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domingo, 30 de marzo de 2014

Cuando llegue la Gran Tribulación, la Tierra tendrá al fin su merecido descanso


Koinonia
30 de marzo de 2014

POR: Waldemar Boff se graduó en filosofía y sociología en Estados Unidos, anima el SEOP (Servicio de Educación y Organización Popular) en la Baixada Fluminense. 


Leonardo Boff: Me parecen muy oportunas las reflexiones de este autor, que trabaja la ecología con pequeños productores rurales junto al río Surui, en la Baixada Fluminense. Este es su texto: 
 

«Nadie sabe con seguridad el día ni la hora. Y es que, casi sin darnos cuenta, estamos ya en medio de ella. Pero que está viniendo, lo está, cada vez con más intensidad y nitidez. Cuando suceda el gran vuelco, todo va a parecer como si fuese por sorpresa. 

Aunque haya datos seguros que apuntan a la inevitabilidad de los cambios globales debidos al clima, con consecuencias que los científicos tratan de adivinar, pero que seguramente serán para peor, los intereses económicos de las grandes naciones y la falta de visión de sus dirigentes no les permiten tomar las medidas necesarias para mitigar los efectos y adaptar su modo de vida al estado febril de la Tierra. 

Podemos imaginar un escenario plausible en el que los huracanes barrerán regiones enteras. Olas gigantescas se tragarán ciudades y civilizaciones, yendo a morir a los pies de las montañas. Sequías prolongadas harán que se cambien todas las riquezas por un simple vaso de agua sucia. El calor y el frio extremos harán que recordemos con nostalgia las historias de las abuelas que hablaban de la brisa de la tarde y del cálido fuego del hogar en el invierno, siempre previsible, y de los frutos madurados al calor de un sol de verano benéfico. Se comerá solo para sobrevivir, siempre poco y de dudoso gusto. 

Pero todo esto no será lo peor. La madre, enflaquecida, no conseguirá enterrar a la hija, y el nieto matará al abuelo por un cacho de pan. El perro y el gato, amigos del hombre, serán buscados por todas partes como última posibilidad de saciar el hambre. Lo vivos envidiarán a los muertos y no habrá quien llore la muerte de los niños. El hambre llegará a tal punto que, como en la Jerusalén sitiada, los hambrientos aguardarán la próxima víctima de la muerte para disputarle la carne flácida. 

“El país será devastado y las ciudades se convertirán en escombros. Durante el tiempo que quede devastada, la Tierra descansará por los sábados que no descansó cuando habitabais en ella” (Lev 26,33-35). 

¿Pero será el fin de toda la biosfera? No. Por causa de los justos y sensatos, Dios abreviará esos días y no destruirá toda la vida sobre la Tierra, manteniendo la promesa que hiciera a nuestro padre Noé. Pero es necesario que el ser humano pase por esa tribulación para que despierte de su egocentrismo y reconozca en definitiva que él es parte de la comunidad de la vida y su principal guardián. 

¿Qué hacer para prepararnos para esos tiempos? Primeramente, reconocer que ya vivimos en ellos. Hoy ya no se sabe cuando vendrá la primavera o el otoño. Ya no contamos con los meses de frío y de calor. Ya no sabemos cuándo habrá lluvia o hará sol. 

Después, es importante quedarse en silencio, vigilando y observando las señales que indican la aceleración de los procesos de cambio. Y sobre todo es imprescindible convertirse, cambiar de hábitos de vida, un cambio personal, profundo y definitivo. Solo entonces estaríamos en condiciones morales de pedir a otros que hicieran lo mismo. Pero, como en tiempo de los profetas, pocos oirán, algunos escarnecerán y la mayoría se mantendrá indiferente permitiéndose toda suerte de libertades como en los tiempos de Noé. 

Deberíamos también volver a las raíces, volver a empezar, como tantas veces lo hizo la humanidad arrepentida, reconociendo que somos apenas criaturas y no Creador, que somos compañeros y no señores de la naturaleza; que para ser felices es indispensable someternos a las grandes leyes de la vida y oír con atención la voz de nuestra conciencia. Si obedecemos a esas leyes mayores, recogeremos los frutos de la Tierra y la alegría del alma. Si las desobedecemos, heredaremos una civilización como esta en la que estamos viviendo, llena de avidez, guerras y tristezas. 

Para los tiempos de carestía que vendrán es fundamental recuperar las artes y técnicas ancestrales de plantar, recoger, comer; cuidar de los animales y servirse de ellos con respeto; hacer utensilios y herramientas con arte y tecnología local; seleccionar y plantar las hierbas que curan y los granos que nutren; recoger para tejer; preservar las fuentes de agua, encontrar los lugares apropiados para cavar los pozos y aprender a guardar las aguas de lluvia. Es entrar en la facultad de la economía de la escasez, de la sobriedad compartida y de la belleza despojada. De ese saber recuperado y enriquecido surgiría la civilización del contentamiento, una biocivilización, la Tierra de la buena esperanza. 

Después de esa larga temporada de lágrimas y esperanzas, superaremos esa estúpida guerra de religiones, esa intolerable disputa de dioses. Más allá de los profetas y tradiciones, más allá de las morales y liturgias, quien sabe, volveremos a adorar bajo múltiples nombres y formas al único Creador de todas las cosas y Padre-Madre de todos los vivientes en el gran Espíritu que une e inspira todo, entrelazados amorosamente en una única fraternidad universal. Y podremos en fin organizar verdaderamente la unión de todos los pueblos del mundo y un auténtico parlamento de todas las religiones».

Leonardo Boff

sábado, 11 de enero de 2014

Una batalla por conservar los bosques colombianos se libra al pie de un volcán


El País

10 de enero de 2013
Pasto

Surge una nueva conciencia para defender los parques nacionales de Colombia.

