jueves, 31 de diciembre de 2015
miércoles, 16 de diciembre de 2015
Cuando éramos parias (Madrid, España)
Qué buena noticia es el fin de las visas: desde ahora dejaremos de pedir perdón por los demás
Ricardo Silva Romero
1 de diciembre de 2015
Cuando éramos parias, nos levantábamos a las cuatro de la madrugada para que nos humillaran desde las siete en el consulado de España. Hace unos años quise gritarle “pues quédese con su país” a la funcionaria caradura que revisaba mi carpeta llena de “papeles para la visa” con las puras ganas de negarme la entrada a Madrid. “Pero si esto le sobra, señor, si es que ustedes no aprenden…”, fue lo único que me dijo la muy burócrata, golpeando su microfonito arrogante con mis extractos bancarios, sin mirarme a los ojos. Si no le respondí en nombre de una nación deshonrada, si no se me escapó un “pero si los dos somos herederos de una cultura que lo ensombrece todo, que lo enreda todo…”, fue porque creía que Colombia tenía que reírse de su estereotipo –y lo creo–, pero también porque tenía por delante un viaje de trabajo.
Ya había hecho yo desde las cinco aquella fila desoladora. Ya les había oído a los vendedores de puestos, que en ese entonces cobraban 50.000 pesos por un mejor lugar en la línea, mil y un relatos de terror sobre colombianos inocentes a los que les negaban la visa porque sí –“por feos”, “por no tener palancas”– como cerrándoles la puerta de Alcalá en las narices. Ya había visto el nerviosismo devastador, de visa negada, de la señora pereirana que sólo quería viajar a España para ver a su nieto “antes de que nos pase algo a alguno de los dos”. Ya había soportado la condescendencia del bogotanísimo portero con acento madrileño que parecía un criollo arriando indios. Ya había aguantado la respiración en un par de salas de espera de juzgado.
Pero preferí tragarme lo que pensaba, como un James Rodríguez ante un Rafa Benítez, para ahorrarme un poco de bilis: cuando éramos bichos, escarabajos que se daban en esta tierra minada, y harta de coca, era lo práctico callarse los desdenes, las afrentas.
Yo no he tenido que ver con hampones, pero esa vez, igual que siempre –por resignado, por colombiano–, me asombró que me dieran la visa. El viaje sí fue lo esperado: los vigilantes del aeropuerto de Bogotá en el papel de “las autoridades” que cuidan, de la malencarada gente de acá, a este pobre mundo; las miradas de reojo, de Migración a Inmigración, a un pasaporte vinotinto que se volvió escarlata: “cómprele funda”, decían; las preguntas tajantes, desde lo alto, en las cabinas del aeropuerto de Madrid. Fue, claro, cuando éramos parias: cuando no se había dado la noticia del fin de las visas, cuando a Europa no le daba vergüenza maltratar a los ciudadanos de un país que servía a sus negocios, cuando ser colombiano era esa mala fama: “déjenlo”, gritó mi atracador, en un peligroso barrio parisino, cuando le respondí que era de Colombia.
Mi abuela Aurora, que nació en Fuentes de Nava, en Palencia, en 1905, pero se fue quedando aquí desde los veintisiete años, se pasó la interminable Segunda Guerra Mundial poniendo las huellas en una oficinita gris de Cartagena –vigilada por funcionarios abusivos que insistían en que sólo estaban haciendo su trabajo– semana tras semana. En ese entonces los parias eran, aquí, los españoles. Y ella pensó en volverse colombiana para que la dejaran en paz. No lo hizo porque el final de la guerra fue primero. Y entonces entendió que no había que sentirse avergonzado ni orgulloso de haber nacido en ninguna parte, pero que tampoco había por qué resignarse a los estigmas.
Qué buena noticia es el fin de las visas: desde ahora no haremos más que un par de filas gratis; reconoceremos, como quien nada debe y nada teme, que Colombia ha dado los esclavistas y los gánsteres y los corruptos que también ha dado el mundo; dejaremos atrás esa manía de pedir perdón por los demás, por “los colombianos”, tan nuestra cuando éramos parias.
Etiquetas:
Colombia,
El País,
España,
Unión Europea,
visado
sábado, 5 de diciembre de 2015
Un café más fuerte con cacao y chile
El País
Isabelle Schaefer
Oaxaca (México)
4 de diciembre de 2015
Caficultores mexicanos combaten a un enemigo letal del grano con prácticas amigables con la biodiversidad.
No talar árboles y usar abono orgánico. Pueden parecer medidas obvias para cuidar la biodiversidad en el planeta, pero para un grupo de caficultores en México les está ayudando a combatir con éxito uno de sus enemigos más letales: la roya.
Esta enfermedad, causada por un hongo, ha afectado durante décadas a los productores de café en América Latina. Ahora estos caficultores de Oaxaca, en el sur de México, le hacen la guerra con prácticas amigables con la biodiversidad tales como evitar la tala indiscriminada o usar fertilizantes orgánicos. Además, integran una variedad de plantas en el cafetal, como es el caso del cacao o el chile.
Los 226 productores que participan en esta iniciativa fueron capacitados en una técnica que les permite manipular sus plantas para que el hongo no les afecte.
La idea final del proyecto es que para los pequeños caficultores sea rentable cuidar el medioambiente en espacios de alta biodiversidad de México, como en Oaxaca, Chiapas, Campeche, Tabasco o Quintana Roo. La iniciativa la lleva a cabo la Comisión Nacional de la Biodiversidad (Conabio) con el apoyo del Banco Mundial.
Además del café, también se apoya a los pequeños productores rurales en otras áreas como la apicultura, el ecoturismo, el cacao, las actividades forestales, la fauna silvestre y los llamados sistemas silvopastoriles (cría de ganado bajo la sombra de los árboles).
* Isabelle Schaefer es productora online del Banco Mundial.
Etiquetas:
café orgánico,
El País,
Isabelle Schaefer,
México,
roya
jueves, 3 de diciembre de 2015
“Tenemos que centrarnos en recuperar la rentabilidad del negocio cafetero”, presidente gremial
El
presidente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), Roberto Vélez
Vallejo, afirmó que uno de sus principales retos es recuperar la
rentabilidad del negocio cafetero ya que las condiciones actuales
amenazan su viabilidad.
La escasez
de la mano de obra, el aumento de los costos de producción, la
volatilidad de los precios del grano y las complejas condiciones
climáticas que ha afrontado el país en los últimos meses, son algunos de los desafíos para los caficultores.
Así lo explicó la máxima autoridad de la FNC durante la instalación del Congreso Nacional de Cafeteros en Bogotá, un evento que reúne desde hoy y hasta el próximo viernes a los distintos representantes de ese tradicional oficio campesino.
“La actividad está al filo de la navaja, rodeada de incertidumbres”, argumentó Vélez, al explicar las consecuencias que ha tenido la crisis económica mundial en la caficultura del país.
Para superar estas barreras será necesario focalizar los esfuerzos en materia de investigación científica, asistencia técnica y posicionamiento del grano nacional a nivel internacional, explicó Veléz, quien además considera que la unión del gremio será una de las claves para “enfrentar los desafíos actuales”.
