miércoles, 24 de julio de 2013

Iván Alonso López, alcalde de Barichara, da fin al Festival de Cine del municipio


La W Radio
19 de julio de 2013





Afirman en la W: "El alcalde deroga Festival de Cine por incitar homosexualismo y consumo de drogas. Por lo tanto, Melisa García, organizadora del evento dijo que desordenes fueron por falta de orden público"

Como siempre el todopoderoso Julio Sánchez Cristo sentencia desde su púlpito particular y crucifica a los que no piensan como él.

Como él mismo termina diciendo: lamentable... lamentable...lamentable

PD: Por cierto, señor Cristo, Hay más festivales en Barichara... este no es "EL" Festival de Barichara....

Manifiesto de los pueblos del sur de Santander en defensa de la vida, el agua y el territorio


Tomado de:
Derechos de los Pueblos
23 de julio de 2013

Santander no escapa a la llamada “crisis civilizatoria”, esa donde se entrelazan los peligros de carácter ambiental, climático, económico, energético, humano, alimentario y de  otros tipos.   Todavía los santandereanos nos sentimos dignos de vivir en un territorio de relativa paz y gran belleza.  Sin embargo el rumor desafiante de que esta dignidad está amenazada es hoy el motivo por el cual el conjunto de pueblos de las provincias del sur de Santander: guanes, comuneros y veleños, se congregan para crear una estrategia que desde la unión impida que ocurran los males que se avecinan por cuenta de la explotación irracional de los recursos naturales como carbón, petróleo, metales preciosos, minería de arrastre y similares que afectan directamente la armonía de la naturaleza y de los pueblos, la convivencia humana, la disponibilidad del agua, la fertilidad de los suelos, los bosques y las demás riquezas naturales.

A raíz de todo esto, los santandereanos ya sufrimos  conflictos socioambientales de extrema gravedad como el de la minería en los páramos de Santurbán y el Almorzadero, la destrucción de El Carmen de Chucurí por la explotación de carbón, la privatización y destrucción del Río Sogamoso con la represa construida por ISAGEN, la desertificación del suelo y la pérdida de la fuentes de agua por el monocultivo industrial de la palma aceitera, y otros más.  Todo esto a cambio de regalías mínimas que después de la reforma constitucional de 2011 se concentran en Bogotá.

Pero mucho más está por venir, se proyectan 14 represas como las de Hidrosogamoso para Santander, se destaca por dañosa a la de Piedra del Sol con influencia en las veredas de los municipios San Gil, Pinchote, Socorro y Cabrera; pero también están las de Chima y Oiba, la privatización del agua a través de la recién creada empresa departamental de servicios públicos, la destrucción de la Laguna Los Ortices para extracción de hidrocarburos, la explotación de hidrocarburos mediante la hidrofractura, la minería a gran escala en la provincia de Vélez y el incumplimiento en la terminación de las obras de los sistemas de riego de El Hato y Pinchote.  Todos estos conflictos socioambientales fueron conocidos a raíz de la Cumbre Ambiental por el Agua, la Paz y la Vida que se realizó el 22 de marzo de 2013 en San Gil.

Decisiones

Dada la gravedad de esta situación, las distintas organizaciones cívicas presentes en el CUARTO ENCUENTRO DE FORMACIÓN DE LÍDERES de la CORPORACIÓN PARA EL FOMENTO DEL BIENESTAR CAMPESINO - CHRISABEL,  exigimos a todas las ramas del poder público y a los entes de control que cumplan con sus funciones legales y constitucionales, particularmente las referidas a la defensa de un ambiente sano y de los derechos ciudadanos a la participación política.
 
Por nuestra parte, se expresa la solidaridad con el campesinado del Catatumbo y las luchas de los cafeteros, cacaoteros, paperos, lecheros y demás gremios y colectivos de todo el país que hoy se manifiestan en defensa de su dignidad; también se ha mandatado coordinar todas las organizaciones cívicas, populares, ambientalistas y solidarias para  continuar y apoyar las acciones que ya se adelantan en Santander en defensa del Agua, la Vida y el Territorio, particularmente las siguientes:

·  Intervención en el proceso de licenciamiento de la represa Piedra del Sol, socialización de sus implicaciones y participación directa y proactiva en la Audiencia Pública Ambiental que ya se solicitó ante la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales.
 
·  Creación de un Observatorio Ambiental Regional.
 
·  Puesta en marcha de la Agenda Ambiental Ciudadana para la Paz del Sur de Santander.
 
·  Realización de foros, seminarios y talleres sobre áreas protegidas, situación forestal en el sur de Santander, megaproyectos, TLC´s y la soberanía alimentaria.
 
·  Potenciar la Red de Veedurías del Sur de Santander.

