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sábado, 5 de diciembre de 2015

Un café más fuerte con cacao y chile


El País
Isabelle Schaefer
Oaxaca (México)
4 de diciembre de 2015 

Caficultores mexicanos combaten a un enemigo letal del grano con prácticas amigables con la biodiversidad.

No talar árboles y usar abono orgánico. Pueden parecer medidas obvias para cuidar la biodiversidad en el planeta, pero para un grupo de caficultores en México les está ayudando a combatir con éxito uno de sus enemigos más letales: la roya.

Esta enfermedad, causada por un hongo, ha afectado durante décadas a los productores de café en América Latina. Ahora estos caficultores de Oaxaca, en el sur de México, le hacen la guerra con prácticas amigables con la biodiversidad tales como evitar la tala indiscriminada o usar fertilizantes orgánicos. Además, integran una variedad de plantas en el cafetal, como es el caso del cacao o el chile.

Los 226 productores que participan en esta iniciativa fueron capacitados en una técnica que les permite manipular sus plantas para que el hongo no les afecte.

La idea final del proyecto es que para los pequeños caficultores sea rentable cuidar el medioambiente en espacios de alta biodiversidad de México, como en Oaxaca, Chiapas, Campeche, Tabasco o Quintana Roo. La iniciativa la lleva a cabo la Comisión Nacional de la Biodiversidad (Conabio) con el apoyo del Banco Mundial.

Además del café, también se apoya a los pequeños productores rurales en otras áreas como la apicultura, el ecoturismo, el cacao, las actividades forestales, la fauna silvestre y los llamados sistemas silvopastoriles (cría de ganado bajo la sombra de los árboles).

* Isabelle Schaefer es productora online del Banco Mundial.


miércoles, 31 de julio de 2013

La plaga que atemoriza a los cafetaleros llega a México


El hongo de la roya naranja ya ha asolado las cosechas de Centroamérica y empieza a afectar a las mexicanas, especialmente en Chiapas

El País
Mari Luz Peinado
28 de julio de 2013

Una planta de café afectada por el hongo de la roya. / EFE
Hace 125 años que la familia de Thomas Edelmann comenzó a producir café en las fincas que ahora él administra. En la zona alta de Tapachula, en el Estado mexicano de Chiapas - muy cerca de la frontera con Guatemala-, tres parcelas que suman aproximadamente 800 hectáreas conforman la Finca Hamburgo. Sus propietarios se enfrentan a una epidemia que ya ha arrasado los cultivos de café de Centroamérica. El hongo de la roya naranja (Hemileia vastatrix) empieza a afectar de manera preocupante a las plantaciones de México, el tercer productor de café de América Latina, tras Colombia y Brasil.

En agosto del año pasado aparecieron en esta finca las manchas amarillas en las hojas de las plantas que evidencian la presencia de la roya. Fue uno de los primeros lugares en los que se detectó la plaga de este hongo de rápida propagación. “Este brote atípico y muy agresivo ha venido migrando desde el sur del continente a través del viento y de la gente que trabajamos en las fincas. El año pasado nos pilló desprevenidos y tuvimos que tirar la mitad de las plantas del cafetal. El contagio es cuestión de horas”, explica Thomas Edelsonn, el productor de esta finca enclavada en la Sierra Madre.

Tradicionalmente, la altitud ha sido un factor que ayudaba a evitar la propagación de la roya, pero el aumento de las temperaturas por el cambio climático y los cambios en los periodos de lluvias han hecho que la situación sea más propicia para este hongo, que se da con más facilidad con el calor y la humedad. La potencia de este brote hace que afecte por igual a las fincas muy cuidadas y con plantas jóvenes que a los terrenos más descuidados. A las grandes explotaciones y a los pequeños productores.

El año pasado, la epidemia hizo que la cosecha de Edelsonn disminuyera un 30% -“perdí un millón de dólares”, explica su administrador -, y los cafetaleros mexicanos están asustados por lo que pueda pasar este año: la nueva temporada de recolecta comienza en poco más de un mes en algunos lugares y coincide con la época en la que, debido a las condiciones climatológicas, la roya se expande más. Hasta el momento, se calcula que unas 60.000 hectáreas en todo el país ya están afectadas por la plaga, que también alcanza los Estados de Veracruz y Puebla.

