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miércoles, 3 de junio de 2015

Un tomate contra los alimentos transgénicos


Sally Palomino
El País
2 de junio de 2015


La fotografía de una antropóloga colombiana sirve para denunciar la manipulación artificial de la comida

La fotografía que presentó Alejandra Romero, premiada por la Unión Europea.

¿Qué tienen en común tres jóvenes provenientes de Afganistán, Ruanda y Colombia? Su preocupación por los alimentos y por el futuro que estos tienen en cada uno de sus países. Al menos eso es lo que cuenta Alejandra Romero, una estudiante colombiana de antropología de 20 años que reconoce no ser una fotógrafa experta, pero resultó ganadora de un concurso que organiza la Unión Europea (UE), que premia a los jóvenes que mejor retraten cómo el proceso que rodea a la comida puede llegar a ser nociva para la economía, para el medio ambiente, para la vida misma.

La imagen que presentó Romero formó parte de las más de 200 que participaron de todo el mundo. Ella fue la fue la única de América Latina y el Caribe seleccionada. Y su voz se unirá a la de ocho jóvenes de Asia, África y Europa que quieren llamar la atención sobre cómo las políticas públicas no están evitando que el futuro sea devastador. Por eso, con sencillas imágenes, piensan llamar la atención durante el foro Días europeos del desarrollo que se realiza este miércoles  y jueves en Bruselas.


La colombiana eligió unos tomates para plasmar su idea. “Traté de hacer una versión vegetal del famoso gráfico que muestra a los homínidos evolucionando hacia el homo sapiens. Elegí utilizar tomates, porque recuerdo cuando fui a un cultivo y son litros de químicos que se usan para su evolución. Me pareció la analogía perfecta para lo artificial”, cuenta desde la capital de Bélgica, desde donde pide que no se abandone a los campesinos y agricultores de su país.


La reflexión que pretende generar es la que según ella se debería plantear cualquier persona en el momento de pararse en un mercado a elegir su comida. “¿Qué le estamos dando a nuestros cuerpos? ¿Son productos alterados con químicos o genéticamente para mejorar su sabor o para aumentar su tamaño? ¿Se fumigó con pesticidas? Me conformaría con que las personas le den a su mente un segundo para formularse aunque sea uno de este tipo de cuestionamientos”, agrega.


En Colombia, según un informe de la ONG Agro-Bio, se sembraron durante el año anterior 118.899 hectáreas de cultivos transgénicos, lo que representó 16.876 más que en 2003. “En mi país la comida es cada vez más sintética, nos olvidamos de cómo nuestros campesinos utilizan la tierra para cultivar y para que los alimentos fueran naturales”, dice la joven, que en el foro expondrá su idea junto con otros activistas que impulsan, desde el tema de la alimentación, un cambio en el mundo.


La foto de la colombiana, elegida para representar a América Latina y el Caribe, trata de capturar la industrialización de los alimentos y el nuevo ciclo de “no vida” en un país donde desde el 2002 se siembran transgénicos.



lunes, 29 de diciembre de 2014

39 formas de pedir un café


Del trifásico al carajillo, sorprendentes fórmulas aplicadas en España


El País
Sergio G. Fanjul
11 de marzo de 2014





Solo. Cortado. Con leche desnatada. O semidesnatada. O entera. O leche de soja. Largo de agua. Americano. Escocés. Irlandés. Manchado. Con hielo, templado o ardiente. Con leche condensada (bombón). Con canela. Con espuma. Con ron, con brandy, con whisky o con licor de almendras. Con crema de yogur. Con vermut. Con una rodaja de limón. Con horchata. ¡Con una brasa de madera dentro! Solo (otra vez). Con amigos. Con familia. Por la mañana. Por la tarde. Por la noche (mejor descafeinado). Da la impresión de que podría idearse un café para cada persona sobre la faz de la tierra, un café que se adapte perfectamente a la idiosincrasia de cada uno. De eso trata 1001 formas de tomar café, el primer crowd-documentary sobre el mundo del café dirigido por Leticia Dolera, a iniciativa de la marca de café en cápsula Nespresso.