Por último se invita a todas las personas, entidades y comunidades del departamento de Santander a que se vinculen, ilustren, apoyen  y participen en los distintos esfuerzos que se están adelantando  en defensa de la Vida.

San Gil, 21 de julio de 2013.

En constancia firman:

CORPORACIÓN PARA EL FOMENTO DEL BIENESTAR CAMPESINO - CHRISABEL


ASOCIACIÓN DE ACUEDUCTOS DE MOGOTES

ASOCIACIÓN DE ACUEDUCTOS DEL MUNICIPIO DE PÁRAMO

ASOCIACIÓN DE JUNTAS DE ACCIÓN COMUNAL DEL MUNICIPIO DE EL PALMAR

ASOCIACIÓN DE JUNTAS DE ACCIÓN COMUNAL DEL MUNICIPIO DE EL HATO

CORPORACIÓN DE ACUEDUCTOS DE CHIPATÁ

APAIMACHI (Municipio de Chima)

RED DE RESERVAS NATURALES DE LA PROVINCIA DE VÉLEZ

ASOCIACIÓN DE ACUEDUCTOS DE OIBA

ASOPROCARO (Municipio de Santa Helena)

INSTITUTO TÉCNICO DE DESARROLLO RURAL DE SAN GIL

ASOCIACIÓN DE ACUEDUCTOS DE SANTA HELENA

RED DE MUJERES DE SAN GIL

VEEDURÍA AMBIENTAL DE MOGOTES

COMITÉ DE CAMPESINOS SIN TIERRA DE LOS MUNICIPIOS DE CONFINES Y SOCORRO

CORPORACIÓN EQUIPO JURÍDICO PUEBLOS

JUNTA DE ACCIÓN COMUNAL DE LA VEREDA BUENAVISTA DEL SOCORRO RED DE 
VEEDURÍAS AMBIENTALES DEL SUR DE SANTANDER


Imágenes del evento


martes, 23 de julio de 2013

volver a empezar




Luego de tres años viviendo despojados de sus tierras, 14 familias campesinas empacaron sus pocas pertenencias y regresaron a su vereda Pitalito, en el departamento de Cesar.

lunes, 22 de julio de 2013

Antes de que el arco se rompa


El Espectador
William Ospina
20 de julio de 2013

Juan Manuel Santos acaba de desperdiciar una oportunidad de oro para demostrar no sólo que es un hombre inteligente, sino también que es un estadista.

Ante las justas protestas de los campesinos del Catatumbo, abandonados por décadas de negligencia estatal en manos de las guerrillas, de los paramilitares, de las multinacionales, de la minería salvaje y de los rigores del clima; ante el clamor de unos campesinos que reclaman inversión social y una zona de reserva campesina aprobada por la Constitución, que muchos consideran la solución a algunos de los problemas del campo colombiano, Santos, con la arrogancia de la vieja aristocracia, con la soberbia clásica de los gobernantes de este país, está permitiendo que una crisis de días se convierta en un problema humanitario de mayores proporciones.

Tenía la oportunidad de decir a los manifestantes: “Todavía no sabemos cuáles puedan ser las ventajas y las desventajas de esas zonas de reserva campesina, pero esta es una excelente oportunidad de poner a prueba un proyecto piloto con inversión pública, presencia del Estado y vigilancia de los medios y de la comunidad internacional, para que no se diga que estas decisiones sólo las podemos tomar de acuerdo con las guerrillas y después de largas discusiones con ellas. En breve tiempo podremos ver si es verdad, como dicen sus adversarios, que se pueden convertir en focos de conflicto, o si, como dicen sus defensores, permiten el desarrollo de una economía comunitaria que por fin ayude a los campesinos a salir del aislamiento y de la miseria, y los incorpore a la sociedad y a la modernidad”.

A lo mejor esa decisión permitiría trabajar conjuntamente con los campesinos en crear un laboratorio de solución de conflictos donde es más importante: a nivel local. Porque tal vez tanto el Gobierno como la guerrilla se equivocan pensando que la paz se puede construir primero en papeles en una mesa y después trasladarla mecánicamente a las provincias.

La paz se construye con la comunidad, allí donde están los problemas: la necesidad de una economía familiar, la necesidad de una agricultura integrada a los desafíos de la época, la necesidad de un modelo de seguridad del que formen parte la confianza ciudadana, la opinión de las personas y las oportunidades reales de progreso.

Es, por supuesto, urgente que las armas se silencien y que este maligno conflicto de 50 años, nacido de la arrogancia del poder y del desamparo de las comunidades, un conflicto que se ha ido degradando y envileciendo por la dinámica normal de una guerra bárbara y eterna, termine por fin, para sosiego de los humildes hogares campesinos que lo padecen, de las jóvenes generaciones que son inmoladas en él, y para que puedan arrancar la modernización y la prosperidad del país.

