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viernes, 2 de octubre de 2015

El lado oscuro del café


Blog: El Mal Economista
Alejandro Huertas
El Espectador

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Sí, existe un lado oscuro del café. Y no me refiero a lo que se experimenta en la mañana, después del primer americano, espresso o tinto, cuando se hace necesaria una oscura visita al baño. Tampoco hace referencia al oscuro hueco que queda en las finanzas estatales luego de que el sector cafetero pide un subsidio a la producción— a propósito de subsidios, seguro que con los precios del dólar, por ahora no hay intenciones de este sector de pedir uno, pero ya veremos qué pasa—. Esta vez prefiero hablar de un lado oscuro que pocos conocemos, y que está relacionado con la cultura cafetera, esa de la que nos orgullecemos cuando estamos con extranjeros o fuera del país, esa que nos lleva a llenarnos la boca diciendo “El mejor café del mundo está en Colombia”.

 
café de Colombia

Para empezar, vale la pena recordar que la UNESCO declaró como patrimonio cultural de la humanidad al Paisaje Cafetero Colombiano. En otras palabras, se declara como patrimonio de la humanidad la forma de producción, recolección y beneficio del café, que se integran de una forma única a las estructuras sociales y a la geografía de la región conformada por veredas y municipios de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle. Esto implica que, con el fin de conservar este patrimonio, las prácticas llevadas a cabo en esta región deben cuidarse y reforzarse. Incluyendo la forma de cultivo del café.

 Cultivo de cafe

Aquí pregunto yo si alguna vez usted o su familia han ido al parque del café, al eje cafetero en general o a las fincas cafeteras del norte del Valle. Si ha ido, debe haberse dado cuenta que en el cultivo solo hay café y casi ninguna otra planta. Probablemente no lo haya notado, pero la planta de café no tiene suficiente fuerza en sus raíces para sostener la tierra en la que está plantada, en comparación a otros árboles endémicos de la zona (recordando biología de bachillerato y la importancia de que las raíces sostengan la tierra, especialmente en ladera). Básicamente el cultivo de café es muy bonito, pero pone en riesgo el terreno en el que está cultivado.

Ahora bien, uno podría pensar que el peligro de derrumbe no es tan grave, al fin y al cabo solo se perderían unas cuantas plantas de café y difícilmente una vida. Sin embargo el problema va más allá, y para entenderlo hay que entender un poco de historia de Colombia. Uno puede hacer una revisión exhaustiva de las principales exportaciones Colombia desde la época poscolonial y darse cuenta de que nuestro país, exportador de materias primas desde siempre, solo ha tenido suerte aprovechando las condiciones externas del mercado. Sí, nunca ha tenido de verdad una ventaja en producción frente a otros exportadores de materias primas, sino que ha sabido capitalizar las coyunturas externas. Que la OPEP fijó cuotas de producción de petróleo y se subió el precio a 100 dólares por barril, produzcamos petróleo; que Brasil en el 70 tuvo problemas con sus producción de café y el precio se subió, produzcamos más café, y así podríamos seguir haciendo una revisión retrospectiva.

Sin embargo, esta última coyuntura resulta bastante interesante, puesto que es la que ayudará a establecer la forma de producir café en Colombia. Esto es así dado que, como respuesta a los problemas en la producción de café brasilero, el resto de países latinoamericanos, incluyendo Colombia, tecnifican su producción y buscan cepas o variedades de café que resistan mejor las enfermedades. Como consecuencia, y con ayuda de los gobiernos y USAID, los cafeteros pasan a sembrar variedades más resistentes, que requieren luz directa del sol, en contraste a las anteriores variedades que crecían a la sombra de árboles más grandes. De esta forma el paisaje se vio drásticamente transformado.

cafe a la sombra

De nuevo, uno podría decir que no es grave la deforestación ni el consecuente riesgo de derrumbes, pero hay que considerar que el sistema de cultivo de café a la sombra era capaz de albergar mayor biodiversidad, especialmente de insectos y aves (recordando que somos es país con mayor diversidad de aves). Así mismo, el nuevo sistema de producción con plena luz de sol produce unas dos cosechas al año, lo que nos volvió más productivos, pero también requiere una cantidad considerablemente más alta de agua (hay quienes tratan de disminuir su impacto ambiental reduciendo la cantidad de agua que un producto que consumen requiere) y de fertilizantes e insumos. Esto último afecta directamente la calidad de la tierra, pues la desgasta (peligro de derrumbe) y afecta aún más la biodiversidad.

