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domingo, 28 de junio de 2015

La fiesta del café


El Espectador
28 de junio de 2015
Hugo Sabogal




Ayer 27 de junio pasará a la historia como el momento en el que los promotores colombianos lograron alcanzar el mayor récord de actividades dirigidas a estimular el consumo de la principal bebida nacional.

El marco de referencia fue la celebración del #Día del Café, actividad del programa Toma Café, conformado por productores y tostadores para incrementar la demanda y mejorar la oferta.

Aunque falta mucho para que cada colombiano sea un experto consumidor y un hábil embajador de su propia bebida, el terreno conquistado es apreciable.

Hemos pasado de considerar al café como un simple producto básico para percibirlo como un alimento complejo y atractivo. Lo encontramos en seductores empaques, tanto en grano como molido, y lo podemos disfrutar en uno de los tantos locales especializados que se multiplican en todas las ciudades, donde se cuida hasta el más mínimo detalle del servicio.

Asimismo, hemos superado aquellos días en que tomábamos un café áspero y quemado, hecho con los granos defectuosos que quedaban de seleccionar los mejores lotes para la exportación.

Ya no sólo es posible tomarse un café de origen (Huila, Cauca, Nariño, Antioquia, Amazonas o Sierra Nevada), sino que hemos llegado al punto de comprar partidas de un caficultor específico. Y ese es un gran logro.

Llegar aquí no ha sido fácil y justo es reconocer el trabajo de algunos rebeldes empresarios, que retaron al monopolio oficial y se atrevieron a montar proyectos independientes de enorme trascendencia. Entre ellos figuran Luis Fernando Vélez, de Amor Perfecto; Steven Sutton, de Café Devotion, y Jaime Duque, de Laboratorio del Café.

Hay que destacar también que el programa Toma Café ha desarrollado una plataforma de apoyo para todos los involucrados en el negocio. Por ejemplo, acopia y divulga investigaciones de tendencias, hábitos y usos de consumo, así como material sobre el comportamiento del café en los canales de venta y en las regiones. Y proporciona a los profesionales de la salud detallada información científica sobre los beneficios de consumir la bebida, pues la desinformación en torno a este punto estaba conduciendo a una preocupante deserción.

En asociación con el Sena, las Cámaras de Comercio, los municipios y las gobernaciones, el programa Toma Café ha coordinado la capacitación de más de 15.000 jóvenes en distintas técnicas de preparación, convirtiendo el arte de preparar café en un oficio tan anhelado y respetado como lo es el del sommelier en el vino.

Las celebraciones de ayer demostraron que la ambiciosa estrategia ha funcionado. Hubo charlas, degustaciones y decenas de festivas celebraciones en Cauca, Quindío, Tolima, Santander, Cundinamarca, Antioquia, Caldas, Huila, Valle del Cauca, Boyacá y la Costa Atlántica.

Y en Santa Rosa de Cabal se buscó romper un Récord Guinness sirviendo más de 20.000 tazas de cafés especiales colombianos.

Grandes cadenas como Éxito y Jumbo se sumaron con promociones y activaciones en sus tiendas. Y lo mismo hicieron los principales productores de las marcas nacionales.

Igual de significativo fue el lanzamiento anunciado por Café Juan Valdez de un microlote de la finca Potrero Grande, de Pitalito, Huila, cultivado por Nancy Muñoz, quien está en Bogotá promoviendo este tipo de café premium como si se tratara de una estrella de cine. Lo cierto es que si tenemos el mejor café suave del mundo, saquemos a la luz a quienes lo hacen posible.

Qué bueno que hayamos dejado atrás ese café amargo y simplón con el que crecimos. Nuestros grandes cafés merecen reconocimiento y admiración.

lunes, 16 de julio de 2012

café en movimiento


El Espectador
24 de junio de 2012 

La producción de granos selectos en Colombia es una realidad que va avanzando con fuerza.


Era cuestión de tiempo. El café colombiano, que durante años se ha valorado de manera genérica por su suavidad y calidad gracias al meticuloso trabajo de homogeneización emprendido por la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC), hoy sorprende al mundo por sus pequeñas y rutilantes producciones, gracias a una fase de apertura comercial para granos selectos.

