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domingo, 14 de julio de 2013

La ciudad de los poemas al viento


El País
José Andrés Ardila
14 de julio de 2013


· Más de 60 poetas de 45 países han tomado Medellín durante una semana para recitar poemas y cantar por la paz

· Millares de personas asisten a los 150 escenarios 

Poesías de paz para Colombia

El poeta noruego Jan Erik Vold, en el teatro al aire libre Carlos Vieco, de Medellín. / natalia rendón

La mujer tras el micrófono se llama Nguyen Phan Que Mai. Es de Vietnam. He debido leer la programación para poder transcribir su nombre. Creo que soy incapaz de pronunciarlo correctamente. Ella acaba de leer uno de sus poemas en un inglés perfecto y ahora recita otro en vietnamita. No lee, canta. Canta con un algo muy sentido. Como desde dentro, ¿entienden? Tiene un vestido tradicional de su país en color naranja. Y cierra los ojos. Y creo que se ve hermosa.

En el otro extremo del escenario, una colombiana lee la traducción del poema. Nguyen canta un fragmento y la colombiana lee la traducción. Así trabajan. A veces, la colombiana canta también. Intenta replicar el efecto a su manera.

El poema de Nguyen tiene que ver con los vendedores de la calle. Antes, tuvo tiempo de recorrer el centro de Medellín y ahora que está en el escenario quiere dedicar el poema a los vendedores callejeros de Colombia y Vietnam.

Todo el teatro está en silencio. Pero es un silencio bonito. Como de maravilla por el efecto que producen esas dos voces alternándose, ¿ya? Como de esa tristeza que provocan las cosas demasiado bellas.

Ana está a mi lado. Diré su nombre completo para que la conozcan un poco más: Ana Carmona está a mi lado. Es una amiga.

Llegamos al teatro al aire libre Carlos Vieco dos horas antes de que el evento comenzara. Entonces nos fuimos a caminar por el cerro Nutibara y luego el sol nos agotó y luego volvimos al teatro y nos sentamos bajo la sombra de un árbol. Vimos cómo el teatro se fue poblando poco a poco. A las cuatro de la tarde, estaba al máximo de su capacidad: 3.800 espectadores. Y ahora, ya caída la noche, Ana y yo oímos los poemas de Nguyen.

—Qué bonito —dice Ana—. ¿No?

Conozco poco a Medellín. Llegué a estudiar hace unos cuantos años y aún no me animo a conocer la ciudad del todo. Sabía del Festival Internacional de Poesía, pero, para mí, era algo que pasaba en otro lado, en lugares con los que tenía poca relación. Sin embargo, en 2006, por puro accidente, terminé asistiendo a uno de sus recitales. El festival tiene eventos en tantos lugares de la ciudad y el departamento —este año son 150, con poetas de 45 países— que dar con uno por accidente no es una cosa extraña. Recuerdo que el poeta leyó algo sobre la invasión estadounidense a Irak y que el público le aplaudió de pie. Aquello me impresionó mucho, porque tenía una falsa idea de que una lectura de poemas debía ser algo tremendamente aburrido y, debido a la euforia del público, el hombre en el escenario parecía más bien una estrella de rock.

En cambio, Ana asiste al festival desde que estaba en el colegio. En la versión de 2001 o 2002 o 2003 —no recuerda el año exacto—, oyó el poema más bonito que haya oído nunca —dice—. En el poema, alguien le habla a otro alguien que se ha salvado del alcohol. Y lo lamenta. Dice que, como ya no es un borracho, le es imposible amarlo. Algo así. A Ana el poema la tocó profundo porque le recordó a su padre. Le recordó que tenía un alcohólico como padre al que, pese a todo, consideraba el amor de su vida.

Sin embargo, Ana no recuerda un solo verso. Nada. Sólo que el poema lo leyó una mujer. Y que quizá era asiática. Ha esculcado en las memorias del festival desde el 2001 hasta el 2005, pero no ha podido hallar el poema que ha olvidado.

Dentro de dos días, Cristina Torres, alguien que asiste desde hace ocho años al festival, me contará una historia similar. En uno de los tantos festivales oyó a un poeta que le encantó pero cuyo nombre no recuerda. Y el poeta recitaba tan bien los poemas en su lengua extraña, que Cristina pensó que la mujer que leía las traducciones los arruinaba sistemáticamente con cada sílaba pronunciada en español. Así mismo, Elkin Naranjo, otro asistente, me hablará en especial sobre un surafricano y una cubana que hicieron una gran presentación con instrumentos musicales y que… Bueno, nada más.

Me pregunto si algo parecido me pasará con Nguyen Phan Que Mai. Con este recital que ha logrado conmoverme.

Cada año —esta es la versión 23 del festival de poesía—, en Medellín los poetas llaman a masas de entusiastas. Se habla de público más que de lectores.

