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domingo, 26 de julio de 2015

Colombia siembra el turismo del café


El País
Juan Morenilla
25 de julio de 2015

Las fincas productoras diversifican sus ingresos con la llegada de visitantes extranjeros, en una industria tradicional que se reinventa

 
Un trabajador en una plantación de café en Colombia. / SAMUEL SÁNCHEZ

Gustavo Patiño recibe un mensaje en su móvil mientras explica a un grupo de turistas el largo y costoso proceso de producción del café. Esta vez es un grupo con españoles, italianos, alemanes e ingleses quienes escuchan al propietario de la finca El Ocaso, en el departamento colombiano de Quindío. Otras veces son chilenos, argentinos o australianos. De todo el mundo acuden visitantes a esta propiedad de 35 hectáreas, 18 de ellas dedicadas al café, que Patiño, nieto de cafeteros, gestiona desde hace 28 años. Es el ejemplo de un turismo del café con el que esta industria tradicional se ha reinventado para diversificar sus beneficios. Al aumento de la producción no ha correspondido un aumento de los precios y por lo tanto de las ganancias, y hoy algunas medianas fincas echan el lazo a los turistas como otra fuente de ingresos.

El mensaje del móvil le informa a Patiño, varias veces al día, del precio del café. La producción de hoy va a Washington. El precio varía según el valor de la libra en Nueva York y del dólar respecto al peso colombiano. La industria del café requiere una visión a largo plazo porque las decisiones actuales, como qué variedades cultivar, se recogerán en unos años. Entre tantas dudas, el turismo parece un valor firme.

La Unesco nombró al Paisaje Cultural Cafetero como Patrimonio Mundial de la Unesco en 2011. Además de este coffee tour por las praderas de El Ocaso, un viaje que para el visitante comienza con la plantación de la semilla y acaba con una taza de café en la mesa, la finca ofrece la opción de convertirse en agricultor durante tres días y aprender con detalle el proceso con un empleado de la empresa (y traductor si es necesario). Son unos 700 dólares, hospedaje incluido

“Los turistas se van maravillados de todo lo que hay detrás de una taza de café”, explica Patiño, que ha recibido incluso a una televisión coreana para mostrar su nuevo negocio. “El turismo ha permitido que los trabajadores tengan mejores condiciones, ha dado más sostenibilidad a nuestra industria. Con la venta de café cubrimos gastos. Con el turismo es con lo que podemos tener beneficios. En 2012 sufrimos la peor cosecha de la historia, los precios eran muy bajos y no rentaba. Colombia perdió mercado. Ahora ha recuperado la producción, hacemos más sacos, pero no han subido tanto los beneficios porque los precios no han vuelto a niveles tan altos. De ahí que necesitemos el turismo”, añade el propietario de El Ocaso. Las visitas relacionadas con este sector crecieron en el país un 10% en 2013 y otro tanto en 2014.

En Colombia hay unas 550.000 familias dueñas de fincas en 590 municipios. La maquinaria se ha recuperado después de ese bache de 2012. Entre abril de 2014 y marzo de 2015, por ejemplo, la producción de café en Colombia aumentó un 8%, de 11,5 millones de sacos de 60 kilos a 12,3, según la Federación Nacional de Cafeteros, el principal gremio del país, nacido en 1927. En ese periodo, las exportaciones crecieron un 5%, de 10,4 millones de sacos a 10,9. Es decir, casi toda la producción se exporta y el resto, el café de peor calidad —el grano pasa un examen que detecta 14 defectos diferentes—, se destina al consumo nacional. Los principales destinos son Estados Unidos (4,5 millones de sacos en 2014), Japón, Alemania, Bélgica y Canadá. A España viajaron 266.000 sacos el año pasado.

Patiño y otros productores de café tienen la esperanza de que el diálogo entre el Gobierno y las FARC desemboque en una paz que impulse el turismo. “La gente ve ahora a Colombia de manera distinta. El año pasado Colombia recibió 4,2 millones de turistas y el objetivo de este año son los cinco. Hay un interés también económico en el proceso”, cuenta “don Gustavo”, como le llaman sus empleados. Los recolectores reciben 450 pesos por kilo y día, más la alimentación. Una jornada supone para cada uno entre 10.000 y 15.000 pesos (entre 3,5 y 5 dólares). Patiño explica que el 70% del coste se va en mano de obra y que este gasto ha aumentado porque se ha elevado la exigencia de calidad. Y lamenta que un productor como él solo reciba “el 2% de lo que se paga en un bar o un restaurante por una taza de café”.

