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sábado, 11 de enero de 2014

Una batalla por conservar los bosques colombianos se libra al pie de un volcán


El País

10 de enero de 2013
Pasto

Surge una nueva conciencia para defender los parques nacionales de Colombia.

Dori Chávez, dueña de una finca cerca del parque, muestra su casa / Isabelle Schaefer
El humeante volcán Galeras, uno de los más activos de Colombia, parece vigilar silenciosamente a los dispares habitantes de esta rica foresta colombiana: seres humanos, miles de venados y otros animales, y más de 99 especies de orquídeas.

Algunas civilizaciones prehispánicas, como los Incas –que llegaron hasta el sur de Colombia–, ofrecían diversos tributos, incluso humanos, para pedir a los dioses que la montaña no despierte enfurecida.

Hoy en día, las faldas de este volcán muestran un escenario diferente: el Santuario de Flora y Fauna Galeras, a unos 700 kilómetros al sur de Bogotá, que se ha convertido en un ejemplo de agricultura amable con el medio ambiente

¿Cómo se conjuga la protección de esta biodiversidad con la actividad agrícola, uno de los pilares de la economía colombiana?

En los últimos años, el triángulo defensa de la naturaleza, bienestar de los campesinos y crecimiento económico ha venido cobrando importancia, especialmente en las zonas cercanas a las áreas protegidas, que suman un 12% del territorio nacional.

Con sus más de 7.000 hectáreas, el santuario Galeras alberga a 135 especies de aves, 600 especies de plantas y un tercio de las especies de venado de Colombia, entre otra fauna.

En las laderas del volcán, entre los arroyos que bajan de la montaña, se ven pequeñas fincas, con flores frente a las casas y huertas con letreros que indican los distintos cultivos. Se siembra café, trigo y mucho más, dependiendo de la finca.

La huella humana

El santuario, naturalmente, es un área protegida, pero sus alrededores no lo son, y la actividad de los pequeños productores agrícolas en los límites del parque tiene su impacto.

Los incendios forestales, la tala, la ampliación de la frontera agrícola, la cacería indiscriminada son algunas de las amenazas del santuario, según Nancy López de Viles, jefa del Santuario de flora y fauna Galeras. Colombia pierde más de 330.000 hectáreas de bosques al año por razones diversas, entre ellas la tala ilegal para propósitos comerciales, según datos del propio gobierno.

Además de afectar la flora y la fauna, estas actividades ponen en peligro también la que quizá es la mayor riqueza del santuario: cuatro lagunas, varios ríos y más de 100 quebradas que suministran agua a cerca de 500.000 personas en los pueblos cercanos.

“Nosotros cuando no teníamos conocimiento, hacíamos daños a la parte alta”, dice Dori Chávez, ama de casa y dueña de una finca cercana del parque. “Daños como echar candela, llevar los animales allá, soltarlos en los pajonales, dejar que vayan a los humedales”, advierte.

Ahora, un proyecto conjunto entre el parque nacional y las comunidades –financiado con una donación del Fondo para el Medio Ambiente Mundial e implementado por el Banco Mundial y el fondo colombiano Patrimonio Natural– enseña a los campesinos a cuidar el parque produciendo de manera más ecológica, sin talar y sin contaminar el agua. Los lugareños también ponen especial cuidado en asegurase de que sus desechos y desperdicios no terminen en el bosque.

Esta misma metodología ya se está aplicando en otros parques naturales de Colombia y ha beneficiado a 300 familias en distintos lugares del país, que cultivan y producen en armonía con el medio ambiente.

“Como tener mil guardaparques”

El proceso, claro, no fue fácil. Así lo recuerda Sandra Popayán, una de las agricultoras de la zona. “Como vinieron acá y dijeron que ahora tenemos que conservar, pues nos asustamos mucho porque dijimos: ‘no vamos a poder vivir, por la [falta de] leña’”.

Pero poco a poco, se fue creando conciencia. Hoy en día Sandra aprovecha los desechos que produce su parcela para generar gas mediante un biodigestor.

“Si hoy o mañana acabamos con el poquito bosque que queda, eso va a afectar al agua, entonces empezamos a sensibilizarnos y concientizarnos de la importancia, por qué cuidar eso”, opina Dori Chávez.

Otros agricultores ahora cuidan los arroyos que bajan de la montaña. Jorge Almeida, por ejemplo, tiene su finca a las orillas de una quebrada y plantó unos árboles para protegerla. “Estamos tratando de que las aguas [residuales de su casa y su plantación] no lleguen directamente a las quebradas”, explica.

