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jueves, 2 de junio de 2016

Viaje al origen del café más caro de Colombia


El Espectador
21 de mayo de 2016

María Alejandra Medina C

En Twitter: @alejandra_mdn

Procesos en cosecha y poscosecha son claves para lograr US$182 por libra.

Viaje al origen del café más caro de Colombia
Efraín Barrera es uno de los caficultores que venden su producto en cereza a La Palma y el Tucán.
/ María Alejandra Medina C.
La Palma y el Tucán es sólo una de las fincas que fomentan el movimiento de los cafés especiales en el país. Vida digna en el campo y más consumo en la ciudad, las apuestas.  
A hora y media de Bogotá se produce el café colombiano que mejor se ha vendido en el exterior, US$182 por libra. Viene de los cafetales encañonados de una finca en Cundinamarca llamada La Palma y el Tucán, partida en dos por el río Apulo. Una mitad está en La Mesa y la otra, en Zipacón. Ahí sucede lo que para muchos productores y empresarios es el futuro de la caficultura en el país: la devoción por los cafés especiales.

Esos tipos de café son producidos con estándares más altos que los de la tradición, como mejores prácticas para cuidar el medioambiente, el grano, su proceso y, por supuesto, a los cafeteros. El resultado final son bebidas siempre depositarias de la aspiración de ser “la taza perfecta”, una especie de telos, de búsqueda incansable, en la cadena por la que pasan tostadores, baristas y, cómo no, el consumidor.

También sucede algo que en las últimas décadas ha sido poco usual en el campo colombiano, la iniciativa de jóvenes para emprender agronegocios. La Palma y el Tucán, con 13 hectáreas sembradas, fue una idea de Felipe Sardi, de 37 años, y Elisa Madriñán, de 30, esposos, formados, respectivamente, en la administración de empresas y el mercadeo y la publicidad. Sardi trabajó en Estados Unidos en una importadora de café, y de vuelta en Colombia quiso seguir en el negocio, pero desde la producción.

En la industria se acostumbra a que el caficultor venda su café verde, es decir, procesado. Pero La Palma y el Tucán renunció a eso. No sólo produce sus granos, sino que compra a los productores de la región el café en cereza, rojísimo, recién recolectado del árbol. “Nos dimos cuenta de que los caficultores en Colombia no tienen lo suficiente para invertir en infraestructura y para experimentar con el café”, asegura Madriñán.

La Palma, como la llaman los vecinos, tiene una planta de beneficio con capacidad suficiente para procesar la producción de cerca de 60 familias que actualmente entregan sus cerezas a la finca. Pero a pesar de que pareciera que allí, luego de la selección, el despulpado y las fermentaciones, ocurre la magia, la diferencia entre una taza de café y otra comienza desde que el fruto es desprendido de la planta. Por eso han prestado atención a la recolección.

Una de las dificultades que con más frecuencia señalan los caficultores en el país es la escasa mano de obra, que significa por lo general cerca de 70 % de los costos de producción. “Los recolectores son andariegos”, dice Efraín Barrera, un agricultor que hace 50 años heredó la finca que era de sus abuelos y donde vive hoy. Cuenta que los caficultores de la región solían unirse para conseguir mano de obra del Tolima. Lograban traer entre 10 y 20 recolectores.

Era complicado. No siempre había trabajo para quienes venían de tan lejos. Con frecuencia eran tildados de guerrilleros. Hoy La Palma les consigue a los productores la cuadrilla de recolección y se las subsidia. Los recolectores, algunos de fuera, otros de la región, reciben alojamiento, transporte y alimentación. Las mujeres recolectoras se pintan la uñas color borgoña, para buscar en la cosecha las cerezas que empaten con ese tono. Si las encuentran es porque el fruto está en su punto.

Pero lo más atractivo, según otra caficultora de la región, Rosalbina Bernal, son las primas que reciben por el café. La Palma paga más por la calidad de los frutos, la fidelidad como proveedores y por producir orgánico. Entre $150 y $250 más por kilo de cereza por cada prima. A pesar de que la finca de Sardi y Madriñán no produce más de dos contenedores al año, el negocio es sostenible con precios tan altos como los US$182 que pagó el tostador griego Taf, el que batió el récord. Se suman estrategias como la oferta de paquetes ecoturísticos.

Según Bernal, hoy obtiene hasta el doble de lo que le pagaban otros compradores, con mucho menos esfuerzo. Rosalbina se mueve con dificultad entre sus árboles de café y de naranjas. El promedio de edad de los campesinos de la región es de 63 años. Al igual que los hijos de Rosalbina, muchos jóvenes se han ido a la capital. Incluso tienen tierras rurales que nunca visitan.

De acuerdo con Sardi y Madriñán, la idea es impulsar el relevo generacional, que, pagando mejor, la gente se quede en el campo. “La clave está en la innovación”, dicen. Por eso están investigando microorganismos con la Universidad Nacional, fermentando el café hasta 100 horas -cuando el promedio de la industria no supera las 18-, y la habitación llena de matraces es más un laboratorio que una simple sala de catación.

La producción de la zona, dependiendo de la finca, se vio afectada hasta en el 50 % por el fenómeno de El Niño. Hubo además la sensación de que el comité de cafeteros no quiso repartir los auxilios que dio el Gobierno entre los caficultores que les venden a privados como La Palma. Lo cierto es que la Federación de Cafeteros no compra más del 23 % del café de Colombia.

“No puedo pensar otra cosa a que es muy positivo el esfuerzo de los privados por comercializar el café colombiano en el mundo”, expresa Felipe Robayo, gerente comercial de la Federación. Agrega que “la repartición de las ayudas se hace con base en criterios técnicos, según listados y la afectación. No tiene nada que ver con ninguna relación comercial, sino con los daños”.

La convicción en la rentabilidad de los cafés especiales se ha hecho evidente en los últimos congresos nacionales de los cafeteros y la feria Expoespeciales. Pero la atención ha dejado de estar puesta sólo en la producción. El consumidor colombiano es cada vez más importante. Se habla de “educarlo” y promover el consumo interno. Hoy tomamos al año más de 1,6 millones de sacos de café verde, el 13 % de la cosecha nacional, según cifras del programa “Toma café”. El crecimiento ha sido del 33 % entre 2009 y 2015.

La Palma y el Tucán también es dueña de Libertario, una tienda de café o coffee shop en el centro financiero de Bogotá. “Nació en 2015 para poder dejar algo del café que producimos para compartir con los colombianos, que puedan probar lo que vendemos a los mejores coffee shops del mundo”, dice Elisa Madriñán. El formato cada vez toma más fuerza. En la capital del país ya se cuentan tiendas especializadas como Catación Pública, Amor Perfecto, Varietale, Devoción, entre otras.

“Los extranjeros como nuestros clientes que vienen a Colombia toda la vida han relacionado el país con el café, pero resulta que el mejor café no se lo toman aquí. Nos sentíamos muy frustrados”, agrega Elisa. Y a pesar de que para tiendas como Libertario las cadenas como Starbucks son una especie de anticristo, han “hecho una gran labor. En países como el nuestro, donde el consumo de café no se ha sofisticado, ha abierto camino subiendo el estándar de precio. La gente está dispuesta a desembolsar más por el café”, que, en últimas, es lo que permite pagarle más al productor.