En este punto habrá quienes digan que efectivamente ese tal lado oscuro del café existe, mientras que otros dirán que hay muchos pájaros en Colombia y que la deforestación y los derrumbes no nos van a hacer daño. Incluso podría estar de acuerdo con eso, pero lo que es innegables es que todo este impacto ambiental lo sufrimos nosotros y los demás países productores de café para atender la demanda de café Premium en el extranjero. O quién no ha escuchado “Colombia tiene el mejor café del mundo, pero todo se lo llevan para afuera” o “aquí solo dejan la pasilla y uno se acostumbra”. Entonces, con el fin de suplir la demanda de café a US $1,18 la libra, estamos enfrentando unas externalidades negativas para el territorio que los productores no terminan de entender o no les preocupan, y los consumidores, que por lo general están en el extranjero, no se dan por enterados y mucho menos están interesados en internalizarlas.

Ahora sí creo que podemos llegar a un consenso, decir que sí, que no hay problemas con la deforestación, los posibles derrumbes, el monocultivo de café, la pérdida de biodiversidad, los daños ambientales de los fertilizantes. Uno podría decir que uno asume todo eso cuando va a ofrecer un café de alta calidad, sin embargo, lo verdaderamente problemático es que nadie asume estos daños ni se preocupa por repararlos. Por su parte, los productores a duras penas sacan ganancias para sobrevivir a pesar de que sacrifican riqueza natural de todo el país para producir, mientras que los consumidores extranjeros no se preocupan por los daños que su café matutino pueda haber hecho hasta llegar a su mano. En este punto creo que coincidimos que el café tiene su lado oscuro, muy oscuro, a lo french roast.

french roast

Por último una reflexión que deja abierto el debate para tratar de aclarar este lado oscuro. La economía dice que las externalidades deben ser asumidas por quienes las producen, que en este caso serían los productores. Al internalizar esta, se subirían los costos y por ende en precio, pero un precio más alto sería poco conveniente en el contexto mundial, donde países como Brasil o Vietnam nos superan en volumen de producción y ponen un precio más bajo ¿Qué deberíamos hacer entonces? ¿Exigir al gobierno que subsidie la producción para que los productores puedan asumir estos nuevos costos? ¿Crear la Organización de Países Productores de Café y fijar una cuota de producción entre los grandes productores para subir el precio? ¿Recomendaría algo distinto?

Referencias
http://www.iflscience.com/plants-and-animals/dark-side-coffee-unequal-social-and-environmental-exchange

miércoles, 31 de diciembre de 2014

La burbuja del café


Cartas al director

El País
Javier Guzmán
21 de abril de 2014

La OIC (Organización Internacional del Café) acaba de informar de que el precio medio mensual de su compuesto de café de referencia ha sufrido un aumento del 20% respecto a febrero.

Esta burbuja de precios esta vez encuentra su explicación en la posible falta de suministro provocado por la actual sequía del primer productor del mundo, Brasil. Pero las situaciones de alta volatilidad de precios durante los últimos años son cada vez más recurrentes y en absoluto son coyunturales.

El café es un ejemplo nítido de cómo funciona el actual sistema agroalimentario en el mundo, así observamos que el 80% del cultivo del café mundial es producido por 25 millones de pequeños agricultores que reciben un precio miserable; están condenados a sobrevivir con menos de dos dólares al día. Los pequeños productores de los países del sur están dedicando sus mejores tierras a un producto para exportación que reproduce una pobreza eterna, en lugar de dedicarlo a cultivos destinados a la alimentación y al estímulo de los mercados y economías locales.