Dori Chávez, dueña de una finca cerca del parque, muestra su casa / Isabelle Schaefer
El humeante volcán Galeras, uno de los más activos de Colombia, parece vigilar silenciosamente a los dispares habitantes de esta rica foresta colombiana: seres humanos, miles de venados y otros animales, y más de 99 especies de orquídeas.

Algunas civilizaciones prehispánicas, como los Incas –que llegaron hasta el sur de Colombia–, ofrecían diversos tributos, incluso humanos, para pedir a los dioses que la montaña no despierte enfurecida.

Hoy en día, las faldas de este volcán muestran un escenario diferente: el Santuario de Flora y Fauna Galeras, a unos 700 kilómetros al sur de Bogotá, que se ha convertido en un ejemplo de agricultura amable con el medio ambiente

¿Cómo se conjuga la protección de esta biodiversidad con la actividad agrícola, uno de los pilares de la economía colombiana?

En los últimos años, el triángulo defensa de la naturaleza, bienestar de los campesinos y crecimiento económico ha venido cobrando importancia, especialmente en las zonas cercanas a las áreas protegidas, que suman un 12% del territorio nacional.

Con sus más de 7.000 hectáreas, el santuario Galeras alberga a 135 especies de aves, 600 especies de plantas y un tercio de las especies de venado de Colombia, entre otra fauna.

En las laderas del volcán, entre los arroyos que bajan de la montaña, se ven pequeñas fincas, con flores frente a las casas y huertas con letreros que indican los distintos cultivos. Se siembra café, trigo y mucho más, dependiendo de la finca.

La huella humana

El santuario, naturalmente, es un área protegida, pero sus alrededores no lo son, y la actividad de los pequeños productores agrícolas en los límites del parque tiene su impacto.

Los incendios forestales, la tala, la ampliación de la frontera agrícola, la cacería indiscriminada son algunas de las amenazas del santuario, según Nancy López de Viles, jefa del Santuario de flora y fauna Galeras. Colombia pierde más de 330.000 hectáreas de bosques al año por razones diversas, entre ellas la tala ilegal para propósitos comerciales, según datos del propio gobierno.

Además de afectar la flora y la fauna, estas actividades ponen en peligro también la que quizá es la mayor riqueza del santuario: cuatro lagunas, varios ríos y más de 100 quebradas que suministran agua a cerca de 500.000 personas en los pueblos cercanos.

“Nosotros cuando no teníamos conocimiento, hacíamos daños a la parte alta”, dice Dori Chávez, ama de casa y dueña de una finca cercana del parque. “Daños como echar candela, llevar los animales allá, soltarlos en los pajonales, dejar que vayan a los humedales”, advierte.

Ahora, un proyecto conjunto entre el parque nacional y las comunidades –financiado con una donación del Fondo para el Medio Ambiente Mundial e implementado por el Banco Mundial y el fondo colombiano Patrimonio Natural– enseña a los campesinos a cuidar el parque produciendo de manera más ecológica, sin talar y sin contaminar el agua. Los lugareños también ponen especial cuidado en asegurase de que sus desechos y desperdicios no terminen en el bosque.

Esta misma metodología ya se está aplicando en otros parques naturales de Colombia y ha beneficiado a 300 familias en distintos lugares del país, que cultivan y producen en armonía con el medio ambiente.

“Como tener mil guardaparques”

El proceso, claro, no fue fácil. Así lo recuerda Sandra Popayán, una de las agricultoras de la zona. “Como vinieron acá y dijeron que ahora tenemos que conservar, pues nos asustamos mucho porque dijimos: ‘no vamos a poder vivir, por la [falta de] leña’”.

Pero poco a poco, se fue creando conciencia. Hoy en día Sandra aprovecha los desechos que produce su parcela para generar gas mediante un biodigestor.

“Si hoy o mañana acabamos con el poquito bosque que queda, eso va a afectar al agua, entonces empezamos a sensibilizarnos y concientizarnos de la importancia, por qué cuidar eso”, opina Dori Chávez.

Otros agricultores ahora cuidan los arroyos que bajan de la montaña. Jorge Almeida, por ejemplo, tiene su finca a las orillas de una quebrada y plantó unos árboles para protegerla. “Estamos tratando de que las aguas [residuales de su casa y su plantación] no lleguen directamente a las quebradas”, explica.

“Ahora es como tener mil guardaparques, porque la misma gente es la que cuida su parque”, explica Nancy López. “Si viene un cazador, por ejemplo, ellos son los que están denunciando la cacería o están mirando quién es que hace el daño”, agrega.

Y los cambios empiezan a notarse. Los mismos productores señalan que antes bajaba muy poca agua por las quebradas y que ahora “baja bastante, para los humanos y para los animales” y que también se han vuelto a ver algunas de las especies animales.

A pesar de estos resultados, el trabajo no está terminado. “Hay que seguir fortaleciendo a las comunidades, con capacitaciones, en temas como cambio climático, como biodiversidad y sobre la importancia de estos ecosistemas”, explica López, la jefa del parque.


viernes, 5 de julio de 2013

bosques de energía


El Espectador
Laura Juliana Muñoz
3 de julio de 2013

Los bosques posibilitan el suministro de agua, y de ella depende la mayor parte de la generación de energía eléctrica en Colombia. En esta entrega de Bibo se presenta la importancia de este vínculo para el país y sus principales desafíos.

El Parque Natural Chingaza, Cundinamarca, es una de las principales reservas de agua del país. / Fotos:  Oscar Pérez - El Espectador
El Parque Natural Chingaza, Cundinamarca, es una de las principales reservas de agua del país. / Fotos: Oscar Pérez - El Espectador

Cuando alguien en Colombia enciende la luz de su habitación, prepara un jugo en la licuadora o simplemente navega unos minutos por internet está disfrutando de una de las principales riquezas del país: el enorme potencial hídrico que hace posible la generación de energía hidroeléctrica. Pero sacar provecho de esta energía no sería posible sin otro aliado ecológico fundamental: los bosques, encargados de regular el ciclo del agua.