Para unos, fomentar el consumo de esa forma puede ser “educar el paladar” y enseñar que “café de Colombia” no significa nada, pues sólo en una misma finca puede haber muchos tipos de café. Para otros, puede ser subir el precio al producto que sin tanta armazón comercializan, sólo en Bogotá, cerca de 800 vendedores informales de bebidas calientes que están registrados en el Ipes. 

La Federación ha hecho lo suyo con las tiendas Juan Valdez, y parece surtir efecto. Mientras que en 2012 el 69 % de los jóvenes entre 18 y 24 años consumían café, hoy lo hace el 78 %. La incidencia de consumo en el grupo de edad entre 45 y 49 pasó de un 77 a 92 % en 2015, dice “Toma café”. Por su parte, la participación de los cafés especiales en las ventas al detal en el país se triplicó en los últimos seis años y muerde el 5 % de la torta, según Nielsen. “Nos daba pena ser colombianos. Pasamos de la taza a una categoría del placer y el gusto. El café ya no se toma en un “pocillito”, esto es una experiencia y no nos da pena tomarnos una buena taza”, afirma Camilo Herrera, presidente de la firma Raddar, especializada en consumo.

La nueva propuesta de muchos para la caficultura, actividad que desde el siglo XIX se las ha arreglado para impulsar la economía nacional, implica “formar consumidores”, pero también científicos del café, tostadores y baristas. Al tiempo, ofrecer una vida atractiva en el campo, una que sea resiliente ante las fluctuaciones de precios en la Bolsa de Nueva York, y que una o dos hectáreas de café sean tan rentables como para costear lo que es esencial para el agricultor. En los casos de Efraín y Rosalbina, educación para sus nietos.


lunes, 21 de marzo de 2016

Estudian salvavidas para los cafeteros afectados por El Niño


El Espectador
1 de marzo de 2016

El ministro de Agricultura se comprometió a evaluar con el Banco Agrario y Finagro los temas de crédito del sector cafetero.

Ayudas materializadas en la Vereda Santa Helena
de Barichara, Santander
Medidas tendientes a apoyar a los cafeteros afectados por el fenómeno de El Niño, evaluaron el Gobierno y la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) durante el comité celebrado en la mañana de este martes.

El gerente de la FNC, Roberto Vélez Vallejo, se mostró complacido con el trabajo conjunto que se llevó a cabo y con la disposición del Gobierno Nacional por apoyar de forma integral a los cafeteros colombianos, dice el informe de prensa.

Gobierno y cafeteros analizar con el Departamento para la Prosperidad Social la posibilidad de la vinculación de familias cafeteras a programas de estabilización socioeconómica que permitan atender las necesidades básicas primarias.

El ministro de Agricultura se comprometió a evaluar con el Banco Agrario y Finagro los temas de crédito del sector cafetero, incluido, créditos favorables para renovación por zoca.

Tanbién se acordó analizar la viabilidad de iniciar, con recursos del Gobierno y del Fondo Nacional del Café, un programa de reactivación de la caficultura que incluirá llevar acabo renovaciones por zoca o siembra para recuperar los cafetales afectados por el fenómeno climático, dcie el infornme de prensa.

El actual fenómeno climático ha sido considerado por diversas agencias como uno de los tres más intensos de la historia, lo que hace necesaria una mayor corresponsabilidad y un trabajo conjunto entre todos los actores para avanzar hacia el desarrollo de una caficultura rentable y sostenible, remarca el comunicado de la Federación.

Al término de la reunión se conoció que la Federación está por concluir un exhaustivo estudio en campo, sobre una muestra estadísticamente representativa de más de 7 mil fincas, en todos los departamentos cafeteros, cuyos resultados servirán de base para que las medidas adoptadas en conjunto estén aún más ajustadas a la realidad del impacto de El Niño en la caficultura colombiana.

Las medidas evaluadas para ayudar a los cafeteros afectados por el fenómeno de El Niño serán presentadas en la próxima reunión del comité de cafeteros.

jueves, 3 de diciembre de 2015

“Tenemos que centrarnos en recuperar la rentabilidad del negocio cafetero”, presidente gremial



 Dinero.com
12 de diciembre de 2015

El presidente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), Roberto Vélez Vallejo, afirmó que uno de sus principales retos es recuperar la rentabilidad del negocio cafetero ya que las condiciones actuales amenazan su viabilidad.



La escasez de la mano de obra, el aumento de los costos de producción, la volatilidad de los precios del grano y las complejas condiciones climáticas que ha afrontado el país en los últimos meses, son algunos de los desafíos para los caficultores.

Así lo explicó la máxima autoridad de la FNC durante la instalación del Congreso Nacional de Cafeteros en Bogotá, un evento que reúne desde hoy y hasta el próximo viernes a los distintos representantes de ese tradicional oficio campesino. 

“La actividad está al filo de la navaja, rodeada de incertidumbres”, argumentó Vélez, al explicar las consecuencias que ha tenido la crisis económica mundial en la caficultura del país.

Para superar estas barreras será necesario focalizar los esfuerzos en materia de investigación científica, asistencia técnica y posicionamiento del grano nacional a nivel internacional, explicó Veléz, quien además considera que la unión del gremio será una de las claves para “enfrentar los desafíos actuales”. 

El presidente del Congreso cafetero, Luis Alfonso Castañeda, coincidió en que una de las tareas más importantes es “recuperar la rentabilidad de la empresa cafetera”, pues es “el requisito fundamental para garantizar la permanencia y sostenibilidad” de la actividad. 

Castañeda insistió en que es necesario “modernizar los instrumentos de política y apoyo” a los caficultores, dado que este es un sector que “se caracteriza por su altísima exposición a toda suerte de riesgos”. 

En este sentido, abogó por “la implementación de herramientas como los seguros, coberturas y otros mecanismos de estabilización del precio”, lo cual permitiría que los cultivadores reciban los ingresos de su negocio a tiempo.

Durante la instalación del Congreso, al que no asistió el presidente Juan Manuel Santos por asuntos diplomáticos, el ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas señaló que este ha sido “un año de enriquecimiento institucional” para la FNC.

El alto funcionario, quien celebró la eliminación de la visa Shengen al inicio de su intervención, calificó la elección de Roberto Vélez y los demás representantes del gremio cafetero como “ordenada, legítima y democrática”.

Cárdenas reconoció que hasta hace unos años “las perspectivas no eran nada buenas” para los cafeteros, ya que en el 2009 la producción alcanzó los 7,8 millones de sacos y el valor de la cosecha fue de solo $3,4 billones. 

En ese período la edad promedio del parque cafetero se calculó en 11 años y se estableció que el 70% de la producción era susceptible a la roya, un tipo de hongo que afecta la salud de las plantaciones. 

A pesar de que las cicatrices de esos años difíciles no han sido borradas, el sector ha adelantado una serie de medidas para superar dicha crisis, según lo explicó el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas. 

Entre ellas destaca la renovación de más de 500.000 hectáreas de cultivos de café, así como la recuperación de la producción de este grano (este año se cerrará con unos 13,4 millones de sacos y exportaciones cercanas a los US$3.000 millones). 



miércoles, 29 de julio de 2015

Elecciones cafeteras para corregir errores


El Espectador
Juan Pablo Ruiz Soto
28 de julio de2015

Estamos a puertas de la elección del o la nueva gerente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC). Desde el punto de vista del mercado y el medio ambiente, el o la gerente enfrentará grandes retos originados en severos errores de sus antecesores. 