Santos no debería desconfiar tanto de sus propias decisiones. Está dialogando en La Habana con los insurgentes, pero teme que sus críticos desde el guerrerismo lo acusen de ser débil, por hacerles concesiones a unos campesinos que es evidente que han padecido no sólo la guerra, sino el modo insensible y arrogante como se gobernó el país por todo un siglo.

Debería no poner a depender todo de la negociación. Aquí muchos saben que si el Estado, por su propia iniciativa, hubiera tomado la decisión de modernizar el campo y de abrirles un horizonte de justicia a millones de seres humildes en toda la geografía nacional, no tendría que estar pactando ahora cosas tan elementales con unos ejércitos insurgentes.

Yo creo que el Gobierno colombiano representa muy parcialmente a la sociedad colombiana, pues aunque es elegido por millones de personas, suele gobernar para los intereses de muy pocos. Pero aun así, creo que el Gobierno representa a muchas más personas que la guerrilla: en esa medida está en la facultad de tomar grandes decisiones benéficas por sí mismo, y si no lo ha hecho históricamente ha sido por torpeza, por ignorancia, por soberbia o por desprecio a la comunidad.

Además, ¿por qué creer que se les están haciendo concesiones a las personas? El país es de la gente. La decisión de ayudarles a los pobres a vivir mejor, la decisión de escuchar sus clamores de angustia, y de manejar con serenidad y con respeto sus estallidos de desesperación, no es debilidad, es fortaleza. Significa que el Gobierno sabe que está gobernando para resolver problemas, no para satisfacer su arrogancia.

Gentes que lo han tenido todo, como las que nos gobiernan, no saben lo que es estar en el desamparo, en la falta de horizontes, en la tiniebla de la incertidumbre y de la soledad. ¿Por qué mirar siempre el dolor de los pobres, que los lleva a afrontar a veces riesgos tremendos, como una expresión de maldad, como algo que obedece siempre a un libreto infernal? Pobre democracia la que obedece a semejantes prejuicios, y la que se eterniza en esas terquedades y en esas arrogancias.

Juan Manuel Santos ha desperdiciado una oportunidad de mostrarse generoso, de mostrarse estadista, de mostrar que es capaz, si no de sentir, por lo menos de imaginar el estado de postración en que vive el pueblo al que gobierna. Pero a lo mejor todavía está a tiempo de asumir una actitud más inteligente. En vez de esperar que, uno tras otro, le estallen los incendios de la inconformidad popular, que el país se reviente entre sus manos como el arco del viejo rey nórdico, podría asumir esta posición que me parece la más sensata.

No se le ha ocurrido a él. Pero también saber escuchar forma parte del arte de gobernar.

domingo, 21 de julio de 2013

La conmovedora historia de vida de Nairo Quintana


Jorge Enrique Rojas
Revista Semana
19 de julio de 2013

De como un humilde muchacho boyacense está a punto de conquistar París con su bicicleta. 

La conmovedora historia de vida de Nairo Quintana. El ciclista Nairo Quintana y su mamá Eloísa Rojas, con los atuendos típicos de Boyacá.
El ciclista Nairo Quintana y su mamá Eloísa Rojas, con los atuendos típicos de Boyacá.
Foto: Archivo particular.
En todos los rincones de Colombia se dan las más conmovedoras y ejemplares historias de seres que con voluntad de hierro dejan atrás el acoso de las enfermedades, la pobreza y la ausencia del Estado para salir adelante. Es el caso de doña Eloísa Reyes,vendedora de caldo de papa, y Luis Quintana, modesto campesino, padres de Nairo Alexander Quintana Rojas

Cuando era niño le dio una extraña enfermedad que hizo creer a todos que moriría irremediablemente antes de cumplir tres años. Sobrevivió y no solo eso sino que empezó a estudiar, pero la escuela era tan lejana y el transporte tan deficiente que le consiguieron una bicicleta para que le rindiera. Él se enamoró tanto de la bicicleta y la domó a su gusto, al punto que se convirtió en un profesional y ahora, pedalazo tras pedalazo, está a punto de conquistar París en la vuelta más importante del planeta: el Tour de Francia.

El periodista Jorge Enrique Rojas escribió una conmovedora y completa carta al ciclista en el diario El País de Cali y en la revista Ciudad Vaga de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle que Semana.com reproduce a continuación:
Carta a Nairo

Tal vez nunca leas esto Nairo. Sé que no te gusta leer y que a veces llegas tan cansado de entrenar que te quedas fundido viendo las cartillas de sudoku y sopas de letras que tu entrenador te manda para que también ejercites la mente. Viajé para encontrarte y que me contaras esa vida de hazaña que has tenido, para que me explicaras de dónde sacaste esa obstinación, esa persistencia a prueba de golpes para sobreponerte a los obstáculos que en tu vida han existido desde que naciste; estuve en el hotel donde te alojaron, en la Casa de Nariño donde te recibió el presidente, pero fue imposible que me atendieras. 