El festival, aunque tiene un riguroso registro en texto y video, es esencialmente oral, y tengo el presentimiento de que ahí radica buena parte de su fuerza. Le devuelve al poema su naturaleza primigenia, oral, cercana al mito. El poeta colombiano Álvaro Marín dirá, en una charla que aún no sucede, que “el conocimiento entra por la boca”, que la poesía es una paráfrasis del mito, y que en las urbes modernas la conciencia mítica aparece cuando algo, de repente, adquiere cierto extrañamiento.

Pues bien, el poema, fuera del libro, en este festival, tiene calor, latido y, al mismo tiempo, cierta cualidad extraña, es efímero.

Hoy el teatro al aire libre Carlos Vieco ha obtenido una asombrosa similitud con los antiguos teatros griegos.

Nguyen Phan Que Mai ha acabado su presentación. El público ha roto su silencio y ha estallado en un aplauso.

Ana quiere comprar unas palomitas de maíz.


miércoles, 27 de junio de 2012

Arranca la 22 versión del Festival Internacional de Poesía de Medellín


El Espectador

Los protagonistas serán los poetas aborígenes


"Una función de vida en un territorio de muerte", así califica el certamen su director Fernando Rendón.




Con la 22 versión del festival internacional de poesía, Medellín abrió sus puertas a poetas de los cinco continentes en el teatro al aire libre Carlos Vieco.

Hasta el 30 de junio la capital del departamento antioqueño será sede del festival que en su ceremonia de apertura le dio el rol principal a los poetas aborígenes, esto con el fin de “recuperar la unidad espiritual del mundo que se ha perdido”, tal como señala Fernando Rendón, director del certamen.

Fueron 17 poetas aborígenes de los cinco continentes quienes permitieron que los asistentes se deleitaran con una dosis de poesía en la inauguración, con el objetivo de buscar el retorno hacia “un estado de integración de los seres”.

Según Rendón, lo más atrayente de esta versión del festival es “el compromiso de los poetas y del público con los diferentes hilos, visiones y cosmovisiones de la poesía mundial, desde los poetas africanos a los indígenas”.

Así mismo Rendón señaló la importancia de este tipo de eventos que cumplen “una función de vida en un territorio de muerte”, haciendo referencia a Medellín que ha sido catalogada por muchos como una ciudad inmersa en la violencia.

El Festival Internacional de Poesía de Medellín fue declarado patrimonio cultural de la Nación y también fue ganador en 2006 del Premio Nobel Alternativo.

Así las cosas, las miradas de la poesía en el mundo se dirigen a Colombia, muestra de ello es el trabajo realizado por el canal EITB de la televisión vasca de España, que realizó un documental sobre el certamen. Cerca de 30 minutos dedicados a exaltar el espíritu de esta fiesta en medio de un país en guerra, como ellos lo catalogan.

Los poetas no solo declamarán sus obras en más de 148 actos: también darán paso a la discusión de distintos temas culturales, talleres y conversaciones con el público en distintos espacios libres, colegios y universidades no solo de Medellín sino también de cerca de 20 municipios de Antioquia.

Rita Mestokosho, de la nación Innu; Sigbjørn Skoden, del pueblo Sami noruego; el neozelandés Apirana Taylor, de etnia Maori; Jamoiy Juagibioy, Kamsá colombiano; y Juan Hernández Ramírez, de la nación Náhuatl mexicana son unos de los destacados invitados del certamen.

De la misma forma resaltan los poetas africanos Rachid Boudjedra, de Argelia; Joyce Ashuntantang, de Camerún, y el rapero Didier Awadi, de Senegal, que además se unen a la celebración de los 30 años de la revista Prometeo, principal organizadora del festival.

Desde ya se prevé la consolidación del Movimiento Poético Mundial que desde la última versión del festival prometía poner a todos los festivales de poesía del mundo en contacto para crear escuelas de poesía alrededor de ellos.

Más de 230 organizaciones de 131 países le apuestan a dicho movimiento y así a la poesía que durante la semana será protagonista en Colombia y Medellín.

jueves, 15 de julio de 2010

XX Festival Internacional de Poesía de Medellín


Julio 12 - 15 de 2010
Cuando no se percibe una salida política a la cruenta guerra que desangra a Colombia hace más de cuatro décadas, el país más violento de Latinoamérica, según el Índice Global de Paz (IGP), cuando se expanden la pobreza y la indigencia material, espiritual y moral en uno de los países de mayor biodiversidad y de mayores recursos naturales del mundo, cuando cunde la desesperanza y el abatimiento, menguando el ánimo de millones de persones que padecen una circunstancia histórica tan dolorosa, es cuando la dulce persistencia del sueño de las vidas renovadas desde los cimientos se vuelve inevitable e ineludible como el nacimiento de un nuevo país.