Desde los tiempos de Cárdenas Gutiérrez, los directivos decidieron que destruirían el bosque asociado al café para aumentar la productividad por hectárea. El análisis fue simple y errático, pues sólo se evaluó el impacto que esto tendría en la generación de divisas y se desestimaron los impactos negativos, como la pérdida en calidad del grano, la aparición de enfermedades y plagas asociadas al monocultivo, la pérdida de suelos —buena parte de los cafetales están en zonas de alta pendiente que, al perder la cobertura arbórea, se erosionan—, la destrucción de la regulación hídrica, la aparición de temperaturas extremas a las que se exponen las plantas, la pérdida de biodiversidad y la reacción del consumidor frente a un café disociado de los principios de sostenibilidad.

La FNC forzó al campesino productor a destruir el bosque cafetero y el policultivo asociado a su actividad. Los extensionistas del FNC señalaban en sus visitas que los árboles debían ser derribados. “Tumba los árboles que le están dando sombra al café o no hay crédito”, era la amenaza cuando la sapiencia campesina se resistía a tumbar los frutales y maderables que cuidaban y apreciaban en el policultivo asociado al café. Y exigían usar la llamada “Variedad Colombia”, desarrollada para monocultivos a plena exposición.

Resultado: se aumentó el volumen de producción por hectárea, pero se perdió la calidad del grano y la sostenibilidad económica y ambiental. El famoso café colombiano de aroma extraordinario, original de la llamada zona cafetera de suelos volcánicos, perdió sus cualidades. Se buscó mantener la buena imagen mediante el despliegue propagandístico de Juan Valdez, quien recordaba que el café de Colombia era el mejor café del mundo. 

Simultáneamente se mezclaba el empobrecido café de Antioquia y el Viejo Caldas con el grano tradicional producido en las llamadas zonas marginales de Huila, los Santanderes y la Sierra Nevada de Santa Marta, que, gracias al abandono de la FNC, conservaron su calidad.

El mercado se fue sofisticando y el genérico “Café de Colombia” dejó de ser el mejor del mundo. El café de origen de Costa Rica y otros países, y el de algunos colombianos que desobedecieron a la FNC y no tumbaron sus árboles ni cambiaron de variedad, tomaron su lugar.

La nueva o el nuevo gerente tiene grandes retos para recuperar la calidad del café colombiano y afrontar el cambio climático con suelos frágiles, desnudos y empobrecidos, plantas expuestas a temperaturas extremas, cuencas destruidas y plagas propias de monocultivos.

Hoy el consumidor aprecia el café amigable con el medio ambiente. La herramienta a disposición de la FNC son los resultados del proyecto de Café y Biodiversidad, apoyado por GEF y Naciones Unidas, que evidencia con fundamente científico las bondades del café asociado al bosque.

Recuperar el paisaje cafetero es rentable, genera sostenibilidad y mejores condiciones para competir en el mercado. Estos son retos para el nuevo o la nueva gerente.


domingo, 26 de julio de 2015

Colombia siembra el turismo del café


El País
Juan Morenilla
25 de julio de 2015

Las fincas productoras diversifican sus ingresos con la llegada de visitantes extranjeros, en una industria tradicional que se reinventa

 
Un trabajador en una plantación de café en Colombia. / SAMUEL SÁNCHEZ

Gustavo Patiño recibe un mensaje en su móvil mientras explica a un grupo de turistas el largo y costoso proceso de producción del café. Esta vez es un grupo con españoles, italianos, alemanes e ingleses quienes escuchan al propietario de la finca El Ocaso, en el departamento colombiano de Quindío. Otras veces son chilenos, argentinos o australianos. De todo el mundo acuden visitantes a esta propiedad de 35 hectáreas, 18 de ellas dedicadas al café, que Patiño, nieto de cafeteros, gestiona desde hace 28 años. Es el ejemplo de un turismo del café con el que esta industria tradicional se ha reinventado para diversificar sus beneficios. Al aumento de la producción no ha correspondido un aumento de los precios y por lo tanto de las ganancias, y hoy algunas medianas fincas echan el lazo a los turistas como otra fuente de ingresos.

El mensaje del móvil le informa a Patiño, varias veces al día, del precio del café. La producción de hoy va a Washington. El precio varía según el valor de la libra en Nueva York y del dólar respecto al peso colombiano. La industria del café requiere una visión a largo plazo porque las decisiones actuales, como qué variedades cultivar, se recogerán en unos años. Entre tantas dudas, el turismo parece un valor firme.

La Unesco nombró al Paisaje Cultural Cafetero como Patrimonio Mundial de la Unesco en 2011. Además de este coffee tour por las praderas de El Ocaso, un viaje que para el visitante comienza con la plantación de la semilla y acaba con una taza de café en la mesa, la finca ofrece la opción de convertirse en agricultor durante tres días y aprender con detalle el proceso con un empleado de la empresa (y traductor si es necesario). Son unos 700 dólares, hospedaje incluido

“Los turistas se van maravillados de todo lo que hay detrás de una taza de café”, explica Patiño, que ha recibido incluso a una televisión coreana para mostrar su nuevo negocio. “El turismo ha permitido que los trabajadores tengan mejores condiciones, ha dado más sostenibilidad a nuestra industria. Con la venta de café cubrimos gastos. Con el turismo es con lo que podemos tener beneficios. En 2012 sufrimos la peor cosecha de la historia, los precios eran muy bajos y no rentaba. Colombia perdió mercado. Ahora ha recuperado la producción, hacemos más sacos, pero no han subido tanto los beneficios porque los precios no han vuelto a niveles tan altos. De ahí que necesitemos el turismo”, añade el propietario de El Ocaso. Las visitas relacionadas con este sector crecieron en el país un 10% en 2013 y otro tanto en 2014.

En Colombia hay unas 550.000 familias dueñas de fincas en 590 municipios. La maquinaria se ha recuperado después de ese bache de 2012. Entre abril de 2014 y marzo de 2015, por ejemplo, la producción de café en Colombia aumentó un 8%, de 11,5 millones de sacos de 60 kilos a 12,3, según la Federación Nacional de Cafeteros, el principal gremio del país, nacido en 1927. En ese periodo, las exportaciones crecieron un 5%, de 10,4 millones de sacos a 10,9. Es decir, casi toda la producción se exporta y el resto, el café de peor calidad —el grano pasa un examen que detecta 14 defectos diferentes—, se destina al consumo nacional. Los principales destinos son Estados Unidos (4,5 millones de sacos en 2014), Japón, Alemania, Bélgica y Canadá. A España viajaron 266.000 sacos el año pasado.

Patiño y otros productores de café tienen la esperanza de que el diálogo entre el Gobierno y las FARC desemboque en una paz que impulse el turismo. “La gente ve ahora a Colombia de manera distinta. El año pasado Colombia recibió 4,2 millones de turistas y el objetivo de este año son los cinco. Hay un interés también económico en el proceso”, cuenta “don Gustavo”, como le llaman sus empleados. Los recolectores reciben 450 pesos por kilo y día, más la alimentación. Una jornada supone para cada uno entre 10.000 y 15.000 pesos (entre 3,5 y 5 dólares). Patiño explica que el 70% del coste se va en mano de obra y que este gasto ha aumentado porque se ha elevado la exigencia de calidad. Y lamenta que un productor como él solo reciba “el 2% de lo que se paga en un bar o un restaurante por una taza de café”.