El presidente del Congreso cafetero, Luis Alfonso Castañeda, coincidió en que una de las tareas más importantes es “recuperar la rentabilidad de la empresa cafetera”, pues es “el requisito fundamental para garantizar la permanencia y sostenibilidad” de la actividad.
Castañeda insistió en que es necesario “modernizar los instrumentos de política y apoyo” a los caficultores, dado que este es un sector que “se caracteriza por su altísima exposición a toda suerte de riesgos”.
En este sentido, abogó por “la implementación de herramientas como los seguros, coberturas y otros mecanismos de estabilización del precio”, lo cual permitiría que los cultivadores reciban los ingresos de su negocio a tiempo.
Durante la instalación del Congreso, al que no asistió el presidente Juan Manuel Santos por asuntos diplomáticos, el ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas señaló que este ha sido “un año de enriquecimiento institucional” para la FNC.
El alto funcionario, quien celebró la eliminación de la visa Shengen al inicio de su intervención, calificó la elección de Roberto Vélez y los demás representantes del gremio cafetero como “ordenada, legítima y democrática”.
Cárdenas reconoció que hasta hace unos años “las perspectivas no eran nada buenas” para los cafeteros, ya que en el 2009 la producción alcanzó los 7,8 millones de sacos y el valor de la cosecha fue de solo $3,4 billones.
En ese período la edad promedio del parque cafetero se calculó en 11 años y se estableció que el 70% de la producción era susceptible a la roya, un tipo de hongo que afecta la salud de las plantaciones.
A pesar de que las cicatrices de esos años difíciles no han sido borradas, el sector ha adelantado una serie de medidas para superar dicha crisis, según lo explicó el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas.
Entre ellas destaca la renovación de más de 500.000 hectáreas de cultivos de café, así como la recuperación de la producción de este grano (este año se cerrará con unos 13,4 millones de sacos y exportaciones cercanas a los US$3.000 millones).
domingo, 25 de octubre de 2015
Festival de la Cultura Cafetera en Viota, Cundinamarca, Colombia
Un buen ejemplo para replicar en nuestra zona cafetera
jueves, 15 de octubre de 2015
Expoespeciales 2015
ExpoEspeciales Café de Colombia es la feria especializada en la promoción de cafés especiales más importante de Colombia y América Latina.
Este evento integra toda la cadena de valor del café y ofrece un escenario para exponer y dar a conocer las tendencias e innovaciones del mercado del café a nivel nacional e internacional.
Tendrá lugar en el recinto de Corferias en Bogotá del 15 al 18 de octubre de 2015.
Etiquetas:
cafe,
café Sotobosque,
expoespeciales
sábado, 3 de octubre de 2015
Menos de un centavo de dólar por cada taza de café
Fernando Morales-de la Cruz
Los estadounidenses celebraron el Día Nacional del Café el 29 de septiembre, Europa y el resto del mundo celebran el Día Internacional del Café el 1 de octubre. Lo hacen con ofertas y promociones de café gratis, pero todos lo hacen sin pensar en el sacrificio de aquellos que producen el grano.
Me atrevo a pedir los amantes del café, a cada barista, a los editores y periodistas extracafeinados en los medios de comunicación y a todos en la industria del café que dejen de ignorar la realidad de los más de 26 millones de trabajadores agrícolas del café. Ellos tienen más de 100 millones de dependientes, son ellos quienes producen el café que disfrutamos todos. La mayoría de los campesinos viven en la pobreza o pobreza extrema. Hay 250 millones de personas cuya subsistencia depende directa o indirectamente, total o parcialmente, de la producción de café en los países productores de café.
El precio que pagamos los consumidores en Europa, Estados Unidos, Canadá, etc por el mal llamado "comercio justo", "café ético" o "sostenible" incluye menos de un centavo de dólar por taza para ayudar a erradicar la pobreza en las regiones cafetaleras. La prima para los productores de café "ético" o "certificado" es inferior a 0.003 dólares por cada taza. Los trabajadores agrícolas del café reciben incluso menos que eso, porque parte de la prima se utiliza para otros fines relacionados con las cooperativas y las plantaciones de café.
De acuerdo con la SCAA hay hambre en las regiones cafetaleras (leer el informe Hunger in the coffeelands). La verdad es que la pobreza y la pobreza extrema han existido durante siglos en as regiones cafetaleras. Todo el mundo en la gran industria del café ha tenido conocimiento de esa realidad desde el primer día. En la época colonial, las potencias coloniales y los comerciantes de café promovieron plantaciones en el eje cafetero que utilizaban mano de obra de esclavos y de trabajadores que recibían solo alimentos básicos como pago por su trabajo. Hoy en día, las principales compañías de café buscan las zonas de montaña donde hay pobreza extrema, con abundante mano de obra barata y la mejor tierra, para crear nuevas plantaciones de café, como lo están haciendo en el sur de Sudán, en el resto de África e incluso en China. Lo hicieron en Vietnam hace apenas unas décadas. Su éxito en la erradicación de la pobreza es más que cuestionable.
Erradicar la pobreza en las regiones cafetaleras requiere transparencia, visión empresarial, un verdadero sentido de misión y un enfoque a lo Henry Ford, no un evento de relaciones públicas con George Clooney. La industria del café es pujante en los países desarrollados, genera decenas de miles de millones de dólares en valor agregado, utilidades e impuestos, pero muy poco valor compartido llega a los trabajadores del campo y a sus familias. En demasiadas regiones de café de "comercio justo" o con certificaciones "éticas" sólo una de cada veinte niñas se gradúa de la escuela secundaria. ¿Cómo puede llamarse eso justo, ético o sostenible en el siglo XXI?
Hoy todavía hay personas que trabajan en las fincas de café por menos de cinco dólares al día, sin soñar con la compra de un coche, no tienen carreteras, millones no tienen un techo adecuado para protegerlos, muchos no tienen ni siquiera letrinas y carecen de agua potable. Millones de personas sufren de hambre durante varios meses al año. El poder de compra de cinco dólares de 1914 equivale a ciento veinte hoy. Cinco dólares estadounidenses de 2015 equivalen a veintiún centavos de 1914. Henry Ford no creería que alguien en el siglo XXI recibiera como pago por su trabajo de un día menos de veintiún centavos (de 1914), o cuatro veces esa cantidad.
Dado que el café es parte esencial de la vida de más de mil millones de nosotros, quienes consumimos más de 23 millones de kilos de café al día, los amantes del café podríamos tener más impacto financiero en las regiones cafetaleras que toda la ayuda externa combinada si exigimos a las compañías de café, e incluso a los más pequeños cafés independientes, invertir 10 centavos por taza (@10CentsPerCup) en la erradicación de la pobreza en las comunidades productoras de café. Este sistema de verdadero valor compartido podría erradicar la pobreza en una generación y crear una clase media rural en todas las naciones productoras de café. ¡Podría literalmente cambiar el mundo!
Es importante señalar que todos los dirigentes y periodistas de los países desarrollados que asistieron a la Cumbre de Objetivos del Milenio de Naciones Unidas en Nueva York, diciendo que apoyan los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para poner fin a la pobreza, contribuyen a alcanzar los ODS en las comunidades productoras de café con menos de un centavo por cada taza de café que beben. ¡Es terrible!