Bajo el sombrero de Café de Colombia, estos nuevos productores y distribuidores —especialmente los dedicados a las bajas elaboraciones— están encantando a críticos y consumidores, y prueba de ello son los cada vez más frecuentes premios obtenidos por estos cafés en los principales concursos internacionales.

Este auge, que está en plena gestación, ha llevado a la FNC y al programa Colombia Toma Café a poner el foco en el tema de la diversidad, y para ello ha invitado a grandes figuras globales del rubro, como el italiano Vittorio Castellani, quien hace pocas semanas viajó por el país como parte de una expedición llamada “Colombia sabe de café” (www.colombiasabedecafe.com).

El impacto fue inequívoco: “Me voy absoluta y deliciosamente sorprendido”, confesó después de su periplo. Ciertamente, Castellani sabe algo de comidas y productos del mundo. Como reconocido cocinero, periodista y asiduo investigador —se le conoce como “Chef Kumalé”—, ha recorrido el globo por cerca de veinte años en busca de trascendentales claves gastronómicas. Pero su más grande trabajo, sin duda, es una emocionante serie televisiva sobre la historia del café, difundida por National Geographic.

Aunque la serie se desarrolla en África y en los países árabes —ejes iniciales de la cultura cafetera mundial—, Castellani también ha viajado a Brasil y Perú. Pero le faltaba Colombia, y su descubrimiento lo dejó atónito. “A medida que visité la geografía cafetera —dividida en acotadas parcelas—, encontré modestos y consagrados productores; aprendí originales formas de elaboración y de consumo, y me compenetré tanto con la cultura cafetera colombiana, que de inmediato la asemejé con la forma clásica de hacer vinos. Es como en Italia: cada lugar de origen es diferente; cada proceso es enriquecido por el productor; cada aporte hecho por el clima y por el suelo otorga a la taza un toque único. En el fondo, cada café es una cultura”.

Precisamente, estos atributos particulares han hecho que muchos productores encuentren eco internacional a su trabajo.

“En efecto, ha llegado el momento de que nuestro café suba de estatus”, dice Juan Pablo Villota, cabeza visible de Café San Alberto, de Buenavista, Quindío.

Sometido a un proceso quíntuple de selección de granos, San Alberto se ha convertido, en corto tiempo, en uno de los cafés especiales y de origen más premiados en el escenario internacional. Su apuesta central ha sido demostrar que el café es mucho más que un estimulante para entrar en calor. “Para nosotros, se trata de un producto situado en el mismo nivel de los vinos y los licores, donde la calidad, el lujo y los procesos característicos son fundamentales”. Esta visión de la excelencia ha llevado a Café San Alberto a obtener grandes galardones de producto en concursos y ferias en Corea y Rusia. Y en las últimas semanas se hizo acreedor al título Tres Estrellas Doradas, del International Taste & Quality Institute, de Bélgica.

Un caso similar es el de Granja La Esperanza, otro productor nacional cuya especialidad es la variedad Geisha, la más apreciada y costosa del mundo. Recientemente, la Asociación Norteamericana de Cafés Especiales (SCAA), le asignó a dos cafés de Granja La Esperanza, en el Valle del Cauca, el segundo y tercer lugar en el ranking de los diez primeros cafés del mundo. En la prueba participaron más de 250 variedades de 26 países. La representación exclusiva de ambos productos está a cargo de Café Devotion, comercializados con las marcas Devotion Geisha Reserva (Finca Cerro Azul) y Devotion Blueberry Mountain Geisha (Finca Las Margaritas).

“Nos complace que Granja La Esperanza haya encontrado en Café Devotion su aliado nacional para la comercialización de estos tesoros”, dice Steven Sutton, gerente general de esta empresa distribuidora, que cuenta con una boutique especializada en el nuevo Hotel Hilton Bogotá.

“Dar el gran salto para una mayor apreciación de nuestros cafés es el reto del programa Colombia Toma Café”, dice Ana María Sierra, su coordinadora ejecutiva. “Definitivamente, necesitamos aprender y saber más de nuestros productos. Si los críticos y consumidores más exigentes ya lo han hecho, no hay ninguna razón para que los colombianos no lo logremos”.