“En un momento en que el sector del café está con incertidumbre, aparece otro negocio vinculado a él que es un respiro. El turismo nos permite diversificar la ganancia”, añade Juan Pablo Echeverri (de origen vasco), gerente de Hacienda Venecia, en el departamento de Caldas. En las 200 hectáreas de la finca, entre 100 y 500 trabajadores, según la época, cuidan 1,3 millones de plantas de café. El año pasado recibieron a 7.000 turistas. “Ahora vienen más extranjeros que se van con una buena sensación de Colombia”, explica Echeverri; “en los noventa los colombianos teníamos miedo de viajar por Colombia incluso, y eso ha cambiado. Esta es una nueva Colombia”. Con el café de siempre.

 

miércoles, 24 de junio de 2015

Perfil nuevo gerente Federación Nacional de Cafeteros


El Espectador
23 de junio de 2015
Uriel Ortiz Soto


El nuevo gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, debe ser un gran visionario, que haga honor al reconocimiento que hizo la Unesco, con el Paisaje Cultural Cafetero, sobretodo, que entre a solucionar los más álgidos problemas que hoy padece el gremio; por los continuos incumplimientos del Gobierno, y que por esta causa está a punto de estallar un nuevo paro campesino promovido por: Dignidad cafetera. 

 Esperamos también que el nuevo gerente, tenga sabor a caficultura y no a componendas gubernamentales, que en medio de trapisondas politiqueras, su nombramiento se negocia en Palacio de Nariño, para conjurar crisis de otros sectores a costa del sudor de nuestros sufridos campesinos caficultores.

Lo primero que debe hacer, es solucionar la grave crisis por la cual atraviesan millones de: recolectores, o jornaleros del gremio cafetero, que después de prestar tan indispensable servicio durante toda su vida, finalmente son relegados por sus bajos rendimientos debido a su avanzada edad, miles de ellos, a sus ochenta o más años, los vemos cargando el yugo del abandono, sin ninguna prestación social, muriendo de miseria, hambre y enfermedades en destartalados cuchitriles, que no se compadece con la dignidad humana, ni con el servicio que prestaron durante toda su vida.

Colombia gracias al gremio cafetero, ha entrado en la era de los cafés especiales, con ellos está rompiendo fronteras hasta llegar a ubicarse en sitios privilegiados que le está permitiendo destruir el paradigma de la imposibilidad e incertidumbre, pero, lo insólito de todo, es que quienes han logrado estas metas, ha sido por sus propios medios, sin el concurso de la Federación Nacional de Cafeteros.

Es irónico que el organismo rector de la caficultura no esté a la vanguardia de logros tan importantes, antes por el contrario, según sus promotores, es su mayor obstáculo para el desarrollo de metas, para colocar estos productos en los mercados internacionales, que están solicitados por varios países Europeos, pero, que lamentablemente tan importante sub gremio o actividad, no ha tenido una respuesta gubernamental como realmente debería ser.

Nadie se explica donde van a parar los recursos que destina el Gobierno para programas de cafés especiales, que desde luego son manejados por la Federación Nacional de Cafeteros, que a su vez los debe girar a los comités departamentales. Lo único cierto es que quienes están promoviendo este tipo de cafés, lo hacen con sus propios recursos, pero, ante la incertidumbre de encontrarse con las talanqueras de Federacafé.

Los Organismos de Control con la Fiscalía General de la Nación a la cabeza, deberían investigar tantos desafueros que se cometen con el gremio caficultor, que si bien está conformado por familias auténticamente campesinas, sus derechos les son vulnerados por un grupo de politiqueros que se hacen elegir para representarlos en los comités municipales, departamentales y nacionales, pero que en honor a la verdad, no son más que oportunistas disfrazados de dirigentes cafeteros.

Cuando hemos tenido la oportunidad de visitar exposiciones de cafés especiales, al hablar con varios expositores, nos han explicado todas las trabas que les pone la Federación Nacional para lograr sus objetivos. Para poder exportar sus productos siempre lo tienen que hacerlo bajo el monopolio odioso de federacafe, quien es el que impone las condiciones a unos costos bastante onerosos para los productores, que a punta de esfuerzo y sacrificio han logrado brillar con nuestro producto emblemático en los mercados internacionales.

Por infinitas razones, el nuevo gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, debe ser ante todo un caficultor, que se haya fogueado en el gremio, goce del aprecio y el respeto de sus afiliados, tenga sentido de pertenencia y manejo del gremio con sentido social, sobre todo, que acerque el Estado al sector campesino y caficultor.

Considero que la infraestructura de la Federación Nacional de Cafeteros, que se extiende por casi todo el País, a costos bastante elevados para los caficultores, debería reestructurarse, no se justifica que el gerente general, devengue un sueldo astronómico de cuarenta millones de pesos, con un séquito de aduladores; en la misma forma los comités departamentales, que si bien son a menor escala, también reina el despilfarro, la anarquía y la burocracia innecesaria.

El desempeño del doctor Genaro Muñoz ha sido el más corto hasta la presente fecha, solo duró seis años en el cargo, su administración no dejó de estar cuestionada, fue durante su período que se realizaron varios paros cafeteros con serias reclamaciones por el incumplimiento de los acuerdos inicialmente pactados con la complacencia del Gobierno Nacional, no se justifica que parte de los subsidios presupuestados por el Gobierno, para conjurar en parte la crisis cafetera de los años anteriores, hubiesen ido a parar al bolsillo de delincuentes de cuello blanco, que se hicieron pasar por caficultores sin serlo.

Aún hoy los caficultores en varios municipios continúan esperando se les cumpla con el pago del subsidio a que se comprometió el Gobierno para levantar los paros del 2012 y 2013, muchos se perdieron y hasta la fecha no aparecen los responsables, no obstante, que en su momento se han iniciado varias investigaciones de rigor.

La mayor parte de los comités departamentales, no estuvieron de acuerdo con el desempeño que le venía dando el doctor Genaro Muñoz a uno de los gremios más importantes del País y sobre todo del cual sobreviven más de quinientas mil familias, que ante tantas incertidumbres que sus directivos le han venido dando al gremio desde hace varios años, les ha tocado cambiar de actividad o muchas veces abandonar sus fincas.

Por eso, insistimos en que el nuevo gerente no puede ser un improvisador, ni mucho menos un aparecido; debe ser un dirigente de mucho peso en el gremio con el suficiente conocimiento para emprender nuevas metas de desarrollo dentro de él, lo más importante: que cumpla a cabalidad los acuerdos a que llegue con el gremio productor.

Aún con los altibajos de los precios del café, el gremio debe estar lo suficientemente sólido para solucionar a sus afiliados los más álgidos problemas, es indignante ver que productores que sacan una cosecha que les debe reportar buenos dividendos, finalmente reciben la desagradable noticia: que el precio del café se descolgó justamente al momento de venderlo al comprador del pueblo.

Considero que esta práctica debe desaparecer y los precios del café deben mantenerse en un estándar, aun por encima o por debajo de las los indicadores internacionales, lo que sucede es que el Gobierno muchas veces negocia el sudor de los caficultores para favorecer intereses de otros gremios.

urielos@telmex.net.co
urielos@hotmail.es 


lunes, 15 de junio de 2015

“Institucionalidad cafetera, a competir”


El Espectador
José Manuel Restrepo
13 de junio de 2015

Tal como lo demuestran las cifras, en los últimos 20 años Colombia ha perdido de forma continua participación en el mercado mundial del café, al pasar del 18% en 1995 al 8% en 2014.