Espero que los amantes del café y la industria del café se unan a quienes creemos en el verdadero valor compartido (@cafeforchange) y trabajamos para poner fin al modelo de explotación de menos de 1 centavo por cada taza de café, adoptando el sistema de 10 centavos por taza (@10CentsPerCup) para ayudar a erradicar la pobreza.
Les deseo un buen día del café todos los días. Bebamos café. Cambiemos el mundo. Es Fácil.
Seguir a Fernando Morales-de la Cruz en Twitter: www.twitter.com/cafeforchange
Los estadounidenses celebraron el Día Nacional del Café el 29 de septiembre, Europa y el resto del mundo celebran el Día Internacional del Café el 1 de octubre. Lo hacen con ofertas y promociones de café gratis, pero todos lo hacen sin pensar en el sacrificio de aquellos que producen el grano.
Me atrevo a pedir los amantes del café, a cada barista, a los editores y periodistas extracafeinados en los medios de comunicación y a todos en la industria del café que dejen de ignorar la realidad de los más de 26 millones de trabajadores agrícolas del café. Ellos tienen más de 100 millones de dependientes, son ellos quienes producen el café que disfrutamos todos. La mayoría de los campesinos viven en la pobreza o pobreza extrema. Hay 250 millones de personas cuya subsistencia depende directa o indirectamente, total o parcialmente, de la producción de café en los países productores de café.
El precio que pagamos los consumidores en Europa, Estados Unidos, Canadá, etc por el mal llamado "comercio justo", "café ético" o "sostenible" incluye menos de un centavo de dólar por taza para ayudar a erradicar la pobreza en las regiones cafetaleras. La prima para los productores de café "ético" o "certificado" es inferior a 0.003 dólares por cada taza. Los trabajadores agrícolas del café reciben incluso menos que eso, porque parte de la prima se utiliza para otros fines relacionados con las cooperativas y las plantaciones de café.
De acuerdo con la SCAA hay hambre en las regiones cafetaleras (leer el informe Hunger in the coffeelands). La verdad es que la pobreza y la pobreza extrema han existido durante siglos en as regiones cafetaleras. Todo el mundo en la gran industria del café ha tenido conocimiento de esa realidad desde el primer día. En la época colonial, las potencias coloniales y los comerciantes de café promovieron plantaciones en el eje cafetero que utilizaban mano de obra de esclavos y de trabajadores que recibían solo alimentos básicos como pago por su trabajo. Hoy en día, las principales compañías de café buscan las zonas de montaña donde hay pobreza extrema, con abundante mano de obra barata y la mejor tierra, para crear nuevas plantaciones de café, como lo están haciendo en el sur de Sudán, en el resto de África e incluso en China. Lo hicieron en Vietnam hace apenas unas décadas. Su éxito en la erradicación de la pobreza es más que cuestionable.
Erradicar la pobreza en las regiones cafetaleras requiere transparencia, visión empresarial, un verdadero sentido de misión y un enfoque a lo Henry Ford, no un evento de relaciones públicas con George Clooney. La industria del café es pujante en los países desarrollados, genera decenas de miles de millones de dólares en valor agregado, utilidades e impuestos, pero muy poco valor compartido llega a los trabajadores del campo y a sus familias. En demasiadas regiones de café de "comercio justo" o con certificaciones "éticas" sólo una de cada veinte niñas se gradúa de la escuela secundaria. ¿Cómo puede llamarse eso justo, ético o sostenible en el siglo XXI?
Henry Ford decidió hace más de cien años (en 1914) pagar a sus trabajadores de EEUU cinco dólares al día. Muchos otros empleadores pensaron que Ford estaba loco, pero él sabía muy bien que estaba creando el salto de la clase obrera a la clase media. La misma clase media que compraría coches y sería propietaria de las casas que otros construirían, que compraría los productos que otros fabricarían y les venderían a ellos. ¡Henry Ford cambió el mundo!Hoy todavía hay personas que trabajan en las fincas de café por menos de cinco dólares al día, sin soñar con la compra de un coche, no tienen carreteras, millones no tienen un techo adecuado para protegerlos, muchos no tienen ni siquiera letrinas y carecen de agua potable.
Hoy todavía hay personas que trabajan en las fincas de café por menos de cinco dólares al día, sin soñar con la compra de un coche, no tienen carreteras, millones no tienen un techo adecuado para protegerlos, muchos no tienen ni siquiera letrinas y carecen de agua potable. Millones de personas sufren de hambre durante varios meses al año. El poder de compra de cinco dólares de 1914 equivale a ciento veinte hoy. Cinco dólares estadounidenses de 2015 equivalen a veintiún centavos de 1914. Henry Ford no creería que alguien en el siglo XXI recibiera como pago por su trabajo de un día menos de veintiún centavos (de 1914), o cuatro veces esa cantidad.
Dado que el café es parte esencial de la vida de más de mil millones de nosotros, quienes consumimos más de 23 millones de kilos de café al día, los amantes del café podríamos tener más impacto financiero en las regiones cafetaleras que toda la ayuda externa combinada si exigimos a las compañías de café, e incluso a los más pequeños cafés independientes, invertir 10 centavos por taza (@10CentsPerCup) en la erradicación de la pobreza en las comunidades productoras de café. Este sistema de verdadero valor compartido podría erradicar la pobreza en una generación y crear una clase media rural en todas las naciones productoras de café. ¡Podría literalmente cambiar el mundo!
Es importante señalar que todos los dirigentes y periodistas de los países desarrollados que asistieron a la Cumbre de Objetivos del Milenio de Naciones Unidas en Nueva York, diciendo que apoyan los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para poner fin a la pobreza, contribuyen a alcanzar los ODS en las comunidades productoras de café con menos de un centavo por cada taza de café que beben. ¡Es terrible!
Espero que los amantes del café y la industria del café se unan a quienes creemos en el verdadero valor compartido (@cafeforchange) y trabajamos para poner fin al modelo de explotación de menos de 1 centavo por cada taza de café, adoptando el sistema de 10 centavos por taza (@10CentsPerCup) para ayudar a erradicar la pobreza.
Les deseo un buen día del café todos los días. Bebamos café. Cambiemos el mundo. Es Fácil.
Seguir a Fernando Morales-de la Cruz en Twitter: www.twitter.com/cafeforchange
viernes, 2 de octubre de 2015
El lado oscuro del café
Blog: El Mal Economista
Alejandro Huertas
El Espectador
Twitter: @maleconomista
Facebook: El Mal Economista
Instagram: @maleconomista @alejo_huertas
Sí, existe un lado oscuro del café. Y no me refiero a lo que se experimenta en la mañana, después del primer americano, espresso o tinto, cuando se hace necesaria una oscura visita al baño. Tampoco hace referencia al oscuro hueco que queda en las finanzas estatales luego de que el sector cafetero pide un subsidio a la producción— a propósito de subsidios, seguro que con los precios del dólar, por ahora no hay intenciones de este sector de pedir uno, pero ya veremos qué pasa—. Esta vez prefiero hablar de un lado oscuro que pocos conocemos, y que está relacionado con la cultura cafetera, esa de la que nos orgullecemos cuando estamos con extranjeros o fuera del país, esa que nos lleva a llenarnos la boca diciendo “El mejor café del mundo está en Colombia”.