Desde que llegaste a Colombia te han llevado de un lado a otro para exhibir tu triunfo en tour del capricho ajeno: noticieros, emisoras, cenas, homenajes. En este país exitista la escena se ha repetido muchas veces con otros deportistas que, inocentes, se han dejado llevar por la tromba del estrellato. Por eso te escribo Nairo, porque anhelo que no te pase a ti.

En los dos minutos que conversamos antes de que te montaran a un carro con destino quién sabe a dónde, me dijiste que tú, lo único que querías, era regresar a El Moral, esa loma de la vereda La Concepción, en Cómbita, donde hace 20 años naciste; regresar para dormir en tu misma cama, tomar leche recién ordeñada y ver de nuevo a esa novia que tienes a las escondidas. Tengo la impresión de que eres distinto a otros ídolos de barro que ante los logros, suelen sufrir de la memoria. Así que por eso también te escribo, campeón.

Me contaste que querías volver pronto, entre otras cosas, para enterarte de todo lo que ha pasado mientras estuviste lejos. Es que fueron 35 días, vea usted, dijiste con tu voz de monaguillo y ese acento lleno de sílabas estropeadas por aquella ESE arrastrada más de la cuenta por la que tanto se burlaban tus compañeros del colegio Alejandro Humboldt. Y sí, tienes razón, mientras corrías el Tour de l’Avenir, mientras ciclistas franceses y alemanes que dejabas regados en el camino te insultaban y escupían, algunas cosas sucedieron allá, en el pueblo donde alguna vez pensaron que tú, tan pequeñito y tan flaco, no podrías llegar a ser otra cosa que un buen campesino.

La Costeña y Chapulín, por ejemplo, esos perros de raza callejera y lanas manchadas por la mugre que cuidan tu casa desprovista de cerraduras y chapas en las puertas, tuvieron cría: es una manada de seis cachorros de orejas largas y colas enroscadas que ahora crecen entre las gallinas que cacarean bajo los árboles de uchuva, tomate, mora y durazno, erguidos a un costado del rancho en medio de bicicletas descuartizadas, neumáticos desinflados, manubrios oxidados, pedales que están por ahí regados como si en ese trozo del campo el ciclismo fuera abono bondadoso para todo.


Ha llovido por estos días. Así que no te extrañes si en el piso de madera de tu cuarto encuentras ollas, peroles, vasijas que tu hermano Dayer ha puesto para cuidar de la humedad esa pieza que comparte contigo. Los agujeros del techo de la casa que tu papá levantó con adobe y tejas de barro, lo sabes bien, no han podido ser reparados y el agua se sigue colando. Pero tú tienes el sueño sereno. Dayer jura que aun en medio de las tormentas duermes como un bebé y que a veces, tumbado de lado, roncas. Tal vez no estés consciente pero eres su ídolo y en silencio es él quien te cuida el sueño. Ese muchachito de 18 años se ha desvelado cuando has tenido malas carreras y, dormido, discutes, dices cosas, como si en la dimensión difusa de los sueños intentaras alcanzar lo que en la realidad aún no logras.

***
Pero de los aguaceros caídos en tu ausencia hay algo bueno. Gracias a esa lluvia, las tinajas plásticas de almacenamiento han estado llenas. Así que Luis Guillermo, tu papá, con su cadera atrofiada por el accidente de tránsito que sufrió de joven y esas catorce operaciones encima que no pudieron remediarle la cojera, no ha tenido que pasar mayores trabajos para conseguir el agua que necesita para trabajar en la panadería que le montaste ahí, en los bajos de la casa. Y tu mamá Eloísa, con sus 46 años, también ha descansado de caminar los dos kilómetros hasta el nacimiento de Aguavaruna para traer los baldados que necesita para fregar la ropa en la lavadora de 26 libras que le regalaste con el primer premio que obtuviste dando pedalazos en contra del destino. Aunque suene manida, la frase es cierta Nairo.

Isabel Monroy, la madre comunitaria que hace veinte años atiende Pato Lucas, la guardería donde a los ocho meses tus papás te dejaron para poder ir a vender verduras a las plazas de mercado de Cómbita y Arcabuco, dice que nadie creía que pasarías los tres años de vida. Sufriste de algo que allá, en las montañas de Boyacá, llaman “tentado de difunto”: un mal inexplicable del que pocos, dicen, tan sólo los predestinados para algo, logran salvarse. La mujer, que te quiere como si te hubiera parido, cuenta que cada mes te daba una diarrea inhumana que te acosaba por días enteros. Que la sangre se te regaba por nariz y boca cada que tosías. Y que siempre, sin importar las veces que te bañaran, olías a muerto. Tus ojos, entonces, permanecían tan apagados como los de un animalito disecado.