Enhorabuena la Misión Cafetera desnudó problemas y razones asociados con lo anterior, como el aumento en los costos de producción, la rigidez en el modelo institucional (que se mantuvo intacto aun después de abandonar el Pacto Cafetero mundial), ineficiencias en el modelo institucional (llámese Federación-Gobierno a través del Fondo Nacional del Café), la excesiva dependencia del gremio de los recursos del Estado y el conflicto de intereses y la poca transparencia en la institucionalidad cafetera en la que se confunden roles de competidor y regulador del mercado interno del café.
 
El crecimiento del país y la formalización laboral sin duda han elevado el costo de la mano de obra en Colombia, que es el principal costo de producción de los cafeteros. Sin embargo, ayudas directas como el Programa de Protección al Ingreso Cafetero (PIC), vigente en 2013 y 2014, no induce mejoras en la competitividad, al no estar atado a incentivos para que los productores realicen algún tipo de práctica que eleve la productividad, y por lo tanto no mejoran la situación a la que se enfrentan los caficultores. Por el contrario, causan mayores distorsiones al sector, ya que la mayoría de los recursos dispuestos por el Gobierno terminan en las arcas de caficultores que no necesitan ese tipo de apoyos.
 
En lugar de seguir “botando subsidios”, lo que el Gobierno debe hacer para apoyar el sector es impulsar la competitividad. Si va a haber subsidios, es mejor concentrarlos en actividades como investigación y desarrollo. Esta generación de nuevo conocimiento aplicado es la clave para generar un mayor valor agregado que les permita a los caficultores mejorar su nivel de ingresos, pues dado nuestro tipo mayoritario de caficultura (de ladera) y las actuales regulaciones, muchos de los esfuerzos por reducir costos serán en vano.
 
Para lograr un ambiente competitivo se requiere además una separación clara entre el gremio y el Estado. Este último debe proveer mejores condiciones al caficultor en educación, salud, vías, entre otras, que tradicionalmente habían asumido los cafeteros en sus regiones. El Gobierno debe retirarse del Comité Nacional de Cafeteros, pues la política gremial no le concierne y al final de cuentas termina comprometido con las decisiones que allí se toman. Y por otra parte, las instituciones cafeteras deben concentrarse exclusivamente en aumentar la competitividad e incrementar la cobertura (hoy un 50% de caficultores han recibido muy poco apoyo de la Federación, según estudios recientes). 
 
Además, la institucionalidad cafetera debe ser más liviana y menos dependiente de los recursos del Estado. En la actualidad hay muchos gastos asociados con comercialización que indirectamente terminan pagando los productores. Una sugerencia es que en el próximo contrato de administración del Fondo Nacional del Café debe darse un gran ajuste en la cuota de administración, ya que su valor es cercano del 50% de la contribución cafetera y en su cálculo se incluye la actividad comercial realizada por la Federación como entidad privada. Con el agravante que según estudios recientes buena parte del destino de los recursos son para actividades que poco tienen que ver con el café. 
 
Otro punto fundamental es la privatización del negocio de comercialización del café. Este es un negocio rentable, pero no se da en igualdad de condiciones entre la Federación y el resto de los exportadores privados. Además, el hecho de que la Federación sea juez y parte en la regulación de exportaciones no permite que haya un entorno competitivo adecuado para el desarrollo de esa actividad. Adicionalmente, el negocio de exportación de café es incierto y riesgoso, y no debe ser el sustento del Fondo Nacional. Conveniente sería trasladar dichos recursos a la Federación con reglas de juego privadas y que conserven valor.
 
Buena parte de estos cambios debiesen darse ahora que se viene sangre nueva a la dirección de la Federación y que el país reclama eficiente inversión, gastos públicos y roles precisos para que nuestros modelos productivos sean realmente competitivos.
 
 

viernes, 12 de junio de 2015

Baraja de candidatos para gerenciar la Fedecafé


El Espectador
11 de junio de 2015

Cafeteros tendrán que conciliar una terna para elegir en septiembre al nuevo gerente de la Federación de Cafeteros. La lista de opcionados hoy suma cerca de 30 personas. 

José Antonio Ocampo, Juan Camilo Restrepo, Roberto Pizarro, Juan Esteban Orduz, Constanza Mejía de los Ríos y Luis Eduardo Gómez

Con el paso al costado que dio Luis Genaro Muñoz a la gerencia de la Federación Nacional de Cafeteros en mayo pasado comenzó la carrera por uno de los cargos más apetecidos en el agro colombiano. El miércoles, en reunión ordinaria del comité directivo de la Federación, conformado por los representantes de los 15 comités departamentales, se decidió finales de septiembre como fecha tentativa para llevar a cabo un congreso extraordinario del gremio con el único propósito de escoger al nuevo gerente.
 
En este momento, según asistentes a la reunión, cerca de 30 personas conforman la lista de opcionados, que no es oficial y que deberá depurarse hasta dejar ocho o diez candidatos que serán presentados a los departamentos y al Comité Nacional, en donde, además de los 15 representantes departamentales de la Federación, están los ministros de Hacienda, Agricultura, Comercio Industria y Turismo y Departamento Nacional de Planeación. Finalmente se conciliará una terna que tiene que ser aprobada por el Comité Nacional de Cafeteros.
 
Por ahora los representantes están terminando de estructurar el perfil que deberá cumplir la persona que se elija durante el congreso extraordinario. Si bien el perfil definitivo estará listo en más o menos dos semanas, por ahora hay consenso en que el nuevo gerente debe, por supuesto, conocer cómo funciona el sector y los negocios internacionales, propender por la unidad del gremio, tener buenas relaciones con los productores y con el Gobierno.
 
Fuentes cercanas a la Federación comentaron a este diario que es casi seguro que ninguna de las personas que conforman, o conformarán, la lista oficial cumplirá con el 100% del perfil, pues es muy difícil simpatizar a la vez a productores, industria, exportadores y Gobierno. Asimismo es posible que se arrojen nombres de personas idóneas a las que, a la postre, no les interese el cargo.
 
“Los 15 representantes de los comités estamos en la misma tónica y muy unidos para buscar ese nuevo gerente. Eso fue lo más valioso de la reunión”, dijo Jorge Julián Santos, representante de los cafeteros de Santander. Respecto a la actitud que debería asumir el nuevo líder frente a los resultado de la Misión Cafetera, Santos opinó que, si bien hay elementos con los que no está de acuerdo, es un documento que “tanto el gerente como el comité directivo deben analizar”.
 
En el mismo sentido Carlos Cardona, representante del Quindío, opinó que de la Misión se puede “rescatar lo rescatable”. Agregó que en la agenda debe seguir la reducción de costos para los cafeteros. “Se pasó el primer semestre, se recogió el 45% de la cosecha y los cafeteros tuvieron remuneración muy baja debido a los costos de la mano de obra”. Dice que los trabajadores se quedaron con el 60% del valor de la arroba de café y que a los cafeteros les quedó sólo el 40%. “Por eso se ha pedido que se reactive la PIC (Protección del Ingreso Cafetero)”.
 
La terna de Dignidad Cafetera
 
En diálogo con este diario, Óscar Gutiérrez, coordinador de Dignidad Cafetera, explicó que los ternados por el movimiento que lidera fueron escogidos por su conocimiento del sector y por defender a los productores.
 