Entonces si el campesinado no aumenta su renta ni siquiera en momentos de alza del precio, ¿quién se lleva la ganancia de este producto superventas? Pues ya pueden imaginar, empresas transnacionales que controlan el mercado. Además en los últimos años estas empresas han ido más allá y ahora quieren controlar también el último eslabón, la producción: para ello desarrollan estrategias de acaparamiento de tierras en países del sur.

Los Estados europeos no pueden seguir ignorando su responsabilidad en este asunto, urge abordar una regulación y control de la actuación de las empresas fuera de las fronteras europeas, así como abordar una regulación estricta que acabe con el fenómeno de la especulación alimentaria que condena al hambre y la miseria a millones de personas en el mundo.

 Javier Guzmán. Director de VSF Justicia Alimentaria Global



martes, 15 de enero de 2013

Vida


J. William Pearl
El Espectador
14 de enero de 2013

Se debería nacer con dinero y morir pobre, pues cuando se es viejo este de poco sirve, ya las ganas de hacer las cosas no están, el ánimo tampoco y es muy poco lo que se puede hacer.

Un año más de vida y uno menos que vivir. Así es la vida, el tiempo pasa y es imperceptible, es como si cada vez fuera más aprisa, pero dura lo mismo, lo que sucede es que lo sentimos mucho más rápido.

Cuando se es niño, la percepción del tiempo es diferente, éste transcurre más lentamente; un año parece una eternidad y las preocupaciones no existen. El tiempo se pasa muchas veces con los amigos, la máxima responsabilidad para muchos es educarse, es decir las cuentas no llegan, la comida está ahí servida, el juego es parte de la vida y se siente como si el tiempo nunca se fuera a acabar. La vida del colegio, la universidad y los treintas son etapas en las cuales el sentimiento que se vive, equivale a sentirse dueño del mundo.

El tiempo pasa, y cada vez somos más viejos, con algo más de experiencia, más sabiduría y menos gastos. Se pagan las cuentas médicas, se compran los remedios, y se cubren los gastos básicos. Pero para disfrutar de los amigos, con una simple caminata, un café, una llamada telefónica, no necesitamos tanto dinero. Como es de rara la vida, las personas buscamos acumular y ganar más dinero cuando en realidad, no necesitamos tanto para disfrutar de las cosas que verdaderamente valen la pena. La cultura en que nacimos se basa en eso, en acumular cada vez más. Así crecimos y gústenos o no, algunos ahorramos para comprar la casa, pagar el carro, y cubrir los gastos de los servicios y demás, y tratar de ahorrar el remanente (si lo hay). 

Cuando ya hemos acumulado lo suficiente, viene el retiro y muchas veces ya es muy tarde, pues no tenemos la salud ni la energía para disfrutar como quisiéramos. Es cuando caemos en cuenta, de que de nada sirve tanta acumulación.

Se debería nacer con dinero y morir pobre, pues cuando se es viejo este de poco sirve, ya las ganas de hacer las cosas no están, el ánimo tampoco y es muy poco lo que se puede hacer. Cuando se está cerca de la hora final, poco importa si se tiene mucho en el banco. Queda solamente la familia y unos cuantos amigos con quienes nos vemos. Al ser la vida finita, cada vez las personas se van quedando más solas. Así es la vida, son muy pocos quienes mueren trabajando. En lo personal, cuando escuchaba decir a alguien que se quería morir joven, pensaba que estaba loco quien manifestaba ese deseo. Con el paso del tiempo, debo decir que los entiendo cada vez más. La muerte puede durar muy poco si llega de repente, pero otra cosa es padecer una penosa y larga enfermedad.

El año se acabó, así como la vida se acabará algún día; mientras eso sucede, no queda más remedio que vivir de la mejor manera la vida. La cual, a unos sonríe y a otros no tanto. Como bien dice el dicho, lo único seguro en la vida son la muerte y los impuestos.
 

lunes, 22 de octubre de 2012

Cómo ve José Dolores el problema cafetero


El novelista como periodista de El Espectador

Por Gabriel García Márquez
El Espectador
21 de octubre de 2012

Gabriel García Márquez también escribía reportajes de economía. Aquí, su mirada al café desde el campo, la Federación de Cafeteros y el mercado en Nueva York. Segunda de siete entregas.