María, señora que sabe de yerbas y otras cosas, le dijo a tu mamá que lo que pasaba es que alguien que había arreglado a un muerto le había tocado el vientre cuando aún estabas ahí dentro. Entonces le recomendó un agua hervida con cogollos de nueve árboles y un bebedizo de arracacha y tierra que de un día empezó a sanarte. El milagro ocurrió tan pronto que a los dos años, no podrás recordarlo, cuando todavía gateabas, te volaste de la guardería atravesando medio kilómetro de potreros y trochas hasta que encontraste tu casa. Eso de correr y escapar, así como lo hiciste en los riscos más empinados de Francia, contrariando pronósticos y vicisitudes que parecían mucho para tu tamaño, no es algo nuevo en tu vida: lo llevas en la sangre.

Y así también llevas el sacrificio, Nairo. Porque tu no empezaste a montar en bicicleta por gusto, sino por necesidad: porque tus papás, que ya habían ido al colegio a pedir que les rebajaran la pensión tuya y la de tus cuatro hermanos, no podían pagar el transporte para que ustedes llegaran hasta la escuela, lejos, a 18 kilómetros de tu casa, allá abajo en Arcabuco. Por eso cogiste esa bicicleta todoterreno que tu papá había comprado para ir a ver las vacas en el potrero. Por eso, ya a los 12 años, ibas y venías todos los días, a veces con tu hermana Lady trepada en la barra. Durante cinco años pedaleaste por esa cuesta que los carros deben subir en tercera, a veces segunda marcha, sin más pretensiones que ir a estudiar o llegar a los ensayos de danza. 



Qué importaba que te tardaras 45 minutos, mientras la ruta escolar se demoraba 15. En ese tiempo, aunque no eras muy bueno, recuerda la profesora Flor Mireya Vargas, te gustaba bailar y lo hacías aunque aquella instructora venida de Tunja te dejara sentado. Pero tu eras inmune al desánimo. Bajaste y subiste una y otra vez, sorteando la curva mezquina de La Cantera y las tractomulas que más de una vez te sacaron de la vía, como aquella vez que rodaste por el barranco y te apareciste a clases todo reventado.

Siempre fuiste osado. Tu hermana Esperanza, que te ayudó con setenta mil pesos cuando trabajaba como empleada doméstica en Barranquilla para que pudieras comprar unos mejores pedales, creyó que ibas a desistir por tantos golpes. Hace dos años, cuando ese taxi de Arcabuco se voló el pare y te elevó por los aires y quedaste sumido en coma por cinco días, todos pensaron que sería el fin de tu carrera. Algo parecido a lo supuesto por los franceses, alemanes, italianos que ahora, en el Tour de l’Avenir, te dieron patadas y codazos, hasta que te vieron caer a la orilla del camino después de gritarte “fucking indian”. Pero no por nada, ahora pienso yo después de conocer la historia, tu te salvaste de eso que allá en tu pueblo llaman “tentado de muerto”. Eres un elegido.

Belarmino Rojas, el dueño de la heladería de Arcabuco, también lo cree. Como si fuera ayer, recuerda que el 4 de abril del 2005, dos días después de que tu papá se hubiera conseguido los $270.000 para comprarte la primera bicicleta de carreras, cuando te enfrentaste con Juan Pistolas, el ciclista más temerario del pueblo y lo hiciste polvo en 32 kilómetros trazados en una ruta ida y vuelta que partió de la plaza central hasta el Alto de Sota. Ese triunfo tuyo aún es leyenda; porque mientras Juan Pistolas llevaba zapatillas, uniforme de lycra, casco, guantes y la mejor bicicleta de por esos lados, tu apenas ibas cubierto con la camiseta roja que ya no aguantaba más remiendos de las manos de tu madre. Belarmino, que ganó cincuenta mil pesos apostando a tu favor, te regaló la plata para que comparas tu primer casco.Y tu, en compensación, desde ese día lo llamas padrino.

