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jueves, 20 de septiembre de 2012

Gustaf Olsson, experto en gestión del agua



"Estamos bebiendo los orines de nuestros antepasados"
La Vanguardia
17 de septiembre de 2012

Tengo 71 años. Nací en Örebro y vivo en Göteborg (Suecia). Soy ingeniero de control, especialista en agua. Estoy casado y tenemos tres más tres hijos, y doce nietos. Soy un verde liberal y social. Creo en Dios, soy protestante practicante. Toco el órgano en la iglesia.
 
¿Energía o Comida?
¿Energía o comida? Gustaf Olsson es uno de los mayores expertos mundiales en usos y gestión del agua. Es un miembro muy destacado de la Asociación Internacional del Agua (el más importante foro mundial sobre el agua), y ha publicado el estudio Water and energy, que es ahora motivo de controversia, porque pone sobre el tapete algunas de las contradicciones actuales acerca del empleo humano del agua (¿invertirla en producir energía o alimentos?), como las que apunta aquí. Gustaf Olsson ha sido invitado a debatir sobre el asunto por el grupo Lecquia (de la Universitat de Girona), uno de los más briosos equipos de investigación actualmente activos en Catalunya en cuestiones medioambientales.

¿Desde cuándo hay agua?
Hay agua en los cometas, en Marte, en las lunas de Saturno... Y en la Tierra, desde el principio. Pudo llegar aquí en cometas...

¿Cuánta agua hay en la Tierra?
Hay 1.400 millones de km3.

¿Cuánta salada y cuánta dulce?
El 97% está en mares y océanos. El 3% restante es agua dulce. De esta, el 69% está congelada en casquetes polares y glaciares, y otro 30% está bajo tierra. ¡Sólo el 1% de agua dulce está disponible en superficie!

¿Y va cambiando de estado y rotando?
Sí. Bebes agua que ya bebió Julio César.

Y que luego sudó y orinó.
Claro. No la contaminemos demasiado: ¡depurarla exigirá cada día más energía!

¿Qué país maltrata más su agua?
China tiene 600 ciudades con el agua echada a perder.

¿Qué uso mayoritario damos al agua dulce del planeta?
El 70% se destina a la agricultura; un 15%, a la industria, y el otro 15%, a uso doméstico.

¿El problema es la agricultura?
El problema es el mal reciclaje del agua. En India no depuran el agua..., y cada vez tienen que hacer pozos más hondos para hallar agua potable. Y agotan acuíferos. ¡Cada año tienen que descender diez metros más!

Hasta que se termine el agua.
Mientras, cada vez es más costoso bombear esa agua, y eso exige más energía.

¿Y de dónde proviene esa energía?
Del petróleo, mayoritariamente, con lo que se contamina más.

¿Qué país saca mejor partido del agua?
Noruega: ¡el 100% de su energía eléctrica la obtiene del agua! Mi país, Suecia, un 40% del agua, un 40% de nucleares y sólo un 20% del petróleo.

¿A más agua, más riqueza?
Si sabes aprovecharla correctamente. ¡El agua es el petróleo del futuro! Petróleo transparente. Lo dicen los asesores del Departamento de Energía de Estados Unidos.

¿Sí?
El agua es la medida de la eficacia energética: ¡obtener un litro de petróleo cuesta... 40 litros de agua!

Vaya.
Y cada vez costará más: extraer un litro de las arenas petrolíferas de Canadá cuesta ¡150 litros de agua!

¿Y si usáramos más bioetanol, combustible de origen vegetal?
Obtener un litro de bioetanol cuesta... ¡mil litros de agua! ¿Es esto ecológico?

Tenemos debate, ¿eh?
El maíz necesario para llenar el depósito de un coche con bioetanol... ¡equivale a proveer de comida a una persona todo un año!

Pero rinde más beneficios el bioetanol.
Con una huella ecológica grande. La producción de carne es también muy onerosa en agua: ¿sabe cuánta agua cuesta tener en el plato un kilo de carne de ternera?

¿Cuánta?
¡Quince mil litros de agua!

Qué barbaridad...
¿Y una taza de café? ¡Cien litros de agua!

¿Y cuánta agua consumo yo?
Un europeo, tres mil litros al día.

¿Tanto?
Enciendes la luz, pones la tele, conectas el aire acondicionado o la calefacción, pones una lavadora, cocinas, coges el tren o el coche, bebes un café, comes un bistec, tomas otro café, fumas...: tras cada uno de tus consumos... ¿qué hay? ¡Agua, agua y agua!

Entendido.
Si no somos responsables, no habrá agua para todos en todas partes. El conflicto de Oriente Medio es una guerra por el agua.

Los glaciares se funden: ¿ayudará eso?
No. A menos frío, caerá menos agua en forma de copos de nieve, y más en forma de huracanes. Y sin nieves fundiéndose en primavera, habrá menos flores y vegetación.

Y se ampliarán las zonas áridas, ¿no?
Sí, y es precisamente el caso de España.