“En un momento en que el sector del café está con incertidumbre, aparece otro negocio vinculado a él que es un respiro. El turismo nos permite diversificar la ganancia”, añade Juan Pablo Echeverri (de origen vasco), gerente de Hacienda Venecia, en el departamento de Caldas. En las 200 hectáreas de la finca, entre 100 y 500 trabajadores, según la época, cuidan 1,3 millones de plantas de café. El año pasado recibieron a 7.000 turistas. “Ahora vienen más extranjeros que se van con una buena sensación de Colombia”, explica Echeverri; “en los noventa los colombianos teníamos miedo de viajar por Colombia incluso, y eso ha cambiado. Esta es una nueva Colombia”. Con el café de siempre.

 

jueves, 21 de marzo de 2013

Tras las huellas del pasado: Los caminos reales de Santander


Vanguardia Liberal
4 de marzo de 2013
Xiomara Montañez Monsalve

Siglos atrás, estas sendas permitieron el paso de los indígenas, de las tropas colonizadoras y de extranjeros que transformaron el comercio en la región. Hoy, a pesar de que muchos se encuentran en completo abandono y no son custodiados, un grupo de personas trabaja en rescatarlos. ‘Vanguardia Liberal’ recorrió uno de los tramos restaurados, entre Zapatoca y Guane, y esto fue lo que encontró.  

NELSON DÍAZ/VANGUARDIA LIBERAL
Tras las huellas del pasado: Los caminos reales de Santander
(Foto: NELSON DÍAZ/VANGUARDIA LIBERAL)
Transitar los caminos empedrados que utilizaron los indígenas de la región siglos atrás para comunicar a sus pueblos y seguir las huellas de los conquistadores, quienes a paso de mula, escoltados por mestizos, abrieron trochas para trasladar a sus gobernantes y las riquezas, no es imposible hoy.

Recordar la entrada y salida de productos como el tabaco, el algodón, la quina, los sombreros y el oro, gracias al intercambio comercial propiciado por ‘el ingeniero de caminos’, el alemán Geo Von Lenguerke, no solo se pude hacer mediante los libros.

En el presente, como ocurrió siglos atrás, es posible conocer los tradicionales caminos reales de Santander, gracias a que un grupo de campesinos de corregimientos y veredas de Zapatoca y Guane se le han medido a la tarea de sacarlos a luz, con herramientas comunes como una pala, la carretilla y la porra.

La mayoría son labriegos de veredas y corregimientos como La Fuente, de Zapatoca, que liderados por un amante de la historia y del patrimonio de Santander, el barichara Fabio Adolfo Calderón, ha recuperado, piedra a piedra, estos senderos.

Gracias al trabajo adelantado durante un año, se pude llegar por los caminos reales al puente Ruedas, ubicado sobre el río Suárez e incluso divisar desde la parte alta del terreno a Guane y Barichara, sin ningún tipo de obstáculo. Solo están allí los imponentes paisajes que se roban las miradas de los caminantes. 

Cerca de 10 kilómetros están listos para que se proyecte un corredor turístico. Sin embargo, las alcaldías y la Gobernación de Santander aún no asignan recursos para que esto se haga realidad.

Despertar de la historia
Como un loco. Así calificaron a Fabio Adolfo Calderón algunos políticos y gestores culturales de Barichara, cuando él los buscó y les habló del proyecto para rescatar los caminos reales de Santander, en esta zona del departamento.  

Mientras transita parte del sendero, saliendo del corregimiento La Fuente, bajo la intensa lluvia y la neblina que ese domingo cubre a Zapatoca, Fabio asegura: “Alguien tenía que darme la mano, porque el proyecto no era algo traído de los cabellos”.

Finalmente, con el apoyo del Fondo de Promoción Turística y de algunos mandatarios locales de pueblos aledaños a los caminos, así como inversión privada, este hijo del constructor Adolfo Calderón, de quien tiene memoria el pueblo Guane, pues según dicen, “no hay una casa donde él no haya metido la mano”, arrancó con la restauración de este tramo en 2011.