“Ahora es como tener mil guardaparques, porque la misma gente es la que cuida su parque”, explica Nancy López. “Si viene un cazador, por ejemplo, ellos son los que están denunciando la cacería o están mirando quién es que hace el daño”, agrega.

Y los cambios empiezan a notarse. Los mismos productores señalan que antes bajaba muy poca agua por las quebradas y que ahora “baja bastante, para los humanos y para los animales” y que también se han vuelto a ver algunas de las especies animales.

A pesar de estos resultados, el trabajo no está terminado. “Hay que seguir fortaleciendo a las comunidades, con capacitaciones, en temas como cambio climático, como biodiversidad y sobre la importancia de estos ecosistemas”, explica López, la jefa del parque.


viernes, 5 de julio de 2013

bosques de energía


El Espectador
Laura Juliana Muñoz
3 de julio de 2013

Los bosques posibilitan el suministro de agua, y de ella depende la mayor parte de la generación de energía eléctrica en Colombia. En esta entrega de Bibo se presenta la importancia de este vínculo para el país y sus principales desafíos.

El Parque Natural Chingaza, Cundinamarca, es una de las principales reservas de agua del país. / Fotos:  Oscar Pérez - El Espectador
El Parque Natural Chingaza, Cundinamarca, es una de las principales reservas de agua del país. / Fotos: Oscar Pérez - El Espectador

Cuando alguien en Colombia enciende la luz de su habitación, prepara un jugo en la licuadora o simplemente navega unos minutos por internet está disfrutando de una de las principales riquezas del país: el enorme potencial hídrico que hace posible la generación de energía hidroeléctrica. Pero sacar provecho de esta energía no sería posible sin otro aliado ecológico fundamental: los bosques, encargados de regular el ciclo del agua.

Los bosques contribuyen en primer lugar a aumentar las tasas de precipitación, ya que los árboles, como parte de su ciclo vital, transportan agua desde las raíces hasta las hojas. Una vez allí, y por efecto del fenómeno conocido como transpiración, las moléculas de agua escapan hacia la atmósfera. Al condensarse en pequeñas gotas que flotan en el aire, alimentan a las nubes y más tarde vuelven en forma de lluvia sobre la superficie terrestre.

Colombia es uno de los diez países con mayor precipitación del mundo. Según el Banco Mundial, ésta alcanza 2.600 milímetros de lluvia al año. El rol de los bosques en este ciclo hídrico se completa al recoger el agua y repartirla por todo el ecosistema. En un suelo erosionado el flujo de agua desbordaría los ríos.

De acuerdo con Guillermo Santos, del subprograma de investigación de Parques Nacionales Naturales (PNN), los bosques garantizan el recurso hídrico porque protegen los afluentes de los ríos y generan unos microclimas que hacen que la humedad se concentre en ellos y que el agua pueda fluir a través de esa estructura y llegar a los ríos. En un terreno sin árboles el viento corre y se lleva la poca humedad que pueda haber, mientras que los bosques atrapan el aire y la humedad que viene con él.

En términos energéticos, la mayoría del agua aprovechable viene de las montañas, lo cual facilita su almacenamiento en las represas de las centrales hidroeléctricas. Cuando se abren las compuertas subterráneas, el agua cae por efecto de la gravedad sobre unas turbinas que empiezan a girar. Luego, los transformadores convierten ese movimiento en energía eléctrica. De ahí, por medio de las redes de transmisión, la energía llega a los hogares e industrias colombianos.

Los ecosistemas de montaña, como los bosques de niebla y los páramos, otorgan grandes beneficios a los embalses. Además de regular el flujo del agua, recogen las pequeñas gotas de la neblina a través de una vegetación especializada (por ejemplo, con pelos en las hojas o cubierta de musgo). Luego el líquido desciende de la montaña y forma ríos que hacen posible llenar los embalses. La cobertura vegetal también evita la erosión del suelo y que el agua transporte así sus materiales sólidos. Esto disminuye la sedimentación en los embalses, que puede dañar sus turbinas y restarles capacidad de almacenar agua.

De acuerdo con un estudio del King’s College de Londres, publicado este año en la revista científica Ecosystem Services, los bosques de niebla son los responsables de filtrar cerca de la mitad del agua superficial disponible en las cuencas de represas tropicales.