El artículo de Gabo se basa en un encuentro en el restaurante bogotano Gran Vatel. / Fotos Archivo - El Espectador

A una hora de Bogotá, bajo el tibio clima de Santandercito, vive Arístides Gutiérrez, un agricultor que en parte sostiene a su madre y a sus dos hermanas, y las necesidades de su rancho, con lo que le produce la siembra y la recolección de café. En la mañana de ayer, mientras en Bogotá cundía el pánico, Arístides Gutiérrez no había oído hablar de la baja sufrida por el café en Nueva York, y se dedicaba precisamente a inspeccionar el sombrío de sus treinta cafetos que rendirán su cosecha de abril.

A esa misma hora, el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, don Manuel Mejía, y el ministro de Hacienda, doctor Carlos Villaveces, conversaban sobre la situación del café en el restaurante Gran Vatel, donde ocuparon puestos inmediatos, por una delicada previsión diplomática de la embajada de Bélgica, que ofreció el almuerzo. El gerente del café, y el ministro que al menos por estos días puede llamarse el “ministro del café”, debieron de analizar todos los aspectos del grave problema que tan duramente afectaba a todos los sectores de la economía nacional, incluso —y de manera muy especial— a ese humilde y desconocido Arístides Gutiérrez, que en la cosecha pasada vendió tres arrobas de café en Santandercito, libra por libra, a cuarenta y ocho centavos la libra.

En la mañana de ayer, el presidente de la Federación de Cafeteros declaró al redactor financiero de El Espectador: “Tengo la impresión, absolutamente personal, de que la crisis cafetera está buscando piso y que el panorama general puede despejarse de un momento a otro”. El redactor de El Espectador que ayer tarde viajó a Santandercito, a entrevistarse con el pequeño cafetero en su propia parcela, le hizo leer la transcrita declaración a Arístides Gutiérrez, y Arístides Gutiérrez confesó no entender una sola de las veinticinco palabras de la declaración de don Manuel Mejía, pero entendió perfectamente que si el café había bajado en Nueva York, no podría pagar este año todas las cuotas de la parcela que compró a principios del año pasado, a tres kilómetros de Santandercito.

Por diferentes motivos, la preocupación de Arístides Gutiérrez y la de don Manuel Mejía, eran exactamente la misma y con los mismos orígenes. Arístides Gutiérrez, que nunca fue a la escuela y aprendió a leer porque le enseñó su padre, muerto hace siete años, manifestó:

—Lo que hay que hacer es guardar el café hasta que se componga el precio.

—¿Y el café no se daña si se guarda? —le preguntó el redactor.

—Si no se moja, no se daña nunca —respondió Arístides Gutiérrez.

Don Manuel Mejía consulta sus precisos y complicados horóscopos financieros. “El mercado de ayer en Nueva York sufrió una seria embestida de los sectores especulativos y bajistas, pero resistió a ella sin sufrir mayor depresión”, declaró en la mañana de ayer. Arístides Gutiérrez consulta a su ruda experiencia. Sin preocuparse gravemente por los cambios de cotización, manifiesta: “Mientras tenga guardado el café, esperando que se componga el precio, venderé los plátanos y las alverjas que tengo allá abajo, en la cañada”.

E inmediatamente explicó su régimen económico: Arístides Gutiérrez no siembra solamente café, “porque no alcanza”. Su parcela está dividida en dos: hacia el lado de la carretera, bajo una espesa fronda de plátanos, tiene treinta cafetos que no le merecen mucho crédito. El año pasado los treinta cafetos se desgajaron, cuajados de racimos rojos. En el presente año no ofrecen buenas perspectivas a causa del excesivo invierno. Como nunca sabe cómo vendrá la cosecha, Arístides Gutiérrez siembra plátanos y alverjas del otro lado de su parcela, en la cañada.

—Según eso, ¿usted no confía en el monocultivo? —se le preguntó.


Arístides Gutiérrez no entendió. Pero cuando se le explicó el significado de la pregunta, manifestó:

—Si me atengo al café me lleva el diablo.

