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sábado, 26 de abril de 2014

El justificado paro agrario


El Espectador
Indalecio Dangond B
25 de abril de 2014

Lo dije hace quince días en una entrevista a Jorge Cura en Barranquilla y lo sigo sosteniendo. “Al presidente Santos no lo van a derrotar sus rivales, lo van a derrotar los campesinos del país”. Y con justa causa. 

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No hay derecho pues, que el Presidente de la República haya dejado pasar cuatro años sin resolver los profundos problemas de la ineficiencia y la falta de competitividad de los productores del campo. Todos, absolutamente todos los esquemas implementados por los teóricos funcionarios que Palacio puso al frente de la cartera agropecuaria, fracasaron.

No fueron capaces de resolver el problema de los altos costos de los insumos (la tarjeta de crédito de agroinsumos no les dio resultado y tampoco concertaron una disminución de precios con las multinacionales). Cerraron durante dos años la importación de maquinaria usada para uso agrícola desde los Estados Unidos impidiendo reducir los costos de adecuación de tierras. No construyeron un solo distrito de riego, el acceso a semillas genéticamente mejoradas sigue siendo una tortura y la investigación se quedó en los anales de Corpoica, que ahora se dedica a facturar comisiones por administración de convenios al cuestionado Fondo de Adaptación.

El Banco Agrario, el ICA y el Incoder fueron puestos al servicio de los políticos y no de los campesinos. Esa desacertada decisión trajo como consecuencia serios problemas en las metas de ejecución de dichas entidades. Las ganancias del Banco Agrario cayeron en un 39.9%, la morosidad de la cartera subió al 8.6% (frente a un 2.7% del resto de la banca) y su portafolio de inversión lo concentraron en TES ($10 billones), mientras que al sector agropecuario solo colocaron créditos por 2.4 billones de pesos en el 2013, equivalente al 36% del total de la cartera agropecuaria.

Por su parte, el ICA no fue capaz de expedir y aplicar las normas que permitían garantizar por ejemplo, el cumplimiento de los estándares en materia de inocuidad de la carne en toda la cadena para que pudiera ser admisible en los mercados de los EEUU y la Unión Europea.

El Incoder, en vez de dedicarse a implementar un modelo de agricultura tropical basado en hechos científicos para transformar grandes superficies de suelos pobres en fértiles y adaptar la agricultura a un contexto de cambio climático, se ha dedicado a adjudicar baldíos a campesinos sin un proyecto productivo viable.

Ahora, para tratar de atajar el justificado paro agrario del próximo lunes se les ocurrió la disparatada medida de prohibir los embargos y los cobros coactivos para la recuperación de las deudas de los campesinos, cosa que jurídicamente es improcedente. La mayoría de la cartera morosa que existe hoy en día en el sector agropecuario es consecuencia de los siniestros ocasionados por el fenómeno de la Niña entre 2010-2011. 

En ese tiempo el ex ministro Juan Camilo Restrepo, tomó la desacertada decisión de refinanciar las deudas de los afectados cuando lo conveniente era comprarle la cartera que tenían con los bancos, que por la magnitud del desastre natural, la estaban ofreciendo a precio de huevo. Hoy, el costo fiscal para la Nación y el costo político para el Gobierno, es mucho mas alto.

Lo que mas tiene molesto e indignado al país agrario es la forma como el Gobierno por intermedio del cuestionado gerente del Pacto Agrario, ha pretendido utilizar la crisis del sector para justificar la repartición de 1 billón de pesos de mermelada a 600 alcaldes del país en plena campaña reeleccionista con la disculpa que son para resolverle los problemas a los campesinos en dichas regiones. ¿Donde está la Procuraduría?

¿Ya ven porqué se justifica el Paro Nacional Agrario?.

@indadangond


sábado, 14 de septiembre de 2013

Santos lanza el “pacto agrario” como respuesta a la huelga nacional


El País
Elizabeth Reyes L
13 de septiembre de 2013

El presidente colombiano Juan Manuel Santos. / Leonardo Muñoz (EFE)

Tras tres semanas de las protestas de campesinos colombianos, que mantuvieron bloqueadas numerosas vías hasta el pasado martes y que le valieron al presidente Juan Manuel Santos el desplome de su popularidad y un remezón ministerial, este jueves el Gobierno lanzó el “Gran Pacto Agrario”, un mecanismo de concertación con el que espera pasar la página de la huelga y reconstruir el campo colombiano, un sector que ha estado en el olvido durante décadas, donde la pobreza sobrepasa el 46,8%, y que ha sido, además, afectado como ninguno por el conflicto armado.

