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domingo, 18 de agosto de 2013
Paro nacional
Editorial El Espectador
17 de agosto de 2013
Para mañana se ha convocado un paro multitudinario en el que saldrán a protestar varios sectores productivos de la economía nacional.
Es obvio que la protesta social, en este capítulo de la historia, tiene una causa que va mucho más allá de las infiltraciones de las que a veces se acusa a estas movilizaciones: es el malestar. La sensación de abandono. El día a día adverso por el que culpan al Estado.
El paro será multitudinario, sí, pero también será compartimentado. Saldrán los camioneros y los ganaderos y los cafeteros y los campesinos y los trabajadores de la salud y los mineros... En fin. Cada cual por lo suyo. Paralizarán (por supuesto, por más que el ministro del Interior, Fernando Carrillo, diga que tiene advertidas a las autoridades para que esto no pase) las vías, y también los hospitales públicos.
No sólo están compartimentadas las protestas, ya que cada sector está pidiendo un país particular que le responda, sino que están divididos los mismos gremios: cafeteros y ganaderos, por ejemplo.
Pese a eso, pese a ese desorden de fondo, el vocero de la Asociación Colombiana de Camioneros, Ricardo Virviescas, dice que sus afiliados pararán donde trabajan a diario.
Dignidad Cafetera, por su parte, que se ha reunido con el Gobierno varias veces (ya fue acordado un subsidio al sector cafetero la semana pasada), ha mantenido su orden de paro. Esto es un problema, pero puede ser visto también como una señal: tal vez, mejor organizados, los gremios podrían adelantar mecanismos de presión y propuestas muchísimo más específicas para que el Gobierno actúe en consecuencia, de manera global y no caso por caso. “Se requiere pasar de la fragmentación a la articulación”, decía ayer en estas páginas Luis Sandoval. La razón le asiste.
Devolvámonos al presente, sin embargo. El síntoma de todo esto es el paro. ¿Pero la enfermedad? ¿Qué es, más allá del malestar generalizado, lo que anima a estos sectores a salir y parar el país? ¿Qué piden? Muchas cosas, muy distintas todas, que sería inviable mencionar en este espacio: que el precio de la gasolina, que la falta de subsidios en el campo, que la desprotección del sector salud. En fin.
Pueden ser quejas válidas pero, hemos insistido, un gobierno no puede darse el lujo de atender caso por caso. Mal haría. Es más: ese es, tal vez, el peor ejemplo de cómo se adelantan políticas públicas serias. Y el Gobierno lo sabe: hace apenas unos meses, ante la presión cafetera, cedió y otorgó un subsidio. Dio, ya en términos más prosaicos, una pastilla para aliviar el dolor. Pero no un tratamiento para la enfermedad. Y ahí tiene: pararán otra vez, insatisfechos.
Que no crea el presidente Santos, sin embargo, que aquí no hay un problema de fondo. Esto no es un capricho para dejar a un costado. En últimas, aquí está reflejado uno de los grandes obstáculos que acosan a su Gobierno: la desconexión con las realidades locales, a pesar de la buena concepción teórica. El Gobierno no ha sabido plantear propuestas que alivien las problemáticas que acosan prácticamente a todos los sectores de la economía.
Es hora, pues, de atender estas realidades de manera diferente. De conformar comisiones con académicos, con sabedores locales, con representantes de lo particular, para llegar, por fin, a una solución no sólo racional (como las planteadas), sino también razonable, práctica dentro de los contextos particulares; en pocas palabras, realizable.
Algo sí hay que dejar claro para ambos actores: nada se solucionará en un día. Si se quiere llegar a un acuerdo para arreglar los problemas, hay que sentarse a discutir las cosas. El paro llama la atención. Pero ¿y luego? ¿Hay algo que pueda discutirse como insumo de una política pública? A eso hay que llegar.
jueves, 7 de marzo de 2013
Gobierno y cafeteros suspenden temporalmente los diálogos
El Espectador
7 de marzo de 2013
Tras más de 15 horas, las dos partes no llegaron a un acuerdo, se espera que a las 9:00 a.m. se reanuden las negociaciones.
| El Vicepresidente de la República, Angelino Garzón, en compañía de varios Ministros del Despacho, se reunieron con los líderes cafeteros en Pereira (Risaralda) para buscar salidas concertadas al paro cafetero. |
Tras la extenuante jornada que completó más de 15 horas en Pereira, Gobierno y representantes de los cafeteros no llegaron a un acuerdo, por lo que las negociaciones entre las dos partes fueron suspendidas sobre la 1:10 de la madrugada de este jueves.