Treinta cafetos no es la única relación de Arístides Gutiérrez con el café. Durante la cosecha se emplea como recolector pocos kilómetros más adelante, en la amplia y umbrosa plantación de don Víctor Burgos, un cultivador de café que allí mismo tiene sus instalaciones para desmontar y fermentar el grano, y que vende anualmente 1.200 bultos a la Federación Nacional de Cafeteros. Don Víctor Burgos, que llega hasta su plantación descendiendo por una laberíntica carretera de piedra sobre las cuatro ruedas de su camioneta azul celeste, está perfectamente enterado de la crisis del café, desde el instante mismo de su origen. Sabe que el año pasado el café se vendió a buen precio en Nueva York porque el Brasil perdió sus cosechas. “La situación es grave, pero no tanto como hace dos años”, explicó, y expuso con extraordinaria precisión sus puntos de vista sobre la crisis.

“A cualquier precio, hay que recolectar —dijo don Víctor Burgos—. No se puede perder ni un grano”. Pero sabe que si la situación no se modifica antes de sesenta días, cuando empiece la recolección encontrará dificultades para enrolar recolectores en la región. El año pasado, cuando el café se cotizaba en Nueva York a 95 centavos, don Víctor Burgos pagó a cada recolector $4,50 por “palito” recolectado. Un “palito” es una medida convencional, una caja de madera construida al margen de la ley de la oferta y la demanda, que se desborda de granos cárdenos durante los primeros días de la cosecha, y se colma con mucha dificultad en los últimos.

En la plantación de don Víctor Burgos, el año pasado, Arístides Gutiérrez recolectó hasta cinco “palitos” diarios en el primer mes de la cosecha. Durante tres meses hizo algunas reparaciones en su casa, perfeccionó el cercado de su parcela y atendió a otros compromisos, con los jornales de la recolección. Ayer, cuando supo que el café había bajado en Nueva York, sin tener la más rudimentaria noción de economía académica, Arístides Gutiérrez declaró que este año no podría enrolarse como recolector, porque seguramente pagarán “el palito” a mitad del precio del año pasado. Don Víctor Burgos confirmó posteriormente esa apreciación: si el café sigue a cincuenta y dos centavos, no pagará más de dos pesos a cada recolector.

Mientras en su parcela de Santandercito Arístides Gutiérrez sacaba cuentas con los dedos y llegaba a la conclusión de que en el presente año tendrá que defenderse con el plátano y las arvejas, un colombiano pensaba en Nueva York, sin haber oído hablar nunca de Arístides Gutiérrez, en novedosos sistemas publicitarios para que Arístides Gutiérrez no pierda la esperanza en su café. Ese colombiano —tan colombiano como Arístides Gutiérrez— es el robusto, calvo y dinámico don Andrés Uribe, una especie de ministro plenipotenciario sin credenciales, que ha escrito un libro —Brow11 Cold, Random House, NY— para que los Estados Unidos sigan tomando café. En ese libro, que es la apoteosis literaria, histórica y científica del café, se incluyen además cincuenta recetas para hacer pasteles, salsas y caramelos, con los granos que cultiva Arístides Gutiérrez en Santandercito, y Arístides Gutiérrez no lo sabe.

A través de la radio y la televisión, don Andrés Uribe está convenciendo a los Estados Unidos de la necesidad de seguir tomando café, en tazas o en cualquier forma, pero consumiéndolo, de todos modos, que es lo importante.

Don Andrés Uribe es el agente en Nueva York de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, y no sólo los membretes de sus cartas sino hasta la cinta de su máquina de escribir, son de color café. Es un apasionado, un desesperado del monocultivo, que no ha perdido las esperanzas de que las amas de casa norteamericanas les sirvan a sus esposos y a sus niños sopa de café, torta de café, postre de café y una taza de café al terminar. Aunque sea café de a cincuenta y dos centavos para que no se derrumbe la economía colombiana.

Don Manuel Mejía, don Andrés Uribe y unos cuantos millares de colombianos más saben exactamente qué está pasando y qué puede pasar como consecuencia de la baja del café. Arístides Gutiérrez y nueve millones de colombianos no saben qué está pasando en realidad, pero saben confusamente que algo ocurre. Algo que tiene que ver de alguna manera con el costo de la vida.