¿Crowd-documentary? Sí, o también collage audiovisual, porque en este caso la directora no ha tenido que rodar una sola escena. El material se recolectó entre mayo y julio de 2013 mediante una convocatoria en la que unos 200 cineastas aficionados (o no) enviaron sus cortos relacionados con la experiencia del café. Y como vivimos en la era del selector, ya sea dj o comisario artístico, lo que hizo Dolera, con la imprescindible ayuda del montador Andrés Gil, fue crear una pieza con fragmentos del material recolectado. El resultado es un video poético y emotivo, que se acompaña de la música de artistas indies como Bigott y Luthea Salom.

“Me ha sorprendido descubrir la cantidad de emociones, sensaciones y sentimientos que se generan en torno a una taza de café”, explica Dolera. "Para muchas personas es un placer, pero para la mayoría supone también un ritual muy personal que sólo uno mismo conoce y disfruta. Estoy muy contenta con la calidad de muchos de los cortos, pues reflejan a toda una cantera de cineastas en ciernes con mucho talento y creatividad”. Algunos de los trabajos fueron premiados: dentro de la categoría “profesional” el vídeo titulado Suau, del catalán Pau Cabarrocas, estudiante de la escuela ESCAC, se llevó el primer premio. El segundo premio fue para el sevillano Álvaro Paz, por su vídeo Memorias de un café. Por último, el tercer y único premio dentro de la categoría Amateur ha recaído en Sara Blanco, de Salamanca, por su trabajo Café pendiente.


Leticia Dolera en la puerta de la cafetería Camelia, en Barcelona. / MASSIMILIANO MINOCRI
“Muchas veces el café es algo más que café: es una excusa para ligar, para trabajar, para ponernos al día de nuestros seres queridos…”, explica Dolera, “es una parte muy importante de nuestras vidas y tiene un aroma muy intenso que se asocia fácilmente a emociones”.

¿Y cómo lo toma Leticia Dolera? “Lo tomo en vaso. Lo prefiero con leche de soja; si no hay, con leche desnatada; si no hay, con leche semidesnatada, y si tampoco hay semidesnatada… pues no lo tomo”. Y es que hay muchas formas de tomar café. En esta lista se encuentran algunas de las recogidas por la marca cafetera:
  • Barraquito. Café cortado largo, con leche líquida y leche condensada, canela en rama, corteza de limón y chorrito de Licor 43 o Tía María. Tenerife.
  • Belmonte. Café con leche condensada y brandy. Murcia y Almería.
  • Biberón de Milán. Café con leche condensada, yema de huevo, vermut, rodaja de limón y canela con hielo granizado.
  • Blanco y negro. Café granizado con leche merengada. Comunidad Valenciana.
  • Café al tizón. Variedad de café de puchero en el que se introduce una brasa de madera para que se precipiten los posos y no haya que colarlo con la manga o “el calcetín”. Galicia.
  • Café asiático. Café solo con leche condensada, brandy o ron flambeados, y espolvoreado con canela molida. Cartagena.
  • Café caleta. Carajillo de ron y brandy aromatizado con corteza de limón y de naranja. Ibiza.
  • Café con gotas o tocado gallego. Café con unas gotas de orujo. Galicia.
  • Café del tiempo. Café frío con rodajas de limón y canela en rama. Alguna vez se le añade cubitos de hielo. Comunidad Valenciana.
  • Café nunca mais. Café con doble carga de café. Lanzarote.
  • Carajillo. Café con aguardiente de orujo, brandi o ron. Barcelona. Se cree que el origen es del puerto de Barcelona, donde los marineros antes de zarpar a la mar pedían un café cara-guillo (guillo significa marchar). Y como se iban a pescar y necesitaban el efecto envalentonador del alcohol…
  • Carajillo bombón. Café con brandy y leche condensada. Madrid.
  • Catalán. Café con crema catalana. Barcelona.
  • Celta. Café con azúcar moreno, orujo, tres granos de café y una rodaja de limón. Variante del carajillo en Galicia.
  • Cigaló. El carajillo de ron en vaso largo y fino al que se comparó con una cigala. Barcelona.
  • Completo. Café, brandy y puro. Castilla y León.
  • Cortado condensada. Café cortado con leche condensada. Islas Canarias.
  • Ebaki. Café con leche largo con mucho azúcar. San Sebastián.
  • Honorable. Café con ron, marca Pujol. Barcelona.
  • Leche y leche. Café largo cortado con leche condensada. Islas Canarias.
  • Mediana. Café con leche a media mañana, en taza mediana. Madrid.
  • Mediano. Café con leche, entre el cortado y el de desayuno. Servido en vaso de cristal. Antiguamente era tradicional introducir una hoja de avellano para aromatizar el café. Cantabria.
  • Mitad y mitad. Café con leche caliente y leche fría. Madrid.
  • Mixto. Café caliente con helado de nata o de fresa o granizado de horchata. Comunidad Valenciana.
  • Nacional (antes también llamado Ruso). Café granizado coronado con una gran bola de mantecado (helado de vainilla). Comunidad Valenciana.
  • Nube. Nomenclatura específica para un 10% de café y 90% de leche. Málaga.
  • Perfumat. Café y anís. Barcelona.
  • Quemadillo aragonés. 3 granos de café quemados en ron, con leche. Zaragoza.
  • Quemadillo de Ron. Azúcar,ron flambeado, leche, café y granos de café. La Rioja y Navarra.
  • Rebentó. Carajillo con el ron autóctono. Mallorca.
  • Rebullit o rehervido. Café hecho a partir de una carga con la que se ha hecho un primer café. Comunidad Valenciana.
  • Resolí. Aguardiente de la sierra, brandy, azúcar, café, peladura seca de naranja y canela. Cuenca.
  • Soldao. Café, Cointreau y gaseosa. Zaragoza.
  • Sombra. Nomenclatura específica para un 20% de café y 80% de leche. Málaga.
  • Suspiro de limón. Granizado de limón con un suspiro de café. Comunidad Valenciana.
  • Suspiro horchata. Horchata con un suspiro de café. Comunidad Valenciana.
  • Tallat. Café cortado con leche. Barcelona.
  • Tocaet (tocado) valenciano. Café con unas gotas de brandy u otro alcohol. Comunidad Valenciana.
  • Trifásico o tricolor. Café, brandy y leche. Barcelona.