Con cuadrillas de hasta 20 hombres, el barichara comenzó a levantar piedras, a encontrarse con cercas que les impedían el paso, a ver toda clase de reptiles al acecho y a convivir con el calor que caracteriza el cañón del río Suárez. Pero contaba, según él, con la mejor bebida hidratante y estimulante de la que se tiene memoria en cualquier campo de Santander, el guarapo. 

“Todo lo hicimos a punta de fuerza. No se usó dinamita, solo fuerza de porra. El resultado de esto es que las personas que estuvieron en este proyecto siguen siendo parte del él. Al levantar cada piedra también removieron la historia de sus antepasados”, comenta Fabio.

La fila de piedras de diversos tamaños, enterradas como fósiles; pequeños puentes sobre quebradas, rehabilitados con troncos de árboles; cultivos de tabaco, árboles frutales y florales, así como el ruido que producen las chicharras es lo que se ve y se siente al recorrer estos tramos.

“El camino nos lleva hasta el puente Ruedas o de Lenguerke, que se cayó hace más de cuatro décadas. De allí es fácil conectarse con Guane y Barichara. De hecho, también tenemos una deuda con este puente, pues nadie se ha preocupado por levantarlo de nuevo”, añade Fabio.

Otros relatos
Con ‘potecas’ de ahuyama, sopa de ruyas y carne oreada fueron alimentados los labriegos que repararon el camino. El ranchero del campamento fue el también quinesiólogo y rezandero de la zona, Cristóbal Rivera. Estos recuerdos, como el día en el que Leo Von Lenguerke dijo a sus ayudantes que no destruyeran los senderos dejados para los españoles, pues les servían para arrancar con la comercialización de la quina, su producto más conocido, quedaron grabados en la historia de esta región.

Los viajes con carretillas cargadas con piedras; la excusa de ‘Villo’, un campesino que solo trabajaba bebiendo guarapo, y el cansancio de Pirulo, quien tenía que cargar las piedras más pesadas a pesar de ser bajo de estatura, se fusionan con otras anécdotas vividas por los habitantes siglos atrás.

Por ejemplo, el día en el que Tomás Cipriano de Mosquera, para el año 1848, impuso a las poblaciones campesinas aledañas a los caminos reales el uso de carretas con reducción de peso en la carga durante el invierno y aumento durante el verano, así como un ancho determinado para las llantas.

Esto seguirá existiendo gracias a la labor de estos hombres, quienes le regresaron al presente más de 700 años de historia y que buscan apoyo para que su proyecto no muera. 

“Pudimos organizarnos por grupos. Mientras unos ‘porriaban’ las piedras, otros las buscaban, las acomodaban. Trabajábamos desde las 7:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde. Creo que como los señores que hicieron esto siglos atrás, nosotros también marcamos la historia”, remata Óscar Miguel Sanabria Rueda, un zapatoca de 31 años, que hizo parte del proyecto.

Dato
El camino de piedra que conduce desde el municipio de Los Santos hasta Jordán Sube es otro de los senderos frecuentados por caminantes y turistas extranjeros, debido a su buen estado y a la belleza del paisaje.

Dato
El alemán Leo Von Lenguerke llegó a tierras santandereanas en 1852. Fue comerciante, ingeniero de vías, constructor e importador y exportador de productos como la quina, desde Girón hasta el río Magdalena.

1.300 kilómetros de caminos reales o vías antiguas tiene Santander.

Sobre la preservación de los caminos
En 2006, por medio de la ordenanza 021 del 7 de septiembre, la Asamblea de Santander prohibió la construcción de carreteras o vías férreas sobre el trazado de los caminos reales. Asimismo, ordenó la señalización de los caminos, poner en marcha planes para su recuperación por parte de la Gobernación y las alcaldías de los municipios que cruzan estos senderos y buscar su declaratoria como Monumentos Nacionales, en coordinación con el Ministerio de Cultura.

No obstante, hasta el momento las iniciativas se adelantan de manera independiente y no se contempla un presupuesto departamental para su restauración.

Testigos de esta obra
Gilberto Camargo Amorocho, arquitecto y líder de los caminantes en Colombia, asegura que Santander es un departamento en el que no es fácil encontrar “dolientes” para adelantar obras relacionadas con el patrimonio. “La Unesco declaró itinerarios culturales caminos como el de los Incas en Perú y el de Santiago de Compostela en España. Nosotros podríamos tener algo similar, que incentive el turismo en la región, pero el Estado debe invertir en estas propuestas”, asegura Camargo.