“Pero Chiapas es la que vive la situación más preocupante porque allí se concentra el 80% de los terrenos afectados. Además, este Estado es el principal productor de café del país, con cerca del 40% del total”, explica Gabriel Barreda, coordinador ejecutivo de AMECAFE, la Asociación Mexicana de la Cadena Productiva del Café.

Los problemas económicos que puede conllevar la plaga son la cara más visible del problema. La roya ha hecho perder más de 270 millones de dólares en Guatemala, el país más afectado de Centroamérica, según la Organización Internacional del Café. También ha provocado pérdidas de hasta el 40% de la cosecha en Costa Rica, Panamá, Nicaragua, República Dominicana, El Salvador, Honduras, Jamaica y Perú. En México, AMECAFE calcula que, de momento, la cosecha ha caído un 10% pero advierte: “El impacto más fuerte de la producción es el que se dará el ciclo que viene, en la cosecha 2012-2013”.

La aparición de las manchitas amarillas pone en marcha una cadena de acontecimientos con gran calado social: los pequeños productores -cuyos ingresos dependen muchas veces en más de un 80% del café - ven cómo se desvanece su principal fuente de ganancias; los grandes productores contratan menos personal para la campaña y el Estado deja de recibir divisas derivadas de la exportación.

“Hay que tener muy presente la visión social de esta epidemia. Si no se intenta contener y poner remedio a la plaga, los pequeños productores se ven abocados principalmente a la emigración”, explica el senador del PRD por Chiapas Zoé Robledo. El político izquierdista está reclamando al Gobierno federal mexicano junto a los productores que ponga en marcha una alerta fitosanitaria que permita - además de las medidas de prevención y tratamiento - que los productores puedan acceder a ayudas de organismos internacionales, de cooperación o a créditos en condiciones especiales, sobre todo para las pequeñas plantaciones.

En menos de un mes comenzará la recolecta de café chiapaneco. A la Finca Hamburgo llegarán tan solo la mitad del millar de trabajadores que Thomas Edelsonn contrataba otros años para la campaña. Sabe que, como máximo, este año conseguirán recoger la mitad de los aproximadamente 8.000 sacos de café - el 80% para exportar al extranjero - que obtienen en cada cosecha. Eso si la roya naranja no ataca al 50% de las plantas que se salvaron de la anterior campaña.



sábado, 29 de junio de 2013

México no está en Sudamérica


El País
Jordi Soler
29 de junio de 2013

España debería mirar a Latinoamérica con seriedad y sin estereotipos

La inmensa mayoría de los españoles sabe que México es un país que está en Sudamérica. Así se los han contado desde que tienen memoria y además cada día los medios de comunicación españoles, radio, televisión, periódicos y blogs, se refieren a México invariablemente como “el país sudamericano”.

Muy de vez en cuando un redactor responsable trata de enmendar el disparate y coloca a México en Centroamérica.

Basta mirar un mapamundi, o hurgar mínimamente en internet (en páginas que no sean españolas, claro) para enterarse de que México está en Norteamérica. Que este flagrante error, esta descortesía que lleva vigente unas cuantas décadas, no se corrija sino, al contrario, se perpetué cada día en los medios de comunicación, es un síntoma del escaso interés que hay en España por todos esos países que, curiosamente, provienen de aquí.

Es verdad que hay un discurso generalizado que celebra las evidentes afinidades que existen entre españoles y latinoamericanos; de hecho las afinidades son tantas que al final España parece un país mucho más latinoamericano que europeo.

Por supuesto que, entre las personas de cierta edad, hay un recuerdo cariñoso de los programas de televisión doblados al español con acentos latinoamericanos, cierta nostalgia por la música y las películas mexicanas, y también se acuerdan, de vez en cuando, de algún primo que terminó en “Sudamérica”. Para la España de hoy Latinoamérica son las canciones de Julieta Venegas y de Juanes, dos o tres escritores, un par de cineastas, un hermano que ha tenido que emigrar allá, y las noticias, casi siempre atroces, que difunden los medios de comunicación, y casi siempre exultantes, cuando el tema es económico. Eso es todo, el conocimiento de aquel continente que se tiene en España es epidérmico; igual que el que se tiene de Inglaterra o de Holanda, dirá usted, pero resulta que a Latinoamérica no solo debería ponérsele especial atención, tendría que ser el aliado por excelencia y esto, me temo, está muy lejos todavía: basta ver el recelo que sigue provocando en la sociedad española un señor ecuatoriano, o una señora peruana, y la dureza con que, en el aeropuerto o en plena calle, se les aplican las leyes migratorias a estas personas que, por el trato que se les dispensa, parecen más bien el enemigo.