¿Qué medidas tomaría usted aquí?
Enseñaría a poner la calefacción más baja, menos aire acondicionado, coger menos el coche... ¡Responsabilidad personal!

¿Y desalinizadoras? ¿Y presas?
Las desalinizadoras exigen demasiada energía. Y los embalses, en países cálidos, dejan evaporar demasiada agua. Y, además, empobrecen la fertilidad de las riberas y los deltas retroceden frente al embate del mar...

¿Hay alternativas, entonces?
Sí: reutilizar bien el agua. La de la ducha podría ir a las cisternas. El agua de mar, para refrigerar o calefactar. El agua que enfría nucleares, para calentar ciudades...

¿Dónde llueve menos en el planeta?
En el desierto de Atacama, en Chile.

¿Podemos provocar la lluvia?
Si hay nubes, podemos bombardearlas con yoduro de plata para que descarguen...

¿Ha probado el agua de Barcelona?
No es tan buena como la de Suecia, pero está bien. En Singapur venden embotellada agua de cloaca reciclada y potabilizada: Nueva Agua, la llaman. ¡Y está buena!

¡Ay, que acabaré bebiendo mis meados!
Seguro, pero es sólo una cuestión psicológica... ¡Ya le he dicho que estamos bebiéndonos los orines de nuestros antepasados!

¿Qué es lo que más le preocupa ahora?
Las compañías petroleras han arruinado el delta del Níger, lo que afecta a la vida de 30 millones de personas... Y ahora quieren aprovechar la retirada de hielos árticos y antárticos para extraer más y más petróleo...

domingo, 29 de julio de 2012

café y petróleo


Por: Alejandro Gaviria
 29 de julio de 2012

Esta semana, durante la transmisión del partido de fútbol entre las selecciones olímpicas de Colombia y Corea del Norte, un narrador argentino incurrió en un atavismo interesante. 

“El conjunto cafetero” decía cada vez que una jugadora colombiana recuperaba el balón. La frase sonaba poética. O nostálgica al menos. El café formó parte de nuestro pasado. Pero no hará ya parte de nuestro futuro. En los últimos meses, cabe recordarlo, hemos tenido que importar café para abastecer el mercado interno.

Las exportaciones apenas representaron 3% de nuestras ventas externas entre enero y mayo de 2012. En 2011 representaron menos de 5%. El cultivo de café se ha movido hacia al sur del país, como si estuviera preparando su salida definitiva. En la llamada zona cafetera, otro atavismo, el principal producto de exportación ha sido, desde hace mucho más de una década, la gente, el capital humano para decirlo de otro modo. Los países son lo que exportan. Y Colombia fue, por muchos años, un país cafetero en un sentido que iba mucho más allá de la realidad económica, que abarcaba también las realidades sociales y políticas. Pero ya no lo es.

Mientras tanto Colombia se ha venido transformando en un país petrolero. En los cinco primeros meses de este año, por primera vez en nuestra historia económica, las exportaciones de petróleo superaron la mitad del total de las exportaciones. Uno puede hacer todo tipo de salvedades: las reservas colombianas siguen siendo (comparativamente) irrisorias, la producción todavía no alcanza un millón de barriles diarios, los grandes descubrimientos parecen cosa del pasado, etc.

Pero el hecho cierto es que nuestra inserción en la economía global, nuestra participación en los flujos internacionales de bienes y capitales, depende hoy más que nunca del petróleo. Paradójicamente las jugadoras del equipo cafetero viven en un país petrolero.

Y los países petroleros suelen ser distintos. Buena parte de la plata del café le llegaba a la gente, a campesinos empeñados en la búsqueda de “prosperidad y mejoras”, como decían hace un siglo. La plata del petróleo, por el contrario, no le llega a la gente, sino al Estado. 

Originalmente la palabra “regalías” designaba los recursos entregados al monarca para su beneficio personal, un significado que no ha perdido validez. Con el petróleo crece el tamaño del Estado y el protagonismo de los políticos y aumenta, por lo tanto, la importancia de las contiendas electorales, que deciden quién manejará el botín. Ni más ni menos. Con el petróleo, además, el Estado deja de ser visto como el proveedor de unos servicios pagados con nuestros impuestos y pasa a ser percibido como el administrador de un tesoro escondido.

Finalmente, la dependencia externa es mayor con el petróleo que con el café. En la elaboración del presupuesto del año entrante, el Gobierno supuso un precio del barril del petróleo de 100 dólares, una apuesta arriesgada de la que depende el equilibrio fiscal o la suerte de muchos programas y proyectos. Si el precio del petróleo resulta menor al presupuestado, el ministro de Hacienda ya anunció la venta de un paquete de acciones de Ecopetrol: el momento no sería el más propicio, pero no habría alternativa. Así es la vida en las repúblicas petroleras. Colombia trató por muchos años de liberarse de la dependencia del café. Recientemente parece haberlo logrado. Depende ahora del petróleo. Un progreso dudoso, por decir lo menos.