Los candidatos son Orlando Beltrán, dirigente cafetero del departamento del Huila, quien “sabe y conoce el negocio”, según Gutiérrez; Luis Gonzaga Cadavid, que ha pertenecido al comité departamental de Caldas, y de quien Dignidad Cafetera también destaca su conocimiento de la caficultura, y Aurelio Suárez Montoya, “que aunque no es productor cafetero, es estudioso y analista de los temas agrarios y en particular de los cafeteros”, explicó Gutiérrez.
 
La terna de Dignidad se dará a conocer a través de la representación que tiene el movimiento en el Comité Nacional de Cafeteros. “Quisiéramos que fuera un proceso en el que realmente fueran los cafeteros quienes definan su gerente, pero desgraciadamente tenemos el problema de que por los estatutos el Gobierno Nacional mete la mano”, añadió el dirigente.
 
Estos son algunos de los nombres que suenan para la gerencia de la Federación de Cafeteros
 
José Antonio Ocampo
Economista y sociólogo de la Universidad de Notre Dame, fue ministro de Agricultura y lidera la Misión Rural, cuyos resultados se conocerán este año. El déficit habitacional de 61,4% en el campo es uno de los hallazgos que ha arrojado el estudio.
 
Juan Camilo Restrepo
Conservador y abogado de la Universidad Javeriana, fue el primer ministro de Agricultura de Juan Manuel Santos. Durante su gestión, entre otras cosas, puso contra las cuerdas a Fedegán y se mostró como defensor de la restitución de tierras.
 
Roberto Pizarro
Ingeniero civil de la Universidad de los Andes, estuvo vinculado por más de 30 años a la Federación de Cafeteros, fue vicepresidente financiero y ejecutivo del Banco Cafetero y director del Comité Departamental del Valle del Cauca, entre otros.
 
Juan Esteban Orduz
Abogado de la Universidad del Rosario, se desempeña como director de la oficina de la Federación de Cafeteros en Nueva York. Ha sido calificado como el más opcionado para ocupar el cargo gerencial.
 
Constanza Mejía de los Ríos
Ingeniera industrial de la Universidad Nacional Sede Manizales, es gerente de la fábrica Buencafé Liofilizado de Colombia, en Caldas, desde 2009 y ha estado vinculada a la Federación Nacional de Cafeteros por más de 25 años.
 
Luis Eduardo Gómez
Tras anunciar su renuncia a la presidencia de Finagro, Luis Eduardo Gómez respondió entre risas y sin comentarios a la pregunta que le hizo este diario en diciembre sobre si “le sonaba” la gerencia de la Federación. Gómez fue asesor de la gerencia de la FNC y su representante en Asia.
 
 

domingo, 31 de mayo de 2015

Más allá del cambio del gerente


El Espectador
Por: Mauricio Botero Caidedo
31 de mayo de 2015

En opinión del autor de esta nota, la caficultura colombiana —y por ende la Federación de Cafeteros— requiere una transformación mucho más radical que el simple cambio del gerente, por competente o incompetente que haya sido. 

La “institucionalidad” requiere un cambio de actitud y de posicionamiento, pero, muy especialmente, el sector requiere actualizar las políticas de producción y de comercialización del grano, políticas que le han hecho un enorme daño al sector y al país. El cambio de actitud tiene que ver con la manera arrogante y refractaria con que las directivas de la Federación toman toda sugerencia, como si por definición dichas directivas fueran depositarias de la verdad revelada. A las propuestas de la Comisión Cafetera, encabezadas por Juan José Echevarría, las directivas les restaron toda importancia al considerarlas producto de la ignorancia o el despiste, y las recomendaciones de dicha Comisión, en vez de debatirlas, las descalificaron de antemano.

El cambio de posicionamiento tiene que ver con los ajustes que el gremio y el mismo Gobierno tienen que hacer para situarse en un entorno totalmente diferente al que existía en 1989, cuando regía a nivel mundial un pacto de productores, cartel que a su albedrío establecía cuotas de producción. Antes del 89 el papel del consumidor era prácticamente inexistente: las decisiones de qué variedad, cuánto y dónde producir fluían de arriba abajo. Al desmontarse el pacto, y al empezar las decisiones a fluir de abajo para arriba, lo lógico hubiera sido que Colombia desmontara el manejo “dirigista” del sector. En un entorno de mercado libre la presencia del Estado en la dirigencia del gremio es redundante y perjudicial. Adicionalmente, al seguir siendo la “cúpula” la que señalaba y sigue señalando las directrices de producción y comercialización, los productores han dejado de recibir las señales sobre las preferencias del consumidor. De haberlo hecho, muy posiblemente Colombia sería la dueña de los mercados de “cafés especiales”, segmento que hoy acapara cerca del 37% del mercado mundial en volumen y más del 50% en facturación.

En materia de producción, Colombia se mantiene anclada en un modelo obsoleto que, con contadas excepciones, perpetúa uno de los mecanismos más absurdos del mundo: que siendo el país con mayor potencial de producir y consumir toda la gama de cafés, nos limitamos a ser por excelencia el país que consume internamente el peor café del universo. La culpa de este fenómeno, que los colombianos nunca hubiéramos adquirido el paladar para un buen café y nos tuviéramos que resignar como borregos a consumir productos de inferior calidad, recae en la Federación.

Finalmente, casi la totalidad de la política de comercialización está mandada a recoger. Hoy en día los reyes del mercado son los cafés especiales de denominación específica de origen. “Café de Colombia” no dice mayor cosa y el mercado paga con pocos centavos el hecho de que el producto sea 100% colombiano. Por el contrario, las primas por los cafés especiales, aquellas con denominación de origen, se miden en dólares.

Pero esta y otras opiniones equivalen a arar en el mar: ni se va a modificar la Federación de Cafeteros, ni se va a liberar el mercado, ni se van a eliminar los subsidios cafeteros, ni se va a sacar al Gobierno del consejo directivo del gremio. En su continuo e irreversible descenso, la “institucionalidad cafetera” va a seguir siendo refractaria al cambio.

jueves, 21 de mayo de 2015

Cambios cafeteros


Editorial 
El Espectador
20 de mayo de 2014

EL RETIRO DE LUIS GENARO MUÑOZ de la gerencia de la Federación Nacional de Cafeteros ha causado numerosas reacciones. Muchos de sus contradictores gremiales han respirado con alivio, en tanto que buena parte de la dirigencia cafetera ha lamentado su decisión. 

Observadores y analistas, entre ellos el director de la misión del café, Juan José Echavarría, han visto en la salida de Muñoz una oportunidad para exponer sus tesis provocadoras, que en esencia buscan cortar cualquier nexo del Estado con la Federación. Seguramente en las próximas semanas, cuando surjan más nombres para reemplazar al gerente en medio del debate asociado con las elecciones regionales y con un incierto precio internacional del grano, tendremos más perspectivas y posiciones sobre el debate cafetero.
 
Para entrar en ese debate, sin embargo, conviene revisar lo que deja el gerente que se retira, que no es poco. En estos seis años en que estuvo a cargo del gremio cafetero enfrentó una revaluación persistente, un ataque de roya sin precedentes y una ola invernal que tuvo un significativo impacto en la cosecha. En medio de esas condiciones complejas logró una reconversión cafetera sin precedentes en la historia de Colombia. Renovar más de 3.300 millones de árboles, la mayoría resistentes a la roya, no es tarea fácil, y ningún otro sector lo ha logrado. El cambio en las cifras de productividad y de cosecha es, sin duda, su principal ejecutoria, y las cifras no mienten.
 