Para empezar, vale la pena recordar que la UNESCO declaró como patrimonio cultural de la humanidad al Paisaje Cafetero Colombiano. En otras palabras, se declara como patrimonio de la humanidad la forma de producción, recolección y beneficio del café, que se integran de una forma única a las estructuras sociales y a la geografía de la región conformada por veredas y municipios de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle. Esto implica que, con el fin de conservar este patrimonio, las prácticas llevadas a cabo en esta región deben cuidarse y reforzarse. Incluyendo la forma de cultivo del café.
Aquí pregunto yo si alguna vez usted o su familia han ido al parque del café, al eje cafetero en general o a las fincas cafeteras del norte del Valle. Si ha ido, debe haberse dado cuenta que en el cultivo solo hay café y casi ninguna otra planta. Probablemente no lo haya notado, pero la planta de café no tiene suficiente fuerza en sus raíces para sostener la tierra en la que está plantada, en comparación a otros árboles endémicos de la zona (recordando biología de bachillerato y la importancia de que las raíces sostengan la tierra, especialmente en ladera). Básicamente el cultivo de café es muy bonito, pero pone en riesgo el terreno en el que está cultivado.
Ahora bien, uno podría pensar que el peligro de derrumbe no es tan grave, al fin y al cabo solo se perderían unas cuantas plantas de café y difícilmente una vida. Sin embargo el problema va más allá, y para entenderlo hay que entender un poco de historia de Colombia. Uno puede hacer una revisión exhaustiva de las principales exportaciones Colombia desde la época poscolonial y darse cuenta de que nuestro país, exportador de materias primas desde siempre, solo ha tenido suerte aprovechando las condiciones externas del mercado. Sí, nunca ha tenido de verdad una ventaja en producción frente a otros exportadores de materias primas, sino que ha sabido capitalizar las coyunturas externas. Que la OPEP fijó cuotas de producción de petróleo y se subió el precio a 100 dólares por barril, produzcamos petróleo; que Brasil en el 70 tuvo problemas con sus producción de café y el precio se subió, produzcamos más café, y así podríamos seguir haciendo una revisión retrospectiva.
Sin embargo, esta última coyuntura resulta bastante interesante, puesto que es la que ayudará a establecer la forma de producir café en Colombia. Esto es así dado que, como respuesta a los problemas en la producción de café brasilero, el resto de países latinoamericanos, incluyendo Colombia, tecnifican su producción y buscan cepas o variedades de café que resistan mejor las enfermedades. Como consecuencia, y con ayuda de los gobiernos y USAID, los cafeteros pasan a sembrar variedades más resistentes, que requieren luz directa del sol, en contraste a las anteriores variedades que crecían a la sombra de árboles más grandes. De esta forma el paisaje se vio drásticamente transformado.
Café bajo sombra, http://infusionistas.com/cafe-bajo-sombra-respeto-a-la-biodiversidad/
De nuevo, uno podría decir que no es grave la deforestación ni el consecuente riesgo de derrumbes, pero hay que considerar que el sistema de cultivo de café a la sombra era capaz de albergar mayor biodiversidad, especialmente de insectos y aves (recordando que somos es país con mayor diversidad de aves). Así mismo, el nuevo sistema de producción con plena luz de sol produce unas dos cosechas al año, lo que nos volvió más productivos, pero también requiere una cantidad considerablemente más alta de agua (hay quienes tratan de disminuir su impacto ambiental reduciendo la cantidad de agua que un producto que consumen requiere) y de fertilizantes e insumos. Esto último afecta directamente la calidad de la tierra, pues la desgasta (peligro de derrumbe) y afecta aún más la biodiversidad.
En este punto habrá quienes digan que efectivamente ese tal lado oscuro del café existe, mientras que otros dirán que hay muchos pájaros en Colombia y que la deforestación y los derrumbes no nos van a hacer daño. Incluso podría estar de acuerdo con eso, pero lo que es innegables es que todo este impacto ambiental lo sufrimos nosotros y los demás países productores de café para atender la demanda de café Premium en el extranjero. O quién no ha escuchado “Colombia tiene el mejor café del mundo, pero todo se lo llevan para afuera” o “aquí solo dejan la pasilla y uno se acostumbra”. Entonces, con el fin de suplir la demanda de café a US $1,18 la libra, estamos enfrentando unas externalidades negativas para el territorio que los productores no terminan de entender o no les preocupan, y los consumidores, que por lo general están en el extranjero, no se dan por enterados y mucho menos están interesados en internalizarlas.
Ahora sí creo que podemos llegar a un consenso, decir que sí, que no hay problemas con la deforestación, los posibles derrumbes, el monocultivo de café, la pérdida de biodiversidad, los daños ambientales de los fertilizantes. Uno podría decir que uno asume todo eso cuando va a ofrecer un café de alta calidad, sin embargo, lo verdaderamente problemático es que nadie asume estos daños ni se preocupa por repararlos. Por su parte, los productores a duras penas sacan ganancias para sobrevivir a pesar de que sacrifican riqueza natural de todo el país para producir, mientras que los consumidores extranjeros no se preocupan por los daños que su café matutino pueda haber hecho hasta llegar a su mano. En este punto creo que coincidimos que el café tiene su lado oscuro, muy oscuro, a lo french roast.
French roast coffee. https://leadersbeverage.com/coffee-roast-levels/
Por último una reflexión que deja abierto el debate para tratar de aclarar este lado oscuro. La economía dice que las externalidades deben ser asumidas por quienes las producen, que en este caso serían los productores. Al internalizar esta, se subirían los costos y por ende en precio, pero un precio más alto sería poco conveniente en el contexto mundial, donde países como Brasil o Vietnam nos superan en volumen de producción y ponen un precio más bajo ¿Qué deberíamos hacer entonces? ¿Exigir al gobierno que subsidie la producción para que los productores puedan asumir estos nuevos costos? ¿Crear la Organización de Países Productores de Café y fijar una cuota de producción entre los grandes productores para subir el precio? ¿Recomendaría algo distinto?
Referencias
http://www.iflscience.com/plants-and-animals/dark-side-coffee-unequal-social-and-environmental-exchange
Etiquetas:
Alejandro Huertas,
café bajo sombra,
deforestación,
economía,
El Espectador
lunes, 28 de septiembre de 2015
recordando a Alejito
Hoy 28 de septiembre, se cumplen 13 años del fallecimiento de papá: Alejito querido! Y le seguimos recordando, cómo no,cada día, a través de todas sus anécdotas y dichos. Ala, alita Alejito, descansa en paz junto con todos tus y nuestros seres queridos!!!
Me hace pensar también en un verso del poema He mirat aquesta terra, del poeta catalán Salvador Espriu:
Quan el vent es parla en la solitud
dels meus morts que riuen d'estar sempre junts,
he mirat aquesta terra,
he mirat aquesta terra.
Que vendría a traducir:
Cuando el viento se habla en la soledad
de mis muertos que ríen de estar siempre juntos,
he mirado esta tierra,
he mirado esta tierra.
Etiquetas:
Alejito,
papá,
poesía,
Salvador Espriu
domingo, 23 de agosto de 2015
Lletra a Anna
Em costa imaginar-te absent per sempre.
Tants de records de tu se m'acumulen
que ni deixen espai a la tristesa
i et visc intensament sense tenir-te.