“Estas protestas campesinas nos obligan a realizar una reingeniería a nuestra manera de pensar el desarrollo [del sector agrícola]”, reconoció Santos durante la posesión de cuatro de sus nuevos ministros. Y esa reingeniería tiene que ver, entre otras cosas, con la construcción de ese Pacto donde se ha dicho que tendrán cabida el gobierno, los sectores productivos, los campesinos, indígenas, afrocolombianos, parlamentarios, alcaldes, gobernadores y académicos. Santos espera que de allí salga “una verdadera política agropecuaria, moderna, equitativa hacia el futuro”.

Sin embargo, no todos los líderes campesinos que protagonizaron la huelga nacional acudieron a la primera cita y otros que sí fueron, como Héctor Centeno, portavoz de los campesinos de Boyacá y Cundinamarca, no acogió la propuesta de Santos y se retiró del recinto. El movimiento Dignidad Agropecuaria Nacional, que agrupa a pequeños cafeteros, paperos, cacaoteros, arroceros, lecheros, entre otros agricultores, había anunciado en un comunicado que no participaban por “la insistencia oficial en no modificar los TLC y las propuestas de la SAC (Sociedad de Agricultores de Colombia) por la agricultura a gran escala como centro de la política agropecuaria”.

Santos –quien estuvo al inicio y al cierre de la jornada– insistió en que el Pacto es incluyente y además está en sintonía con los acuerdos que sobre el tema agrario firmados con las FARC en La Habana. “Lo que muestra este punto 1 acordado en La Habana es que todos coincidimos en la necesidad –la urgencia mejor– de enfocar la política pública hacia el bienestar de la gente en el campo y de crear las condiciones para competir en los mercados globales”, dijo.

Al final del día, el presidente colombiano anunció que firmó un paquete de decretos para poner en marcha algunas de las medidas a las que se comprometió con los campesinos que protagonizaron las huelgas. El primero es que quitará los aranceles a los insumos agrícolas, un régimen de libertad vigilada para el control de precios de estos insumos y la creación de una comisión para la regulación de los mismos. Precisamente uno de los reclamos más urgentes de los campesinos era el alto costo de los fertilizantes y los insumos.

Santos también dijo que fortalecerá la estructura del Ministerio de Agricultura con la creación de un Viceministerio para el Desarrollo Rural, que se elimina el contingente de importación de los lactosueros y que de ahora en adelante se formaliza el Sistema de Participación Popular “para que acordemos el Pacto Nacional por el Agro y lo implementemos con éxito”, explicó.

El anuncio más importante fue el acuerdo con Venezuela para reactivar el comercio binacional. Este país comprará 600 millones de dólares en productos agropecuarios a Colombia “lo que implica un aumento del 20% de las exportaciones hacia Venezuela, y vamos a asegurarnos de que el sistema de pagos otorgue las debidas seguridades a los productores”, dijo Santos y reconoció que Venezuela necesita hoy “nuestros productos y nosotros necesitamos vendérselos”.

La lista incluye 40.000 toneladas de leche en polvo y UHT (ultra-pasteurizada), 60.000 cabezas de ganado en pie, 42.000 toneladas de carne, 6.000 toneladas de mantequilla y margarina, 20.000 toneladas de aceite de palma, 32.000 cajas de huevos fértiles, y casi 1,7 millones de pollos recién nacidos.

En la última semana, Santos y sus ministros han llegado a acuerdos con cada uno de los sectores agrícolas que se fueron a la huelga, logrando el desbloqueo de vías. Los campesinos reclamaban subsidios para pequeños productores, restricciones a las importaciones y el contrabando, acceso a créditos, manejo de deudas, control a los precios de insumos, fertilizantes y del transporte de sus productos, y también por el impacto de los Tratados de Libre Comercio.

El gobierno firmó un acta con las etnias indígenas pastos y quillacingas (al sur), para comprarles 40.000 litros diarios de leche durante los próximos 15 meses. También se prohibió la rehidratación de leche en polvo importada. Por su parte, los agricultores de departamentos como Boyacá, Cundinamarca y Nariño lograron que se estableciera una restricción (salvaguarda) a la importación a la papa fresca, precocida y congelada, cebolla cabezona, frijol, arveja, tomate, pera, leche en polvo y quesos frescos provenientes de países del Mercosur y la Alianza Pacífico. Así mismo, que no se aplicará una norma que castigaba la utilización de semillas no certificadas.

En los departamentos del sur del país, el vicepresidente Angelino Garzón logró llegar a un principio de acuerdo con el último grupo de manifestantes que bloqueaban varias vías de esa región y se comprometió a conformar una comisión para negociar las peticiones de los huelguistas sobre el acceso a la tierra, la sustitución de cultivos ilícitos y las garantías para participar en la construcción de políticas agrarias.

La gran expectativa de los campesinos es que el gobierno cumpla con los acuerdos. Incluso, hoy mientras Santos lanzaba el Pacto Agrario, integrantes de la Mesa Nacional Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdo (MIA), celebraron una Cumbre Agraria y Popular, también en Bogotá, donde confirmaron que la huelga continuará en algunos sectores.