La cosa es especialmente grave en este momento en que España está obligada a mirar hacia el exterior y, sobre todo, a esos países latinoamericanos que experimentan un gran crecimiento económico y que son rigurosamente afines, mucho más que los alemanes o los chinos, a pesar de que esta rigurosa afinidad lleve quinientos años arrastrando el cadáver de la conquista. ¿No sería ya momento de enterrar ese cadáver?

Lo de situar a México invariablemente y durante décadas en otra latitud no es un ejemplo banal, es uno de los síntomas del discreto, aunque sostenido, desdén español hacia Latinoamérica.

Hay otros casos de más altura como, por ejemplo, la presencia del rey en las Cumbres Iberoamericanas, un gesto político que merecería una profunda reflexión, que evidentemente no se ha hecho; ¿a alguien se le ha ocurrido pensar lo que significa la figura del rey de España para un latinoamericano? La figura del rey en Latinoamérica es, cuando menos, extraña; aquí queda claro que se trata del jefe del Estado pero allá, donde las monarquías solo aparecen en los libros de historia, o en los de ficción, esto se entiende poco. Si se trata de una reunión de presidentes, ¿no basta con que asista el presidente español? ¿De qué forma puede interpretarse la presencia oficial del rey, en un país que fue conquistado por un rey de España y que más tarde logró independizarse de otro rey de España? El célebre “por qué no te callas” que le soltó el rey a Hugo Chávez en una de estas Cumbres, tiene mucho más fondo del que se le ha querido ver y está directamente relacionado con el disparate de situar a México en Sudamérica: ambos son producto de ese desdén que he mencionado más arriba, del desinterés y del profundo desconocimiento que en general existe en España de todos los países que provienen, precisamente, de aquí.

La propuesta de enterrar el cadáver de la conquista tiene doble filo: en Latinoamérica hay que deshacerse de la idea de que todos los españoles son Hernán Cortés, y en España hay que erradicar la mirada imperial que se sigue aplicando a los latinoamericanos.

Si un inmigrante latinoamericano quiere probar suerte e instalarse en la madre patria, se enfrentará a las mismas dificultades legales que cualquier otro inmigrante que venga, por ejemplo, de Bakú; lo cual aniquila el concepto de “mundo hispano”, de la ruta de ida y vuelta que sería lo deseable en un planeta cada vez más interconectado, donde los individuos se desplazan de un país a otro con mayor facilidad, y los Estados, consecuentemente, deberían poner al día sus leyes migratorias.

El fenómeno de la continua migración entre España y América Latina, observado desde la perspectiva de Lao Tse, ese filósofo que sostenía que todos los males provienen del estancamiento, de las energías que no fluyen, sería precisamente el de un flujo estancado, que llega al continente americano y se queda ahí, ya no completa el trayecto de regreso que lo pondría a circular y a producir sinergias que redundarían en el beneficio de las dos orillas del mundo hispano. Pero esta circularidad que proponía el filósofo en su inagotable Tao te king está, de momento, fuera de la agenda internacional, y además relegada a un sitio muy remoto, a juzgar por esa curiosa iniciativa, que ha hecho últimamente su aparición y que, ante el duro trato que recibe el inmigrante latinoamericano, raya en la inmoralidad: la madre patria, que no es muy generosa con sus descendientes que han nacido fuera de la península, si lo es con un japonés, o ruso que, a cambio de la compra de una propiedad de cierto valor, recibirá en el acto un permiso de residencia.