Ese fue el comienzo de todo, Nairo. Así fue como tu nombre, que tu papá dice fue una iluminación en la pila del bautizo, se fue haciendo mito entre las montañas boyacenses. Así fue como los alcaldes de Cómbita y Arcabuco al fin te dieron el patrocinio para que compraras una bicicleta decente, así fue como llegaste a tu primer club, Ediciones Mar, donde por primera vez te llamaron capo. De ahí vienes, campeón, esos son los pedalazos que has dado. Gracias a ese sacrificio al fin te dicen así, campeón, como tantas veces soñaste. Gracias a ese esfuerzo, el Presidente se ha comprometido a buscar la manera de darle una casa a tus papás y construir un centro de alto rendimiento para los deportistas de tu tierra. Gracias a ti, este país atribulado por la guerra ha vuelto a recordar que del campo pueden brotar otras cosas que no sean confrontaciones. Y yo, en nombre de muchos, también quería agradecerte por todo eso. Esa es otra de las razones por las cuales te escribo Nairo, no importa que a ti, no te guste leer.



viernes, 19 de julio de 2013

¿Qué hay detrás de todo esto?


William Ospina
El Espectador
13 de julio de 2013

Cuando en otros países se preguntan qué hay detrás de los hechos, están tratando de identificar las causas; cuando se lo preguntan en Colombia, están tratando de encontrar un culpable.

En Brasil, después de años de invertir en la comunidad y de un esfuerzo generoso por disminuir la pobreza, el gobierno de Dilma Rousseff, ante el estallido de las protestas populares que piden profundizar la democracia, ofrece a los manifestantes una constituyente. En Colombia, después de décadas de abandono estatal, de exclusión y de desamparo ciudadano, el gobierno, ante el estallido de las protestas, sólo se pregunta qué demonio está detrás de la inconformidad popular.

¿Hasta cuándo les funcionará a los dueños de este país la estrategia de que cuando la gente reclama y se indigna, cuando estalla de exasperación ante una realidad oprobiosa que nadie puede negar, la causa tiene que ser que hay unos malvados infiltrados poniendo a la gente a marchar y a exigir?

Cuando los voceros tradicionales de nuestro país se preguntan ¿qué hay detrás del Catatumbo?, podemos estar seguros de que no van a descubrir tras esas protestas la injusticia, la miseria y el olvido del Estado. No: detrás ha de estar el terrorismo, algún engendro de maldad y de perversidad empeñado en que el país no funcione.

Quién sabe cuánto tiempo les funcionará la estrategia. Una estrategia muy triste, muy antidemocrática, pero que no es nada nuevo. Uno se asombra de que la dirigencia colombiana tenga esa capacidad escalofriante de no aprender de la experiencia, de repetir ad infinitum una manera de manejar el país para la cual todas las expresiones de inconformidad son siempre sospechosas. Y es posible que haya algún infiltrado, pero una golondrina no borra la noche.

Hace demasiado tiempo que protestar en Colombia es sinónimo de rebeldía, de maldad y de mala intención. Todavía flota en la memoria de la nación esa masacre de las bananeras, que no es una anécdota de nuestra historia sino un símbolo de cómo se manejaron siempre los asuntos ciudadanos.

En toda democracia verdadera, protestar, exigir, marchar por las calles es lo normal: es el modo como la ciudadanía de a pie se hace sentir, reclama sus derechos, muestra su fuerza y su poder. Y en todas partes el deber del Estado es manejar los conflictos y escuchar la voz ciudadana, no echar en ese fuego la leña de la represión al tiempo que se niegan las causas reales.

Pero si un delegado de Naciones Unidas dice una verdad que aquí nadie ignora, que “la población allí asentada reclama al Estado, desde hace décadas, el respeto y la garantía de los derechos a la alimentación adecuada y suficiente, a la salud, a la educación, a la electrificación, al agua potable, al alcantarillado, a vías, y acceso al trabajo digno”, y añade que la muerte de cuatro campesinos “indicaría uso excesivo de la fuerza en contra de los manifestantes”, este Estado, que nunca tiene respuestas inmediatas para la ciudadanía, no tarda un segundo en protestar contra la abominable intromisión en los asuntos internos del país; el Congreso se rasga las vestiduras, las instituciones expresan su preocupación, las fuerzas vivas de la patria se indignan y los medios se alarman.

Nadie pregunta si las Naciones Unidas han dicho la verdad, defendiendo a unos seres humanos que son nuestros conciudadanos, una verdad de la que todo el mundo debería poder hablar, así como nosotros podemos hablar de Obama y de Putin, o de los derechos humanos en China. Para esas fuerzas tan prontas a responder, el funcionario está irrespetando al país. Y el irrespeto que el país comete con sus ciudadanos se va quedando atrás, en la niebla, no provoca tanta indignación.

Así fue siempre. Aquí, en los años sesenta y setenta a los estudiantes que protestaban no les montaban un escándalo mediático: les montaban un consejo verbal de guerra. Todo resultaba subversivo. Las más elementales expresiones de la democracia: lo que en Francia y en México hacen todos los días los ciudadanos, y con menos motivos, aquí justificaba que a un estudiante lo llevaran ante los tribunales militares y lo juzgaran como criminal en un consejo de guerra.