No vull parlar-te amb veu melangiosa,
la teva mort no em crema les entranyes,
ni m'angoixa, ni em lleva el goig de viure;
em dol saber que no podrem partir-nos
mai més el pa, ni fer-nos companyia;
però d'aquest dolor en trec la força
per escriure aquests mots i recordar-te.
Més tenaçment que mai, m'esforço a créixer
sabent que tu creixes amb mi: projectes,
il.lusions, desigs, prenen volada
per tu i amb tu, per molt distants que et
siguin,
i amb tu i per tu somnio d'acomplir-los.
Te'm fas present en les petites coses
i és en elles que et penso i que t'evoco,
segur com mai que l'única esperança
de sobreviure és estimar amb prou força
per convertir tot el que fem en vida
i acréixer l'esperança i la bellesa.
Tu ja no hi ets i floriran les roses,
maduraran els blats i el vent tal volta
desvetllarà secretes melodies;
tu ja no hi ets i el temps ara em transcorre
entre el record de tu, que m'acompanyes,
i aquell esforç, que prou que coneixes,
de persistir quan res no ens és propici.
Des d'aquests mots molt tendrament et penso
mentre la tarda suaument declina.
Tots els colors proclamen vida nova
i jo la visc, i en tu se'm representa
sorprenentment vibrant i harmoniosa.
No tornaràs mai més, però perdures
en les coses i en mi de tal manera
que em costa imaginar-te absent per sempre.
Miquel Martí i Pol
(Lletra a Dolors)
(Lletra a Dolors)
Etiquetas:
Anna Bundó Mas,
Miquel Martí iPol,
poesía
sábado, 22 de agosto de 2015
Soneto ...
Soneto con estrambote esperanzado
en la despedida de Anna Bundó Mas
Te dijimos adiós Anna querida
cumplimos la tarea por tí prevista
haz que te digamos: "hasta la vista"
Ya que en lo alto
te dan la bienvenida.
Cuando tendré tu lección aprendida?
Aceptar a todos es ardua conquista
mas tu nos dejaste la ruta lista:
amar siempre hasta el fin y sin medida.
Junto a un mago -oferente patena-
mientras Mauricio esparce tu huella
la oración se nos torna más bella.
O blanca capilla de Santa Elena
los más pequeños aquí reunidos
son de Jesucristo los preferidos.
Sienten que suave tu luz les ampara:
por siempre te quedas en Barichara.
en la despedida de Anna Bundó Mas
Te dijimos adiós Anna querida
cumplimos la tarea por tí prevista
haz que te digamos: "hasta la vista"
Ya que en lo alto
te dan la bienvenida.
Cuando tendré tu lección aprendida?
Aceptar a todos es ardua conquista
mas tu nos dejaste la ruta lista:
amar siempre hasta el fin y sin medida.
Junto a un mago -oferente patena-
mientras Mauricio esparce tu huella
la oración se nos torna más bella.
O blanca capilla de Santa Elena
los más pequeños aquí reunidos
son de Jesucristo los preferidos.
Sienten que suave tu luz les ampara:
por siempre te quedas en Barichara.
-----
Sonet amb estrambot esperançat en el comiat d'Anna Bundó Mas
T'hem dat l'adéu lentament benvolguda
ho hem fet tot tal com de temps vas preveure,
dona'ns força per dir-te "a reveure"
mentre els àngels exclamen: benvinguda!
Del teu amor la sageta aguda,
se'ns clava al cor: el que ara ens cal heure
és acceptar a tothom l'urgent deure
testament d'una vida no perduda.
Com un mag silenciós que ofrena
el Maurici ha espargit la teva pols
i a tots el mot se'ns ha tornat més dolç.
La blanca capella de Santa Elena
s'ha emplenat dels teus amics més petits
dels que foren de Jesús preferits.
Senten que la teva llum els empara: romandràs per sempre a Barichara.
T'hem dat l'adéu lentament benvolguda
ho hem fet tot tal com de temps vas preveure,
dona'ns força per dir-te "a reveure"
mentre els àngels exclamen: benvinguda!
Del teu amor la sageta aguda,
se'ns clava al cor: el que ara ens cal heure
és acceptar a tothom l'urgent deure
testament d'una vida no perduda.
Com un mag silenciós que ofrena
el Maurici ha espargit la teva pols
i a tots el mot se'ns ha tornat més dolç.
La blanca capella de Santa Elena
s'ha emplenat dels teus amics més petits
dels que foren de Jesús preferits.
Senten que la teva llum els empara: romandràs per sempre a Barichara.
Jaume Aymar Ragolta
Etiquetas:
Anna Bundó Mas,
Barichara,
Jaume Aymar,
soneto
miércoles, 5 de agosto de 2015
Muriendo en primera persona
Eliane Brum
4 de agosto de 2015
El País
Después de haberse convertido en algo silenciado en el siglo XX, la muerte ocupa cada vez más espacio en las narrativas
El 24 de julio, Oliver Sacks, escritor, neurólogo y uno de los pensadores más interesantes de nuestro tiempo, escribió un nuevo artículo sobre su morir, en la página de Opinión del diario The New York Times. En febrero, él había anunciado que tenía cáncer de hígado, sin posibilidad de curación, en un bellísimo texto sobre la vida, que se tradujo y se publicó en el mundo entero. Ahora, a los 82 años, Sacks comienza a sentir náuseas y debilidad por la enfermedad, pero no menos encanto y curiosidad por la existencia. Sigue esperando con alegría la llegada de las revistas científicas, ansioso por los descubrimientos sobre un universo que le fascina. Semanas atrás, él estaba en el campo, lejos de las luces de la ciudad, cuando se deparó con la totalidad monumental del cielo "salpicado de estrellas". Sacos concluyó: "Ese esplendor celestial de inmediato me hizo darme cuenta de cuán cortos eran el tiempo y la vida que me quedaban. Mi percepción de la belleza del cielo, de la eternidad, era inseparable de mi percepción de transitoriedad. Y de la muerte". Les contó entonces sus sentimientos a los amigos que le acompañaban, Kate y Allen, y les dijo: "Me gustaría ver este cielo de nuevo cuando me esté muriendo". Y los amigos le aseguraron que harían que pudiese ver las estrellas una vez más.
Al contarnos sobre su morir, un morir vivo, en el que la experiencia de llegar al fin es una novedad más para un hombre curioso con el mundo y con la existencia, Oliver Sacks se ha convertido en uno de los señalizadores de que algo fundamental está cambiando en nuestra época. Y de forma bastante rápida, ya que nuestro tiempo histórico es acelerado. Aunque el silencio acerca de la muerte, la enfermedad y el luto aún persista en la vida cotidiana —y quizás sea aún lo que se le impone a la mayoría de la gente—, ya no vivimos la muerte "avergonzada" o "clandestina" que se estableció en el siglo 20. El enfermo terminal que finge que no se está muriendo, para no alarmar ni la familia ni al equipo médico, puede estar empezando a convertirse en un espécimen en extinción. La muerte empieza a volverse sin pudor y especialmente confesional, muy en sintonía con este momento en el que se narra todo en las redes sociales.