Quizá sea el momento de reconsiderar el papel que ha jugado tradicionalmente España en el mundo hispano, de asumir la responsabilidad que le toca y empezar a contar, de verdad, con esos trescientos setenta y cinco millones de potenciales aliados que tiene en Latinoamérica y que ya empiezan a ser más prósperos y más ricos que ella. Se trata, por supuesto, de ir más allá de los negocios que hacen Repsol y Telefónica, o de los artistas y sus obras que viajan de un lado a otro con gran naturalidad, o de la industria turística, las playas y el sol; lo que hace falta es voluntad, un proyecto serio, mucha diplomacia y un montón de pedagogía para conseguir que en España México regrese a Norteamérica y que, por ejemplo, los peruanos no sean vistos aquí como invasores sino como descendientes de la madre patria y también, por supuesto, para que del otro lado, como decía más arriba, el español deje de ser visto como el heredero del conquistador.

De esa multitud de españoles que, a lo largo del tiempo, han sido recibidos con los brazos abiertos en los países latinoamericanos, ya nadie se acuerda, excepto cuando se avecina la temporada electoral y se vuelve urgente ir a pedir el voto a los emigrantes. Esos miles de españoles que durante años han emigrado a Latinoamérica, han ido conformando una suerte de España exterior, un país, repartido en varios países, que ha ido enriqueciendo a diversas sociedades y además ha difundido la manera de ser española, ese talento para vivir la vida que no posee la mayoría de los pueblos y que ha sido directamente heredado a Latinoamérica. Resulta asombroso que a la hora de hablar de “la marca España”, una idea que debería estar más enfocada al modelo de la Commonwealth que a la tienda de souvenirs, nadie tome en cuenta a esta gente, a los españoles del exterior, a ellos que, precisamente, han sido, durante siglos, los grandes difusores de esta marca.

España debería aprovechar esta época oscura para mirar con seriedad hacia Latinoamérica, hacer el esfuerzo de formar una causa común, enterrar el cadáver de la conquista y la mirada imperial, y empezar a construir una nueva relación, moderna y liberada de lastres y estereotipos, con ese mundo hispano que palpita cada vez con más fuerza, del otro lado del mar.

Jordi Soler es escritor. twitter@jsolerescritor 


viernes, 17 de mayo de 2013

en el día de la homofobia


Carta Abierta de un gay mexicano

Irvin Guerrero nació en un pueblo de montaña. Tiene 22 años y es homosexual y seropositivo. En el Día Internacional contra la Homofobia ha decidido contar su historia por primera vez

Pablo del Llano
El País. México.
17 de mayo de 2013


Yo quiero una malteada de chocolate y un pastel de limón. Me llamo Irvin, sin ge al final, aunque todo el mundo me la pone. Irvin Guerrero. Trabajo en una empresa de seguros y quiero dedicarme al trabajo social en el área de salud. Tengo 22 años. Soy de la zona del Nevado de Toluca, de un pueblo totalmente rural, con pocos habitantes, demasiado tranquilo. Es un pueblo agrícola. Está a las faldas de un volcán, a unos 3.000 de altura. Se llama Calimaya. Allí se cultivan el maíz y el haba. Mi mamá es viuda y siempre fue ama de casa. Mi papá murió cuando yo tenía tres años. Trabajaba en una empresa cervecera. Yo me fui del pueblo a México DF cuando tenía 17 años. Me vine a estudiar a la UNAM. Tengo dos hermanos menores. Yo soy el mayor. Me vine al DF el 4 de agosto de 2008. Me acuerdo de la fecha porque mi vida cambió totalmente. Yo vivía en un pueblo muy conservador. Mi familia era conservadora, como muchas familias mexicanas. Todo estaba alrededor de la religión. El domingo había que asistir a la iglesia. A la comida y a la cena le dábamos gracias a Dios y a la Virgen. La abuela era la que se encargaba de eso. En el centro de la mesa siempre había unos folletitos que tenían escritos pensamientos religiosos. Hoy te toca a ti, Irvin. Ok. Sacabas la hojita, leías la frase y a comer. Eran frases de la Biblia. Tenían que ver con la forma en que Jesús llevaba su vida. No las recuerdo muy bien. Decían que Jesús caminaba por un huerto y se encontraba con los apóstoles y todos daban gracias por los alimentos. Aquello se me hacía como muy fumado, como muy subjetivo.

Siempre sobresalí como estudiante. Siempre me ha gustado elaborar cuentos. En la secundaria participé en tres concursos. Gané dos y en uno quedé subcampeón. Eran historias en las que el protagonista lograba ayudar a alguien. En uno de ellos había un problema social y el protagonista apacigua el conflicto. Luego él muere y el pueblo queda en paz. Y entonces al pueblo le llaman por el nombre del protagonista, Calimaya de Prisciliano Díaz González, que es como se llama mi pueblo.