Y los directores de los medios de entonces, que eran padres y tíos de los actuales presidentes y candidatos a la presidencia, no veían atrocidad alguna en la conducta del Estado sino que se preguntaban, como siempre, qué maldad estaría detrás de esos estudiantes diabólicos.

Siempre la misma fórmula. Tal vez por ella se entiende que, hace un par de años, un exvicepresidente de la República, sin duda nostálgico de aquellos tiempos en que el papel de los medios era sólo aplaudir al Estado, se preguntaba ante una manifestación estudiantil pacífica por qué la policía no entraba enseguida a inmovilizar con garrotes eléctricos a esos sediciosos.

Esos son nuestros demócratas: la violencia de un Estado que debería estar para servir a la gente y resolver sus problemas, merece su alabanza; pero el pueblo en las calles, que es el verdadero nombre de la democracia, les parece un crimen. Quizá por eso algunos piensan que ese personaje debería gobernar a Colombia: se parece tanto a nuestra vieja historia, que sería el más indicado para perpetuarla.

Ahora bien: si las verdades las dicen las Naciones Unidas, son unos intervencionistas; si las decimos los colombianos, somos unos subversivos, ¿entonces quién tiene derecho aquí a decir la verdad?

¿Y hasta cuándo tendremos que pedir permiso para decirla?

 

Se busca salida a otro paro cafetero


El Espectador
Por: Héctor Sanvoval Duarte
17 de julio de2013

El Gobierno propuso a los representantes de Dignidad Cafetera un plan de choque para agilizar entrega de subsidios a pequeños productores. El 2 de agosto se reunirán nuevamente. 


El ministro de Agricultura, Francisco Estupiñán; el vicepresidente, Angelino Garzón; y el gerente de la Federación de Cafeteros, Luis Genaro Muñoz, durante la reunión con la Dignidad Cafetera.  / Héctor Sandoval
El ministro de Agricultura, Francisco Estupiñán; el vicepresidente, Angelino Garzón; y el gerente de la Federación de Cafeteros, Luis Genaro Muñoz, durante la reunión con la Dignidad Cafetera. / Héctor Sandoval


Aunque la Federación Nacional de Cafeteros(FNC) y el Gobierno sostienen que se está cumpliendo con la entrega de subsidios a los caficultores tras el acuerdo del 8 de marzo en Pereira (Risaralda), los representantes del Movimiento por la Dignidad Cafetera reiteraron ayer en Bogotá que los pequeños productores no tienen acceso a las ayudas estatales. Además, insistieron que irán a paro nacional agropecuario el 19 de agosto.

Durante una reunión en la que estuvieron presentes el ministro de Agricultura , Francisco Estupiñán; el vicepresidente Angelino Garzón, el gerente de la FNC, Luis Genaro Muñoz; el representante por la Dignidad Cafetera, Luis G. Gaviria, Garzón propuso un plan de choque para que los pequeños productores accedan a los subsidios.

“El Minagricultura, el Banco Agrario y la Federación de Cafeteros pueden hacer un plan de choque en Nariño, Huila, Tolima, entre otros, para pagar los subsidios a los pequeños productores. No se trata de poner la totuma. A los que lleven factura de comercialización del café, se les da su plata. En el acta se firmó que se paga en el momento de la venta”, dijo Garzón.

Enseguida, el ministro Estupiñán dijo: “Que se haga la brigada que se va a concentrar en el problema. Creemos una comisión para estructurar una fórmula de pagos con todas las verificaciones del caso. Acá la plata está lista”. Recientemente, el minhacienda, Mauricio Cárdenas, había dicho que no hay más dinero para la caficultura.

Frente a la propuesta de que el dinero de los subsidios no sea entregado directamente por la Federación sino por otros eslabones de la cadena cafetera, como exportadores y comercializadores, el gerente de la FNC dijo ya hay una consulta al respecto en la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC). Para Dignidad Cafetera, la decisión de cómo entregar los apoyos no puede quedar en manos de terceros.

Según las cuentas de la Federación, Muñoz recordó que hasta la fecha se han entregado $503 mil millones para 302 mil productores y se han tramitado más de dos millones de facturas. Sin embargo, 90 mil se han rechazado, ya que al parecer son fraudulentas. A su turno, el ministro Estupiñán reiteró que “el Gobierno ha venido cumpliendo en un gran porcentaje con el acuerdo”.

Tras oír la propuesta mencionada, Luis Guillermo Gaviria dijo que esa es la solución para que los recursos lleguen a los pequeños productores. Sin embargo, reiteró que los incumplimientos todavía persisten, pese a los montos entregados por el Gobierno. A su turno, el excongresista Orlando Beltrán, quien está dentro de Dignidad Cafetera, dijo al Gobierno que hay otros puntos que no se están cumpliendo, como el tema de dar flexibilidad a los créditos.