La historia humana se puede contar según el modo como cada sociedad, en diferentes períodos históricos, miró a la muerte y se ocupó de ella. El trabajo más completo sobre este tema posiblemente sea aún el del historiador francés Philippe Ariès (1914-1984), primero en un libro llamado Historia de la muerte en Occidente y, después, en una obra mayor, titulada El hombre ante la muerte. En estos análisis, el historiador muestra cómo, en el siglo 20, la muerte pasó a ser escondida y acallada. Ya no un acto público, sino una especie de no acontecimiento. En la sociedad tecnicista era necesario que se ocultase la muerte entre las paredes de un hospital, de la forma más aséptica posible, e inmediatamente se olvidase. Esta mentalidad ayuda a explicar por qué, a día de hoy, cualquiera que pierda a aquellos que ama tenga legalmente un tiempo cortísimo para ausentarse del trabajo y empezar a elaborar su luto. Cuando se espera que la ciencia prolongue la vida a cualquier precio y la juventud se convierte en un valor en sí misma, la muerte pasa a ser un fracaso que debe escamotearse.
En el siglo 20, el fin de la vida se convirtió en algo a ignorar y, así, no había necesidad ni de superarlo, ya que lo mejor sería fingir que ni siquiera había sucedido. "La muerte en el hospital, erizado de tubos, está a punto de convertirse hoy en una imagen popular más aterradora que el traspasado o el esqueleto de la retórica macabra", escribió Philippe Ariès. La muerte se había convertido en algo casi contagioso y aquel que se moría, en el portador de una enfermedad/mala noticia cuya contaminación los vivos deberían evitar a toda costa.
Otro pensador, el antropólogo británico Geoffrey Gorer (1905-1985), escribió un ensayo sobre lo que él llamó la Pornografía de la Muerte. "Hoy en día la muerte y el luto se tratan con el mismo pudor que los impulsos sexuales hace un siglo", afirmó. La prohibición del sexo, en la era victoriana, había sido sustituida por la prohibición de la muerte, en el siglo 20. La muerte se había vuelto obscena y fea, por lo que debería esconderse. Y el luto, circunscrito al ámbito privado, se había vuelto tan secreto e individual como la masturbación.
Como ocurre tantas otras veces, el arte anticipó la interpretación de su época. Ese cambio en la mirada sobre la muerte consolidado en el siglo 20 ya se podía detectar, a finales del siglo 19, en la pequeña obra maestra de Tolstói: La muerte de Iván Ilich. En su libro Educación para la muerte – temas y reflexiones la psicóloga brasileña Maria Júlia Kovács así analiza la novela del escritor ruso: "Nadie quiere hablar de lo que está pasando con el enfermo, ni siquiera él mismo, que sufre, gime, pero nada dice. Los familiares también sufren, no saben qué hacer, pero fingen que está todo bien". A pesar de que todos tratan de banalizar el acontecimiento, transformándolo en un no acontecimiento, el enfermo, aunque nada diga, sabe lo que vive.
El siglo 21, de cuyo nacimiento hemos sido testigos, comienza a engendrar otra mirada sobre la muerte, cuyas señales ya podrían notarse en las últimas décadas del anterior. La historia, como se sabe, es movimiento y conflicto. El propio surgimiento del concepto de hospice y de la práctica de los "cuidados paliativos", en los años 60 del siglo pasado, con la idea de que cuidar es más importante que curar y de que es necesario escuchar a aquel que vive su morir, comenzó a poner en jaque el silenciamiento de la muerte.
Hoy en día, no son apenas las series de televisión y las películas del cine las que han pasado a tratar de la muerte, la enfermedad y el envejecimiento con una frecuencia cada vez mayor. En esta nueva mirada sobre el fin de la vida, Internet, con sus redes sociales, ha desempeñado un papel central y creciente. Si la literatura nunca ha dejado de tener la muerte como tema, el morir se ha ido convirtiendo en una narrativa confesional, de no ficción, escrita en la primera persona del singular.
Oliver Sacks no fue el primero a escribir sobre el final de la vida en este siglo. Lejos de eso. En 2005 la periodista estadunidense Joan Didion publicó un libro, El año del pensamiento mágico, en el que contaba la muerte de su marido y su luto. Ya al comienzo hace una síntesis de la condición humana: "La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conocías acaba de repente". Esta mezcla de narrativa confesional con investigación periodística entró en las listas de los más vendidos en varios países, inclusive Brasil. Más tarde, en 2011, Didion lanzaría Noches azules, sobre la muerte de su única hija, su propio envejecimiento y su soledad. Este último libro es la historia de la mujer que quedó, la narrativa de quien se descubrió sola para ser testigo de su propio fin. Por lo tanto, un relato aún más duro y perturbador, que parece haber sido más difícil para sus lectores. Didion ahora se ve a vueltas con formularios de hospital, donde se le hace una pregunta que no puede responder: ¿a quién llamar en un momento de emergencia? Ya no hay a quién.
En 2008 el escritor y analista político David Rieff lanzó un libro sobre cómo fue presenciar el fin de la vida de su madre, la pensadora estadounidense Susan Sontag, muerta por el tercer cáncer de su trayectoria cuatro años antes, a los 71 años. David le dio a la obra un título desgarrador: Nadando en un mar de muerte - memorias de un hijo. Susan Sontag publicó libros fundamentales sobre el tema. En La enfermedad y sus metáforas, escrito cuando ella ya se había tratado de un cáncer de mama y lo había superado, Sontag analiza cómo la tuberculosis fue la muerte romántica, en el siglo 19, y el cáncer, la enfermedad-símbolo del siglo 20, la muerte "sucia". Defiende también que el cáncer sea tratado como una enfermedad, una lotería genética, y no como una idea que llegó a ser muy popular y aún persiste en algunos medios, de que la persona habría "hecho" su cáncer o lo habría "atraído" por represiones sexuales y problemas psicológicos mal resueltos.
Susan Sontag, en palabras de su hijo, al mismo tiempo sentía pavor de la muerte y obsesión por la muerte. Murió sin reconciliarse jamás con la idea de morir. Incluso habiendo sido informada por los médicos de que un trasplante de médula ósea tendría escasas posibilidades de éxito en su caso, optó por hacerlo. Cuando supo que la cirugía había fracasado, estaba cautiva de 300 metros de tubos, por los cuales le inyectaban las sustancias que la mantenían con vida, y preguntaba qué más los médicos podrían hacer por ella. Murió cubierta de moretones y heridas, con la esperanza de "vencer" el cáncer, sin despedirse de nadie y sin permitir que se despidiesen de ella. Fue su elección, solo ella podía hacerla. "Era imposible decir que la amaba, porque hacer eso hubiera significado decir: 'Te estás muriendo'", escribió David Rieff, en un libro que enfrenta las preguntas espinosas sobre el lugar de un hijo ante el morir de la madre, en la singularidad de cada historia, siempre particular e irrepetible.
Mortalidad se basa en las columnas publicadas en la revista estadounidense Vanity Fair por el escritor, periodista y gran polemista Christopher Hitchens, un fiero defensor del ateísmo que se mantuvo fiel a sus ideas hasta el fin. Murió de cáncer en diciembre de 2011, a los 62 años, y el libro se lanzó en 2012. Con el mismo coraje y la ironía que siempre caracterizaron sus artículos, Hitchens discurrió sobre la vida en lo que llamó cáusticamente "Tumorlandia".