 

lunes, 24 de noviembre de 2014

La reducción de variedades de flores está matando a las abejas


El País
Miguel Ángel Criado
24de novimbre de 2014

El análisis del polen en ejemplares disecados muestra que su declive está relacionado con la expansión de la agricultura moderna

    El declive de las abejas se ha generalizado en todo el hemisferio norte del planeta. / Jon Sullivan (Wikimedia Commons)
  • Hacia un mundo sin abejas
 
El rompecabezas que es el declive generalizado de las abejas se complica aún más. La abeja europea (Apis mellifera) y el resto de insectos antófilos (que aman las flores) ya tenían que luchar contra el virus de las alas deformes, el hongo Nosema ceranae, el parásito Varroa destructor, sofisticados insecticidas como los neonicotinoides o el propio calentamiento global. Ahora, un estudio añade un enemigo más: la reducción de la diversidad de plantas y árboles florales provocada por la moderna agricultura.

Los Países Bajos es una de las regiones del mundo donde más ha avanzado la agricultura. El 80% del territorio que era natural a comienzos del siglo pasado hoy es tierra cultivada. Por eso, es un gran escenario real para estudiar el impacto que la agricultura moderna está teniendo sobre las abejas. Tradicionales aliados de los agricultores, estos insectos polinizadores están desapareciendo a un ritmo que alarma a éstos, pero también a los científicos.

Un grupo de biólogos holandeses ha descubierto que existe una conexión entre el descenso de la diversidad floral y el declive de las abejas. Su trabajo se centra en las especies silvestres pero sus conclusiones podrían ayudar a desentrañar el colapso que sufren muchas colmenas de abeja melífera.

"Los efectos negativos del varroa, las enfermedades o la carga de pesticidas pueden verse reforzados por una limitación de la disponibilidad de comida", dice el ecólogo de la universidad de Wageningen y coautor del estudio, Jeroen Scheper. "Al estar en peores condiciones por un escenario de escasos recursos, las abejas melíferas pueden ser más vulnerables a estas amenazas. Y el mecanismo puede funcionar a la inversa: los efectos no letales de los pesticidas pueden afectar negativamente a la eficiencia forrajera de las abejas obreras, lo que podría tener un mayor impacto cuando la disponibilidad de recursos florales es baja", añade.