Según se conoció el gobierno ofreció un precio de 130 mil pesos por carga de café, oferta que fue rechazada por representantes de Dignidad Cafetera, quienes exigieron 185 mil pesos, es decir hay un desacuerdo de 55 mil pesos entre las partes.
Pese a que en horas de la mañana el vicepresidente Angelino Garzón afirmó que no se levantaría de la mesa hasta tanto no hubiera acuerdo, por cuestiones de salud, y teniendo en cuenta la extenuante jornada que tuvo el vicepresidente, se tomó la decisión de retomar los diálogos en horas de la mañana para que todos pudieran descansar.
Al término de la reunión, el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas dijo “Cuando hay un gobierno que ha puesto sobre la mesa para la caficultura solamente en el programa de Protección al ingreso del caficultor, un monto equivalente a 700 mil familias del programa Familias en Acción con el cual podríamos erradicar la pobreza en muchas de las ciudades de nuestro país, no podemos decir nada distinto que nos sentimos defraudados por que no hemos encontrado en los líderes de este paro la receptividad que se esperaba”.
Los cafeteros no dieron declaraciones y salieron de inmediato del salón donde se encontraban reunidos con el vicepresidente Angelino Garzón y los ministros de Hacienda, Mauricio Cárdenas; de Agricultura, Juan Camilo Restrepo; del Interior Fernando Carillo y el Alto Consejero para el diálogo social, Luis Eduardo Garzón.
Por su parte, el Gobernador de Risaralda, Carlos Alberto Botero dijo, “pedimos mucha prudencia y tranquilidad de las partes para que se reanuden estos diálogos en horas de la mañana con un ambiente de cordialidad para buscar una solución definitiva al conflicto”.
Por ahora solo resta esperar para saber cómo se desarrollan las negociaciones del paro que este jueves ya completa 11 días.
miércoles, 6 de marzo de 2013
Los rostros del paro cafetero
En el décimo día de cese de actividad
El Espectador
5 de marzo de 2013
Edinson Arley Bolaños
| En los campamentos ya hay problemas de salud. Sin embargo, los cafeteros insisten en que seguirán con su protesta hasta que el Gobierno tome decisiones, dicen ellos, contundentes. / Édison Sánchez |
A los líderes del paro cafetero el gobierno nacional los conoce muy bien. Se los encontró de frente el pasado jueves en el Ministerio del Trabajo, donde debatieron el pliego de peticiones que tiene el sector cafetero, que hoy completa diez días de protesta.
Los líderes agrarios exigen precios remunerativos del café, control de precios de fertilizantes y abonos y solución a la deuda y embargos en los bancos. También rechazan la importación del café y la minería en zona cafetera.
Todos esos puntos se analizaron ese día desde las 4 de la tarde hasta las 4 de la mañana, hora en que el gobierno nacional decidió levantarse de la mesa con la única propuesta que defendió durante las doce horas de diálogo: el aumento de $3.000 por cada arroba de café, mientras que los líderes de la movilización se pararon en $25.000.
La decisión del ministro del Interior, Fernando Carrillo, fue regresar a la mesa el viernes a las 11 de la mañana, cosa que finalmente no pasó, pues, según los voceros de Dignidad Cafetera, a la cita llegó solo el ministro de Trabajo, Rafael Pardo. “A nosotros no nos quedó más remedio que regresar a la movilización a cada una de las regiones después de la emboscada que nos hizo el Gobierno para desmontar el paro sin ninguna reivindicación que valga la pena”, dice Alonso Osorio, líder del paro cafetero en Cauca.