Empero, se nos antoja que el más significativo de los logros institucionales de Luis Genaro Muñoz fue la profundización de la democracia cafetera. Propios y extraños, contradictores o no, deben reconocer que el mayor activo de la Federación y sus comités de cafeteros es su legitimidad, reflejada en una participación electoral para elegir sus cuadros directivos que supera el 67%. Muñoz habrá de ser recordado como uno de los gerentes quizás más cuestionados por sus representados, pero a su vez como el que más trabajó para que el gremio fortaleciera su democracia y sus elecciones.
 
En el debate sobre el futuro de la Federación, entonces, conviene tener una conversación más profunda sobre las instituciones cafeteras, que reconozca sus avances, sus retos, su necesidad de reformarse, claro, pero también sus limitaciones. Un debate que defina las expectativas y su capacidad de acción en el mundo de lo real. Como durante muchos años la Federación reemplazó al Estado en las zonas cafeteras, aún hoy muchos, sobre todo en las regiones, piensan que es quien determina el precio del café y quien, además, todo lo debe hacer y todo lo tiene que resolver.
 
Aunque hoy no tiene los recursos para seguir haciéndolo, ni en un mundo ideal es conveniente que nadie reemplace al Estado, la Federación y sus comités de cafeteros constituyen una institucionalidad excepcional en la Colombia rural que sería lamentable desconocer de tajo porque no exista tal cual en otros lugares del mundo, que es la idea que viene haciendo camino. Un país con las inequidades que vivimos, donde el Estado ha sido un ausente permanente en el campo, difícilmente va a alcanzar el desarrollo rural deseado con una simple receta de libre mercado y privatización. La limitada capacidad de actuar que han demostrado el actual y los anteriores gobiernos en las zonas rurales —fuente y alimento del conflicto armado— hace necesario valorar la institucionalidad cafetera de una forma más profunda. Es importante que el proceso de selección del nuevo gerente no se tome a la ligera y contribuya a fortalecer la institución. Colombia no puede darse el lujo de sacrificar una institución que tiene arraigo y capacidad de gestión en el campo, cuando eso es lo que más falta hace allí.


 

lunes, 18 de mayo de 2015

'No más papá Estado para los cafeteros': Juan José Echavarria


Director de misión cafetera propone privatizar la actividad. Dice que Federación afecta al gremio.

El Tiempo
Yamit Amat 
16 de mayo de 2015

Foto: Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO
Juan José Echavarría cree que el cambio de gerente en la Federación debería aprovecharse para hacer reformas grandes.
Privatizar la industria cafetera del país y terminar con la actual Federación Nacional de Cafeteros propone Juan José Echavarria, director de la misión cafetera que el presidente Juan Manuel Santos integró para realizar un estudio general sobre la industria cafetera nacional.

Echavarría, excodirector de la Junta del Banco de la República, empleó dos años junto a ocho comisionados más, y con expertos investigadores, para estudiar el funcionamiento del mercado del café.
“No más papá Estado para el mundo cafetero”, pide Echavarría.

“La Federación es un exportador ineficiente que utiliza su poder oligopólico para fijar un precio bajo de compra de café”, dice Echavarría, en un descarnado análisis de la situación cafetera del país.

La siguiente es la primera entrevista que Echavarría concede desde cuando fue nombrado jefe de la misión. Valerosamente, admite que la Federación, como está estructurada hoy, le hace daño al gremio.

“Colombia perdió su participación en el mercado mundial cafetero, pues pasamos de exportar el 18 por ciento de ese mercado, a comienzos de los 90, a solo 8 por ciento hoy. Para recuperar nuestra antigua participación, deberíamos exportar 25 millones de sacos, en lugar de los 12 millones que hoy vendemos en el exterior”.

En su opinión, ¿qué pasó?

Colombia perdió participación porque la productividad cafetera se estancó 20 años, cayó con la crisis de 2008-2009. Esa productividad creció dramáticamente en Vietnam y Brasil, y en menor medida en Perú, Honduras, Nicaragua, India e Indonesia, entre otros. Cuando terminó el Pacto Mundial Cafetero, en 1989, todos los países, excepto Colombia, desmantelaron las poderosas instituciones cafeteras existentes. Aquí conservamos una entidad que codiseña la política cafetera; mantuvimos un monopolio que compra cerca del 35 por ciento de la producción nacional, que regula y exporta al mismo tiempo, y que compite inequitativamente con el resto de productores y exportadores. Mantuvimos un mercado sobrerregulado en comparación con otros países.

¿Cuál es la salida a la actual crisis cafetera?

El presidente Santos integró la misión cafetera, que yo presidí, para realizar un estudio serio sobre el café. Comisión muy heterogénea, con visiones muy diversas sobre la caficultura del país. La secretaría técnica produjo ese documento, y ocho de sus nueve miembros lo aprobaron por estar de acuerdo “en lo fundamental”.

¿La misión proponía el marchitamiento de la Federación?

Lo que propuso en el área institucional fue separar las funciones de la Federación entre la actividad comercial y las demás. Si el gremio quiere exportar café, que lo haga, pero paga impuestos y no recibe subsidios del sector público para ello. La otra parte de la actividad gremial debería concentrarse en elevar la productividad, mejorar el servicio de extensión y promover la imagen de los cafés colombianos en el exterior. Uno de los comisionados habló incluso de convertir a la Federación en el Proexport de los cafeteros.

¿El actual sistema cafetero de Colombia funciona mal?

Parte de ese sistema funciona mal, aun cuando también debe destacarse la fortaleza de algunos de los comités regionales o de Cenicafé, el centro de investigación. Pero el arreglo institucional que hoy tenemos es el mismo de 1989, creado para un mundo diferente, un mundo con pactos cafeteros, un mundo que desapareció hace 25 años. No es el que hoy necesita el país. No me gustan los monopolios públicos ni los privados. Además, el modelo que tenemos es bastante perverso, y castiga a los productores pequeños y pobres. Beneficia a la Federación y en algunas oportunidades a los exportadores privados.

¿Los grandes beneficiados del esquema son los exportadores y no los productores?

Exactamente. La Federación es un exportador ineficiente que utiliza su poder oligopólico para fijar un precio bajo en el mercado local. No pierde dinero, pero quien paga es el pequeño productor. Lo peor es que el exportador privado va en coche y paga ese mismo precio bajo. Eduardo Lora calcula que la contribución cafetera de seis centavos de dólar por libra lleva a que el productor pobre pague por las ineficiencias de la Federación.

¿Cuánto le vale al Estado mantener la Federación?

Para cubrir el déficit del Fondo Nacional del Café, habría que duplicar o triplicar la contribución cafetera. Ello no se hace, y al Gobierno le toca cubrir el resto. El Gobierno pone más dinero que el gremio en mantener la actual “institucionalidad”.

Entonces, ¿qué hacer con lo que usted llama la “institucionalidad”?