En el estilo que le hizo atraer tanto admiradores como enemigos a lo largo de una extensa colección de polémicas, sugirió la creación de un "Manual de etiqueta del cáncer", destinado "a los pacientes y también a los simpatizantes". Hitchens explica: "Mi Manual tendría que imponerme derechos a mí, así como a aquellos que hablan demasiado, o demasiado poco, en el intento de disfrazar el inevitable embarazo en las relaciones diplomáticas entre Tumorlandia y sus vecinos". A él le gustaría recordarle a la gente, en general, que no circulaba por ahí con un enorme broche en la solapa en la que estuviese escrito: "PREGÚNTEME SOBRE CÁNCER DE ESÓFAGO EN METÁSTASIS EN LA CUARTA ETAPA Y APENAS SOBRE ESO". Es un libro tan vivo, este en el que Christopher Hitchens escribe sobre su morir que, al terminarlo, echamos muchísimo de menos al autor.
Pero el marco de este nuevo siglo, en la escritura sobre la muerte y especialmente sobre el cáncer, es posiblemente el libro de Randy Pausch. Ninguna obra sobre el tema ha sido tan célebre y popular como La última lección. Y no por casualidad. Muerto de cáncer de páncreas en 2008, el profesor universitario Randy Pausch construyó una narración muy al gusto de la cultura estadounidense, marcada por la división entre losers (perdedores) y winners (ganadores). La suya era una escritura de "superación" de la adversidad, de la "batalla" contra la enfermedad, un viaje del héroe adaptado al tan difundido discurso en el sentido común y en los medios médicos del "guerrero que luchó hasta el fin la guerra contra el cáncer". Randy murió, pero como un "vencedor", ya que había convertido su cáncer en un "caso" de éxito. No pudo "vencer" a la enfermedad, pero, en aquello que parecía esencial para él y para la sociedad en la que vivía, había vencido. En aquel momento, era bastante revelador que, después de tanto silencio, la más comentada fuese una muerte "exitosa", materializada en un superventas internacional que recaudó millones de dólares y transformó a su autor en una celebridad.
Todo indicaba que esta podría ser la línea narrativa preponderante de nuestro tiempo: la muerte al servicio de la superación y del éxito, de la industria y del culto a celebridades. Citada, sí, pero apenas para una vez más encubrir el dolor y los conflictos de la condición humana. No es lo que ha sucedido, como prueban los escritos de Christopher Hitchens, Joan Didion y del propio Oliver Sacks, entre muchos otros. No hay una forma "correcta" ni "incorrecta" de hablar de la enfermedad y de la muerte, ya sea la propia o la de quien amamos. Así como no hay una narrativa superior a un debate honesto sobre lo que se dice de su época y sobre cómo influye en ella, aunque su autor sea alguien que se está muriendo.
La muerte está untada de vida y de humanidades. Hay tantas maneras de pensar sobre ella como vividores y moridores. La belleza, incluso en sus momentos de brutalidad, es cuando estas narrativas son capaces de afrontar la complejidad de este momento, con todos los sentimientos ambiguos y las contradicciones que lo pueblan. Sería una pena, después de todo, reducir un momento tan abisal como ineludible a un manual pobre del "morir bien". Como en la frase que me encanta: "La muerte no es lo contrario de la vida, la muerte es lo contrario del nacimiento. La vida no tiene contrarios".
Mi expectativa de que estamos en un nuevo momento en lo que se refiere a la mirada sobre la muerte aumentó al seguir la historia de Tig Notaro, de 44 años. Comediante de stand-up, la estadounidense Tig estaba pensando en tener un hijo, en 2012, cuando sufrió una infección que casi la mató. Poco después de su salida del hospital, perdió a su madre, que en sus palabras era la persona que más la conocía, comprendía y alentaba. Tig se vio en vilo. Pero no era todo. Enseguida supo que tenía cáncer de mama.
Tig estaba a la víspera de un espectáculo. Y ahora, ¿debería presentarse? La humorista pensó que, a final de cuentas, después de todo lo que había acabado de vivir, era muy ridículo tener aun por encima un cáncer. Subió al escenario e hizo un espectáculo considerado histórico.
–Hello, good evening, hello! Tengo cáncer. ¿Cómo estáis? ¿Todo el mundo se está divirtiendo? Me diagnosticaron un cáncer...
Aunque pueda parecer extraño, al reproducirlo aquí, al ver el espectáculo nos damos cuenta de que Tig consiguió hacer algo sofisticado y profundo con el cáncer y su miedo de morir: consiguió hacer humor. Ella no negaba el dolor de su condición, sino que la usaba para producir arte, reflexión y... risa. Sin haber planeado esa actuación, su carrera dio un salto. Enseguida Tig estaba en la portada de revistas, en programas de auditorio en la televisión.
En este punto, temía que pudiese convertirse en una especie de "celebridad del cáncer" y nunca más hablase de otra cosa. Pero si lo que hizo con la enfermedad la puso en otro lugar, y esto es un hecho, el camino de Tig parece ser el de poner el cáncer, el luto por su madre, los fracasos reproductivos y también el éxito en el contexto de una vida con un poco de todo, a veces bastante de alguna cosa, pero no monotemática.
Esta elección, al menos, es lo que aparece en un documental sobre su trayectoria, lanzado en julio de este año por Netflix, llamado apenas Tig. La suya es una historia en abierto, como cualquier otra, y la vemos frágil y confusa ante el futuro. Seguimos a la artista en su dilema sobre hacer o no un tratamiento reproductivo, en el intento de tener un hijo, y arriesgarse a aumentar las posibilidades de que el cáncer vuelva debido a las hormonas; compartimos su ansiedad para que el embrión se desarrolle en una barriga de alquiler, así como su amor por otra mujer, que en un primer momento la había rechazado, porque hasta entonces solo había tenido relaciones heterosexuales. Somos testigos también de su inseguridad acerca de con qué material trabajar en sus espectáculos, después de haber alcanzado un nivel tan paradigmático al llevar el cáncer al escenario.
Pero tal vez el momento-síntesis de la narrativa de Tig sobre el cáncer y la posibilidad de morir sea una escena que no está en el documental, a pesar de mencionada. En noviembre de 2014, Tig se quitó la camisa en el escenario y mostró la ausencia de lo que la enfermedad le arrancó, en una mastectomía doble sin cirugía reconstructiva, y sus cicatrices. Hasta ahí, podría ser simplemente una especie de "espectáculo de choque", un truco para ganarse a los espectadores. Sin embargo, después del impacto inicial, el público acogió y superó esa desnudez señalada por la enfermedad y por la condición humana, gracias al talento de Tig.
Como dijo el crítico Jason Zinoman: "Tig Notaro muestra que el humor no solo consigue transformar la tragedia en comedia, sino que también es capaz de desviar la atención de las personas de la imagen más vendida y cosificada de la cultura popular: el cuerpo femenino desnudo". Allí estaba alguien dolida y alegremente viva que no negaba sus marcas. Esta trascendencia colectiva fue un gran momento de vida, con toda la incertidumbre y la fragilidad que es vivir como un ser que se sabe para la muerte.
