocimiento lo que nos va volviendo tan peligrosos. Los arsenales que fabricó nuestra ciencia pueden hacer saltar este sueño en minutos. Nunca hubo tanto miedo como ahora, cuando estamos en manos de la razón. Y sin embargo no podemos intentar volver a la irracionalidad: una vez que encontramos la razón, encontramos un camino del que difícilmente podemos apartarnos.

Pero si hoy la cultura diseña el colapso, traza indolentemente bocetos de la aniquilación, la cultura tiene el deber de responder, desconfiar de la velocidad y de la opulencia como modelo de existencia, del desperdicio y el envilecimiento del entorno como manera de habitar en el mundo. Se diría que sólo podemos aprobar las innovaciones, las fuerzas transformadoras con la única condición de que no alteren lo que es esencial. Es preciso mantener inalterados los fundamentos de la vida y del mundo, y todos sabemos cuáles son, porque para eso nos han servido veinticinco siglos de conocimiento. El agua, el oxígeno, el equilibrio del clima, la salud de las selvas y de los mares: lo que nosotros no hicimos ni podemos hacer.

Entre el agua y la extracción codiciosa del oro de la tierra, yo prefiero el agua. Entre el aire puro y el arrasamiento de la selva por la economía del lucro, yo prefiero el aire. Entre el equilibrio del clima y el crecimiento industrial yo prefiero el clima. Entre la antigua virtud de las semillas y su modificación impredecible para la fabricación de organismos estériles favoreciendo la codicia de los que privatizan todo lo sagrado, yo no sólo prefiero las semillas, la prodigalidad de la naturaleza, sino que considero un crimen la apropiación privada de los más antiguos bienes colectivos.

Toda transformación tiene que ser justificada. El universo es a la vez tan prodigioso y tan frágil, que no tenemos el derecho de modificarlo abusivamente, de alterar, por intereses privados, los bienes de todos. En lo fundamental ya no pertenecemos a una tribu, a una raza, a una nación, a un credo, pertenecemos a un planeta.

Para eso sirvió la edad de las transformaciones, para conocer los límites de la transformación. Para eso sirvió la globalización: para que se encontraran los intereses del todo con los intereses de cada parte, el sentido del globo con el sentido profundo de cada lugar. Ya cada individuo tiene el deber de ser la conciencia del planeta.

La batalla definitiva será por los glaciares y por los pelícanos, por los helechos y por las medusas, por selvas y océanos, por las artes y por los muchos sentidos de la belleza, por la razón y por el mito. La supervivencia del mundo exige una urgente redefinición de los límites del hombre y de su industria.

“Allí donde crece el peligro crece también la salvación”, dijo Hölderlin. Entonces estos tiempos son los mejores: porque llaman a la renovación de la historia. Y si es en la cultura donde surge el peligro, es allí donde tenemos que buscar la salvación.

*(Leído en el aula máxima de la Universidad de Antioquia).

viernes, 7 de octubre de 2011

Reflexiones sobre el agua

Un chat con: Dan Vermeer, catedrático en recursos naturales
Por: El Espectador.com

El director del Centro para la Energía, Desarrollo y Ambiente Global de la U. de Duke (EE.UU.) habló sobre falta de conciencia frente a la inminente escasez del más importante recurso natural.

¿Qué tensiones políticas puede desencadenar el agua?

Se pueden generar tensiones entre países cuando alguno de los beneficiarios controla las fuentes hídricas del otro. Hoy existe una fuerte cooperación transfronteriza en términos de recursos renovables. Al parecer los países entienden la importancia de los recursos hídricos.

¿Los empresarios latinoamericanos están pensando en la conservación del agua?

En general, el espíritu empresarial por la conservación del agua es precario, deficiente, y Latinoamérica no escapa a ello. Con la excepción de Israel, el nivel de innovación e inversión no está al nivel de los desafíos que se requieren para la conservación del agua. Esto se debe en gran parte a que el agua se considera un recurso ilimitado. Esto debe cambiar, pues la escasez de agua se agudizará en los próximos años.

¿Cree que el agua será en un futuro sinónimo de guerra?

No, los conflictos por el agua tienden a debilitarse. A largo plazo las tensiones por el agua deteriorarán relaciones, pero llevarán a la negociación, no a la guerra.

Dos aspectos comerciales en los que Colombia podrá aprovechar su ubicación estratégica como fuente hídrica.

Ser fuente de alimentos para un mundo con escasez de agua, y que los empresarios se beneficiarán de un dividendo de servicios de los ecosistemas si operan en Colombia.

¿Cómo hacer para que los colombianos sean conscientes de lo que tienen frente a este recurso?

Viajar y conocer otros países. Estudiar la historia de sociedades que no cuidaban sus recursos naturales y algunas que sí. Demostrar liderazgo en algunas áreas, por ejemplo transporte público de Bogotá, y construir una imagen de país alrededor de ese propósito.

Algunos consejos básicos, y poco conocidos, que podría implementar cada persona para ayudar a ahorrar agua.

Administrar el uso de energía, pues su producción utiliza una gran cantidad de agua. Reducir la huella de agua de su dieta, estaría bien volverse vegetariano y elegir a los gobernantes que estén comprometidos con la protección del recurso.

¿Es el reciclaje una práctica significativa para la protección del medio ambiente?

Reciclar es mejor que no reciclar, pero se necesita mirar desde un enfoque más potencial, como pensar en reinventar la forma en que empacamos y entregamos nuestros productos.

¿Las empresas actuales contaminan menos que las de hace 20 años?

Contaminan menos por unidad producida, pero producen mucha más polución que las ganancias que éstas generan actualmente. Estamos utilizando demasiados recursos y generando demasiados excesos y desechos.

En las películas de ciencia ficción es común ver que se respira con máscaras de oxígeno. ¿Llegaremos a ese punto?

Está pasando en Beijing, ahora con la mayoría de días con niebla, y probablemente va a suceder en otros lugares.

¿Estamos a tiempo de llegar a un punto en el que los daños ambientales se equilibren y así conservar más el planeta?

Malthus predijo que los seres humanos chocaríamos contra la pared, quedando sin recursos y enterrándonos a nosotros mismos en los residuos. Sus predicciones no se han cumplido todavía. Abundan las predicciones apocalípticas, pero yo no apostaría por un resultado en particular. Considero que tenemos riesgos y debemos trabajar para tener el mejor resultado posible.