Los bosques contribuyen en primer lugar a aumentar las tasas de precipitación, ya que los árboles, como parte de su ciclo vital, transportan agua desde las raíces hasta las hojas. Una vez allí, y por efecto del fenómeno conocido como transpiración, las moléculas de agua escapan hacia la atmósfera. Al condensarse en pequeñas gotas que flotan en el aire, alimentan a las nubes y más tarde vuelven en forma de lluvia sobre la superficie terrestre.

Colombia es uno de los diez países con mayor precipitación del mundo. Según el Banco Mundial, ésta alcanza 2.600 milímetros de lluvia al año. El rol de los bosques en este ciclo hídrico se completa al recoger el agua y repartirla por todo el ecosistema. En un suelo erosionado el flujo de agua desbordaría los ríos.

De acuerdo con Guillermo Santos, del subprograma de investigación de Parques Nacionales Naturales (PNN), los bosques garantizan el recurso hídrico porque protegen los afluentes de los ríos y generan unos microclimas que hacen que la humedad se concentre en ellos y que el agua pueda fluir a través de esa estructura y llegar a los ríos. En un terreno sin árboles el viento corre y se lleva la poca humedad que pueda haber, mientras que los bosques atrapan el aire y la humedad que viene con él.

En términos energéticos, la mayoría del agua aprovechable viene de las montañas, lo cual facilita su almacenamiento en las represas de las centrales hidroeléctricas. Cuando se abren las compuertas subterráneas, el agua cae por efecto de la gravedad sobre unas turbinas que empiezan a girar. Luego, los transformadores convierten ese movimiento en energía eléctrica. De ahí, por medio de las redes de transmisión, la energía llega a los hogares e industrias colombianos.

Los ecosistemas de montaña, como los bosques de niebla y los páramos, otorgan grandes beneficios a los embalses. Además de regular el flujo del agua, recogen las pequeñas gotas de la neblina a través de una vegetación especializada (por ejemplo, con pelos en las hojas o cubierta de musgo). Luego el líquido desciende de la montaña y forma ríos que hacen posible llenar los embalses. La cobertura vegetal también evita la erosión del suelo y que el agua transporte así sus materiales sólidos. Esto disminuye la sedimentación en los embalses, que puede dañar sus turbinas y restarles capacidad de almacenar agua.

De acuerdo con un estudio del King’s College de Londres, publicado este año en la revista científica Ecosystem Services, los bosques de niebla son los responsables de filtrar cerca de la mitad del agua superficial disponible en las cuencas de represas tropicales.

Otra razón por la cual estos bosques juegan un papel clave en la generación de energía es la precipitación que atraen, un 43% más alta que la lluvia promedio en estas cuencas.

El agua realiza un viaje de múltiples paradas antes de llegar a los hogares colombianos a través de nubes, bosques, montañas, ríos y represas. Si ese camino se interrumpe también se detendrá el flujo del 77% de la energía eléctrica que mueve al país.

Es por esto que la deforestación constituye un problema que debe preocupar a todos los ciudadanos y todos los sectores económicos. Sin bosques saludables, el ciclo del agua, y por lo tanto todo el ciclo de la vida en un ecosistema, se ve alterado. De acuerdo con un informe del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), en el año 2005 había 60’213.607 hectáreas de bosques en Colombia. En 2010 ya se habían perdido 1’191.803 hectáreas. Es decir que hubo una deforestación al año de 238.361 hectáreas, un área cercana al tamaño del departamento del Atlántico. Las zonas más afectadas fueron los Andes y la Amazonia.

Las causas de la pérdida de bosques en el país son principalmente la expansión de la frontera agrícola y la colonización, seguidas por la producción maderera no sostenible, el consumo de leña, los incendios forestales y los cultivos de uso ilícito. El aumento de la deforestación también va de la mano del aumento de la población con patrones de consumo cada vez mayores, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). A pesar de que casi la mitad del territorio terrestre de Colombia está cubierto por bosques, si éstos se siguen degradando escasearán los recursos hídricos.

* Con asesoría de Javier Sabogal, oficial de Políticas de Cambio Climático y Energía, y Juliana Correa, consultora, de WWF.


viernes, 3 de mayo de 2013

Envolturas



Por: Carolina Sanín
Revista Arcadia
Pasar fijándose
Publicado el: 2013-04-11

Le pido a la empacadora en el supermercado que meta en un solo paquete todo lo que compré, por favor. Ella no me hace caso y va empacando el detergente dentro de una bolsa que mete dentro de otra más grande donde ha puesto la comida. Le repito que lo quiero todo junto. “Pero se le contamina”, dice. ¿Qué es lo que se contamina? ¿El plátano en su cáscara se unta de los garbanzos enlatados y el jabón embotellado? 



En una tienda supuestamente naturista me querían dar una galleta en una caja de icopor que a su vez iban a meter en una bolsa de plástico con dos servilletas. En otro lado pedí por favor un vaso de agua, para no desperdiciar una botella. Me dieron el agua en un vaso desechable que venía empacado en una bolsita de plástico. Todos los vasos en sus bolsitas venían juntos dentro de un chorizo de plástico, y el chorizo, seguramente, en una caja de cartón con precinto. Me encimaron un pitillo dentro de una fundita de papel.