Mi apuesta es que lo más fascinante de esta nueva mirada sobre la finitud humana posiblemente aún está por venir. Y vendrá no por aquellos que ya tienen un lugar de escucha, sino por los anónimos que comienzan a producir narrativas en internet sobre el envejecimiento, la enfermedad y la muerte. Así como las redes sociales vienen produciendo tanto sobre todo —y no solo discursos de odio—, también autorizaron un decir que revela cómo cada uno se posiciona delante de la mortalidad. Si internet les ha permitido a aquellos que comulgan de deseos sexuales considerados fuera de los estándares que se encuentren y puedan vivir su expresión de forma consensual, entre adultos, también comienza a establecerse como un lugar de confesión y de intercambio sobre el luto, las pérdidas y la muerte. Un espacio para narrativas múltiples, para vivencias múltiples del morir. Cuando uso la palabra "fascinante", no establezco si es bueno o malo, apenas que estamos ante algo emocionante y tal vez sorprendente, exactamente por ser contradictorio.
Meses atrás, una carta de una lectora de 78 años en el Tablón del Lector del diario Folha de S.Paulo me impactó. Para mostrar su desacuerdo con el planteamiento de un artículo sobre el deseo y el envejecimiento, se posicionó así: "Quien ha leído a Simone de Beauvoir va a entenderme. Son inocuas las 'zanahorias', las sorpresas o los placeres externos cuando te das cuenta de que, por dentro, estás pudriéndote poco a poco. Llegar a esta constatación es de una crueldad sin comparación. No hay ninguna sonrisa de nieto que consiga desvanecerla. Por encima de todo, no quiero ocuparme más de esos males, y para eso, estoy en plena y ocupada fase de desprendimiento. Para mí, ya basta. ¿Y mi derecho a no querer vivir más? ¿Dónde se queda?"
Lo que importa aquí no es estar de acuerdo o en desacuerdo, porque cada uno conoce su dolor y sus elecciones. El hecho es que ya es posible decir y ya existe un espacio para ser escuchado, incluso si lo que usted tiene que decir está fuera del sentido común y de la publicidad acerca de la "tercera edad", fuera del manual y de los discursos edificantes o de las "lecciones vida" de buen comportamiento.
En un interesante artículo sobre este fenómeno de las narrativas de muerte en tiempo real, el periodista Lee Siegel recuerda el testimonio de una mujer en la columna Private Lives (Vidas privadas), del periódico The New York Times, marcado por una crudeza sin ningún pudor: "Por hablar de pérdidas, no perdí solamente a mi marido y mi vida, también perdí mi cabello. Recientemente, un policía me detuvo por quedarme parada en el coche. El tráfico estaba siendo redirigido, pero yo me había congelado y retenía a una larga cola. Levanté las manos, esperando a que me esposase, diciendo: 'No hay nada que puedas hacerme que sea peor que lo que ya se ha hecho'. Él dijo: '¿Qué historia es esa, señora?'. Yo dije: 'No tengo marido, no tengo amigos, no tengo cabello'".
El mismo Times tiene otro espacio, The End, con declaraciones acerca del morir, el luto y el cuidar a quien padece una enfermedad. En Brasil, Folha de S.Paulo creó, en octubre de 2014, un blog llamado Morte Sem Tabu (Muerte sin Tabú), producido por la dramaturga Camila Appel. En todo el país, usando las redes sociales, surgieron y surgen grupos para compartir experiencias de pérdida, como Mães Sem Nome (Madres Sin Nombre), que reúne a personas de diferentes clases sociales e historias de vida: "Cuando un(a) hijo(a) pierde a sus padres se queda huérfano(a).Cuando perdemos al marido/esposa nos quedamos viudos (as). Cuando la madre pierde a sus hijos, no tiene nombre". En junio de este año, siete amigas que perdieron a personas que amaban lanzaron una plataforma en Internet para escuchar este momento tan profundo y en general solitario: "¿Vamos a hablar del luto?" Los muros de silenciamiento se rompen por todos sus lados.
En 2008 hice el seguimiento como reportera de los últimos 115 días de vida de una mujer con un cáncer incurable. También fui testigo durante meses de la rutina de una enfermería de cuidados paliativos de São Paulo, liderada por una médica especialísima, María Goretti Maciel, en la que se creía más en la anchura de la vida que en su longitud: más importante que prolongar la vida a cualquier precio, en general, un precio alto, era asegurar la calidad de la vida que quedaba. Así como se mostraba fundamental respetar y acoger el modo como cada uno escogía vivir ese momento, sin dogmas ni juicios. No era un lugar donde la humanidad se dividiese en "perdedores" y "ganadores", ni el tratamiento de la enfermedad, por lo general un cáncer, fuese visto como una "guerra". Lo fundamental era garantizar las condiciones para que cada uno pudiese escoger cómo vivir el tiempo que tenía, sin tratamientos inútiles, dolorosos e invasivos, rodeado de aquellos a quienes amaba o incluso solitario, en caso de que ese fuese su deseo. Cómo vivir su muerte, solo lo sabe aquel que la vive.
En aquella ocasión, al decidir contar la muerte en general silenciada, aquella causada por la enfermedad y por la vejez, callada exactamente por ser la de la mayoría —y no la muerte violenta, causada por crímenes, accidentes y catástrofes, más común en la narrativa periodística— fui una y otra vez acusada de "mórbida". Yo replicaba, diciendo que era lo contrario. Mórbido era aquello que nos paralizaba, el miedo que no podía nombrarse ni pronunciarse.
Al callarnos sobre el envejecimiento, la enfermedad y la muerte, perdíamos una oportunidad insustituible para pensar sobre de la vida y, en especial, sobre el tiempo. Yo había sido transformada para siempre por una frase de Ailce de Oliveira Souza, la mujer que me permitió contar su morir, en un enorme acto de confianza. Ya en nuestro primer encuentro, ella, que había acabado de jubilarse y había comenzado a vivir aventuras hasta entonces pospuestas, dijo: "Cuando tuve tiempo, me di cuenta de que mi tiempo se había acabado". Le agradezco inmensamente esta frase, que multiplicó la anchura de mi vida.
Hoy, pasados menos de diez años, creo que ya no me acusarían de "mórbida". No tanto, por lo menos. Hombres y mujeres anónimos han comenzado a decir de sí sin miedo. No sé qué escucharemos ni cuánto estos decires van a influir en nuestra forma de afrontar la finitud de nuestra condición. Pero esta posibilidad de hablar y de ser escuchado también sobre el envejecimiento, la enfermedad, la pérdida y la muerte me encanta.
Espero apenas que siga existiendo espacio no para el silenciamiento, ese acto que nos reprime y nos aniquila, sino para el silencio de aquellos que prefieren retirarse dentro de sí mismos y de casa y nada decir. Que hablar y "confesar" no se convierta en un nuevo imperativo o dogma. Que haya espacio para todas las formas de ser, de vivir y de morir.
Pero la pregunta que más me mueve en este momento es: ¿qué diremos ahora que podemos decir?
Escuchar al otro es arriesgarse al otro. Es vivir.
Eliane Brum es escritora, reportera y documentalista. Autora de los libros de no ficción Coluna Prestes - o Avesso da Lenda, A Vida Que Ninguém vê, O Olho da Rua, A Menina Quebrada, Meus Desacontecimentos y de la novela Uma Duas.
Sitio web: desacontecimentos.com Email: elianebrum.coluna@gmail.com Twitter: @brumelianebrum
Traducción: Óscar Curros
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