En Bogotá no se habló ayer de otra cosa diferente a la situación cafetera. No existe otra forma de decirlo: había pánico. En las colas de los buses, en los cafés, en las oficinas públicas, se veían muchas caras tristes, muchas caras sombrías, muchas caras alarmadas. Sin embargo, un redactor de El Espectador se dedicó, durante toda la tarde y parte de la noche de ayer, a pedir una explicación del problema a todo el que sorprendió hablando con mucha propiedad sobre el colapso del café. No sólo ninguna de las personas consultadas al azar pudo dar una respuesta segura, sino que muy pocas lograron explicar la razón de sus preocupaciones ni el mecanismo del mercado cafetero.

Tal vez sospechando la existencia de este estado de cosas, el ministro de Hacienda hizo anoche una exposición documentada, sencilla y completa, de la situación real. La explicación fue transmitida por radio y en algunos sectores cedió la tensión, menos en la casa de Arístides Gutiérrez, sencillamente porque Arístides Gutiérrez no tiene luz eléctrica ni receptor de batería en su parcela. Pero tal vez haya escuchado la didáctica exposición ministerial José Antonio Alvarado, el lustrabotas que ayer a las cuatro de la tarde, en un café central, manifestó explosivamente su complacencia por la baja del café. “Como todo está subiendo, siquiera que baje el café”, dijo José Antonio Alvarado. Y concluyó: “Así volverán a vender tinto a cinco centavos”.

jueves, 9 de agosto de 2012

Gobierno insiste en revisar la contribución parafiscal de cafeteros



El ingreso de las 563 mil familias cafeteras se deterioró, en el primer semestre de 2012, en 900 mil millones de pesos.

El Gobierno garantizó la continuidad del apoyo que viene dando el Gobierno a los cafeteros del país pero insistió en la necesidad de revisar la contribución parafiscal de manera que permita fortalecer el principal instrumento financiero del sector como es el Fondo Nacional del Café.

El anuncio fue hecho por el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo Salazar, al explicar que el café es el gran motor de la actividad económica en las zonas rurales del país en donde genera uno de cada tres empleos agrarios.

“El Gobierno se la ha jugado y se la sigue jugando a fondo, para apoyar la caficultura porque reconoce la importancia social que tiene y seguirá teniendo y porque el café continúa cosido al alma colombiana”, afirmó Restrepo Salazar en un debate de control político en la plenaria de la Cámara Representantes.

El jefe de la cartera agropecuaria destacó los recursos que ha comprometido el Gobierno en apoyo al sector cafetero: tres de cada cuatro pesos que invierte la organización cafetera, los pone el Gobierno. En 2011, entre transferencias y subsidios se entregaron 302.716 millones de pesos mientras que la contribución cafetera aportó 104.951 millones de pesos.

Dijo el ministro que otros sectores agropecuarios están tocando las puertas de las ayudas y reiteró que el Gobierno no tiene la capacidad indefinida de inyectar recursos cuantiosos a una actividad que quiere y aprecia mucho.

“Las necesidades fiscales para apoyar sectores amenazados por los Tratados de Libre Comercio son descomunales y no le vamos a dar la espalda a actividades que socialmente también son importantes en Colombia. No los dejaremos a la intemperie”, agregó.

En ese orden de ideas el ministro Restrepo Salazar llamó la atención sobre la necesidad de revisar la contribución cafetera, actualmente en seis centavos de libra exportada.

Sobre su ajuste, dijo que la última palabra la tiene el gremio mismo y que en ese orden de ideas el Gobierno no propondrá cambios si los voceros autorizados de los cultivadores no están de acuerdo.

El ministro de Agricultura dijo que el Gobierno no tendría reparo técnico alguno en que si se llega a ajustar la contribución cafetera, sobre la que insistió que no es un impuesto, la misma sea partir de un precio disparador mucho más alto del que ha prevalecido.