Cada toalla higiénica viene dentro de su envoltorio, con cuatro adhesivos, en el empaque mayor que reúne diez. En las fotocopiadoras me entregan las hojas de papel dentro de una bolsa. Los braunis que venían hace unos años de a seis en su caja de cartón, uno junto al otro, vienen ahora en la misma caja pero cada uno en su empaque individual, para que el azúcar no se junte con el azúcar. Esta revista viene envuelta en una película plástica, como cada uno de los libros de una librería. Un día de estos me van a vender un cepillo de dientes en el que cada cerda venga dentro de un forro con tapita.

No voy a explicar el absurdo de que un trago de agua mío signifique que al mar vaya a dar y a durar una cosa de plástico. Debería de ser una obviedad. Lo que me interesó en estas vacaciones en las que por no hacer mucho más pude contemplar que mi actividad principal consiste en producir basura, es la neurosis que nos lleva a creer que necesitamos tantos empaques, empaques para empaques para empaques.

¿Qué son todos esos recubrimientos? ¿Será que estamos teniendo la fantasía de que cada objeto tiene su pequeña piel, como nosotros? ¿O estamos imaginando que cada uno viene dentro de su placenta y proviene de la reproducción entre dos cosas iguales –por medio de esa medio fantasía que es el reciclaje? ¿O, por el contrario, estamos imaginando que cada cosa viene dentro de un preservativo que contiene la polución? Quizás el empaque individual nos haga sentir que lo que compramos es especial –un regalo, una sorpresa que hay que proteger– y que nuestro acto de consumo también lo es, en tanto que deja una huella duradera. ¿Nos satisface abrir las cosas, como si las sacáramos de su sudario y las reviviéramos? ¿O nos emociona poder rasgar y tirar el exterior de cada cosa como para llegar a su supuesta esencia?


Tal vez necesitemos todos esos empaques, esas enmarcaciones, para dar una dimensión narrativa o dramática a nuestra relación con los bienes que compramos; para que haya un antes y un después de descubrirlos, para instalarlos en el tiempo. Es posible también que queramos ver reflejado nuestro ego en cuanto consumimos; que queramos vernos así, aislados y protegidos, en nuestro envoltorio individual transparente y resistente, bien visibles pero intactos.

Probablemente estoy dignificando una manía egoísta que no se merece que la observemos sino solo que la denunciemos y tratemos de evitarla. Quizá estoy tratando de encontrar el mensaje que viene en la botella, cuando debería no usar la botella y punto. Pero como no conozco estadísticas sobre la contaminación ni sé cuánto tarda el polietileno en descomponerse, apelo al sentido del ridículo del público antes que a su sentido de solidaridad.

Por cierto, bien mirada, la idea de recoger los excrementos del perro en una bolsa para tirarlos a la basura es quizás el colmo de este comportamiento irracional. Alzar el excremento del suelo está bien, pero por favor trate de no usar, lector, una bolsa nueva sino al menos la del arroz que se acabó, o esta columna o el envoltorio en el que viene. 



domingo, 13 de enero de 2013

El futuro del Parque Tayrona


Editorial El Espectador
12 de enero de 2013

De nuevo el Tayrona se encuentra bajo el ojo de la opinión pública. Los debates alrededor de este importante parque nacional natural —una figura que, a veces, parecen soslayar los que allí quieren construir— resurgen de tanto en tanto, demostrándonos que sobre ese lugar se extienden y contraponen intereses muy fuertes. 

Así se verá el proyecto ecoturístico Reserva Los Ciruelos, que comprende 44 hectáreas.  / Cortesía
Así se verá el proyecto ecoturístico Reserva Los Ciruelos, que comprende 44 hectáreas. / Cortesía  
Dos, en particular: los que quieren proyectos turísticos amables con el medio ambiente y los que creen que esto es una afrenta contra un territorio ancestral y constitucionalmente protegido.

La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) revivió el pasado 27 de diciembre —curiosa fecha, cuando la atención descansa— la posibilidad de que se adelanten trabajos ecoturísticos, como bien se sabe, sobre lo que queda del valiosísimo bosque seco tropical que por ahora sigue siendo patrimonio público. El proyecto, llamado Reserva Los Ciruelos y ubicado en la ribera oriental de Bahía Concha, había sido suspendido porque la ANLA impuso una medida preventiva debido a irregularidades encontradas en la perforación de dos pozos de aguas subterráneas. La empresa Reserva Los Ciruelos, S.A.S., cumplió con su parte y ahora exige el aval para actuar libremente.

Pese a que todo parece haberse hecho dentro de la ley, las suspicacias afloran. En primera medida, porque no se puede entender la desarticulación institucional tan grande que ha habido en torno al Tayrona. No se sabe, a ciencia cierta, qué es lo que quiere hacer el Estado con este territorio. Y eso es injustificable a estas alturas del partido. El Ministerio del Interior emitió un concepto en 2009, la resolución 0631, mediante la cual se le otorgó la licencia ambiental al proyecto (¿qué hace el ministerio de este ramo, de buenas a primeras, concediendo cosas de este estilo?) y dijo sin ambages que en el territorio catalogado como sagrado “no habitaban nativos dentro del área a intervenir”. Increíble. Una cosa distinta opina hoy el ministro de Medio Ambiente, Juan Gabriel Uribe, quien le ha pedido a la directora de Parques Nacionales que emita un concepto jurídico vinculante, dirigido a la ANLA, en el que puedan explicarse y demostrarse las objeciones para una posible revocatoria de la licencia otorgada.

Por ahora parece haberse corregido el camino. La Corte Constitucional emitió un concepto que blinda de toda legitimidad la petición del ministro Uribe. En medio de la presión ciudadana, además, el presidente Juan Manuel Santos afirmó en Twitter que “el bosque seco no se puede afectar”, dejando en el aire las aspiraciones de la empresa que pretende construir 12 ecocabañas y que, hasta hace poco y por un mero requisito, tenía el aval del Estado. La disculpa ahora para esta absurda contradicción institucional es que la licencia del proyecto se otorgó durante el gobierno anterior, lo cual solamente demuestra la visión tan miope y parcial que se ha tenido frente al Tayrona y su futuro. Al vaivén de los intereses se van tomando decisiones puntuales que dependen de todo menos de lo que obliga en un parque natural nacional.