Scheper y sus colegas recopilaron ejemplares de varias colecciones de taxidermistas y museos de más de 50 especies de polinizadores silvestres. Querían saber de qué flores se alimentaban antes de que, desde los años cincuenta del siglo pasado, la agricultura se extendiera por casi todo el territorio holandés. Pero buscaban más el polen que el néctar.

"El polen es un recurso alimenticio crítico para las larvas de las abejas, pero no se desarrollan con el polen de todas las especies de plantas. Algunas especies de abejas solo crecen con el polen de un único género o familia, mientras que otras especies lo recolectan de una amplia variedad vegetal. Pero aún en este caso, las abejas tienen preferencias por determinados taxones y se desarrollan menos con las variedades que menos las atraen", explica Scheper. "Por el contrario, las abejas son menos exigentes con el néctar, es decir, las especies que recolectan polen de una única variedad de planta también recogen néctar de muchas otras variedades vegetales", añade.

Al comparar con el polen de los insectos disecados, los investigadores comprobaron que las especies actuales que están en mayor declive son precisamente las que se alimentan de flores de plantas silvestres o semisilvestres que ahora escasean, como algunas variedades de fabáceas (leguminosas) cultivadas como forraje para la ganadería o como técnica de barbecho en el pasado.

Sin embargo, su estudio, recién publicado en la revista PNAS, también señala que aquellas especies de abejas especializadas en las rosáceas en vez de descender, han proliferado. Además de las rosas, esta familia de plantas incluye a gran variedad de flores, árboles frutales y muchas otras plantas ornamentales de las que los Países Bajos son una potencia exportadora.

Un ingrediente más en un cóctel mortífero

Aunque Scheper insiste en que las conclusiones de su trabajo solo se centran en las especies silvestres de abejas y abejorros, la menor diversidad de flores se une al cóctel que factores que también están acabando con las abejas melíferas. El problema es quizá de visibilidad. El estado de las poblaciones silvestres, simplemente, se ha estudiado menos.
 
"Posiblemente, su situación sea aún peor, ya que no hay apicultores que estén supervisando a las abejas silvestres", recuerda el investigador de la universidad italina de Udine, Francesco Nazzi. Junto a su colega de la Universidad de Nápoles, Francesco Pennacchio, Nazzi acaba de publicar un trabajo en la revista Trends in Parasitology que intenta sistematizar qué está pasando con las abejas.

Su respuesta es que de todo. Lejos de una explicación simplista y monocausal, una especie de tormenta perfecta en la que unos factores agravan los efectos de otros sería la responsable del declive de las abejas melíferas.

"Se trata de un problema simple, la pérdida de colonias de abejas melíferas en todo el mundo, sin una respuesta simple", recuerda Nazzi. Y no es simple porque intervienen muchos factores. Aunque el virus de las alas deformes fue descubierto a comienzos del siglo pasado en el sur de Asia, el ácaro parásito que usa como vector no llegó a Europa hasta los años setenta y una década más tarde a Norteamérica. Los neonicotinoides, familia de pesticidas relacionados con el colapso masivo de las colmenas, no empezaron a usarse hasta los años noventa. Nazzi también menciona el deterioro de sus ecosistemas naturales por la expansión de la agricultura.

En su modelo, todas las piezas encajan y permiten interpretar "cómo los diferentes agentes estresantes pueden interactuar sinérgicamente para interferir en las defensas inmunitarias de la abeja", explica el investigador italiano. "Esto es muy importante ya que las barreras inmunes son fundamentales para mantener bajo control la difusión de las infecciones virales que pueden convertirse en destructivas en cuanto cualquier factor de los mencionados altera este frágil equilibrio, promoviendo una intensa replicación patógena", añade.

Para Nazzi, cualquier intento de luchar contra el declive de las abejas tiene que enfrentar cada uno de los factores que la amenazan. Desde intentar mantener controlados a los patógenos sin dañar a las abejas hasta reducir su exposición a los pesticidas o mejorar la gestión de la agricultura intensiva.

sábado, 12 de abril de 2014

La mala imagen fuerza a Monsanto a cambiar de estrategia


El País
Joan Faus - Saint Louis
12 de abril de 2014

El gigante agrícola intenta acercarse al consumidor para revertir el rechazo a los transgénicos y destina millones a evitar que sea obligatorio etiquetar los alimentos modificados genéticamente




El futuro de los alimentos genéticamente modificados se juega en la opinión pública. La batalla entre partidarios y detractores de los transgénicos es feroz y en Monsanto son muy conscientes de ello. Tras años acumulando una pésima reputación, la mayor compañía de semillas del mundo ha decidido cambiar de estrategia: acercarse más al consumidor para tratar de convencer a escépticos y críticos sobre la seguridad de sus productos, y sus efectos positivos para la agricultura mundial.