Entre el 8 y el 17 de julio de 2010, con la asistencia de 100 poetas de 58 países de todos los continentes, se celebrarán los primeros veinte años del Festival Internacional de Poesía de Medellín, el mayor del mundo en su género, galardonado con el Premio Nobel Alternativo en 2006 y reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación en 2009. El Festival comprenderá 184 actos, entre los que se cuentan 133 lecturas de poemas en Medellín y otras 10 ciudades colombianas y 27 municipios antioqueños. Todos los actos son de entrada libre y sin costo para el público.

Festival Internacional de Poesía
de Medellín: un sueño que persiste






Me gustaría...
Yevgeny Yevtushenko

Me gustaría
nacer en todos los países,
tener un pasaporte
para todos
que provoque el pánico de las cancillerías;
ser cada pez
en cada océano
y cada perro
en las calles del mundo.
No quiero arrodillarme
ante ídolo alguno
ni hacer el papel
de un ruso ortodoxo hippie,
pero me gustaría
hundirme
en lo más hondo del Lago Baikal
y salir resoplando
en otras aguas,
¿por qué no en las del Mississippi?
En mi maldito universo amado
me gustaría
ser una hierba humilde,
nunca un Narciso delicado
que se besa
en el espejo.
Me gustaría ser
cualquiera de las criaturas de Dios,
incluso la última hiena sarnosa,
pero nunca un tirano,
ni siquiera el gato de un tirano.
Me gustaría
reencarnar como hombre
en cualquier imagen:
víctima de una cárcel de tortura,
un niño vagabundo en los tugurios de Hong Kong ,
un esqueleto viviente en Bangladesh,
un pordiosero sagrado en el Tíbet,
un negro de Ciudad del Cabo,
pero nunca encarnar
la imagen de Rambo.
Sólo odio a los hipócritas,
hienas sazonadas en espesa melaza.
Me gustaría tenderme
bajo el bisturí de todos los cirujanos del mundo,
ser un tullido, un ciego,
sufrir todo mal, toda deformidad y herida,
ser un mutilado de guerra,
o el que recoge las colillas del suelo,
con tal de que no las penetre
el infame microbio de la prepotencia.
No quisiera formar parte de la élite,
ni, por supuesto, del rebaño de cobardes,
ni perro de manada,
ni pastor servil al abrigo de su rebaño.
Y quisiera ser feliz,
pero no a costa de los infelices.
Y quisiera ser libre,
pero no a costa de los que no lo son.
Quisiera amar
a todas las mujeres del mundo,
y ser también una mujer
sólo una vez. ..
La madre naturaleza ha menospreciado al hombre.
¿Por qué no lo hizo capaz de ser madre?
Si se agitara un niño
bajo su corazón,
acaso el hombre
sería menos cruel.
Quisiera ser el pan de cada día,
digamos,
ser la taza de arroz
de la sufriente madre vietnamita,
el vino barato
en las tabernas de los obreros napolitanos,
o el tubito de queso
en la órbita lunar.
Que me coman
que me beban,
dejadme ser útil
en la muerte.
Quisiera pertenecer a todas las edades,
atolondrar la historia
y atontarla con mis travesuras.
Quisiera llevarle a Nefertiti
en una troika á Pushkin.
Quisiera multiplicar
cien veces el espacio de un instante
para que al mismo tiempo
pueda beber vodka con los pescadores siberianos,
y junto a Homero,
Dante,
Shakespeare
y Tolstoi
sentarme a beber cualquier cosa,
salvo, por supuesto,
Coca-Cola.
Y bailar al ritmo de los tam-tam en el Congo,
estar en huelga en Renault,
jugar a la pelota con los muchachos brasileños
en la playa de Copacabana.
Quisiera hablar todas las lenguas,
como las aguas ocultas bajo la tierra,
y hacer todo tipo de trabajo de una vez.
Me aseguraría
de que sólo fue poeta un Yevtushenko,
el otro un clandestino
en alguna parte,
no puedo decir dónde
por razones de seguridad.
El tercero, un estudiante en Berkeley,
y el cuarto un entusiasta huaso chileno.
El quinto sería tal vez
un maestro de niños esquimales en Alaska,
el sexto
un joven presidente
en cualquier parte, modestamente digamos Sierra Leona,
el séptimo
podría entretenerse en la cuna con un sonajero,
y el décimo,
el centésimo,
el millonésimo...
Para mí, ser yo mismo no es bastante,
¡dejadme ser todo el mundo!
Estaré en miles de ejemplares hasta mi último día
para que la tierra vibre conmigo
y las computadoras enloquezcan
procesando mi censo universal.
Quisiera combatir en todas tus barricadas,
humanidad,
y morir cada noche
como una luna exhausta,
y amanecer cada día
como sol recién nacido
con una suave mancha inmortal
en la cabeza.
Y cuando muera,
un Francois Villon siberiano,
que no descanse mi cuerpo
ni en la tierra francesa,
ni italiana,
sino en la tierra rusa, amarga,
en una colina verde,
donde por vez primera
me sentí todo el mundo.

*Poema escrito originalmente en español