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sábado, 30 de abril de 2016
lunes, 11 de enero de 2016
sábado, 3 de octubre de 2015
Menos de un centavo de dólar por cada taza de café
Fernando Morales-de la Cruz
Los estadounidenses celebraron el Día Nacional del Café el 29 de septiembre, Europa y el resto del mundo celebran el Día Internacional del Café el 1 de octubre. Lo hacen con ofertas y promociones de café gratis, pero todos lo hacen sin pensar en el sacrificio de aquellos que producen el grano.
Me atrevo a pedir los amantes del café, a cada barista, a los editores y periodistas extracafeinados en los medios de comunicación y a todos en la industria del café que dejen de ignorar la realidad de los más de 26 millones de trabajadores agrícolas del café. Ellos tienen más de 100 millones de dependientes, son ellos quienes producen el café que disfrutamos todos. La mayoría de los campesinos viven en la pobreza o pobreza extrema. Hay 250 millones de personas cuya subsistencia depende directa o indirectamente, total o parcialmente, de la producción de café en los países productores de café.
El precio que pagamos los consumidores en Europa, Estados Unidos, Canadá, etc por el mal llamado "comercio justo", "café ético" o "sostenible" incluye menos de un centavo de dólar por taza para ayudar a erradicar la pobreza en las regiones cafetaleras. La prima para los productores de café "ético" o "certificado" es inferior a 0.003 dólares por cada taza. Los trabajadores agrícolas del café reciben incluso menos que eso, porque parte de la prima se utiliza para otros fines relacionados con las cooperativas y las plantaciones de café.
De acuerdo con la SCAA hay hambre en las regiones cafetaleras (leer el informe Hunger in the coffeelands). La verdad es que la pobreza y la pobreza extrema han existido durante siglos en as regiones cafetaleras. Todo el mundo en la gran industria del café ha tenido conocimiento de esa realidad desde el primer día. En la época colonial, las potencias coloniales y los comerciantes de café promovieron plantaciones en el eje cafetero que utilizaban mano de obra de esclavos y de trabajadores que recibían solo alimentos básicos como pago por su trabajo. Hoy en día, las principales compañías de café buscan las zonas de montaña donde hay pobreza extrema, con abundante mano de obra barata y la mejor tierra, para crear nuevas plantaciones de café, como lo están haciendo en el sur de Sudán, en el resto de África e incluso en China. Lo hicieron en Vietnam hace apenas unas décadas. Su éxito en la erradicación de la pobreza es más que cuestionable.
Erradicar la pobreza en las regiones cafetaleras requiere transparencia, visión empresarial, un verdadero sentido de misión y un enfoque a lo Henry Ford, no un evento de relaciones públicas con George Clooney. La industria del café es pujante en los países desarrollados, genera decenas de miles de millones de dólares en valor agregado, utilidades e impuestos, pero muy poco valor compartido llega a los trabajadores del campo y a sus familias. En demasiadas regiones de café de "comercio justo" o con certificaciones "éticas" sólo una de cada veinte niñas se gradúa de la escuela secundaria. ¿Cómo puede llamarse eso justo, ético o sostenible en el siglo XXI?
Hoy todavía hay personas que trabajan en las fincas de café por menos de cinco dólares al día, sin soñar con la compra de un coche, no tienen carreteras, millones no tienen un techo adecuado para protegerlos, muchos no tienen ni siquiera letrinas y carecen de agua potable. Millones de personas sufren de hambre durante varios meses al año. El poder de compra de cinco dólares de 1914 equivale a ciento veinte hoy. Cinco dólares estadounidenses de 2015 equivalen a veintiún centavos de 1914. Henry Ford no creería que alguien en el siglo XXI recibiera como pago por su trabajo de un día menos de veintiún centavos (de 1914), o cuatro veces esa cantidad.
Dado que el café es parte esencial de la vida de más de mil millones de nosotros, quienes consumimos más de 23 millones de kilos de café al día, los amantes del café podríamos tener más impacto financiero en las regiones cafetaleras que toda la ayuda externa combinada si exigimos a las compañías de café, e incluso a los más pequeños cafés independientes, invertir 10 centavos por taza (@10CentsPerCup) en la erradicación de la pobreza en las comunidades productoras de café. Este sistema de verdadero valor compartido podría erradicar la pobreza en una generación y crear una clase media rural en todas las naciones productoras de café. ¡Podría literalmente cambiar el mundo!
Es importante señalar que todos los dirigentes y periodistas de los países desarrollados que asistieron a la Cumbre de Objetivos del Milenio de Naciones Unidas en Nueva York, diciendo que apoyan los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para poner fin a la pobreza, contribuyen a alcanzar los ODS en las comunidades productoras de café con menos de un centavo por cada taza de café que beben. ¡Es terrible!
Espero que los amantes del café y la industria del café se unan a quienes creemos en el verdadero valor compartido (@cafeforchange) y trabajamos para poner fin al modelo de explotación de menos de 1 centavo por cada taza de café, adoptando el sistema de 10 centavos por taza (@10CentsPerCup) para ayudar a erradicar la pobreza.
Les deseo un buen día del café todos los días. Bebamos café. Cambiemos el mundo. Es Fácil.
Seguir a Fernando Morales-de la Cruz en Twitter: www.twitter.com/cafeforchange
Los estadounidenses celebraron el Día Nacional del Café el 29 de septiembre, Europa y el resto del mundo celebran el Día Internacional del Café el 1 de octubre. Lo hacen con ofertas y promociones de café gratis, pero todos lo hacen sin pensar en el sacrificio de aquellos que producen el grano.
Me atrevo a pedir los amantes del café, a cada barista, a los editores y periodistas extracafeinados en los medios de comunicación y a todos en la industria del café que dejen de ignorar la realidad de los más de 26 millones de trabajadores agrícolas del café. Ellos tienen más de 100 millones de dependientes, son ellos quienes producen el café que disfrutamos todos. La mayoría de los campesinos viven en la pobreza o pobreza extrema. Hay 250 millones de personas cuya subsistencia depende directa o indirectamente, total o parcialmente, de la producción de café en los países productores de café.
El precio que pagamos los consumidores en Europa, Estados Unidos, Canadá, etc por el mal llamado "comercio justo", "café ético" o "sostenible" incluye menos de un centavo de dólar por taza para ayudar a erradicar la pobreza en las regiones cafetaleras. La prima para los productores de café "ético" o "certificado" es inferior a 0.003 dólares por cada taza. Los trabajadores agrícolas del café reciben incluso menos que eso, porque parte de la prima se utiliza para otros fines relacionados con las cooperativas y las plantaciones de café.
De acuerdo con la SCAA hay hambre en las regiones cafetaleras (leer el informe Hunger in the coffeelands). La verdad es que la pobreza y la pobreza extrema han existido durante siglos en as regiones cafetaleras. Todo el mundo en la gran industria del café ha tenido conocimiento de esa realidad desde el primer día. En la época colonial, las potencias coloniales y los comerciantes de café promovieron plantaciones en el eje cafetero que utilizaban mano de obra de esclavos y de trabajadores que recibían solo alimentos básicos como pago por su trabajo. Hoy en día, las principales compañías de café buscan las zonas de montaña donde hay pobreza extrema, con abundante mano de obra barata y la mejor tierra, para crear nuevas plantaciones de café, como lo están haciendo en el sur de Sudán, en el resto de África e incluso en China. Lo hicieron en Vietnam hace apenas unas décadas. Su éxito en la erradicación de la pobreza es más que cuestionable.
Erradicar la pobreza en las regiones cafetaleras requiere transparencia, visión empresarial, un verdadero sentido de misión y un enfoque a lo Henry Ford, no un evento de relaciones públicas con George Clooney. La industria del café es pujante en los países desarrollados, genera decenas de miles de millones de dólares en valor agregado, utilidades e impuestos, pero muy poco valor compartido llega a los trabajadores del campo y a sus familias. En demasiadas regiones de café de "comercio justo" o con certificaciones "éticas" sólo una de cada veinte niñas se gradúa de la escuela secundaria. ¿Cómo puede llamarse eso justo, ético o sostenible en el siglo XXI?
Henry Ford decidió hace más de cien años (en 1914) pagar a sus trabajadores de EEUU cinco dólares al día. Muchos otros empleadores pensaron que Ford estaba loco, pero él sabía muy bien que estaba creando el salto de la clase obrera a la clase media. La misma clase media que compraría coches y sería propietaria de las casas que otros construirían, que compraría los productos que otros fabricarían y les venderían a ellos. ¡Henry Ford cambió el mundo!Hoy todavía hay personas que trabajan en las fincas de café por menos de cinco dólares al día, sin soñar con la compra de un coche, no tienen carreteras, millones no tienen un techo adecuado para protegerlos, muchos no tienen ni siquiera letrinas y carecen de agua potable.
Hoy todavía hay personas que trabajan en las fincas de café por menos de cinco dólares al día, sin soñar con la compra de un coche, no tienen carreteras, millones no tienen un techo adecuado para protegerlos, muchos no tienen ni siquiera letrinas y carecen de agua potable. Millones de personas sufren de hambre durante varios meses al año. El poder de compra de cinco dólares de 1914 equivale a ciento veinte hoy. Cinco dólares estadounidenses de 2015 equivalen a veintiún centavos de 1914. Henry Ford no creería que alguien en el siglo XXI recibiera como pago por su trabajo de un día menos de veintiún centavos (de 1914), o cuatro veces esa cantidad.
Dado que el café es parte esencial de la vida de más de mil millones de nosotros, quienes consumimos más de 23 millones de kilos de café al día, los amantes del café podríamos tener más impacto financiero en las regiones cafetaleras que toda la ayuda externa combinada si exigimos a las compañías de café, e incluso a los más pequeños cafés independientes, invertir 10 centavos por taza (@10CentsPerCup) en la erradicación de la pobreza en las comunidades productoras de café. Este sistema de verdadero valor compartido podría erradicar la pobreza en una generación y crear una clase media rural en todas las naciones productoras de café. ¡Podría literalmente cambiar el mundo!
Es importante señalar que todos los dirigentes y periodistas de los países desarrollados que asistieron a la Cumbre de Objetivos del Milenio de Naciones Unidas en Nueva York, diciendo que apoyan los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para poner fin a la pobreza, contribuyen a alcanzar los ODS en las comunidades productoras de café con menos de un centavo por cada taza de café que beben. ¡Es terrible!
Espero que los amantes del café y la industria del café se unan a quienes creemos en el verdadero valor compartido (@cafeforchange) y trabajamos para poner fin al modelo de explotación de menos de 1 centavo por cada taza de café, adoptando el sistema de 10 centavos por taza (@10CentsPerCup) para ayudar a erradicar la pobreza.
Les deseo un buen día del café todos los días. Bebamos café. Cambiemos el mundo. Es Fácil.
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viernes, 2 de octubre de 2015
El lado oscuro del café
Blog: El Mal Economista
Alejandro Huertas
El Espectador
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Instagram: @maleconomista @alejo_huertas
Sí, existe un lado oscuro del café. Y no me refiero a lo que se experimenta en la mañana, después del primer americano, espresso o tinto, cuando se hace necesaria una oscura visita al baño. Tampoco hace referencia al oscuro hueco que queda en las finanzas estatales luego de que el sector cafetero pide un subsidio a la producción— a propósito de subsidios, seguro que con los precios del dólar, por ahora no hay intenciones de este sector de pedir uno, pero ya veremos qué pasa—. Esta vez prefiero hablar de un lado oscuro que pocos conocemos, y que está relacionado con la cultura cafetera, esa de la que nos orgullecemos cuando estamos con extranjeros o fuera del país, esa que nos lleva a llenarnos la boca diciendo “El mejor café del mundo está en Colombia”.
Para empezar, vale la pena recordar que la UNESCO declaró como patrimonio cultural de la humanidad al Paisaje Cafetero Colombiano. En otras palabras, se declara como patrimonio de la humanidad la forma de producción, recolección y beneficio del café, que se integran de una forma única a las estructuras sociales y a la geografía de la región conformada por veredas y municipios de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle. Esto implica que, con el fin de conservar este patrimonio, las prácticas llevadas a cabo en esta región deben cuidarse y reforzarse. Incluyendo la forma de cultivo del café.
Aquí pregunto yo si alguna vez usted o su familia han ido al parque del café, al eje cafetero en general o a las fincas cafeteras del norte del Valle. Si ha ido, debe haberse dado cuenta que en el cultivo solo hay café y casi ninguna otra planta. Probablemente no lo haya notado, pero la planta de café no tiene suficiente fuerza en sus raíces para sostener la tierra en la que está plantada, en comparación a otros árboles endémicos de la zona (recordando biología de bachillerato y la importancia de que las raíces sostengan la tierra, especialmente en ladera). Básicamente el cultivo de café es muy bonito, pero pone en riesgo el terreno en el que está cultivado.
Ahora bien, uno podría pensar que el peligro de derrumbe no es tan grave, al fin y al cabo solo se perderían unas cuantas plantas de café y difícilmente una vida. Sin embargo el problema va más allá, y para entenderlo hay que entender un poco de historia de Colombia. Uno puede hacer una revisión exhaustiva de las principales exportaciones Colombia desde la época poscolonial y darse cuenta de que nuestro país, exportador de materias primas desde siempre, solo ha tenido suerte aprovechando las condiciones externas del mercado. Sí, nunca ha tenido de verdad una ventaja en producción frente a otros exportadores de materias primas, sino que ha sabido capitalizar las coyunturas externas. Que la OPEP fijó cuotas de producción de petróleo y se subió el precio a 100 dólares por barril, produzcamos petróleo; que Brasil en el 70 tuvo problemas con sus producción de café y el precio se subió, produzcamos más café, y así podríamos seguir haciendo una revisión retrospectiva.
Sin embargo, esta última coyuntura resulta bastante interesante, puesto que es la que ayudará a establecer la forma de producir café en Colombia. Esto es así dado que, como respuesta a los problemas en la producción de café brasilero, el resto de países latinoamericanos, incluyendo Colombia, tecnifican su producción y buscan cepas o variedades de café que resistan mejor las enfermedades. Como consecuencia, y con ayuda de los gobiernos y USAID, los cafeteros pasan a sembrar variedades más resistentes, que requieren luz directa del sol, en contraste a las anteriores variedades que crecían a la sombra de árboles más grandes. De esta forma el paisaje se vio drásticamente transformado.
Café bajo sombra, http://infusionistas.com/cafe-bajo-sombra-respeto-a-la-biodiversidad/
De nuevo, uno podría decir que no es grave la deforestación ni el consecuente riesgo de derrumbes, pero hay que considerar que el sistema de cultivo de café a la sombra era capaz de albergar mayor biodiversidad, especialmente de insectos y aves (recordando que somos es país con mayor diversidad de aves). Así mismo, el nuevo sistema de producción con plena luz de sol produce unas dos cosechas al año, lo que nos volvió más productivos, pero también requiere una cantidad considerablemente más alta de agua (hay quienes tratan de disminuir su impacto ambiental reduciendo la cantidad de agua que un producto que consumen requiere) y de fertilizantes e insumos. Esto último afecta directamente la calidad de la tierra, pues la desgasta (peligro de derrumbe) y afecta aún más la biodiversidad.
En este punto habrá quienes digan que efectivamente ese tal lado oscuro del café existe, mientras que otros dirán que hay muchos pájaros en Colombia y que la deforestación y los derrumbes no nos van a hacer daño. Incluso podría estar de acuerdo con eso, pero lo que es innegables es que todo este impacto ambiental lo sufrimos nosotros y los demás países productores de café para atender la demanda de café Premium en el extranjero. O quién no ha escuchado “Colombia tiene el mejor café del mundo, pero todo se lo llevan para afuera” o “aquí solo dejan la pasilla y uno se acostumbra”. Entonces, con el fin de suplir la demanda de café a US $1,18 la libra, estamos enfrentando unas externalidades negativas para el territorio que los productores no terminan de entender o no les preocupan, y los consumidores, que por lo general están en el extranjero, no se dan por enterados y mucho menos están interesados en internalizarlas.
Ahora sí creo que podemos llegar a un consenso, decir que sí, que no hay problemas con la deforestación, los posibles derrumbes, el monocultivo de café, la pérdida de biodiversidad, los daños ambientales de los fertilizantes. Uno podría decir que uno asume todo eso cuando va a ofrecer un café de alta calidad, sin embargo, lo verdaderamente problemático es que nadie asume estos daños ni se preocupa por repararlos. Por su parte, los productores a duras penas sacan ganancias para sobrevivir a pesar de que sacrifican riqueza natural de todo el país para producir, mientras que los consumidores extranjeros no se preocupan por los daños que su café matutino pueda haber hecho hasta llegar a su mano. En este punto creo que coincidimos que el café tiene su lado oscuro, muy oscuro, a lo french roast.
French roast coffee. https://leadersbeverage.com/coffee-roast-levels/
Por último una reflexión que deja abierto el debate para tratar de aclarar este lado oscuro. La economía dice que las externalidades deben ser asumidas por quienes las producen, que en este caso serían los productores. Al internalizar esta, se subirían los costos y por ende en precio, pero un precio más alto sería poco conveniente en el contexto mundial, donde países como Brasil o Vietnam nos superan en volumen de producción y ponen un precio más bajo ¿Qué deberíamos hacer entonces? ¿Exigir al gobierno que subsidie la producción para que los productores puedan asumir estos nuevos costos? ¿Crear la Organización de Países Productores de Café y fijar una cuota de producción entre los grandes productores para subir el precio? ¿Recomendaría algo distinto?
Referencias
http://www.iflscience.com/plants-and-animals/dark-side-coffee-unequal-social-and-environmental-exchange
Etiquetas:
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El Espectador
miércoles, 29 de julio de 2015
Elecciones cafeteras para corregir errores
El Espectador
Juan Pablo Ruiz Soto
28 de julio de2015
Estamos a puertas de la elección del o la nueva gerente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC). Desde el punto de vista del mercado y el medio ambiente, el o la gerente enfrentará grandes retos originados en severos errores de sus antecesores.
Desde los tiempos de Cárdenas Gutiérrez, los directivos decidieron que destruirían el bosque asociado al café para aumentar la productividad por hectárea. El análisis fue simple y errático, pues sólo se evaluó el impacto que esto tendría en la generación de divisas y se desestimaron los impactos negativos, como la pérdida en calidad del grano, la aparición de enfermedades y plagas asociadas al monocultivo, la pérdida de suelos —buena parte de los cafetales están en zonas de alta pendiente que, al perder la cobertura arbórea, se erosionan—, la destrucción de la regulación hídrica, la aparición de temperaturas extremas a las que se exponen las plantas, la pérdida de biodiversidad y la reacción del consumidor frente a un café disociado de los principios de sostenibilidad.
La FNC forzó al campesino productor a destruir el bosque cafetero y el policultivo asociado a su actividad. Los extensionistas del FNC señalaban en sus visitas que los árboles debían ser derribados. “Tumba los árboles que le están dando sombra al café o no hay crédito”, era la amenaza cuando la sapiencia campesina se resistía a tumbar los frutales y maderables que cuidaban y apreciaban en el policultivo asociado al café. Y exigían usar la llamada “Variedad Colombia”, desarrollada para monocultivos a plena exposición.
Resultado: se aumentó el volumen de producción por hectárea, pero se perdió la calidad del grano y la sostenibilidad económica y ambiental. El famoso café colombiano de aroma extraordinario, original de la llamada zona cafetera de suelos volcánicos, perdió sus cualidades. Se buscó mantener la buena imagen mediante el despliegue propagandístico de Juan Valdez, quien recordaba que el café de Colombia era el mejor café del mundo.
Simultáneamente se mezclaba el empobrecido café de Antioquia y el Viejo Caldas con el grano tradicional producido en las llamadas zonas marginales de Huila, los Santanderes y la Sierra Nevada de Santa Marta, que, gracias al abandono de la FNC, conservaron su calidad.
El mercado se fue sofisticando y el genérico “Café de Colombia” dejó de ser el mejor del mundo. El café de origen de Costa Rica y otros países, y el de algunos colombianos que desobedecieron a la FNC y no tumbaron sus árboles ni cambiaron de variedad, tomaron su lugar.
La nueva o el nuevo gerente tiene grandes retos para recuperar la calidad del café colombiano y afrontar el cambio climático con suelos frágiles, desnudos y empobrecidos, plantas expuestas a temperaturas extremas, cuencas destruidas y plagas propias de monocultivos.
Hoy el consumidor aprecia el café amigable con el medio ambiente. La herramienta a disposición de la FNC son los resultados del proyecto de Café y Biodiversidad, apoyado por GEF y Naciones Unidas, que evidencia con fundamente científico las bondades del café asociado al bosque.
Recuperar el paisaje cafetero es rentable, genera sostenibilidad y mejores condiciones para competir en el mercado. Estos son retos para el nuevo o la nueva gerente.
jueves, 25 de junio de 2015
¿Qué tiene que ver el café que tomas con los bosques del mundo?
El País
25 de junio de 2015
Mariana Kaipper Ceratti
Río de Janeiro
Para defender la calidad del grano, los productores están cada vez más involucrados en la protección del ambiente
![]() |
| El cafetero Márcio Vargas, de Varre-Sai, Río de Janeiro. / M.C. (BANCO MUNDIAL) |
¿Qué relación tienen el café y los bosques? La respuesta es simple: sin bosques corren peligro la productividad y el buen sabor de esta bebida cotidiana. El grano crece en terreno montañoso, que depende de la protección de los árboles para evitar la erosión y mantener la humedad ideal.
Los productores de café en América Latina no siempre han
dominado este conocimiento, pero ahora muchos de ellos se han puesto a
la vanguardia de la lucha por la conservación de los bosques.
Entre ellos se encuentran los agricultores de Varre-Sai, una pequeña ciudad 260 kilómetros al noroeste de Río de Janeiro. Todo Río de Janeiro y otros 16 estados de Brasil estuvieron cubiertos alguna vez por la Mata Atlántica, la formación vegetal más grande del continente después de la selva amazónica, con una superficie total de 1,3 millones de km2, un área del tamaño de Colombia.
Pero este bioma ha sido tan afectado por la ocupación humana que hoy en día solo queda el 12,5% de la superficie original, según un sondeo publicado a finales de mayo por la Fundación SOS Mata Atlántica. Y en el noroccidente del estado de Río, una región históricamente dominada por el monocultivo de café y azúcar, la superficie restante es de apenas del 3%.
Una curiosidad es que el grano que se produce en estas tierras todavía tiene mala fama, al punto de que en el mercado de café brasileño se utiliza el adjetivo "riado" (originario de Río de Janeiro) para describir una bebida amarga, hecha con granos baratos y de mala calidad.
Por eso, no son pocas las fincas de café que se han empezado en cambiar esa percepción y han comenzado a hacer esfuerzos por recuperar las áreas degradadas y conservar las que todavía existen. Estas fincas, como resultado, comienzan a tener paisajes – y productos – con cualidades similares.
"Con esto, se obtiene un grano de mayor calidad, que ofrece tuestes más sabrosos", dice Vargas. Él y otros doce productores son apoyados por el programa de Río Rural (2006-2018), una asociación entre el gobierno del estado de Río de Janeiro y el Banco Mundial. Entre otras actividades, la iniciativa financió la conservación y recuperación de la Mata Atlántica.
En alianza con la municipalidad de Varre-Sai, los productores reciben el 60% del llamado IVA Ecológico, una cuota creada para recompensar a los cafeteros que crearon reservas privadas para proteger el patrimonio natural. En 2014, estas zonas abarcaron más de 200 hectáreas y sus propietarios recibieron más de US$17.500.
"No fue difícil movilizar a los agricultores para crear y preservar estas áreas. Al contrario. Es un trabajo que para ellos se traduce en una compensación económica. Y para la ciudad en un aumento de la biodiversidad y la belleza escénica", explica el técnico rural Manoel Duarte, quien lidera el programa en Varre-Sai.
Ahora sueña con montar una estación para tratar el agua que sobra de la transformación de los granos. "Otro de los objetivos es obtener una certificación relacionada con el café cultivado de manera sostenible", dice.
Para mejorar la productividad de los agricultores y promover el cuidado del medio ambiente, Río Rural es considerado por la ONU como un programa de referencia. En total, se dará asistencia a 78.000 agricultores hasta 2018.
"Con el programa, el agricultor se convierte en gerente y protector del agua y la biodiversidad, ya que ha aumentado la productividad y los ingresos. Esta combinación de beneficios hace que las buenas prácticas de manejo de recursos naturales se convierten en algo atractivo", explica el economista Marianne Grosclaude, responsable del programa en el Banco Mundial.
También en Costa Rica, un proyecto compensa a agricultores, entre ellos productores de café, que mantienen sus bosques. En la granja de Julio Hernández, un productor que participa en la iniciativa, los cedros proporcionan sombra a las plantaciones de café y sirven como fertilizantes naturales. También son una fuente de ingresos: por cada árbol plantado, el agricultor recibe US$1,30 cada tres años.
El resultado es que gana el medio ambiente; y también el sabor y la calidad del café que va a parar en nuestra taza.
Entre ellos se encuentran los agricultores de Varre-Sai, una pequeña ciudad 260 kilómetros al noroeste de Río de Janeiro. Todo Río de Janeiro y otros 16 estados de Brasil estuvieron cubiertos alguna vez por la Mata Atlántica, la formación vegetal más grande del continente después de la selva amazónica, con una superficie total de 1,3 millones de km2, un área del tamaño de Colombia.
Pero este bioma ha sido tan afectado por la ocupación humana que hoy en día solo queda el 12,5% de la superficie original, según un sondeo publicado a finales de mayo por la Fundación SOS Mata Atlántica. Y en el noroccidente del estado de Río, una región históricamente dominada por el monocultivo de café y azúcar, la superficie restante es de apenas del 3%.
Una curiosidad es que el grano que se produce en estas tierras todavía tiene mala fama, al punto de que en el mercado de café brasileño se utiliza el adjetivo "riado" (originario de Río de Janeiro) para describir una bebida amarga, hecha con granos baratos y de mala calidad.
Por eso, no son pocas las fincas de café que se han empezado en cambiar esa percepción y han comenzado a hacer esfuerzos por recuperar las áreas degradadas y conservar las que todavía existen. Estas fincas, como resultado, comienzan a tener paisajes – y productos – con cualidades similares.
El valor del bosque
Con estas nuevas técnicas, las cimas de las montañas cercanas a las fincas tienen un área protegida y cercada, formada por árboles nativos, que ayudan a absorber la lluvia. Más abajo, las plantaciones de café se distribuyen en curva de nivel para evitar la erosión. Algunas granjas, como la de Márcio Vargas, cuentan también con tanques de contención para el almacenamiento y reutilización del agua que no ha sido absorbida."Con esto, se obtiene un grano de mayor calidad, que ofrece tuestes más sabrosos", dice Vargas. Él y otros doce productores son apoyados por el programa de Río Rural (2006-2018), una asociación entre el gobierno del estado de Río de Janeiro y el Banco Mundial. Entre otras actividades, la iniciativa financió la conservación y recuperación de la Mata Atlántica.
En alianza con la municipalidad de Varre-Sai, los productores reciben el 60% del llamado IVA Ecológico, una cuota creada para recompensar a los cafeteros que crearon reservas privadas para proteger el patrimonio natural. En 2014, estas zonas abarcaron más de 200 hectáreas y sus propietarios recibieron más de US$17.500.
"No fue difícil movilizar a los agricultores para crear y preservar estas áreas. Al contrario. Es un trabajo que para ellos se traduce en una compensación económica. Y para la ciudad en un aumento de la biodiversidad y la belleza escénica", explica el técnico rural Manoel Duarte, quien lidera el programa en Varre-Sai.
Guardianes del agua
Otro paso para mejorar la calidad de los cafés locales es ayudar a los productores a tener acceso a la formación y equipamiento. Con el apoyo del programa Río Rural, por ejemplo, Márcio Vargas logró construir un patio de secado.Ahora sueña con montar una estación para tratar el agua que sobra de la transformación de los granos. "Otro de los objetivos es obtener una certificación relacionada con el café cultivado de manera sostenible", dice.
Para mejorar la productividad de los agricultores y promover el cuidado del medio ambiente, Río Rural es considerado por la ONU como un programa de referencia. En total, se dará asistencia a 78.000 agricultores hasta 2018.
"Con el programa, el agricultor se convierte en gerente y protector del agua y la biodiversidad, ya que ha aumentado la productividad y los ingresos. Esta combinación de beneficios hace que las buenas prácticas de manejo de recursos naturales se convierten en algo atractivo", explica el economista Marianne Grosclaude, responsable del programa en el Banco Mundial.
El café de sombra
Los esfuerzos se repiten en países como Colombia, que ya cultiva uno de los mejores granos de América Latina. Los agricultores trabajan para reforestar las zonas de montaña y diversificar los cultivos – uniendo plátano y café, por ejemplo –, una idea por la que ya han mostrado interés productores africanos, que buscan replicar estas técnicas.También en Costa Rica, un proyecto compensa a agricultores, entre ellos productores de café, que mantienen sus bosques. En la granja de Julio Hernández, un productor que participa en la iniciativa, los cedros proporcionan sombra a las plantaciones de café y sirven como fertilizantes naturales. También son una fuente de ingresos: por cada árbol plantado, el agricultor recibe US$1,30 cada tres años.
El resultado es que gana el medio ambiente; y también el sabor y la calidad del café que va a parar en nuestra taza.
lunes, 13 de abril de 2015
martes, 10 de febrero de 2015
martes, 29 de julio de 2014
viernes, 27 de junio de 2014
día nacional del café en Colombia
El Día Nacional del Café es una fecha que nos recuerda
que el café es nuestra bebida nacional y nuestra carta de presentación
en el mundo. Recuerda que cuando disfrutamos un buen café, estamos
degustando el fruto del cuidadoso trabajo, el conocimiento y la pasión
de cada uno de los cientos de miles de personas que, a lo largo de la
cadena cafetera, contribuyen para cultivarlo, cuidarlo, prepararlo y
destacar sus atributos
En Colombia el café es una locomotora que recorre el país: es el principal generador de ocupación en el campo pues su cultivo genera el sustento de 553.000 familias en 20 departamentos. En nuestras ciudades, la industria tostadora genera más de 7.000 empleos directos y su cadena de distribución lega a 300.000 establecimeintos comerciales a lo largo y ancho de nuestra geografía, estimulando la demanda y jalonando la economía para llegar al 93% de los hogares colombianos.
Somos un país tomador de café tostado y molido
El
café nos ofrece su mágico aroma y sabor para momentos excepcionales y
placenteros: un buen café al comienzo del día, o nuestro tradicional
café con leche al desayuno
De cada 100 kilos
que se venden de Café en Colombia, 86 son de café tostado y molido y los
restantes 14 de Café instantáneo. Esta mezcla difiere en Antioquia,
donde el café instantáneo gana importancia y representa cerca del 40%
del volumen. En la Zona centro somos también tomadores de café tostado y
molido. Este representa el 84% de café consumido.
En
Colombia, Cundinamarca y la Zona Pacífica suman casi el 50% del consumo
de café del país. La zona Centro, que venía de dos años de
decrecimiento, muestra una rápida recuperación de volumen de consumo,
marcado por el crecimiento en las ventas de café soluble en el último
año.
El
consumo de la zona Centro actualmente representa casi el 10% del
consumo de café en el país, cuando su población equivale al 11,4% del
total del país. Frío o caliente, cuando degustamos un buen café, estamos
disfrutando el cuidado de los cientos de miles de personas que cuidan
sus atributos para que llegue con ese aroma intenso y ese suave sabor a
nuestra mesa.
Café, para las diferentes ocasiones
El Café es la bebida por excelencia para 1 de cada 2 personas en las diferentes ocasiones de la vida diaria.
Un estudio realizado en las principales ciudades y también en zonas rurales del país, por Synovate,
multinacional que estudia cómo satisfacen los productos las necesidades
del consumidor y cuáles son sus motivaciones, encontró que para los
colombianos nuestro colombianísimo tinto significa vitalidad, nos invita
a compartir, nos hace sentir muy colombianos. El Café con leche, que
empezamos tomar en la infancia, nos evoca la seguridad del hogar y el
calor de la familia, nos produce confianza.
El
Café es la bebida por excelencia para 1 de cada 2 personas en las
diferentes ocasiones de la vida diaria. El consumo del café con leche es
estable a lo largo de nuestras vidas. Está principalmente en el
desayuno y en la tarde, en particular en los Santanderes, Tolima y
Huila. En cambio, el consumo de café se incrementa a medida que la
persona va aumentando su edad. El principal lugar de consumo esencial es
el hogar pero son las tiendas especializadas de Café las que marcan las
tendencias y, por ejemplo, han puesto de moda el capuccino, una bebida
que, según este estudio, nos hace sentir especiales, sofisticados y
diferentes.
Etiquetas:
café bajo sombra,
café especial,
día nacional del café
jueves, 15 de mayo de 2014
café orgánico Kachalú
El pasado 9 de mayo tuvimos un encuentro en la sede de la Cooperativa de Caficultores de San Gil, los productores de café orgánico, grupo Kachalú, para conocer los resultados de la certificadora, vista realizada el segundo semestre de 2013.
jueves, 1 de mayo de 2014
Paro agrario y cambio climático
El Espectador
29 de abril de 2014
Juan Pablo Ruiz Soto
El paro agrario tiene múltiples facetas y diversas motivaciones.
La producción agropecuaria ha recibido tratamientos muy diversos que van desde el abandono histórico a la producción campesina, principal abastecedor de alimentos en el país, hasta el apoyo desmedido a la producción de agrocombustibles, con precios de sustentación y excepción de impuestos. O el caso de la Federación de Cafeteros que llegó a definir la política monetaria y que en su afán de incrementar la producción consiguió recursos públicos para que, con crédito subsidiado y asistencia técnica, se impusiera la destrucción del sombrío cafetero y con ello la degradación del paisaje cafetero y sus servicios ecosistémicos de protección de suelos, aguas y biodiversidad. Sumemos a esto, el hecho de que se esté impulsando una ley de semillas que impide al productor autoabastecerse o intercambiar semillas para sus cultivos; añadamos el desamparo de los cultivadores de papa, alverja y fríjol -para sólo mencionar algunos-, quienes históricamente se han visto expuestos al atraco de los comerciantes de las centrales de abastos que, mediante acuerdos internos entre compradores, en pocos minutos deciden cuánto pierde o gana el cultivador, quien después de seis meses de esfuerzo se encuentra con un camión alquilado a la puerta de una central de abastos.
A estos y otros problemas del campo, ahora se suman dos de gran magnitud.
1) Los tratados de libre comercio que exponen al productor colombiano a una competencia desleal al tener que competir con productores de otros países donde el Estado subsidia la producción agropecuaria y ha invertido para el desarrollo del sector durante décadas, y
2) el más grave y menos discutido: la variabilidad climática que está modificando el ciclo y la intensidad de las lluvias, con lo que se afectan la productividad y los costos para el campesino que no dispone de mecanismos naturales o construidos de regulación hídrica.
La negociación entre Gobierno y productores debe incluir acuerdos para invertir en medidas de adaptación al cambio climático asociados a la conservación y regulación de uso del agua. Esto incluye obras de ingeniería de pequeñas presas y canales para distribución de agua y una eficiente gestión de recuperación de cuencas en las áreas claves de recargue y regulación hídrica.
Hoy, campesinos y grandes productores están usando, con propósitos de producción agropecuaria, espacios que deben pasar a ser áreas de conservación. Esto no significa que en las partes altas de las cuencas no se pueda cultivar; significa que en algunas zonas críticas de regulación hídrica la conservación es el mejor uso económico y social del espacio. Dado el beneficio que esto genera a los propietarios de las partes bajas, estos deben compensar a los campesinos que conservan. No se trata de emitir leyes sino de crear mecanismos que permitan acuerdos de beneficio mutuo y coexistencia pacífica entre proveedores y demandantes de agua para la producción agropecuaria. Superar la crisis agropecuaria exige tomar medidas de adaptación ante la variabilidad climática y esto es tanto o más importante que acuerdos de corto plazo respecto a precios de sustentación.
sábado, 15 de febrero de 2014
Colombia y África: unidos por una taza de café
El País
Isabelle Schaefer
14 de febrero de 2014
Productores colombianos y africanos buscan la receta del mejor “café bajo sombra”, de gran sabor y amable con el medio ambiente
| Personas en Ulloa catando café / Isabelle Schaefer/Banco Mundial |
La historia de este matrimonio de ideas se origina al otro lado del Atlántico, cuando unos productores de café de Ruanda y Burundi empiezan a explorar cómo lograr buena calidad del grano sin descuidar el medio ambiente. En otras palabras buscaban un café bueno por donde se le mire: con sostenibilidad del cultivo a largo plazo, con potencial para el turismo rural y con bienestar de quienes se dedican a su producción.
Por eso no resulta extraño que al poco tiempo se interesaran en el llamado “eje cafetero” en el centro de Colombia, una región de verdes intensos y hermosas montañas, que fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.
“Toda una vida” de café
Para llegar a la finca de Fabiola Vega, en el departamento del Valle del Cauca, hay que hacerlo en un Jeep “Willys”. El legendario vehículo -originalmente diseñado para la guerra- es el único con la fuerza y la resistencia necesarias para subir por las estrechas carreteras serpenteantes de estas montañas.
A sus 65 años, Fabiola cuenta que su experiencia con el café es la de “toda una vida”, mientras muestra con orgullo las “cerezas” (frutas del café) que comienzan a madurar bajo los platanales y otros árboles de generosa sombra, que ayudan a evitar plagas, a ahorrar fertilizantes y a producir un café de primera calidad.
Además del cultivo del café, y con la asesoría de una fundación especializada en proyectos sostenibles, en la finca se cría ganado vacuno y se siembran unos 600 árboles al año para reforestar el lugar. Estos otros productos -además de los turistas que llegan a esta región atraídos por su belleza - significan más fuentes de ingresos para los caficultores.
“En este lote no echo nada. Vive así como lo está viendo, uno va reforestando y con la misma hojarasca, yo abono”, le explica Fabiola a un grupo de visitantes poco usual: caficultores y expertos en café de tres países africanos:Burundi, Ruanda y Etiopia.
Tradición cafetera
Aparte del clima tropical, una topografía montañosa, y de haber padecido conflictos armados, estas naciones también tienen en común con Colombia el ser grandes productoras de café.
Sin embargo, del otro lado del Atlántico, los métodos son diferentes. En Etiopía, país donde se originó el café, todavía se encuentran cafetales silvestres en los bosques, pero en Ruanda y Burundi, por ejemplo, el cultivo de café en sombra apenas está comenzando. Mientras en Colombia, donde hay alrededor de 560 mil familias cafeteras es una tradición centenaria, a pesar de que durante algunos años se alentó el cultivo bajo sol.
En Burundi, la mitad de sus casi 9 millones de habitantes dependen del café, y todavía se cultiva bajo sol. “Y con los cambios climáticos, hemos visto que con las sequías la producción baja”, explica Jumaine Hussein, consultor del Banco Mundial en manejo de recursos naturales.
Colombia produjo en 2013 más de 650 millones de kilos de café. Cerca de 40% del área total de siembra es café bajo sombra. El objetivo de la visita de la delegación africana fue venir a conocer personalmente las experiencias exitosas de producción de café que respetan el medio ambiente y contribuyen a mejorar el paisaje y las condiciones de vida de sus productores.
Un buen sistema
“Una de las cosas más interesantes que he visto en Colombia es la combinación de cultivos, el hecho de asociar plátano y café. Es un sistema que funciona muy bien”, dice Joseph Bigirimana, del consejo agrícola de Ruanda, donde medio millón de personas viven del café -en muchos casos como monocultivo- y donde la producción de plátanos está muy desarrollada.
En su finca cafetalera cerca de Pijao, en el departamento de Quíndio, y con su machete colgado a la cintura, Ricardo Díaz explica que “la ventaja (de tener diferentes cultivos) es que le cae menos plagas al plátano. Los otros árboles sirven para conservar el suelo y la sombra”. Díaz también cultiva aguacates y maderas preciosas, como el nogal, con el apoyo de un programa de producción rural.
Al final del recorrido, los visitantes de los tres países africanos se fueron con una lección aprendida. “Voy a animar a los miembros de nuestra asociación a sembrar otros cultivos para que tengan más beneficios”, dijo Théopiste Nyiramahoro, la presidenta de la Unión de Cooperativas de Caficultores de Kirehe, en el este de Ruanda.
Pero como en todo intercambio, los colombianos también tienen la oportunidad de aprender de sus colegas africanos. De modo que no parece estar lejana la fecha en la que una misión de caficultores y expertos colombianos desembarque en algún paisaje similar a este, pero en el continente africano.
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jueves, 6 de febrero de 2014
Fedecafé: ¿café vs. árboles?
El Espectador
Juan Pablo Ruíz Soto
4 de febrero de 2014
Toda crisis deja lecciones y esta, profunda y estructural, que vive la caficultura colombiana debe llevar a un acto explícito de contrición por parte de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC).
| café bajo sombra |
La fiesta parecía recomponerse y la FNC se convirtió en un deforestador de oficio. El cultivo que ellos llamaban “café tecnificado” exigía renovar las plantas de café, sembrar caturra y tumbar los árboles que daban sombra: “Si no tumba los árboles, no hay crédito para la tecnificación”, decían los técnicos de la FNC. El paisaje de bosque ondulado cambió por el de surcos de plantas de caturra. Mientras en Colombia se imponía el “café tecnificado”, intensivo en agroquímicos, el mercado mundial empezó a valorar los cafés especiales, entre ellos el orgánico y los amigables con la biodiversidad.
En el Eje Cafetero el paisaje se empobreció: los suelos se degradaban, aparecían cárcavas de erosión mientras árboles, pájaros, insectos y frutales desaparecían, para dar paso al monocultivo de “café tecnificado”. Por el costo de los agroquímicos, las utilidades también empezaron a desaparecer. Entonces, la FNC desarrolló la variedad Colombia, promoviéndola como resistente a la roya. Pero llegó la broca, que atacaba más fuerte al café sin sombra. El café colombiano perdía precio, mientras los cafés certificados ganaban precio y mercado.
Y llegó el cambio climático con climas extremos. Las lluvias torrenciales, al no encontrar la barrera de los árboles, impactan con fuerza el suelo y lo arrastran, acelerando la erosión. En la época seca, la carencia del sombrío estresa aún más las matas de café, que sufren expuestas al sol.
Ante el cambio climático y la dinámica de los mercados, la FNC tiene que cambiar su enfoque. El café con sombrío que combina árboles y otros cultivos es un ecosistema resiliente, más propicio para adaptarse al cambio climático, que protege suelos, evita la erosión y recupera la biodiversidad. La FNC, con un proyecto de café y biodiversidad, empieza a dar sus primeros pasos. Los subsidios deben cambiar y ser mayores para quienes están reconstruyendo el paisaje cafetero y protegiendo su suelo; no para quienes lo están destruyendo. El paisaje cafetero es patrimonio de la humanidad y el turismo se proyecta como la principal actividad económica donde, además del café, los turistas vienen a ver pájaros y biodiversidad; no cárcavas de erosión.
sábado, 2 de febrero de 2013
sábado, 13 de octubre de 2012
café y sombra
Cartas de los lectores
El Espectador
3 de octubre de 2012
Hay comentarios equivocados que hacen carrera. Quienes los divulgan lo hacen con una ligereza tal, que la falta de análisis sorprende. Uno de ellos es el de que la Federación Nacional de Cafeteros ordenó tumbar el sombrío en los cafetales.
Alrededor de 430.000 hectáreas de café en Colombia están bajo algún tipo de sombrío, es decir, el 46% de la caficultura está en sombra o semisombra. Y lo está fundamentalmente porque en esas zonas se presentan unos períodos secos que marcan una deficiencia hídrica para el café, pues ésta es de 150 milímetros de agua en tres meses seguidos, lo que hace que el establecimiento del sombrío sea absolutamente necesario. Se requiere del sombrío para conservar la humedad del suelo en épocas secas, para evitar el marchitamiento y para reducir la pérdida de hojas. Y para ello hay acciones investigativas de Cenicafé y una transferencia a los productores.
Por el contrario, cuando uno se encuentra zonas cafeteras donde hay buena distribución de lluvias, adecuadas horas de brillo solar, apropiada temperatura y suelos con capacidad de almacenamiento de agua, uno deja que el sol, que no cobra por su trabajo, realice su labor. He visto suelos en estas circunstancias produciendo café de manera sostenible y sin deterioro de los ecosistemas, porque sus propietarios siembran el café Castillo a través de la pendiente, establecen barreras vivas y, entre otras cosas, logran que en sus suelos se forme un tapete verde con las arvenses seleccionadas, cuya función es moderar el golpeteo de las gotas de lluvia.
No fue la Federación la que dijo que sembraran café hasta el pie de las quebradas o hasta que las plantas de café se humedecieran con las aguas donde se toma el líquido para los acueductos. Quizás los altos precios en ciertas épocas o la decisión propia del dueño los llevó a tomar ciertas decisiones. Por el contrario, no presionar el bosque nativo ha sido una frase repetitiva expresada con convicción. Todos seguimos cantando: “Allá arriba en aquel alto donde nace la quebrada...”.
Lo que con honestidad sí hemos dicho es que un sombrío exagerado y con características de penumbra debe regularse, porque más de un 45% de sombra convierte al cultivo del café en un negocio improductivo e ineficiente. Lo expresado anteriormente también valida el sombrío, si el objetivo de producción es matricularse en un programa de cafés especiales, como los aliados de los bosques o los amigables con las aves.
El cultivo del café también reforesta, produce oxígeno, es verde, alberga especies... y también produce paz.
Carlos Armando Uribe F.,
’Profesor Yarumo’.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Café, ganadería y ambiente
Por: Juan Pablo Ruiz Soto
El Espectador
18 de septiembre de 2012
En un reciente viaje a la zona cafetera, visité la finca de un excafetero que ahora es ganadero y estableció sistemas silvopastoriles, es decir, tiene árboles en sus potreros.
Aún está viva su indignación con la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) por la política que obligó a los caficultores a tumbar el sombrío de guamo y otras especies de árboles y arbustos, que acompañaban tradicionalmente el cultivo del café. En los años 80, la FNC, en su afán por incrementar el volumen de producción, decidió que era indispensable quebrar el ecosistema cafetero y destruir el sombrío que, en asocio con el café, albergaba muchos otros productos alimenticios, fijaba nitrógeno, suministraba hojarasca como abono, evitaba plagas y surtía de maderas valiosas. Por imposición de la FNC todo este sistema productivo se vino literalmente al piso y se impulsó el monocultivo con uso intensivo de agroquímicos, para incrementar la producción. Transitoriamente se incrementó, pero luego las plagas se hicieron más frecuentes y costosas de controlar, y se perdió fertilidad en los suelos. Así, el cafetero pasó a cultivar algo más en cantidad, pero a mayor costo y de menor calidad.
El problema de la calidad —un grano de menor tamaño y aroma— se solucionó mezclando el café “modernizado” con el grano procedente de zonas “atrasadas” donde no se había tumbado el sombrío: Huila, Tolima, Santanderes y Nariño. Durante un tiempo, la mezcla fue suficiente para que el café de Colombia pudiese —de la mano de Juan Valdez— conservar su fama como el mejor del mundo. Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar y los cafés de calidad de Costa Rica y varios países africanos empezaron a tener mejor precio que el colombiano.
En Colombia, no sólo bajó la calidad del grano sino que, con el tiempo y a pesar de los agroquímicos suministrados, la cantidad también empezó a verse disminuida. A pesar de la negativa inicial de la FNC, fue necesario que el café entrara a diferenciarse por su origen y calidad, para así poder competir con los mejores del mundo. El café que proviene de ecosistemas cafeteros con sombrío es hoy el protagonista de la caficultura colombiana y obtiene los mejores precios. El caficultor que le hizo caso a la FNC, que tumbó el sombrío, busca hoy, a altos costos, retornar al antiguo ecosistema cafetero.
La ganadería tuvo menos éxito exportador que la caficultura y no tuvo incentivos para adoptar el modelo de la Revolución Verde. Dicho modelo propugnaba por cultivos y pasturas homogéneas, sin árboles y con agroquímicos, para alimentar un ganado estabulado que, sin conocer el sol, debería crecer y dar más leche y carne. La ganadería en sistemas silvopastoriles de árboles forrajeros, sombrío para el ganado y protección de suelos, es hoy una oportunidad para el ganadero que quiera entrar en el mercado internacional donde un producto de calidad y amigable relación con el medio natural son mejores argumentos que la cantidad. La Federación Nacional de Ganaderos (Fedegan) está impulsando los sistemas de pasturas con árboles como una de sus estrategias centrales en el proceso de modernización. Esperamos que el país no repita, con la ganadería, los horrores que cometió con la caficultura.
jueves, 19 de julio de 2012
reunión de formación
Nuevamente y después de mucho tiempo, tuvimos una nueva reunión con un técnico de la Federación Nacional de Cafeteros, aquellos que hacen parte del conocido "ejército amarillo". Esta vez los temas tratados entre otros fueron: manejo de sombra y abonos con el objeto de incrementar la producción.
El ingeniero Luis Hernán quedó preocupado, pues de 83 cédulas cafeteras que hay contabilizadas en Barichara, sólo aparecimos 13 personas a la reunión... falta de interés o exceso de trabajo de los caficultores.
Nos acompañaron en la reunión dos personas de Fimar, fabricantes de maquinaria relacionada con el café con sede en San Gil; para la ocasión traían despulpadoras y una secadora de café a gas.
Por cierto, las dos fotos centrales corresponden a la flor del árbol conocido como balso y que tanto problema ha dado con las abejas, pues estas mueren dentro de ellas.
Por cierto, las dos fotos centrales corresponden a la flor del árbol conocido como balso y que tanto problema ha dado con las abejas, pues estas mueren dentro de ellas.
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martes, 3 de abril de 2012
electricidad, agua y pisos

Ultimando detalles: instalaciones eléctrica e hidráhulicas, pisos, puerta, ventanas y piedra... del beneficiadero de café...
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miércoles, 14 de marzo de 2012
varios momentos del beneficiadero

Huecos, paredes, ventanas, puerta, techo, barro, cemento, reparadores descansos, etc.... he aquí varios momentos de la construcción del beneficidero de café...
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