El futuro del Tayrona, pues, no es un asunto que pueda seguir siendo visto por partes, según lo que pidan los constructores privados en cualquier momento, como si un todo vulnerable, público y nacional no estuviera en juego. Hoy es este proyecto, mañana el de Six Senses, que está avanzando. Y el debate no puede quedarse en si es viable hacer o no turismo ambiental, que esta empresa bien puede saber hacerlo y Six Senses ciertamente lo sabe hacer. El debate real está en la propiedad del parque. Lo que realmente está en juego es la Constitución Política, el Convenio de Diversidad Biológica y la certeza de que el uso público se puede hacer por medio de visitas controladas. Este lugar sagrado es de una naturaleza única: es inembargable, inalienable e imprescriptible. Mucho más allá de sus indígenas y su biodiversidad. Esto es algo que, insistimos, muchos parecen desconocer.


viernes, 23 de septiembre de 2011

Océanos: tras las huellas del silencio en Festiver




Gran acierto llevar el Festiver (Festival de Cine Verde) a las veredas...

Las afortunadas: El Caucho, Santa Elena, Paramito, Guane.... esperemos que la próxima vez sean más...

Ayer, custodiados por la policía llegaron, una hora más tarde de lo anunciado, el 'camión pantalla' de RCN
y su equipo, para que todos los estudiantes de la escuela Paramito y unos pocos vecinos que asistimos, pudieramos visionar unos de los documentales
más caros de la historia: Océanos, una superproducción de los cineastas franceses Jacques Perrin y Jacques Cluzaud.

Océanos, es el nombre del trabajo que les llevó cuatro años de sus vidas durante los que estos apasionados al fondo marino se han adentrado en los lugares más recónditos e inaccesibles del planeta para conseguir imágenes nunca vistas en una sala de cine. En su periplo han catalogado hasta cinco mil nuevas especies marinas localizadas por los submarinistas alrededor de todo el mundo y han aprovechado para denunciar los brutales atentados que comete el hombre contra este paraíso, que, no olvidemos, cubre las dos terceras partes del globo.

Con un presupuesto de cincuenta millones de euros, en Océanos, se ha utilizado la tecnología más avanzada. Las cámaras con soportes hidrodinámicos han permitido a sus realizadores llegar a lugares inéditos, seguir a atunes y delfines, pasar del frio polar a las aguas más cálidas y, en definitiva, obtener imágenes de muy alta calidad de especies hasta ahora desconocidas, prometiendo al espectador un viaje único sin moverse de su silla.

Océanos; 2010, 100'. País: Francia. Dirección: Jaques Perrin y Jacques Cluzaud. Guión: Christophe Cheysson, Jacques Cluzaud, Laurent Debas, Stéphane Durand, Laurent Gaudé, Jacques Perrin, François Sarano. Música: Bruno Coulais. Fotografía: Luc Drion, Luciano Tovoli, Philippe Ros, Laurent Charbonnier, Christophe Pottier, Eric Borjesson, Laurent Fleutot, Thierry Thomas, Philippe Garguil, Olivier Gueneau. Productora: Coproducción Francia-Suiza-España-Mónaco; Galatée Films / Pathé / France 2 Cinéma / France 3 Cinéma / Notro Films / JMH-TSR.

jueves, 19 de mayo de 2011

la historia de las cosas





The Story of Stuff es un documental elaborado por Annie Leonard sobre el ciclo de los bienes y servicios y cómo afecta al medio ambiente. . Un vídeo entretenido, dinámico y cargado de datos, que describe en 20 minutos el lado oculto de nuestros patrones de producción y consumo. La Historia de las Cosas, también en un libro, editado por el Fondo de Cultura Económica, expone las conexiones entre una gran cantidad de problemas ambientales y sociales .

En este vídeo se pueden ver las implicaciones ambientales y sociales del consumo que hacemos diariamente, aquí se desgranan todos los aspectos del consumo actual, desde la obtención de los recursos naturales hasta la eliminación de los residuos que se generan. Esta película ha sido producido por por cinco grupos dedicados a la conservación de la naturaleza.

jueves, 28 de abril de 2011

Más allá del oro de Santurbán


Agroecología y Oro Verde, amigables con el ambiente

Por: Diana Carolina Cantillo E.
Enviada Especial. El Espectador
23 de abril de 2011


Un grupo de campesinos y organizaciones ambientales visitaron el páramo, en Santander, para presentar a las comunidades actividades productivas diferentes a la minería a gran escala.

Una inmensa nube anclada en la cadena montañosa no permite distinguir entre el cielo y el páramo. El viento se impulsa, se abre paso entre la neblina. Quienes van camino a la cumbre del páramo Monsalve, Santander, extrañan que estando a casi 3.000 metros de altura no han sentido frío. Entonces don Pedro, un campesino de la zona, les explica que “es por la noche, cuando las nubes se pegan bien pegaditas al cielo, que se empieza a sentir el frío del páramo”.

La travesía comienza en el Alto de Cachirí rumbo al páramo de Monsalve, el cual hace parte del complejo paramuno de Santurbán y es donde nace el río Suratá, el cual fluye por el estrecho cañón de las cuchillas de Magueyes y del Común, para desembocar en el Río de Oro, en el municipio de Girón.

Hace un mes, la presión social al gobierno impidió que el Proyecto Angostura, de la multinacional aurífera Greystar, se desarrollara en el páramo de Santurbán.