"En los últimos veinte años casi todas nuestras actividades de comunicación y educación han estado enfocadas a los granjeros, y han ido muy bien. Pero el error que cometimos es que no pusimos suficiente esfuerzo en los consumidores. Pensamos que ese era el trabajo de la industria de alimentación", admitió el vicepresidente ejecutivo y responsable tecnológico de Monsanto, Robert Fraley, en un encuentro reciente con periodistas europeos en la sede central de la empresa en San Luis. La visita, organizada por el gigante agrícola, es un reflejo de su creciente interés por divulgar más sus actividades.

En 2011 la multinacional estadounidense, especializada desde hace dos décadas en desarrollar semillas alteradas genéticamente para resistir herbicidas y repeler insectos, fue considerada la compañía "más malvada" del mundo en una encuesta en Internet. Y el profundo rechazo que generan sus prácticas en capas de la población a lo largo del planeta se visualizó ampliamente en mayo del año pasado cuando en un mismo día se celebraron manifestaciones contra Monsanto en 436 ciudades de 52 países. La iniciativa la engendró una sola persona en Facebook y tras el abrumador éxito de convocatoria se repetirá el próximo 24 de mayo. Para cerrar el círculo, los sondeos indican que tres cuartas partes de los estadounidenses se declaran preocupados por la presencia de transgénicos en su comida -que están ampliamente autorizados y rondan el 80% de todos los alimentos-, la mayoría por el temor a efectos nocivos. En Europa -que solo permite un tipo de maíz-, el rechazo es del 61%, mientras en España del 53%, según las últimas encuestas, de 2010.

Todo ello ha llevado a Monsanto en el último año a repensar por completo su estrategia. "Los consumidores nos ven como el primer escalón de la cadena de alimentación y quieren oír más de nosotros [...] Tenemos que hacerlo mejor", explicó el directivo. La empresa -que elabora principalmente semillas modificadas de soja, maíz, algodón y colza, al margen de otras convencionales- ha redoblado su comunicación en las redes sociales, donde son muy fuertes sus oponentes, y ha facilitado más información en su página web.

En paralelo, a finales de 2013 amplió su relación con Fleishman Hillard, una de las principales firmas de relaciones públicas, para impulsar una nueva campaña internacional, según Holmes Report, una plataforma que analiza el sector. Un portavoz de Monsanto confirmó que son clientes de esa agencia , pero evitó entrar en concreciones. Además, Monsanto -con una destacada presencia en América Latina, con soja y maíz transgénico, al margen de Estados Unidos- impulsó en septiembre, junto al resto de grandes grupos biotecnológicos, una página web con detallada información sobre estos alimentos.

Los expertos avisan, sin embargo, que la mala imagen no desaparece de la noche a la mañana. “Nunca es fácil. Es como correr un maratón, no un esprín”, apunta por teléfono Aaron Perlut, socio de Elasticity, una consultoría de San Luis especializada en reputación corporativa. Mientras, desde las organizaciones contrarias a los transgénicos creen que el giro conciliador y más transparente de Monsanto es falso y denota nerviosismo. “Se ha dado cuenta de que la era genética ha terminado. El público no aceptará una tecnología impredecible y peligrosa”, clama Ronnie Cummins, de la Organic Consumer Association. “Al mismo tiempo, está gastando millones en luchar contra el derecho a saber de los consumidores, por lo que no importa cuanto destine a refrescar su marca. Es sospechoso”, ahonda, por su parte, Colin O’Neil, del Center for Food Safety.