“La visión del Gobierno no es llegar ahora mismo, con un ingreso cafetero deprimido, a agravar la situación con una contribución que, a pesar de que vaya al mismo sector, afecta el ingreso individual”, señaló Restrepo Salazar, en un comunicado de prensa del ministerio de Agricultura.

En el marco del debate, el gerente de la Federación Nacional de cafeteros, Luis Genaro Muñoz, recordó que la revisión a la contribución cafetera recibió el visto bueno del gremio en el pasado Congreso Nacional Cafetero.

El ministro Restrepo Salazar se refirió a otros temas de la situación cafetera y de las perspectivas de la actividad y afirmó que “ya se ve la luz al final del túnel” para referirse a la recuperación que se viene dando en la producción del grano que este año bordearía, de acuerdo a estimaciones de las autoridades del sector, los nueve millones de sacos cuando en los últimos cuatro años ha estado por debajo de los ocho millones de sacos.

El ministro dijo que el camino correcto para lo que llamó “desencunetar” la caficultura colombiana en producción, es la renovación con variedades resistentes a la roya política que viene subsidiando el Gobierno con muy buenos resultados: el 2011 se renovaron 117 mil hectáreas y en el 2012 se aspira a llegar a 130 mil hectáreas.

El ministro formuló un nuevo llamado al Banco de la República para que intervenga más agresivamente en el mercado cambiario y se ponga freno a la persistente revaluación del peso.

Reveló el ministro que por cuenta de la baja producción, los bajos precios y la revaluación, el ingreso de las 563 mil familias cafeteras se deterioró, en el primer semestre de 2012, entre 800 a 900 mil millones de pesos. Además se debilitaron las finanzas del Fondo Nacional del Café y se afectó la participación de Colombia en los mercados internacionales.

“El Gobierno quiere dejar en este debate un mensaje ni de pesimismo extremo, porque ya se empieza a ver la luz al final del túnel, pero tampoco de optimismo desbordante, porque la recuperación será lenta. Todavía nos queda trecho largo para recuperar producción y productividad y para volver a instalar a la Colombia cafetera en un piso superior de los 12 a 13 millones de sacos”, agregó el titular de la cartera agropecuaria, en el informe de prensa.

martes, 17 de julio de 2012

Christian Felber, cofundador de Attac y padre de la economía del bien común


"Nadie debe cobrar más de 20 veces el salario mínimo" 

La Vanguardia 
10 de julio de 2012
Tengo 39 años, austriaco. Licenciado en Filología Románica, Ciencias Políticas, Psicología y Sociología. Doy clases en la Universidad de Economía de Viena. Soltero. La economía debe servir a la sociedad. Universo significa un solo verso, yo soy parte de esa canción


Debemos resolver la contradicción ética entre los valores de los mercados capitalistas (afán de lucro y competencia) y los principios constitucionales que recoge, entre otras, la Constitución de Baviera.  

"Toda actividad económica sirve al bien común". 
La economía del bien común es un sistema económico alternativo completo. Hoy se han adscrito al movimiento y aplican el modelo 717 empresas en 15 países, tres bancos europeos, 129 organizaciones y 50 políticos. 

 ¿Y en qué consiste su modelo? 
Está basado, como la economía de mercado, en empresas privadas. La diferencia estriba en que las empresas no compiten entre ellas, sino que cooperan para conseguir el mayor bien común a la sociedad en su conjunto.  

¿Y cómo se consigue eso? 
Cambiando las reglas del juego político. El éxito económico no se mide por indicadores monetarios como el beneficio financiero o el PIB, sino por el balance del bien común. Hoy una empresa puede ser exitosa agravando los problemas sociales y ecológicos.  

Destrozando el medio ambiente. 
Sí, y pisoteando los derechos humanos, empleando mano de obra infantil, desviando sus beneficios a paraísos fiscales o presionando mediante lobbies para promover leyes que vayan en su propio beneficio.  

Algo debe cambiar. 
El 80% de los alemanes y el 90% de los austriacos esperan un nuevo orden económico. Según las encuestas, si se pregunta a la gente cuáles son los indicadores de calidad de vida más relevantes, las respuestas son prácticamente idénticas en todo el mundo.  