Ahora el objetivo inicial de la misión ecológica, conformada por 30 personas (campesinos, afrocolombianos, indígenas, ambientalistas, investigadores y académicos), era el de alcanzar la cima del complejo, ubicada en los municipios de Vetas y California —pero por razones de seguridad sería imposible llegar hasta allí— y enseñarles a los habitantes de estas regiones actividades económicas diferentes a la minería, que emplea químicos y grandes cantidades de agua.

“Que los campesinos cultivaran alimentos propios de sus regiones, antes era un reto. Ellos no se imaginaban cómo era un caldo con papa orgánica”, afirma Adam Rankin, ingeniero ambiental y director de Fundaexpresión y la Escuela Agroecológica. Rankin asegura que sí se puede pensar en procesos de producción sostenible con semillas criollas, sin pesticidas y químicos, que aseguren la autonomía alimentaria de estas comunidades.

Es el caso de la Escuela Agroecológica de la Provincia de Soto, Santander, la cual surgió en 2001 por iniciativa de Fundaexpresión y con el acompañamiento técnico de la Universidad Industrial de Santander (UIS). Allí, cerca de 50 familias campesinas asociadas de Lebrija, Suratá, Matanza, Floridablanca, Girón, Piedecuesta, Charta y Tona han recuperado más de 180 tipos de papa, además de sembrar cultivos diversificados de habas, maíz, fríjol, hortalizas, apio y quinua, y mantener sistemas pecuarios amigables con el medio ambiente, como criaderos de truchas. Este grupo ha logrado crear casas campesinas para promocionar y vender sus productos. En Santurbán también sería posible.

A lo lejos se alcanza a ver un bosque de pinos y se siente un fresco aroma a eucalipto. Algunos de los que emprendieron este viaje contemplan a estas plantas con admiración por bellas e imponentes, en comparación con las otras que se observan en el camino. Tatiana Rodríguez, investigadora de minería de Censat-Agua Viva —organización ambientalista colombiana—, aclara que ninguna de estas dos plantas son propias del páramo, que fueron plantadas por la Corporación Autónoma Regional por la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB) hace más de diez años, como plan de reforestación a causa de la quema del suelo para la creación de potreros. Explica, además, que necesitan de grandes cantidades de agua para crecer, quitándoles la oportunidad de vivir a los arbustos propios de este ecosistema, los cuales tienen por función captar el agua y liberarla poco a poco.

“Los páramos son como una esponja. Si usted arranca un pedazo de tierra y la espachurra, le va a salir harta agua. Es por eso que esas empresas grandes van detrás de él”, es la explicación que da Cruz de Lina Landazábal, oriunda de Cachirí, un corregimiento de Suratá, en el departamento de Santander. Ella ha vivido toda su vida en el subpáramo de Monsalve, donde tiene una parcela en la que desarrolla cultivos sin químicos y pesticidas. Recuerda que un hermano suyo murió en una mina ilegal a causa del cianuro y que por eso y la contaminación que le han ocasionado al páramo, ella y la minería no van.

Cruz de Lina es la encargada de dirigir al grupo por la trocha pedregosa y resbaladiza del páramo, hasta el Monsalve, camino que según ella puede andar con los ojos vendados porque lo recorre hace 30 años en bestia o a pie, según el clima.

Antes de subir al páramo, en el corregimiento de Cachirí, el grupo se reunió con campesinos de Suratá y con Marta Patricia Suárez, secretaria de Salud del municipio, con el fin de intercambiar sus experiencias en torno a la preservación del ecosistema de páramo y las alternativas productivas empleadas en otras regiones, como lo son los cultivos agroecológicos y un proyecto llamado Oro Verde.

Oro Verde nació como una iniciativa de organizaciones como la Fundación Amigos del Chocó (Amichocó) y el Consejo Comunitario del Chocó, las cuales buscan que las generaciones jóvenes chocoanas practiquen las técnicas ancestrales de la minería artesanal, las cuales son aplicadas para el oro de aluvión, por ejemplo el mazamorreo, zambullidero y agua corrida.

El oro verde es natural y se comercializa bajo esta premisa alrededor del mundo, desde 2006, lo que le hace tener un valor agregado que se traduce en que se paga más por éste que por el oro extraído con químicos. En la actualidad 194 familias afrocolombianas e indígenas de Alto San Juan (Chocó) se benefician del proyecto. Pero las multinacionales están detrás del otro método, el contaminante.

En el caso de Suratá, de acuerdo con José Ignacio Echeverría, alcalde del municipio, “el 100% del territorio tiene solicitud de explotación minera. Lo único que se salva es los 10 metros de ancho y los 25 kilómetros de largo que tiene el río”. Durante la visita a este municipio, se pudo observar la exploración que realiza Oro Barracuda, empresa minera que está abriendo vía de Cachirí a Arboledas.

De tal reunión surgió la propuesta de crear una reserva campesina no sólo para defensa de la zona de páramo que pertenece a ese corregimiento, sino para la protección de sus formas de vida y fuentes de preservación propias, como los campesinos con vocación netamente agrícola y no minera.

EnlaceÉber Abello Villada, concejal y miembro de la Asociación de Productores del municipio de Caramanta, Antioquia, quien hace parte de la misión ecológica, considera que “la única salida que tenemos las personas que vivimos en zonas en las que hay oro, es la de asociarnos en comunidad para hacerles frente a las multinacionales y al mismo Gobierno, para quienes prima el desarrollo capitalista y no el cuidado del agua”.