Son 26 los voceros que tienen en jaque al Gobierno desde hace diez días , dos por cada departamento afectado. Sus rostros son de campesinos. Pequeños y grandes productores que tienen hasta 40 años desempeñando esta labor. Aquí están cuatro de los más visibles, los protagonistas de esta historia que hace años, en una telenovela colombiana, se llamó Café.
Guillermo Gaviria, cafetero de Antioquia
Es del municipio de Concordia, Antioquia. Caficultor de tercera generación. Tiene 51 años y dice ser un luchador por las políticas cafeteras porque “esto es un movimiento sin color político. A mí me interesa la parte social de la caficultura, porque he visto cómo han ido desapareciendo los pueblos cafeteros y se han ido desruralizando. Nuestros jóvenes no se quieren quedar con las fincas”.
Asegura que el movimiento cafetero está representado en la gente humilde y por eso “queremos decirle al Gobierno que tenemos que hablar con la verdad. Frente al levantamiento del paro, eso fue una medida mentirosa, porque fue un convenio que hizo la Federación con el Gobierno. En segundo lugar, nos dejaron esperando en Bogotá el viernes pasado, porque teníamos una reunión y el Gobierno nunca llegó. Tercero: estamos dispuestos a hablar con ellos, a nosotros nos interesa que el país tenga tranquilidad, pero de antemano no podemos aceptar un precio variable que el Gobierno nos quiere dar, necesitamos un precio de sustentación para darles tranquilidad a las familias cafeteras. El Gobierno siempre se preocupa por la incertidumbre que sufre el equipo económico, pero no por las 550 mil familias cafeteras, por eso le pedimos la presencia de una persona experta que les pueda hacer entender nuestro problema”.
Milton Osorio, dirigente del Huila
Milton Osorio es líder del movimiento cafetero en el Huila y no asistió a la reunión que el pasado jueves tuvo el movimiento en Bogotá. Sin embargo, rechaza el subsidio que negoció el Gobierno Nacional con la Federación Nacional de Cafeteros el sábado pasado.
“Desde las tres de la mañana venimos en una marcha pacífica, pero el Esmad nos ha respondido diferente y estamos preocupados por esta situación. Soy cafetero de cuna porque nací en la vereda Santa María, de Huila, y crecí ahí en el campo cultivando café. Nosotros buscamos un precio fijo para el café y no que nos den un subsidio de cien mil pesos como lo quiere hacer el Gobierno”.
José Luis Valdés, vocero de Caldas
“Soy caficultor. Me levanto todos los días a las 5:30 de la mañana y me voy para a una finca que tengo en Caldas, a trabajar el café. Soy ingeniero agropecuario y toda la vida he estado dedicado a la finca. Cumplí 40 años y todavía tengo aliento para seguir trabajando en el campo, mi abuelo y mi papá me enseñaron a cultivarlo.
La petición hacia el Gobierno es que nos sigan escuchando como lo hicieron el jueves pasado. Queremos seguir con el diálogo que desafortunadamente el viernes se rompió, porque yo sigo insistiendo en que no hemos sido escuchados y por eso el Gobierno no sabe bien la problemática de la caficultura del país”.
Alonso Osorio: líder de Cauca
Es oriundo del municipio de Fresno, Tolima, pero vive hace más de nueve años en Popayán. Tiene una finca cafetera con su familia en el Cauca y gran parte de su vida la ha dedicado a la defensa de la caficultura y el agro en este departamento. En las elecciones pasadas fue candidato a la asamblea de este departamento por el Polo Democrático Alternativo, partido en el que hace muchos años milita. Su perfil lo llevó a ser el coordinador de Salvación Agropecuaria y de Dignidad Cafetera en el Cauca, que lidera el paro y que tiene paralizada la carretera Panamericana desde el lunes 26 de febrero.
Este caficultor tiene clara la problemática de su departamento: “En el Cauca hay 95 mil familias productoras de café que en este momento por la baja producción pueden tener un promedio por hectárea de 60 arrobas, pero son cafeteros que viven en 0,8 hectáreas sembradas de café y pues uno podría imaginar que con esos precios hay muchas dificultades”.
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