Se refiere a la multimillonaria ofensiva de Monsanto, junto a otras empresas, para frenar las iniciativas en 27 de los 50 estados de EE UU a favor de que sea obligatorio -como ocurre en más de sesenta países, entre ellos los de la UE y Brasil- especificar en los envoltorios de los alimentos si contienen componentes modificados genéticamente. Ahí es donde se juega la verdadera batalla entre los partidarios y detractores de los transgénicos, pues el etiquetado podría suponer un punto de inflexión en la percepción del consumidor. En las próximas semanas la Cámara de Representantes de Vermont podría aprobar una ley en ese sentido, con lo que se convertiría en el primer estado con etiquetado obligatorio en EE UU. En 2012 California y en 2013 Washington celebraron votaciones populares sobre este asunto, en las que se impuso el 'no' por un estrecho margen. Las multinacionales invirtieron 46 y 22 millones de dólares respectivamente en la campaña contra el sellado forzoso, dos y tres veces más que los grupos a favor.

"No hay estudios que examinen a largo plazo riesgos potenciales de los transgénicos sobre la salud. En ausencia de esa información, los consumidores deberían poder escoger si quieren o no comerlos", sostiene O'Neil. Los activistas recuerdan que el 93% de los estadounidenses están a favor del etiquetado y que en 2007 Barack Obama hizo una promesa en ese sentido antes de convertirse en presidente de EE UU. Desde Monsanto argumentan que "no hay duda" que la comida transgénica es igual de segura que la convencional y que así lo han certificado científicos y reguladores. A lo que opositores, como Cummins, replican denunciando los nexos entre Monsanto y las autoridades estadounidenses. Por ejemplo, el caso de Michael Taylor, que trabajó en la Agencia de Control de Alimentos y Medicamentos, luego se pasó a Monsanto donde fue vicepresidente, y ahora vuelve a estar en la FDA, según revelan los registros oficiales recopilados por el Center for Responsive Politics, una organización civil. No es un episodio aislado: un 72% de los cabilderos de Monsanto en 2013 habían trabajado antes en la Administración o en el Capitolio, según el Center. Se trata de una práctica habitual entre las grandes corporaciones.

El gigante agrícola aboga por el etiquetado voluntario de los transgénicos porque "pone el foco en las empresas que quieren usarlo como una ventaja de mercadotecnia", aduce Fraley, pero se opone a que sea obligatorio porque lo considera discriminatorio al equipararse a la información negativa sobre las grasas y sales que tiene un alimento. En este sentido, Monsanto apoya -a través de una coalición de un centenar de compañías- la propuesta de ley presentada el pasado miércoles por un congresista republicano que busca prohibir el etiquetado obligatorio, para así frenar los intentos de los estados, y dar más poder a la FDA, que se decanta por la vía voluntaria. La norma tiene pocas opciones de prosperar, dada la división que suscita en el Capitolio.

Pero para remediar una pésima reputación, primero hay que explorar las causas. "Realmente no la puedo explicar", reconoció Fraley, que la atribuyó sobre todo al hecho de ser vista como una empresa estadounidense y al "vilipendio" de la agricultura y la producción alimentaria. Pero también, a regañadientes, al pasado oscuro de Monsanto, como su producción del herbicida agente naranja que EE UU usó en la guerra de Vietnam o la contaminación en Alabama de unos componentes químicos. "Indudablemente el legado del pasado es un desafío para toda compañía", admitió. Aunque en su informe anual avisa de que la "aceptación pública" puede afectar sus ventas, de momento los beneficios de Monsanto siguen creciendo: hasta febrero ganó 1.670 millones de dólares, un 13% más que el año anterior. Ahora, su reto es lavar su imagen y ganar la batalla de la opinión pública, pero eso se presume mucho más complejo.

El amplio entramado político de la multinacional

J. F.
Como la mayoría de grandes compañías de EE UU, Monsanto destina mucho dinero en tratar de granjearse una influencia política. En 2013 gastó 6,9 millones de dólares en hacer lobby en el Capitolio y en agencias de la Administración, según datos del Center for Responsive Politics (CRP), lo que la sitúa en la posición 61 de 4.126. Ya en 1998 destinó cuatro millones, y su nivel más alto llegó en 2008 con nueve millones. Otros grupos comparten objetivos similares a los de Monsanto. Por ejemplo, en pleno debate sobre el etiquetado, la Grocery Manufacturers Association disparó en 2013 por cuatro su gasto en lobby, hasta los 14,3 millones.

