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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Cuando éramos parias (Madrid, España)



Qué buena noticia es el fin de las visas: desde ahora dejaremos de pedir perdón por los demás


El País
 
1 de diciembre de 2015

Cuando éramos parias, nos levantábamos a las cuatro de la madrugada para que nos humillaran desde las siete en el consulado de España. Hace unos años quise gritarle “pues quédese con su país” a la funcionaria caradura que revisaba mi carpeta llena de “papeles para la visa” con las puras ganas de negarme la entrada a Madrid. “Pero si esto le sobra, señor, si es que ustedes no aprenden…”, fue lo único que me dijo la muy burócrata, golpeando su microfonito arrogante con mis extractos bancarios, sin mirarme a los ojos. Si no le respondí en nombre de una nación deshonrada, si no se me escapó un “pero si los dos somos herederos de una cultura que lo ensombrece todo, que lo enreda todo…”, fue porque creía que Colombia tenía que reírse de su estereotipo –y lo creo–, pero también porque tenía por delante un viaje de trabajo.

Ya había hecho yo desde las cinco aquella fila desoladora. Ya les había oído a los vendedores de puestos, que en ese entonces cobraban 50.000 pesos por un mejor lugar en la línea, mil y un relatos de terror sobre colombianos inocentes a los que les negaban la visa porque sí –“por feos”, “por no tener palancas”– como cerrándoles la puerta de Alcalá en las narices. Ya había visto el nerviosismo devastador, de visa negada, de la señora pereirana que sólo quería viajar a España para ver a su nieto “antes de que nos pase algo a alguno de los dos”. Ya había soportado la condescendencia del bogotanísimo portero con acento madrileño que parecía un criollo arriando indios. Ya había aguantado la respiración en un par de salas de espera de juzgado.

Pero preferí tragarme lo que pensaba, como un James Rodríguez ante un Rafa Benítez, para ahorrarme un poco de bilis: cuando éramos bichos, escarabajos que se daban en esta tierra minada, y harta de coca, era lo práctico callarse los desdenes, las afrentas.

Yo no he tenido que ver con hampones, pero esa vez, igual que siempre –por resignado, por colombiano–, me asombró que me dieran la visa. El viaje sí fue lo esperado: los vigilantes del aeropuerto de Bogotá en el papel de “las autoridades” que cuidan, de la malencarada gente de acá, a este pobre mundo; las miradas de reojo, de Migración a Inmigración, a un pasaporte vinotinto que se volvió escarlata: “cómprele funda”, decían; las preguntas tajantes, desde lo alto, en las cabinas del aeropuerto de Madrid. Fue, claro, cuando éramos parias: cuando no se había dado la noticia del fin de las visas, cuando a Europa no le daba vergüenza maltratar a los ciudadanos de un país que servía a sus negocios, cuando ser colombiano era esa mala fama: “déjenlo”, gritó mi atracador, en un peligroso barrio parisino, cuando le respondí que era de Colombia.

Mi abuela Aurora, que nació en Fuentes de Nava, en Palencia, en 1905, pero se fue quedando aquí desde los veintisiete años, se pasó la interminable Segunda Guerra Mundial poniendo las huellas en una oficinita gris de Cartagena –vigilada por funcionarios abusivos que insistían en que sólo estaban haciendo su trabajo– semana tras semana. En ese entonces los parias eran, aquí, los españoles. Y ella pensó en volverse colombiana para que la dejaran en paz. No lo hizo porque el final de la guerra fue primero. Y entonces entendió que no había que sentirse avergonzado ni orgulloso de haber nacido en ninguna parte, pero que tampoco había por qué resignarse a los estigmas.

Qué buena noticia es el fin de las visas: desde ahora no haremos más que un par de filas gratis; reconoceremos, como quien nada debe y nada teme, que Colombia ha dado los esclavistas y los gánsteres y los corruptos que también ha dado el mundo; dejaremos atrás esa manía de pedir perdón por los demás, por “los colombianos”, tan nuestra cuando éramos parias.


miércoles, 5 de febrero de 2014

Bruselas desbloquea la eliminación de visados para colombianos y peruanos


El País
Lucía Abellán
5 de febrero de 2014

Los trámites burocráticos aún pueden retrasar un año la libre circulación por Europa.


Colombianos y peruanos están más cerca de poder viajar sin visado a la Unión Europea. Las instituciones comunitarias han alcanzado este martes un acuerdo para eliminar esa barrera, una medida largamente demandada por España y a la que la Comisión Europea se había opuesto en un primer momento. Las embajadas de los países miembros han ratificado este miércoles la decisión, adoptada ayer en un grupo de trabajo, según han confirmado oficialmente el Consejo Europeo, que representa a los Estados miembros.

El acuerdo alcanzado entre el Ejecutivo comunitario, el Consejo Europeo y la Eurocámara desbloquea políticamente esta iniciativa, que ahora tendrá que enfrentarse a un largo proceso burocrático. Tras la ratificación hoy por parte de los embajadores, los países miembros deberán dar un mandato a la Comisión Europea para que negocie acuerdos bilaterales con Perú y Colombia, de forma que se garantice que cumplen los criterios exigidos y que ellos también eliminan los visados para los ciudadanos comunitarios. 

Antes de ese mandato, el Ejecutivo comunitario realizará un análisis del riesgo que comporta abrir las puertas a esos dos Estados. A partir de ahí, la novedad tendrá que volver a ser ratificada por el Parlamento Europeo y los países, lo que alargará el proceso alrededor de un año, según fuentes europeas.

La lista de nuevos países a los que se eximirá de visados asciende a 19. En la propuesta inicial de la Comisión Europea figuraban 16, pero la presión de España -interesada en facilitar unos intercambios con dos comunidades que le son muy próximas- y la receptividad del Parlamento Europeo han permitido añadir a Colombia y Perú. Los mayores lazos comerciales que el club comunitario tiene ahora con esos dos Estados han pesado en la decisión. También entra en la lista de libre circulación Emiratos Árabes Unidos.

En realidad la exención de visados no coincide exactamente con el ámbito de la UE, sino con los países que integran Schengen, el espacio europeo de libre circulación. De él forman parte 23 Estados de la UE más Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein. No obstante, lo más probable es que Chipre, Rumania, Bulgaria y Croacia, cuatro de los comunitarios que están fuera de Schengen, se adhieran a la decisión del espacio Schengen, pues su política de visados se rige por esas reglas. Más dudas presentan Reino Unido e Irlanda, que tienen su propia política de visados.

Hasta ahora, los colombianos y peruanos que quieren viajar a Europa deben solicitar un visado de turista que permite moverse libremente por el territorio Schengen durante 90 días. La desaparición de ese requisito agilizará mucho los trámites para dos comunidades que hasta el año 2001 podían acceder a Europa sin ese documento. La decisión de imponerlo se adoptó entonces con la abstención de España, lo que provocó un enfado considerable en los dos países iberoamericanos, expresado de forma pública por el escritor colombiano Gabriel García Márquez.

El Gobierno de Mariano Rajoy quiso reparar ese daño este verano, cuando anunció públicamente que pediría a la Comisión la eliminación de visados. El anuncio creó malestar en Bruselas porque Rajoy no lo había hablado previamente con las autoridades comunitarias, en principio reacias a abrir las fronteras a los dos países latinoamericanos. A partir de ahí comenzó toda una movilización española en las instituciones comunitarias para que el Ejecutivo comunitario incluyese a peruanos y colombianos en su nueva lista de exentos de visado. La presión ha surtido efecto y, tras muchos trámites previos, finalmente hoy se ha eliminado el último obstáculo político para dar vía libre a la medida.