Terminé la licenciatura el año pasado y mi fiesta de graduación fue el 4 de enero. Me lo pasé excelente. Dos semanas después, el miércoles 16 de enero por la mañana, jamás lo voy a olvidar, me llama mi tía porque se enfermó su esposo, y me dice: "Tú que siempre has llevado un estilo de vida saludable, ¿por qué no vas a donarle sangre a tu tío?". Él tenía diabetes. Voy a donar y me dicen que no puedo porque tengo los leucocitos demasiado bajos. Un par de horas después acudo a la Clínica Especializada Condesa, porque recordé que el 16 de septiembre de 2012 había tenido una práctica de riesgo. Había tomado, no mucho, pero bebí. Vodka. Me gusta mucho el vodka, con jugo de arándano o de uva. A las dos de la tarde una consejera me dice que tengo VIH. Fue en un espacio mediano, blanco, no recién pintado, tampoco ostentoso, lo básico: un escritorio, un asiento. Había varios expedientes sobre la mesa y recuerdo que a la consejera constantemente la interrumpía una asistente que estaba llevando expedientes. Entonces ella me pregunta a qué me dedico. Le digo que estoy en el Instituto Nacional de Cancerología haciendo el servicio social. Y ella me preguntó qué pensaba de la gente con cáncer. Me sudaron las manos. Le dije que de verdad son gente que me sorprende porque han logrado salir adelante. No sentía ni calor ni frío. Era una sensación extraña, como si yo hubiera estado con demasiado calor pero como si me hubieran echado encima un balde de agua fría. Lo recuerdo y siento escalofríos. Me dijo que si estaba listo para recibir cualquier resultado. Le dije siempre voy a estar listo. Y me dijo que era positivo. Ella me dijo que iba a estar bien, que la calidad de vida de alguien con VIH es igual a la de cualquier otra persona, y a mí me entraba por una oreja y me salía por la otra. Yo solo pensaba que todo lo que había construido se había derrumbado. Para mí venirme a la Ciudad de México no fue como hacer unas enchiladas suizas, así de sencillo. Mi papá murió cuando tenía tres años. Luego tuve un padrastro que se separó de mi madre. Luego ella encontró a alguien más pero también se murió. Pensé en el suicidio. Pero amo tanto a mi madre que me dije que no iba a provocarle más dolor que el que ella ya había tenido.



Irvin Guerrero, en México DF. / S. RUIZ
A los ocho días de la graduación le dije a mi madre que iba a ir al pueblo para contarle mis planes de vida para el futuro. Iba a decirle que yo soy gay. Pero lo cancelé cuando unos días después me dijeron que tenía el VIH. Yo había quedado con ella para el sábado 19 de enero. Lo cancelé el viernes 18: Mamá, sabes qué, no voy a poder ir porque me surgió un contratiempo. Está bien hijo. Al final fui a casa el 2 de febrero. Fui en autobús por la mañana. Llegué a las diez. Era sábado. En la cocina le dije: "Mamá, quiero hablar contigo". Y me dijo: "Está bien, vamos a la recámara de tu hermano". La recámara de mi hermano está en la parte alta de la casa. Está más amplia y tiene más luz. Nos sentamos en la cama y miré a mi madre a los ojos. A mí siempre me ha gustado mirar a los ojos de las personas. La miré a los ojos. Me sudaban las manos. Ella no me quitaba la mirada. Era una mirada cálida. Ella traía una blusa color café, un pantalón azul y zapatos cómodos. Estaba hermosa, como siempre ha sido. Eran como las once y media. Mi hermana menor estaba en su recámara. Tiene nueve años. Estaría viendo el televisor. Le gusta mucho Grachi, un musical gringo tipo highschool. Mi madre y yo estábamos de frente, en un costado de la cama. Yo estaba jugando con las manos. En las manos no llevaba nada. Nunca he llevado objetos en las manos. Yo traía una playera de manga corta de color café, un pantalón azul de mezclilla, mi favorito, y unos zapatos cafés. Estábamos sentados en el costado de la cama, con los cuerpos girados pero de frente. Aquí había una ventana. Daba luz. Era una buena luz. Y estaba fresco. En Toluca siempre ha estado fresco, y en Calimaya más fresco. Le dije: “Mamá”. Agaché la mirada y le dije: “Soy gay”. Y me puse a llorar.