 ¿Qué queremos? 
Se resume en 15 identificadores (sanidad, calidad del tiempo, confianza, cooperación, aprecio, democracia, solidaridad...) que hoy podemos medir para saber cuál es la aportación de las empresas a ese bien común deseado. Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad de la empresa, mejores serán los resultados del balance del bien común alcanzados.  

¿Y tendrán premio? 
Sí, disfrutarán de ventajas legales: aranceles ventajosos, créditos baratos, tasas de impuestos reducidas, privilegios en compra pública y en concursos públicos...  

Hoy los productos éticos y ecológicos son considerablemente más caros. 
Cierto, pero con esos incentivos se abaratarán, mientras que los no éticos subirán de precio. El consumidor podrá identificar mediante un código de barras el balance del bien común a través de internet y del móvil, y el producto tendrá un distintivo de color, un semáforo, que informará del aporte de este producto al bien común. 

 ¿Cree que algún parlamento aprobará sus propuestas? 
Las estudia la UE, pero paralelamente estamos creando convenciones económicas democráticas que están redactando las reglas del juego, y el pueblo soberano las podrá convertir en vinculantes y legales.  

¿Hay algún ejemplo? 
Muro d'Alcoi, en Alicante, se ha declarado oficialmente municipio del bien común. Y hay municipios en Austria, Italia y Alemania que lo están fomentando porque hay empresas, científicos y organizaciones que se han pronunciado a favor de esta iniciativa. Viena se esta planteando dar prioridad en la compra pública a empresas que hagan el balance del bien común.  

¿Qué otras medidas propone? 
Que los excedentes financieros no se utilicen para bonificar a personas que no trabajan en la empresa, prohibir la adquisición hostil de otras empresas, la inversión en mercados financieros y la aportación a partidos políticos. En contrapartida, el impuesto sobre el beneficio empresarial se elimina.  

¿Dónde revertirían esos excedentes? 
En inversiones con plusvalía social y ecológica, devolución de créditos, depósitos en reservas limitadas, bonificación a los empleados de forma restringida y créditos sin intereses a empresas cooperadoras.  

¿Qué más? 
Cuanto más tengas, más difícil será adquirir más. Ha de haber un límite por arriba y por abajo a la desigualdad en los ingresos, la propiedad privada y el tamaño de las empresas.  

¿Qué propone para las diferencias de ingresos y patrimonios? 
Limitarlas, ingresos máximos de por ejemplo 20 veces el salario mínimo y propiedades que no excedan los diez millones de euros. Y el derecho de cesión y herencia de 500.000 euros por persona.

¿Y el empleo? 
Las empresas serán más exitosas cuanto más contribuyan a reducir el paro, proponemos diversas medidas como un año sabático cada diez que reduciría un 10% el paro. Y un banco democrático con depósitos de ahorro garantizados, cuentas corrientes gratuitas, créditos de interés reducido y de riesgo con plusvalía social y ecológica. ¿Qué hacemos con los impuestos? En Austria el 90% de la población no tiene ni la tercera parte de toda la propiedad privada, no vamos a poner ningún impuesto sobre ellos.  

¿Que paguen los súper ricos? 
La propiedad privada es cinco veces la deuda pública en toda la zona euro; si le aplicamos el 1% de impuestos, en diez años se reduciría a la mitad y a las grandes fortunas sólo les implicaría el 10% de su fortuna. 

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Calidad de vida 

Calidad de vida Felber sentó las bases de La economía del bien común (Ed. Deusto) y se fueron sumando economistas y empresarios para profundizar en este nuevo modelo que pretende poner la economía al servicio del ciudadano y no del beneficio, con propuestas claras. Corregir, por ejemplo, las abismales desigualdades salariales: "En Alemania los altos ejecutivos ganan 5.000 veces más que el salario mínimo legal. Creo que es inconstitucional y debemos conseguir que lo prohíban por ley". El egoísmo y la irresponsabilidad de la economía deben dar paso a la cooperación. Felber invita a personas, empresas y comunidades a sumarse a esta reconstrucción de la economía (http://www.economia-del-bien-comun.org/).