Cruz de Lina va a la delantera del trayecto y para darles ánimo a los agotados caminantes les dice que “el páramo virgen está sólo a tabaco y medio”. Por ahora sólo se ven potreros, musgos que la gente de la zona llama colchón de pobres, cepos —unas flores tubulares de color fucsia que sirven de alimento a colibríes—, uvos y moras silvestres. Durante el camino, Cruz de Lina explica a sus pupilos todos los secretos que guardan esas tierras: “Esta es la sanalotodo —dice señalando una planta— y la utilizamos para curar todos los males”. Luego se ríe. Después de una hora de camino, se ve abundante paja y unas plantas de tallo pequeño con hojas de terciopelo: los frailejones. Eso indica que es páramo. Sigue la caminata otros cinco minutos hasta que una estatua del Sagrado Corazón de Jesús les da la bienvenida a sus visitantes. Allí el grupo hace un círculo, las personas se toman de la mano y hacen una oración, que cada quien ofrece a su dios y según su creencia. El grupo promete ser el guardián de la naturaleza de sus regiones, como el oro más preciado que tienen siendo ellos labradores de la tierra.

Lo cierto es que por Santurbán unos se han desnudado en medio del frío montañés defendiendo la causa ambientalista, y otros al borde de propinar linchamientos han tratado de proteger la actividad minera, la cual consideran su sustento. Pareciera que su niebla adherida a las rocas y la multiplicidad de su horizonte embrujaran a todo aquel que pise este paraíso.

El intento fallido de Greystar

El pasado 17 de marzo, cuando se conoció que la minera canadiense Greystar retiraría su solicitud de licencia para la explotación de oro en el páramo de Santurbán, Santander, la multinacional dejó abierta la posibilidad de realizar un nuevo proyecto en esta región: explotación subterránea.

La respuesta del Ministerio de Minas y Energía no se hizo esperar. A través de un comunicado aseguró que “debe quedar suficientemente claro que de ninguna manera es viable un proyecto de explotación subterránea que comprometa el ecosistema integral de páramo y subpáramo”.

A partir de ese momento ha habido silencio en Greystar. La última noticia de la multinacional corrió por cuenta de un remezón en sus puestos directivos. Fue nombrado como presidente al abogado colombiano Rafael Nieto Loaiza, en reemplazo de Steve Kesler, quien estuvo al frente de la fallida licencia en Santurbán.

lunes, 25 de abril de 2011

vamos arando, dijo la mosca sobre el cacho del buey



En días pasados Jairo y su yunta de bueyes, chino y negro, vinieron y nos ayudaron a arar un trozo de tierra para sembrar fríjol. Veremos cómo será la cosecha!

"Cada quien, pues, lleve el fardo que sus energías le permitan, y recuerde que en cualquier caso arar ha sido siempre una tarea que pueden compartir al unísono el buey y la mosca"

De animales y hombres
Cuentos fábulas y lo demás es silencio
Augusto Monterroso


martes, 15 de febrero de 2011

sábado, 27 de noviembre de 2010

breve historia


Camino a nuestra casa, desde la carretera que comunica toda la vereda, hay que pasar por dos fincas vecinas, que próximamente serán tres. De hecho, en estos días pasados, ya han comenzado a cercar la nu
eva propiedad. Una cerca o lindero por estos lares, casi siempre se hace con alambre de púas, para eviatar el paso del ganado y de uno que otro vecino.

Es característico, muy característico, que los campesinos de esta zona de Santander -no se si los del resto del país son iguales-, arrojen las basuras al rededor de la casa. Paquete de arroz que se abre en la cocina, plástico que sale volando por la ventana; insecticida que se aplica en un cultivo, embase que pasa a adornar los surcos; planta que siembran, al lado queda la bolsa donde venía la mata y así sucesivamente. Si algo viene empacado ya sea en papel o plástico, donde se abre, allí queda el emboltorio.














Hay que reconocer eso sí, que no todo el mundo actua de igual manera, no podemos generalizar, no pueden pagar justos por pecadores, como se deice comunmente. De hecho en educación ambiental, suelen invertir
energías, tiempo y discurso ciertas entidades como la Feredación de Cafeteros o Protabaco. Tal vez será por eso que no todo mundo entra a programas de estas entidades, pues entre otras cosas, 'obligan' al campesino a tener cierto orden en la finca: conducciones de aguas residuales, reciclaje de basuras, control de plaguicidas, cuarto de herramientas, etc y claro, no todos están dispuestos a tales sacrificios... Eso sí, una finca que ingresa dentro de un plan de estas entidades, se convierte en una finca modélica. Aunque a veces es más cuestión de mentalidad, iniciativa o sentido común, que de ingresar en programas, donde les dicen qué es lo que tienen que hacer y cómo hacerlo. Como dice el dicho: 'el trabajo bien hecho, no tiene fronteras y el mal hecho no tiene futuro'.





La nueva propiedad, camino de nuestra casa, es de una pareja
bastante joven que les regaló el abuelo de uno de ellos. De hecho no llevan un año de casados y ya esperan su primogétino, por lo cual nos alegramos. Acaban de comenzar a cercar la parcela y como es obvio quedó por tierra el papel donde venía empacado el alambre. Si esto es antes de comenzar a vivir en el lugar, no queremos ni pensar cómo será el entorno cuando ya estén instalados en su nuevo hogar.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Agricultura Orgánica está rezagada


Comunidad y Desarrollo

Por: Uriel Ortiz Soto
El Espectador


Son varias las misiones internacionales, especialmente de los Estados Unidos, la Comunidad Económica Europea, E.U, y Países Asiáticos, que nos están visitando casi que semanalmente en busca de productos orgánicos.

Da la casualidad que ven a nuestro País como despensa mundial abastecedora de agricultura fresca, en frutas, hortalizas y aromáticas, pero, lamentablemente con el sello de producción orgánica de la cual Colombia en los actuales momentos se encuentra rezagada.

A través de esta columna hemos insistido sobre la urgente necesidad de adoptar medidas y diseñar programas para que nuestros pequeños y medianos productores tomen conciencia de que la producción del futuro está orientada a productos orgánicos, hay que empezar a crearles responsabilidades si es que queremos salir adelante con las exportaciones agroindustriales. Esta iniciativa indudablemente la tiene que tomar el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, mediante el diseño de programas en coordinación con las cadenas productivas y las alianzas estratégicas. Por tal motivo, se hace indispensable asociarlos, para que en conjunto produzcan los abonos orgánicos con residuos de sus propias fincas, logren otros objetivos comunes y así reduzcan los costos de producción.

La agricultura orgánica empezó con la Resolución 0005 de Agosto de 1994, modificada por la 187 de 2006. Lamentablemente el Ministerio se desvió de su objetivo delegando su manejo en la Superintendencia de Industria y Comercio, que mediante Acto Administrativo acreditó a cuatro firmas certificadoras sin mayor experiencia, para que expidieran los respectivos protocolos de calidad a unos costos tan altos que no han estado al alcance de los pequeños y medianos productores. Sin embargo, algunos campesinos deseosos de salir adelante como exportadores, implementaron desde sus parcelas, bajo la orientación de la División de Desarrollo Tecnológico y Protección Sanitaria del Ministerio, al amparo del Conpes 3114 de Abril 21 de 2008, la modalidad de Agricultura Limpia y Ecológica, lo que puede ser considerado como un primer paso para acceder a la Agricultura Orgánica, más no suficiente para obtener el sello de calidad exigido por los comparadores internacionales.

En Colombia, por buenas prácticas de agricultura limpia solamente existen 140.000 hectáreas, y de agricultura ecológica 50.000, lo que es considerado como algo muy pírrico comparado con los rangos de producción en más de quince millones de hectáreas de agricultura generalizada. Sin embargo, existe la posibilidad de que los predios que actualmente tienen este tipo de producción, celebren convenios con firmas internacionales, aceptándoles una norma de tolerancia, con cláusula de compromiso, en el sentido de que las primeras exportaciones se hagan bajo esta modalidad, señalando un plazo prudencial para desarrollar la producción orgánica en el inmediato futuro.

Quienes asistimos a este tipo de seminarios y conferencias nos damos cuenta de la magnitud del negocio que tenemos entre manos, pero, con preocupación vemos que sino rompemos fronteras ofreciendo perspectivas y alternativas, es muy posible que tan bonita oportunidad para generar empleo y regresar a tanto desplazado a sus lugares de origen se nos convierta en toda una frustración. No olvidemos que para lograrlo se requiere que en el Ministerio de Agricultura, se diseñen planes y programas de desarrollo que lleguen directamente a nuestros campesinos, sin necesidad de tanta intermediación que a la larga es la que más perjudica las labores del campo.

Lo más importante es entender que el Estado tiene que acercarse más al sector rural. El campesino de hoy está en capacidad de manejar sus propios recursos, sin necesidad de acudir a los apalancamientos que al final se quedan con buena parte de lo que les aporta el Estado en retribución al adecuado desarrollo de sus arduas faenas.

urielos@telmex.net.co


jueves, 11 de noviembre de 2010

así quedará el Chocó



La lente del fotógrafo español, afincado en Seattle, Daniel Beltrá ha captado durante casi 10 años la continua deforestación de la selva amazónica en Brasil. Sus fotos son una denuncia constante de la práctica aberrante de quemas que ya han acabado con cerca del 20% de este ecosistema. El fotógrafo que ha participado en varias campañas de Greenpeace, fue merecedor del premio Prince's Rainforests Project. Por cierto, es la Rainforest, la que nos da la certifiación del café especial en Colombia.

Así quedará gran parte del territorio colombiano después de que marchen de él las compañías extranjeras encargadas de explotar sus suelos, entre ellas, gran parte del Chocó.

miércoles, 6 de octubre de 2010

qué desastre!



Da igual a dónde se dirija la mirada. No hay otro color que el rojo. Viajar al oeste de Budapest, es adentrarse en el camino de la desolación. La ola tóxica de lodo rojo se tragó por unos momentos las poblaciones de Kolontar y de Devecser.

En Hungría, apenas a 160 kilómetros de Budapest, se han vertido más de un millón de metros cúbicos de lodos tóxicos al arroyo Torna que, tras pasar por algunos tributarios, terminará por llegar al Danubio. Las noticias, aún confusas, indican que cuatro personas han perdido la vida y unas 120 han resultado heridas, algunas de ellas de gravedad.

No es la primera vez que en suelo europeo sufrimos tragedias como consecuencia de actividades de extracción de metales instalada necesariamente en los bordes de ríos o arroyos. De hecho, el Danubio ya sufrió un vertido de metales pesados y cianuro cuyas consecuencias nunca fueron del todo bien evaluadas. Aunque las noticias no son claras a estas horas, parece que un depósito de residuos de la extracción de aluminio ha sido el responsable del vertido. Si es así, lo más probable es que se trate de los lodos rojos que se generan al lavar la bauxita, previamente molida, con sosa cáustica a presión y temperatura elevada.

Este proceso libera hidróxidos de aluminio además de sílice, óxidos de hierro y titanio entre otros metales. Posiblemente haya sido el pH propio de la sosa cáustica el causante de los heridos y muertos que han debido sufrir quemaduras químicas terribles. Estos lodos van a esterilizar literalmente todos los cauces a los que afecte.


jueves, 29 de julio de 2010

lunes, 8 de febrero de 2010

incendios en Villa de Leyva


Da tristeza ver las imágenes de los incendios de los cerros próximos a
Villa de Leyva, Chiquiza y el Santuario de flora y fauna de Iguaque(Boyacá). Más de 1200 hectáreas han ardido desde el jueves pasado.

Interesante leer el relato de Guillermo González Uribe, director de la revista Número y ver otras fotografías del desastre ecológico.





























PD: A pesar de las malas noticias desde aquí te deseamos feliz cumpleaños querida Paty.