Después de haber dicho las palabras me volteé a ver. Ella retiró su mirada de la mía y suspiró. Ella se volteó hacia la ventana y luego regresó a verme, me tomó de la mano y me dijo: “Ya lo sabía. Estaba esperando el momento en que me lo dijeras. Porque una madre jamás se equivoca. Y ten por seguro que como siempre te lo he dicho te amo, y te voy a aceptar como seas”. Yo me quedé pasmado pero tranquilo. Pero después mi mamá agregó: “Francisco”. Mi mamá siempre me ha dicho mi amor, pero cuando estaba molesta o formal me decía mi segundo nombre, Francisco, porque así se llamaban mi papá, mi abuelo y mi bisabuelo. “Lo que sí te pido es que tengas cuidado, porque hay muchas infecciones de transmisión sexual”. No la dejé terminar. La cogí de la mano con mayor fuerza. Yo seguía en la misma posición, pero estaba petrificado. Ella se había movido y se acomodó más frente a mí. Yo estaba llorando a cántaros. Me sentía muy caliente. Incluso chapeado, sonrojado, avergonzado. Y ya fue cuando le dije a mi mamá: “Tengo VIH”. Fue rápido. Su rostro cambió. Ella tiene la piel blanca, pero se quedó pálida. Me dijo: “Francisco. Puedo entender que seas gay, pero que tengas VIH me es difícil de digerir”. Antes ella tenía los ojos brillosos pero sin lágrimas. Y cuando le di el diagnóstico se echó a llorar con la misma intensidad que yo. Aparece mi hermana y mi mamá le dice que se retire. Mi hermana me dice que no llore y me da un abrazo. Y después de eso empiezo a charlar con mi mamá acerca de todo el proceso que llevara con la enfermedad. No había pasado ni un mes del diagnóstico. Había pasado más de medio año desde que me infecté. Me dijo que si me sentía bien, que si había tenido temperatura, que si había adelgazado. Le dije que no. Que estaba bien. Se tranquilizó un poco. Le dije que me sentía bien pero emocionalmente destrozado. Que todos mis logros se habían derrumbado, que todo se había ido a la goma.

Ahora me comunico casi a diario con mi mamá. Empecé a tomar el tratamiento el 22 de febrero. Fue un viernes. Y lo sigo haciendo. A diario tengo que tomar tres pastillas juntas al día. Aquí las traigo. Son tres pastillas. Esta de aquí se llama emtricitabina. Esta tenofovir. Esta efavirenz. Tengo que tomármelas todas juntas a las once y media de la noche. Ni a las once y veintinueve ni a las once y treinta y uno. A las once y media es cuando tienen que entrar en el torrente sanguíneo. Yo siempre he sido muy disciplinado. En 16 minutos va a sonar la alarma de mi teléfono. Va a sonar Scream & Shout, de Britney y Will.i.am. A mí siempre me ha gustado Britney Spears. Ella hizo Baby One More Time cuando yo tenía 13 años.
Mi madre ya se ha dado cuenta de que esto no es igual a la muerte. Y yo a día de hoy no lo veo como si todo se hubiese derrumbado. Cuando me dijeron que tenía VIH solo dos amigos míos de la universidad sabían que yo era gay. Ahora conozco a mucha gente como yo. Un consejero que me ayudó mucho me dijo: “¿Por qué no lo hablas también con tu papá?”. Le dije que mi papá murió hace 19 años. Y él me dijo: “¿Y qué? Vete a su tumba y dile que tiene un hijo gay que vive con VIH y que es muy feliz”. Fui a la tumba de mi papá. Se llamaba Francisco Guerrero. No iba desde hace seis años. Solo lo recuerdo de fotografía. Era guapo. Tenía el mismo color de ojos y de cabello que yo. De mi mamá dicen que saqué el carácter. Llegué al cementerio. Vi la tumba. Le dije que no lo recordaba pero que también lo amaba. También le dije mi condición de salud y mi identidad sexual. Se lo dije en un tono medio, como estoy hablando ahora. Estaba el señor que cuida del cementerio, pero estaba lejos. Eran como las cuatro de la tarde. No recuerdo el día. Pero recuerdo que el panteón está al final del pueblo de Calimaya.