Primero, si el gremio quiere exportar, que lo haga, como cualquier exportador privado, pagando impuestos, sin subsidios del Estado; segundo, la Federación-Fondo Nacional no puede ser juez y parte: no puede exportar y regular al mismo tiempo. Tercero, el mercado de café está hoy sobrerregulado cuando se compara con cualquier otro país del mundo. En Brasil, todo exportador puede vender en el exterior todo tipo de café, sin pedir permiso al Gobierno, sin pedir permiso a nadie. Proponemos separar cobijas: que el Estado decida la política cafetera y los cafeteros operen como cualquier otro gremio.

¿Y la Federación?

Si el gremio cafetero quiere mantenerla en su estado actual, que lo haga, pero con su dinero y no con nuestros impuestos. La Federación es una institución muy costosa, y la mayoría de los cafeteros son muy pobres.

En este momento, los cafeteros están hablando del restablecimiento del Programa de Protección al Ingreso Cafetero, PIC.

Como el que hubo, de ninguna forma. Hay un trabajo muy serio de Roberto Steiner que muestra que el 10 por ciento de los cafeteros (ricos) recibieron el 60 por ciento del PIC. Ello significa que los cafeteros pobres poco recibieron. Hay propuestas adicionales. En Brasil, por ejemplo, todo agricultor ‘paga’ el 3 por ciento de su venta agrícola, y ese dinero va a su cuenta pensional.

¿La coyuntura del retiro del doctor Luis Genaro Muñoz de la gerencia de la Federación debería ser usada para aplicar reformas que propuso la comisión?

Obviamente. Una federación que haga su trabajo en productividad, en servicio, y otra que exporte: dos mundos separados. Hay que concentrar todos los esfuerzos del mundo institucional cafetero en el tema de productividad y costos. Hay que eliminar la sobrerregulación en café. Hay que moverse en nichos especiales. Para exportar café no se requiere un semi-monopolio estatal. Hay que abrirnos más al mundo moderno del café. Hay que recuperar nuestra participación en los mercados mundiales (25 millones de sacos), pero produciendo café en forma rentable. Solo así será posible eliminar pobreza en las zonas cafeteras.

El saliente gerente de la Federación dijo que el informe de la misión cafetera que usted presidió no tenía nada nuevo…

Eso dijo al comienzo, y luego se puso furioso con lo que dijo la misión. Insultos, gritos y un manejo indebido de documentos que estaba prohibido citar.

¿Por qué fue tan peyorativo contra usted Luis Genaro Muñoz?

Parece que no le gustaron mucho las ideas de la secretaría técnica, apoyadas por la comisión. No nos gusta el cambio aun cuando sea necesario. Los tiempos del pacto cafetero nunca volverán.

¿Por qué no se ha adoptado ninguna de las propuestas de la comisión?

Recién entregamos el informe, y lo que presidente Santos quiere es una discusión amplia sobre café. Además, el impacto que tengan nuestras propuestas se verá en el 2016, cuando se firme el nuevo Contrato Cafetero. De todas formas, muchas de las reformas consideradas son dolorosas y difíciles. El gremio cafetero debe ser un gremio normal, sin prebendas ni subsidios.

¿Deberían retirarse los ministros del Comité Nacional de Cafeteros?

Claro. El Gobierno es un mal socio para los cafeteros, y aún más en las reformas de largo plazo que requiere el sector, relacionadas, por ejemplo, con cambios en productividad y con reducciones de costos. Los gobiernos piensan en períodos de cuatro años. El gremio cafetero debe independizarse, encargarse de su destino, nombrar su gerente y descentralizarse. En este momento, el Estado aporta un montón de dinero a la institucional cafetera, y no sabemos bien cuál es su destino final. El sector cafetero representa 3 por ciento del producto interno bruto (PIB) y el 5 por ciento de las exportaciones del país, y no existe razón para que cuatro ministros tomen las decisiones conjuntamente con el gremio. Pero, aún si representase el 70 por ciento de las exportaciones, ¿a quién se le ocurre pensar que debe existir una federación de petróleo a la cual asistan cuatro ministros?

¿Parece usted partidario de privatizar totalmente al sector cafetero?

Sí, claro, como cualquier gremio, como se hace hoy en la mayoría de los países cafeteros, y en todos los países cafeteros exitosos. En Brasil, hoy, los productores recuerdan como pesadilla cuando los ministros mandaban en el mundo cafetero.

¿Y eso es lo que pasa hoy en Colombia?

Sí, señor. Los cafeteros deben manejar su café. El Estado diseña la política económica, y ellos producen, compiten y exportan en un mundo muy dinámico, donde el café ya no es un bien primario normal. El Estado se debe encargar de la pobreza en las zonas cafeteras, de las carreteras y de las escuelas. Y los cafeteros, que se dediquen a aumentar la productividad, para competir en el mundo, y a utilizar la contribución cafetera para fortalecer a Cenicafé, al Servicio de Extensión y a promover los cafés de Colombia en el exterior.

¿El año entrante se vence el Contrato Cafetero, que cada diez años Gobierno y cafeteros renuevan. ¿Qué se debe hacer en su opinión?

El Contrato Cafetero es un pacto entre el Gobierno y los cafeteros a través del cual se fijan las reglas de juego del Fondo Nacional del Café, la institucionalidad cafetera y la contribución cafetera que se da a la Federación. El nuevo contrato tiene que tomar en cuenta el nuevo mundo. Ese contrato, si se firma, debe tomar muy en cuenta las recomendaciones de la comisión.

¿Acabar con la regulación de mercado cafetero?

Sí. Fijar reglas de juego claras y evitar claras incompatibilidades: quien exporta no puede regular. Se trata además de un mercado sobrerregulado. Y nos ha ido mal con respecto a un grupo relativamente amplio de países exitosos.

¿Usted cree que la Federación debe ser el gran comprador interno del café?
A mí no me gustan los monopolios públicos. Me parece un esquema muy inconveniente. Ni siquiera existen hoy en Vietnam, un país socialista.
¿Usted no quiere que la Federación compre?

Solo en aquellos lugares en que hay pocos compradores. Solo allí debe existir la llamada garantía de compra. ¿Por qué tener garantía de compra en Cartago o Pitalito, cuando allí existe un mercado muy dinámico de compradores y vendedores? ¿Y cuánto cuesta el andamiaje institucional para mantener más de 500 puntos de compra en el país? Le repito: la contribución cafetera de 6 centavos de dólar por libra no alcanza sino para financiar la mitad de lo que vale la Federación.

¿La Federación Nacional de Cafeteros debería ser una entidad privada?

Claro, y que el gremio cafetero tome en sus manos el manejo de su mundo cafetero. Como dije, los gobiernos son malos socios para la productividad.

Es decir, ¿privatizar la industria del café?

Sí. Ahora bien, puesto que existen recursos parafiscales, el Ministro de Agricultura o su delegado podría participar en algunas de las discusiones del gremio relacionadas con el uso de esos aportes estatales. ¿Usted se imagina al Ministro de Hacienda presidiendo la Andi? No más papá Estado.

¿Para usted qué es lo más importante hoy para los cafeteros?

Que el café sea rentable.Está en juego la vida digna de 500.000 familias cafeteras, muchas de ellas muy pobres. Quien logre que esta situación cambie, mediante la producción rentable de café, debe considerarse un héroe nacional.

Es decir, paradójicamente, la Federación de Cafeteros le hace daño al cafetero.

Sí. Un daño enorme. Para entenderlo basta ver lo que hacen los países exitosos: todo lo contrario de Colombia. Se malgastan muchos recursos con ese esquema y se condena a la pobreza a 500.000 familias cafeteras.

YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO