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domingo, 12 de julio de 2015

Nairo, el boyacense de pura raza







Quedó segundo en su primer Tour y primero en su primer Giro. La nueva sensación del ciclismo, Nairo Quintana.

viernes, 4 de octubre de 2013

la toma de café más grande del mundo en Tunja, Boyacá


HSB Noticias
4 de octubre de 2013




En la celebración del Día del Boyacensismo en Tunja se realizó la toma de café más grande del mundo.

La Dirección de Turismo del Departamento promueve la idea de impulsar el consumo del café de Boyacá, fomentando dentro del Departamento esta industria, a través de un evento en el que se pretende batir el record mundial (Guinness Record) de toma de café más grande del mundo.

La estructura cafetera del departamento de Boyacá, cuenta en la actualidad con 11.562 familias dedicadas a este cultivo, repartidas en un área de 10.970 hectáreas, de las cuales el 59 por ciento corresponde a café tecnificado joven, es decir en edad productiva y competitiva.

Teniendo en cuenta que el 40 por ciento del área se renovó en los últimos cuatro años y el aumento en la producción es sustancial y sostenida con respecto a los años anteriores, se presenta la necesidad de actuar en la comercialización de esta y en buscar la forma de dar un valor agregado al esfuerzo de los caficultores boyacenses.

El acontecimiento se realizará con el apoyo de la Gobernación del Departamento, Secretarias de Cultura y Turismo y Fomento Agropecuario, Alcaldía Mayor de Tunja y los caficultores del Departamento quienes, con el apoyo de la Federación Nacional de Cafeteros, Comité Boyacá, aportarán de su cosecha el café que va ser preparado y degustado por los 10 mil asistentes que se esperan para batir el record.

De igual forma se está gestionando, a través de la Federación Nacional de Cafeteros, la vinculación de la imagen de Juan Valdez, quien desde el año 1959 representa a las casi 12 mil familias productoras del Departamento y de todo el país y del campeón mundial de Barismo, Ronald Valero, convirtiéndose este evento en la oportunidad de oro para fortalecer la estrategia comercial gremial en el Departamento; adicionalmente, se contará con la presencia del Profesor Yarumo.

Oficina Asesora de Comunicaciones y Protocolo
Gobernación de Boyacá



domingo, 21 de julio de 2013

La conmovedora historia de vida de Nairo Quintana


Jorge Enrique Rojas
Revista Semana
19 de julio de 2013

De como un humilde muchacho boyacense está a punto de conquistar París con su bicicleta. 

La conmovedora historia de vida de Nairo Quintana. El ciclista Nairo Quintana y su mamá Eloísa Rojas, con los atuendos típicos de Boyacá.
El ciclista Nairo Quintana y su mamá Eloísa Rojas, con los atuendos típicos de Boyacá.
Foto: Archivo particular.
En todos los rincones de Colombia se dan las más conmovedoras y ejemplares historias de seres que con voluntad de hierro dejan atrás el acoso de las enfermedades, la pobreza y la ausencia del Estado para salir adelante. Es el caso de doña Eloísa Reyes,vendedora de caldo de papa, y Luis Quintana, modesto campesino, padres de Nairo Alexander Quintana Rojas. 

Cuando era niño le dio una extraña enfermedad que hizo creer a todos que moriría irremediablemente antes de cumplir tres años. Sobrevivió y no solo eso sino que empezó a estudiar, pero la escuela era tan lejana y el transporte tan deficiente que le consiguieron una bicicleta para que le rindiera. Él se enamoró tanto de la bicicleta y la domó a su gusto, al punto que se convirtió en un profesional y ahora, pedalazo tras pedalazo, está a punto de conquistar París en la vuelta más importante del planeta: el Tour de Francia.

El periodista Jorge Enrique Rojas escribió una conmovedora y completa carta al ciclista en el diario El País de Cali y en la revista Ciudad Vaga de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle que Semana.com reproduce a continuación:
Carta a Nairo

Tal vez nunca leas esto Nairo. Sé que no te gusta leer y que a veces llegas tan cansado de entrenar que te quedas fundido viendo las cartillas de sudoku y sopas de letras que tu entrenador te manda para que también ejercites la mente. Viajé para encontrarte y que me contaras esa vida de hazaña que has tenido, para que me explicaras de dónde sacaste esa obstinación, esa persistencia a prueba de golpes para sobreponerte a los obstáculos que en tu vida han existido desde que naciste; estuve en el hotel donde te alojaron, en la Casa de Nariño donde te recibió el presidente, pero fue imposible que me atendieras. 

Desde que llegaste a Colombia te han llevado de un lado a otro para exhibir tu triunfo en tour del capricho ajeno: noticieros, emisoras, cenas, homenajes. En este país exitista la escena se ha repetido muchas veces con otros deportistas que, inocentes, se han dejado llevar por la tromba del estrellato. Por eso te escribo Nairo, porque anhelo que no te pase a ti.

En los dos minutos que conversamos antes de que te montaran a un carro con destino quién sabe a dónde, me dijiste que tú, lo único que querías, era regresar a El Moral, esa loma de la vereda La Concepción, en Cómbita, donde hace 20 años naciste; regresar para dormir en tu misma cama, tomar leche recién ordeñada y ver de nuevo a esa novia que tienes a las escondidas. Tengo la impresión de que eres distinto a otros ídolos de barro que ante los logros, suelen sufrir de la memoria. Así que por eso también te escribo, campeón.

Me contaste que querías volver pronto, entre otras cosas, para enterarte de todo lo que ha pasado mientras estuviste lejos. Es que fueron 35 días, vea usted, dijiste con tu voz de monaguillo y ese acento lleno de sílabas estropeadas por aquella ESE arrastrada más de la cuenta por la que tanto se burlaban tus compañeros del colegio Alejandro Humboldt. Y sí, tienes razón, mientras corrías el Tour de l’Avenir, mientras ciclistas franceses y alemanes que dejabas regados en el camino te insultaban y escupían, algunas cosas sucedieron allá, en el pueblo donde alguna vez pensaron que tú, tan pequeñito y tan flaco, no podrías llegar a ser otra cosa que un buen campesino.

La Costeña y Chapulín, por ejemplo, esos perros de raza callejera y lanas manchadas por la mugre que cuidan tu casa desprovista de cerraduras y chapas en las puertas, tuvieron cría: es una manada de seis cachorros de orejas largas y colas enroscadas que ahora crecen entre las gallinas que cacarean bajo los árboles de uchuva, tomate, mora y durazno, erguidos a un costado del rancho en medio de bicicletas descuartizadas, neumáticos desinflados, manubrios oxidados, pedales que están por ahí regados como si en ese trozo del campo el ciclismo fuera abono bondadoso para todo.


Ha llovido por estos días. Así que no te extrañes si en el piso de madera de tu cuarto encuentras ollas, peroles, vasijas que tu hermano Dayer ha puesto para cuidar de la humedad esa pieza que comparte contigo. Los agujeros del techo de la casa que tu papá levantó con adobe y tejas de barro, lo sabes bien, no han podido ser reparados y el agua se sigue colando. Pero tú tienes el sueño sereno. Dayer jura que aun en medio de las tormentas duermes como un bebé y que a veces, tumbado de lado, roncas. Tal vez no estés consciente pero eres su ídolo y en silencio es él quien te cuida el sueño. Ese muchachito de 18 años se ha desvelado cuando has tenido malas carreras y, dormido, discutes, dices cosas, como si en la dimensión difusa de los sueños intentaras alcanzar lo que en la realidad aún no logras.

***
Pero de los aguaceros caídos en tu ausencia hay algo bueno. Gracias a esa lluvia, las tinajas plásticas de almacenamiento han estado llenas. Así que Luis Guillermo, tu papá, con su cadera atrofiada por el accidente de tránsito que sufrió de joven y esas catorce operaciones encima que no pudieron remediarle la cojera, no ha tenido que pasar mayores trabajos para conseguir el agua que necesita para trabajar en la panadería que le montaste ahí, en los bajos de la casa. Y tu mamá Eloísa, con sus 46 años, también ha descansado de caminar los dos kilómetros hasta el nacimiento de Aguavaruna para traer los baldados que necesita para fregar la ropa en la lavadora de 26 libras que le regalaste con el primer premio que obtuviste dando pedalazos en contra del destino. Aunque suene manida, la frase es cierta Nairo.

Isabel Monroy, la madre comunitaria que hace veinte años atiende Pato Lucas, la guardería donde a los ocho meses tus papás te dejaron para poder ir a vender verduras a las plazas de mercado de Cómbita y Arcabuco, dice que nadie creía que pasarías los tres años de vida. Sufriste de algo que allá, en las montañas de Boyacá, llaman “tentado de difunto”: un mal inexplicable del que pocos, dicen, tan sólo los predestinados para algo, logran salvarse. La mujer, que te quiere como si te hubiera parido, cuenta que cada mes te daba una diarrea inhumana que te acosaba por días enteros. Que la sangre se te regaba por nariz y boca cada que tosías. Y que siempre, sin importar las veces que te bañaran, olías a muerto. Tus ojos, entonces, permanecían tan apagados como los de un animalito disecado.

María, señora que sabe de yerbas y otras cosas, le dijo a tu mamá que lo que pasaba es que alguien que había arreglado a un muerto le había tocado el vientre cuando aún estabas ahí dentro. Entonces le recomendó un agua hervida con cogollos de nueve árboles y un bebedizo de arracacha y tierra que de un día empezó a sanarte. El milagro ocurrió tan pronto que a los dos años, no podrás recordarlo, cuando todavía gateabas, te volaste de la guardería atravesando medio kilómetro de potreros y trochas hasta que encontraste tu casa. Eso de correr y escapar, así como lo hiciste en los riscos más empinados de Francia, contrariando pronósticos y vicisitudes que parecían mucho para tu tamaño, no es algo nuevo en tu vida: lo llevas en la sangre.

Y así también llevas el sacrificio, Nairo. Porque tu no empezaste a montar en bicicleta por gusto, sino por necesidad: porque tus papás, que ya habían ido al colegio a pedir que les rebajaran la pensión tuya y la de tus cuatro hermanos, no podían pagar el transporte para que ustedes llegaran hasta la escuela, lejos, a 18 kilómetros de tu casa, allá abajo en Arcabuco. Por eso cogiste esa bicicleta todoterreno que tu papá había comprado para ir a ver las vacas en el potrero. Por eso, ya a los 12 años, ibas y venías todos los días, a veces con tu hermana Lady trepada en la barra. Durante cinco años pedaleaste por esa cuesta que los carros deben subir en tercera, a veces segunda marcha, sin más pretensiones que ir a estudiar o llegar a los ensayos de danza. 



Qué importaba que te tardaras 45 minutos, mientras la ruta escolar se demoraba 15. En ese tiempo, aunque no eras muy bueno, recuerda la profesora Flor Mireya Vargas, te gustaba bailar y lo hacías aunque aquella instructora venida de Tunja te dejara sentado. Pero tu eras inmune al desánimo. Bajaste y subiste una y otra vez, sorteando la curva mezquina de La Cantera y las tractomulas que más de una vez te sacaron de la vía, como aquella vez que rodaste por el barranco y te apareciste a clases todo reventado.

Siempre fuiste osado. Tu hermana Esperanza, que te ayudó con setenta mil pesos cuando trabajaba como empleada doméstica en Barranquilla para que pudieras comprar unos mejores pedales, creyó que ibas a desistir por tantos golpes. Hace dos años, cuando ese taxi de Arcabuco se voló el pare y te elevó por los aires y quedaste sumido en coma por cinco días, todos pensaron que sería el fin de tu carrera. Algo parecido a lo supuesto por los franceses, alemanes, italianos que ahora, en el Tour de l’Avenir, te dieron patadas y codazos, hasta que te vieron caer a la orilla del camino después de gritarte “fucking indian”. Pero no por nada, ahora pienso yo después de conocer la historia, tu te salvaste de eso que allá en tu pueblo llaman “tentado de muerto”. Eres un elegido.

Belarmino Rojas, el dueño de la heladería de Arcabuco, también lo cree. Como si fuera ayer, recuerda que el 4 de abril del 2005, dos días después de que tu papá se hubiera conseguido los $270.000 para comprarte la primera bicicleta de carreras, cuando te enfrentaste con Juan Pistolas, el ciclista más temerario del pueblo y lo hiciste polvo en 32 kilómetros trazados en una ruta ida y vuelta que partió de la plaza central hasta el Alto de Sota. Ese triunfo tuyo aún es leyenda; porque mientras Juan Pistolas llevaba zapatillas, uniforme de lycra, casco, guantes y la mejor bicicleta de por esos lados, tu apenas ibas cubierto con la camiseta roja que ya no aguantaba más remiendos de las manos de tu madre. Belarmino, que ganó cincuenta mil pesos apostando a tu favor, te regaló la plata para que comparas tu primer casco.Y tu, en compensación, desde ese día lo llamas padrino.

Ese fue el comienzo de todo, Nairo. Así fue como tu nombre, que tu papá dice fue una iluminación en la pila del bautizo, se fue haciendo mito entre las montañas boyacenses. Así fue como los alcaldes de Cómbita y Arcabuco al fin te dieron el patrocinio para que compraras una bicicleta decente, así fue como llegaste a tu primer club, Ediciones Mar, donde por primera vez te llamaron capo. De ahí vienes, campeón, esos son los pedalazos que has dado. Gracias a ese sacrificio al fin te dicen así, campeón, como tantas veces soñaste. Gracias a ese esfuerzo, el Presidente se ha comprometido a buscar la manera de darle una casa a tus papás y construir un centro de alto rendimiento para los deportistas de tu tierra. Gracias a ti, este país atribulado por la guerra ha vuelto a recordar que del campo pueden brotar otras cosas que no sean confrontaciones. Y yo, en nombre de muchos, también quería agradecerte por todo eso. Esa es otra de las razones por las cuales te escribo Nairo, no importa que a ti, no te guste leer.



miércoles, 10 de abril de 2013

Cocuy: conservación, acuerdos y desacuerdos


El Espectador
Juan Pablo Ruíz Soto
9 de abril de 2013

El 4 de abril se realizó un importante encuentro en la población de El Cocuy (Boyacá) para conversar respecto al manejo del Parque Nacional Natural (PNN) y su relación con el desarrollo de los municipios de Güicán y El Cocuy.
El Cocuy, Boyacá.


Ante el interés creciente por visitar el PNN debemos garantizar la conservación de sus ecosistemas y servicios ambientales —entre ellos la regulación hídrica— y asegurar que el atractivo de su paisaje natural se convierta en el motor para el desarrollo local. Las visitas al PNN están aumentando vertiginosamente: en 2004 ingresaron 2.998 visitantes; en 2009 fueron 7.227, y 9.724 en 2012. Es importante tomar medidas nuevas y creativas para manejar este creciente flujo de visitantes.

En la reunión convocada por la Dirección de Parques Nacionales de Colombia participaron los alcaldes de Güicán y El Cocuy, el director de Corpoboyacá, un delegado del Ministerio del Turismo, indígenas, concejales, personeros, la veeduría del pueblo y representante de diversos grupos de interés, como arrieros, hoteleros, montañistas, guías de montaña, miembros de juntas de acción comunal y de acueductos locales. Como mecanismo de divulgación se utilizó la transmisión en directo por la emisora local. Si bien no se puede asegurar que participaron representantes de todos los actores involucrados, sí podemos decir que fue una discusión amplia y participativa.

Es urgente acordar cambios respecto a la forma como se están realizando las visitas, distribuir responsabilidades y beneficios, y evitar que el deterioro de los ecosistemas naturales obligue al cierre del PNN para los visitantes. Autoridades locales y ciudadanía se mostraron interesadas en participar y colaborar. Medidas de corto plazo incluyen definir una tarifa de ingreso diferencial según el tiempo y lugar que el visitante permanece en el PNN, asegurar los recursos necesarios para el buen manejo de los lugares para acampar y para el buen manejo y control del visitante. Tal como ocurre en muchos parques de montaña del mundo, es necesario garantizar recursos para la presencia de funcionarios de Parques en las áreas críticas durante los períodos de alta temporada. Se debe respaldar la seguridad de los visitantes mediante un seguro para practicantes de deporte extremo y caminantes en la alta montaña.

Dado que en alta temporada han ingresado en algunos días hasta 400 caballos al PNN, para mejorar la capacidad de carga todos los visitantes deben entrar a pie y debe ser sancionado todo visitante que se encuentre cabalgando. Los caballos serán limitados para usos específicos autorizados y para el rescate de visitantes en caso de problemas de salud. Para disminuir problemas de falta de adaptación a la altura se aconsejará a todos los visitantes que aspiren superar la cota de los 4.000, que pasen por lo menos un día y una noche entre los 3.000 y los 4.000 metros. Esto mejora la posibilidad de adaptarse a los cambios de presión para evitar el llamado mal de altura y de paso genera demanda de servicios de alojamiento, guianza y alimentación, que deben ser suministrados por comunidades locales.

El PNN El Cocuy se presenta como un laboratorio de convergencia y sinergias positivas entre conservación y desarrollo local. Objetivos que, lejos de ser contrarios, son complementarios. Conservación de ecosistemas y de paisajes culturales rurales y urbanos, turismo de naturaleza y una comunidad local organizada y productiva son argumentos para un verdadero desarrollo sostenible.