domingo, 5 de agosto de 2012

que te vaya bonito, Chavela


(San Joaquín de Flores, Heredia, Costa Rica, 17 de abril de 1919 - Cuernavaca, Morelos, México, 5 de agosto de 2012)

Nacida en Costa Rica, críada en México y enamorada de España, su carrera musical ha captado los sonidos de los distintos territorios en los que vivió.

martes, 5 de octubre de 2010

un adiós tardío



Carlos Monsiváis Aceves

(Ciudad de México, 4 de mayo de 1938 - 19 de junio de 2010)

jueves, 11 de diciembre de 2008

Yu - Mex


Hace días iba detrás de un artículo que había leído en julio de 2006 en la separata 'Culturas' de el diario catalán La Vanguardia. Y gracias a su hemeroteca finalmente lo encontré. Recuerdo que me había llamado la atención porque habla de una cosa bien curiosa y es que en la antigua Yugoslavia, bajo la dictadura de Tito, este había resuelto el problema del imperialismo cultural mirando hacia México y sus rancheras.


En los años cincuenta, multitud de cantantes yugoslavos se entregaron a la música mexicana concienzudamente vestidos de mariachi. La estirpe de los eslavos charros es una de las subculturas más sorprendentes de la Europa del otro lado del antiguo Telón de Acero.


En 1948, el mariscal Tito, líder de la entonces Yugoslavia, se rebeló ante el agobiante marcaje de la Unión Soviética de Stalin. Durante la guerra mundial no había recurrido al ejército rojo para expulsar las tropas invasoras del eje, y eso le permitió una política má
s independiente de Moscú. Los yugoslavos fueron expulsados de la Internacional Comunista, y la situación provocó un cambio en las relaciones internacionales, pero también creó una necesidad de puertas adentro. Yugoslavia necesitaba desmarcarse culturalmente de los soviéticos, pero no podía recurrir a sus vecinos –lógicamente filocomunistas–, ni a la Europa occidental, bajo protección estadounidense.




Buscar una alternativa no era fácil, pero encontraron una solución que cumplía las características básicas: un país lejano, que no pudiera invadirlos, que no mostrara dependencia de las grandes potencias y que exaltase la moral revolucionaria. Las películas mexicanas evocaban épica y repetidamente una revolución que apelaba a la de los ideólogos socialistas. En particular, tuvo mucho predicamento la película Un día de vida (Emilio Fernández, 1950), un historia de rivalidades entre un oficial y un condenado a muerte durante la revolución, un drama de lágrima tendida que fue proyectado hasta la saciedad.

Acompañando el éxito de la cultura mexicana comenzaron a formarse falsos grupos de Mariachis por todo el país. El escritor Miha Mazzini (Jesenice, Eslovenia, 1961) está obsesionado con esta época. Está preproduciendo una película de ficción, titulada Paloma Negra, y un documental, y ha construido una web (http:// friends.s5.net/mazzini/ovitki/) donde recopila un nutrido muestrario de portadas de disco y canciones en formato digital, desde Ay Chabela, aún hoy un clásico incombustible en los hoteles de la zona, hasta temas compuestos por los locales, como el sorprendente Ja sam pravi meksikanac (Yo soy mexicano de verdad). En su visión de los intérpretes, Mazzini los separa según el vestuario. A un lado pone a quienes actuaban luciendo el traje mexicano, como Ljubomir Mili (y el conjunto Paloma) Y otros como Nikola Karovik o Slavko Perovik que lo hacían sin ir de charros sino que los músicos acompañantes lucían las botonaduras de plata.

Entre las intérpretes femeninas, confiesa una predilección por la voz grave de Nevenka Arsova, pero deja claro que la reina del Yu-Mex era Ana Milosavljevik.

Los discos Yu-Mex son un ejemplo extraño de subcultura importada y un reflejo deformado de lo que en nuestro caso puedan ser los discos de grupos españoles dedicados al rock o al heavy. Escuchar Doce cascabeles traducido al croata produce una sensación similar a la que tiene un angloparlante al escuchar las adaptaciones de Elvis Presley.