Otra razón por la cual estos bosques juegan un papel clave en la generación de energía es la precipitación que atraen, un 43% más alta que la lluvia promedio en estas cuencas.

El agua realiza un viaje de múltiples paradas antes de llegar a los hogares colombianos a través de nubes, bosques, montañas, ríos y represas. Si ese camino se interrumpe también se detendrá el flujo del 77% de la energía eléctrica que mueve al país.

Es por esto que la deforestación constituye un problema que debe preocupar a todos los ciudadanos y todos los sectores económicos. Sin bosques saludables, el ciclo del agua, y por lo tanto todo el ciclo de la vida en un ecosistema, se ve alterado. De acuerdo con un informe del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), en el año 2005 había 60’213.607 hectáreas de bosques en Colombia. En 2010 ya se habían perdido 1’191.803 hectáreas. Es decir que hubo una deforestación al año de 238.361 hectáreas, un área cercana al tamaño del departamento del Atlántico. Las zonas más afectadas fueron los Andes y la Amazonia.

Las causas de la pérdida de bosques en el país son principalmente la expansión de la frontera agrícola y la colonización, seguidas por la producción maderera no sostenible, el consumo de leña, los incendios forestales y los cultivos de uso ilícito. El aumento de la deforestación también va de la mano del aumento de la población con patrones de consumo cada vez mayores, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). A pesar de que casi la mitad del territorio terrestre de Colombia está cubierto por bosques, si éstos se siguen degradando escasearán los recursos hídricos.

* Con asesoría de Javier Sabogal, oficial de Políticas de Cambio Climático y Energía, y Juliana Correa, consultora, de WWF.


domingo, 13 de enero de 2013

El futuro del Parque Tayrona


Editorial El Espectador
12 de enero de 2013

De nuevo el Tayrona se encuentra bajo el ojo de la opinión pública. Los debates alrededor de este importante parque nacional natural —una figura que, a veces, parecen soslayar los que allí quieren construir— resurgen de tanto en tanto, demostrándonos que sobre ese lugar se extienden y contraponen intereses muy fuertes. 

Así se verá el proyecto ecoturístico Reserva Los Ciruelos, que comprende 44 hectáreas.  / Cortesía
Así se verá el proyecto ecoturístico Reserva Los Ciruelos, que comprende 44 hectáreas. / Cortesía  
Dos, en particular: los que quieren proyectos turísticos amables con el medio ambiente y los que creen que esto es una afrenta contra un territorio ancestral y constitucionalmente protegido.

La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) revivió el pasado 27 de diciembre —curiosa fecha, cuando la atención descansa— la posibilidad de que se adelanten trabajos ecoturísticos, como bien se sabe, sobre lo que queda del valiosísimo bosque seco tropical que por ahora sigue siendo patrimonio público. El proyecto, llamado Reserva Los Ciruelos y ubicado en la ribera oriental de Bahía Concha, había sido suspendido porque la ANLA impuso una medida preventiva debido a irregularidades encontradas en la perforación de dos pozos de aguas subterráneas. La empresa Reserva Los Ciruelos, S.A.S., cumplió con su parte y ahora exige el aval para actuar libremente.

Pese a que todo parece haberse hecho dentro de la ley, las suspicacias afloran. En primera medida, porque no se puede entender la desarticulación institucional tan grande que ha habido en torno al Tayrona. No se sabe, a ciencia cierta, qué es lo que quiere hacer el Estado con este territorio. Y eso es injustificable a estas alturas del partido. El Ministerio del Interior emitió un concepto en 2009, la resolución 0631, mediante la cual se le otorgó la licencia ambiental al proyecto (¿qué hace el ministerio de este ramo, de buenas a primeras, concediendo cosas de este estilo?) y dijo sin ambages que en el territorio catalogado como sagrado “no habitaban nativos dentro del área a intervenir”. Increíble. Una cosa distinta opina hoy el ministro de Medio Ambiente, Juan Gabriel Uribe, quien le ha pedido a la directora de Parques Nacionales que emita un concepto jurídico vinculante, dirigido a la ANLA, en el que puedan explicarse y demostrarse las objeciones para una posible revocatoria de la licencia otorgada.