Monsanto también hace donaciones a políticos. Por ahora, en el ciclo de las elecciones legislativas del próximo noviembre, ha otorgado 424.600 dólares a comités de candidatos (el 72% del Partido Republicano), según el CRP. Desde 2002 sus donaciones han ido creciendo con fuerza hasta llegar a su pico en 2012 (654.300 dólares). Desde la compañía las minimizan y alegan que son "parte del sistema político estadounidense". La Organic Consumer Association y el Center for Food Safety también destinan dinero a hacer lobby e iniciativas políticas, pero en proporciones muy inferiores.

Uno de los más beneficiados por las donaciones de Monsanto es Roy Blunt, senador republicano por Misuri, un estado muy agrícola y en el que se ubica Saint Louis. En el ciclo de 2014, Monsanto es por ahora el séptimo contribuyente a su campaña de reelección por valor de 79.250 dólares. Las cifras han ido en aumento: 10.000 en 2008, 44.250 en 2010 y 74.250 en 2012. En algunos círculos Blunt, que también recibe donaciones de otras empresas agrícolas, ha sido apodado como el hombre de Monsanto en Washington. Él mismo reconoció que elaboró junto a Monsanto la polémica cláusula que se introdujo a última hora hace un año en una ley que forzaba al Departamento de Agricultura a ignorar hipotéticas decisiones judiciales que pudiesen bloquear sus aprobaciones a nuevas semillas transgénicas. La cláusula, que no se renovó a los seis meses, fue bautizada coloquialmente como la 'Monsanto Protection Act'.

 

sábado, 21 de septiembre de 2013

restaurantes en Barichara


El Espectador
Por: Para serle franco
20 de septiembre de 2013

Barichara, en Santander, es sinónimo de piedra tallada, tapia pisada, paisaje, tranquilidad, viento suave, arte, poesía, diseño, música y cultura.

Y allí se continúa germinando también una vocación gastronómica. Ya escribí sobre el restaurante Las Cruces; hoy lo hago sobre otros dos muy buenos ejemplos.

El restaurante Barichara a la Piedra, está ubicado 1 km antes de llegar al pueblo, en un paraje con árboles altos y frondosos y grandes piedras, bañado por una quebrada con un pozo grande de agua refrescante en donde al antojo se puede disfrutar de un relajante chapuzón. Es un restaurante sin paredes, abierto a la naturaleza. La comida es llevada a la mesa en placas rectangulares de piedra volcánica previamente calentadas en un horno a alta temperatura. Apenas el chef coloca la porción de carne respectiva en cada piedra, se lleva de inmediato a la mesa y allí se va cocinando al tiempo que se va disfrutando bocado a bocado. Hay opciones de pescado, pollo o carne de res, previamente adobadas con salsas muy buenas, una de ellas de varias pimientas dulces, otra de pesto casero. Y a estos placeres, hay que brindarles buen maridaje con una botella de vino blanco y frío. Un gran aplauso a Patricia y Diego por la magnífica idea de montar Barichara a la Piedra, y, además, en este bello y pétreo escenario universal. Teléfono: 321 468 3027.
El restaurante La Nube, en el hotel de su mismo nombre, ofrece un desayuno de huevos machacados con carne oreada, diferente y delicioso. Hay que echarles ojo a sus cocteles naturales energéticos. El más sorprendente, el Sueño Profundo, hecho de lechugas, perejil, limón y sal, es sencillamente fuera de serie, hace gemir de gozo. Y no es una broma, es literalmente un jugo de lechugas y es magnífico. O el Bronceado Natural, con zumos de zanahoria, naranja, tomate, manzana y limón. O el Energía para el Camino, con yogur casero, uvas, germen de trigo y miel. Cocteles frutales superiores a la mayoría de los que se ofrecen en los restaurantes más afamados de Bogotá. Al almuerzo me encantaron el cabro al romero y la carne oreada sobre rodajas de pepino. Se merece un gran aplauso pues las dos preparaciones enaltecen estos platos santandereanos, el cabro y la carne oreada, con unas variaciones que no diluyen o esconden su textura y sabor original. Dirección: calle 7ª Nº 7-39, teléfono: 7 726 7161.

Indicador CLAP (calidad-local-atención-precio)

otorgado a los restaurantes: BUENO.

Sus comentarios serán bienvenidos a:

paraserlefranco@yahoo.com