Ismael Umaña Rojas, concejal de Zapatoca, añade que Santander y Colombia tienen una deuda con Leo Von Lenguerke y no se le ha reconocido su importancia. “Hoy, frente a la gran quijotada que sacó adelante Fabio Calderón, solo resta apoyar la fases de recuperación que hacen falta y adquirir un compromiso en su mantenimiento y promoción”, concluye Umaña.


jueves, 6 de diciembre de 2012

Fiestas de San Pacho, declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad



Por: El Tiempo


La celebración que se realiza en Chocó fue aceptada por la Unesco en esta importante lista.

Las fiestas de San Francisco de Asís o San Pacho, que se realizan en Quibdó (Chocó) desde hace 363 años, fueron aceptadas este miércoles en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad que elabora la Unesco.

El comité intergubernamental de la entidad mundial se reúne del 3 al 7 de diciembre en París y ha aceptado varias propuestas de América Latina. (Vea las imágenes del patrimonio inmaterial de Colombia)

La fiestas de San Pacho ya son Patrimonio Inmaterial de la Nación y una de las celebraciones más largas del país: comienza con desfiles y comparsas, los primeros días de septiembre y termina el 4 de octubre: un mes completo de fiesta y rezos a san Pachito, como le dicen cariñosamente al santo. (Crónica: En Quibdó, la religión y lo afro se unen en la fiesta de San Pacho).

También son consideradas como la expresión más evidente de la diáspora africana que se quedó en Chocó y las únicas con una una carga tan religiosa como pagana.


El Comité de la Unesco, que examina 36 candidaturas de inscripción en la lista representativa del Patrimonio Inmaterial y ocho para la lista del Patrimonio Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia, puede tomar sus decisiones sin seguir las recomendaciones de los expertos.

Los expertos de esa agencia de la ONU consideraron que la candidatura colombiana "describe bien la manera en la que la transmisión de esa tradición se lleva a cabo, así como las funciones sociales y culturales que cumple" y destacaron la "amplia participación de la comunidad de Quibdó en la elaboración de la candidatura".

Por su parte, la delegación colombiana en París agradeció la inclusión de la festividad franciscana y dijo que con ello se puede "ofrecer al mundo una muestra más de la riqueza cultural colombiana". Además, se reiteró el compromiso del Gobierno para salvaguardar ese patrimonio que desde 2005 Colombia reconoce como tal en su inventario.

El Festival de San Francisco de Asís contaba con el voto previo favorable del grupo de expertos independientes que analizaban las candidaturas antes de someterlas a la aprobación de la VII reunión del Comité Intergubernamental para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial.

Con la noticia conocida este miércoles, se nutre la lista en la que Colombia ya había clasificado el saber tradicional de los chamanes jaguares del Yuruparí, la música de marimba y los cantos tradicionales del Pacífico sur, el sistema normativo de los wayuu, el carnaval de negros y blancos, las procesiones de Semana Santa de Popayán, el carnaval de Barranquilla y el espacio cultural de Palenque de San Basilio.

Además de las fiestas de San Pacho, otras candidaturas que son examinadas a partir del lunes figuran 'O Frevo', arte del carnaval de Recife (Brasil), el tejido tradicional del sombrero de paja toquilla (Ecuador) y los diablos danzantes del Corpus Christi de Venezuela, así como la Fiesta de los Patios de Córdoba (España).

Los expertos devolvieron las propuestas de Cuba y Bolivia.

miércoles, 29 de junio de 2011

nuevos lugares Patrimonio de la Humanidad

El Paisaje cultural del café de Colombia


Es un ejemplo excepcional de paisaje cultural sustentable y productivo único que representa una tradición que representa un símbolo poderoso tanto a nivel nacional como para otras zonas cafetaleras del mundo. Incluye seis paisajes cafetaleros y 18 centros urbanos de las cadenas occidental y central de la Cordillera de los Andes, al oeste de Colombia. Estos paisajes son reflejo de una tradición centenaria consistente en cultivar en pequeñas parcelas de bosque alto y del modo en que los cafetaleros adaptaron el cultivo a las condiciones difíciles de la alta montaña.