Por ahora parece haberse corregido el camino. La Corte Constitucional emitió un concepto que blinda de toda legitimidad la petición del ministro Uribe. En medio de la presión ciudadana, además, el presidente Juan Manuel Santos afirmó en Twitter que “el bosque seco no se puede afectar”, dejando en el aire las aspiraciones de la empresa que pretende construir 12 ecocabañas y que, hasta hace poco y por un mero requisito, tenía el aval del Estado. La disculpa ahora para esta absurda contradicción institucional es que la licencia del proyecto se otorgó durante el gobierno anterior, lo cual solamente demuestra la visión tan miope y parcial que se ha tenido frente al Tayrona y su futuro. Al vaivén de los intereses se van tomando decisiones puntuales que dependen de todo menos de lo que obliga en un parque natural nacional.

El futuro del Tayrona, pues, no es un asunto que pueda seguir siendo visto por partes, según lo que pidan los constructores privados en cualquier momento, como si un todo vulnerable, público y nacional no estuviera en juego. Hoy es este proyecto, mañana el de Six Senses, que está avanzando. Y el debate no puede quedarse en si es viable hacer o no turismo ambiental, que esta empresa bien puede saber hacerlo y Six Senses ciertamente lo sabe hacer. El debate real está en la propiedad del parque. Lo que realmente está en juego es la Constitución Política, el Convenio de Diversidad Biológica y la certeza de que el uso público se puede hacer por medio de visitas controladas. Este lugar sagrado es de una naturaleza única: es inembargable, inalienable e imprescriptible. Mucho más allá de sus indígenas y su biodiversidad. Esto es algo que, insistimos, muchos parecen desconocer.


sábado, 13 de octubre de 2012

café y sombra


Cartas de los lectores
El Espectador
3 de octubre de 2012

Hay comentarios equivocados que hacen carrera. Quienes los divulgan lo hacen con una ligereza tal, que la falta de análisis sorprende. Uno de ellos es el de que la Federación Nacional de Cafeteros ordenó tumbar el sombrío en los cafetales.

Alrededor de 430.000 hectáreas de café en Colombia están bajo algún tipo de sombrío, es decir, el 46% de la caficultura está en sombra o semisombra. Y lo está fundamentalmente porque en esas zonas se presentan unos períodos secos que marcan una deficiencia hídrica para el café, pues ésta es de 150 milímetros de agua en tres meses seguidos, lo que hace que el establecimiento del sombrío sea absolutamente necesario. Se requiere del sombrío para conservar la humedad del suelo en épocas secas, para evitar el marchitamiento y para reducir la pérdida de hojas. Y para ello hay acciones investigativas de Cenicafé y una transferencia a los productores.

Por el contrario, cuando uno se encuentra zonas cafeteras donde hay buena distribución de lluvias, adecuadas horas de brillo solar, apropiada temperatura y suelos con capacidad de almacenamiento de agua, uno deja que el sol, que no cobra por su trabajo, realice su labor. He visto suelos en estas circunstancias produciendo café de manera sostenible y sin deterioro de los ecosistemas, porque sus propietarios siembran el café Castillo a través de la pendiente, establecen barreras vivas y, entre otras cosas, logran que en sus suelos se forme un tapete verde con las arvenses seleccionadas, cuya función es moderar el golpeteo de las gotas de lluvia.

No fue la Federación la que dijo que sembraran café hasta el pie de las quebradas o hasta que las plantas de café se humedecieran con las aguas donde se toma el líquido para los acueductos. Quizás los altos precios en ciertas épocas o la decisión propia del dueño los llevó a tomar ciertas decisiones. Por el contrario, no presionar el bosque nativo ha sido una frase repetitiva expresada con convicción. Todos seguimos cantando: “Allá arriba en aquel alto donde nace la quebrada...”.


Lo que con honestidad sí hemos dicho es que un sombrío exagerado y con características de penumbra debe regularse, porque más de un 45% de sombra convierte al cultivo del café en un negocio improductivo e ineficiente. Lo expresado anteriormente también valida el sombrío, si el objetivo de producción es matricularse en un programa de cafés especiales, como los aliados de los bosques o los amigables con las aves.


El cultivo del café también reforesta, produce oxígeno, es verde, alberga especies... y también produce paz.

Carlos Armando Uribe F.,
’Profesor Yarumo’.


viernes, 26 de febrero de 2010

un bioparque para Barichara


Hacemos resón de un artículo publicado en el nº 3 de Bari.Charlas donde Camila Encinales habla de la creación de un bioparque y además de 7 kilómetros de cinturón verde alrededor de Barichara. Desde aquí felicitamos a la Asociación Aquileo Parra y todos sus miembros por tan magnífico proyecto.




En este terreno ya es realidad el bioparque que cuenta con más de 300 árboles sembrados. Y vendrán más...