En cuanto a retornar al paro, Armando Acuña —líder cafetero del Huila— contó que el inconformismo en la región que más aporta a la producción del grano aún persiste y aseguró que los productores están dispuestos a volver a las carreteras a reclamar sus derechos. Asimismo, otro representante de la Dignidad por el departamento del Cauca advirtió que en esa región más de 33 mil caficultores siguen al margen de los $900 mil millones que dio el Gobierno.

martes, 16 de julio de 2013

Virgen del Carmen 2014



La comunidad de Santa Helena está estrenando imagen de la Virgen del Carmen.... 

Hubo mucho de dónde escoger, la selección no fue fácil, después de mucho mirar, pasear y comparar.... 

Finalmente se decidió por una imagen de 1,60 mts de altura... y en un guacal fue transportada hasta su destino final...

Y hoy 16, con motivo de la festividad fue bendecida por el párroco de Barichara, padre Cecilio, junto con todos los vehículos de la comunidad...

Y para finalizar la fiesta, un gran aguacero, esperado desde hacía meses, se dejó contemplar...



domingo, 14 de julio de 2013

La ciudad de los poemas al viento


El País
José Andrés Ardila
14 de julio de 2013


· Más de 60 poetas de 45 países han tomado Medellín durante una semana para recitar poemas y cantar por la paz

· Millares de personas asisten a los 150 escenarios 

Poesías de paz para Colombia

El poeta noruego Jan Erik Vold, en el teatro al aire libre Carlos Vieco, de Medellín. / natalia rendón

La mujer tras el micrófono se llama Nguyen Phan Que Mai. Es de Vietnam. He debido leer la programación para poder transcribir su nombre. Creo que soy incapaz de pronunciarlo correctamente. Ella acaba de leer uno de sus poemas en un inglés perfecto y ahora recita otro en vietnamita. No lee, canta. Canta con un algo muy sentido. Como desde dentro, ¿entienden? Tiene un vestido tradicional de su país en color naranja. Y cierra los ojos. Y creo que se ve hermosa.

En el otro extremo del escenario, una colombiana lee la traducción del poema. Nguyen canta un fragmento y la colombiana lee la traducción. Así trabajan. A veces, la colombiana canta también. Intenta replicar el efecto a su manera.

El poema de Nguyen tiene que ver con los vendedores de la calle. Antes, tuvo tiempo de recorrer el centro de Medellín y ahora que está en el escenario quiere dedicar el poema a los vendedores callejeros de Colombia y Vietnam.

Todo el teatro está en silencio. Pero es un silencio bonito. Como de maravilla por el efecto que producen esas dos voces alternándose, ¿ya? Como de esa tristeza que provocan las cosas demasiado bellas.

Ana está a mi lado. Diré su nombre completo para que la conozcan un poco más: Ana Carmona está a mi lado. Es una amiga.

Llegamos al teatro al aire libre Carlos Vieco dos horas antes de que el evento comenzara. Entonces nos fuimos a caminar por el cerro Nutibara y luego el sol nos agotó y luego volvimos al teatro y nos sentamos bajo la sombra de un árbol. Vimos cómo el teatro se fue poblando poco a poco. A las cuatro de la tarde, estaba al máximo de su capacidad: 3.800 espectadores. Y ahora, ya caída la noche, Ana y yo oímos los poemas de Nguyen.

—Qué bonito —dice Ana—. ¿No?

Conozco poco a Medellín. Llegué a estudiar hace unos cuantos años y aún no me animo a conocer la ciudad del todo. Sabía del Festival Internacional de Poesía, pero, para mí, era algo que pasaba en otro lado, en lugares con los que tenía poca relación. Sin embargo, en 2006, por puro accidente, terminé asistiendo a uno de sus recitales. El festival tiene eventos en tantos lugares de la ciudad y el departamento —este año son 150, con poetas de 45 países— que dar con uno por accidente no es una cosa extraña. Recuerdo que el poeta leyó algo sobre la invasión estadounidense a Irak y que el público le aplaudió de pie. Aquello me impresionó mucho, porque tenía una falsa idea de que una lectura de poemas debía ser algo tremendamente aburrido y, debido a la euforia del público, el hombre en el escenario parecía más bien una estrella de rock.

En cambio, Ana asiste al festival desde que estaba en el colegio. En la versión de 2001 o 2002 o 2003 —no recuerda el año exacto—, oyó el poema más bonito que haya oído nunca —dice—. En el poema, alguien le habla a otro alguien que se ha salvado del alcohol. Y lo lamenta. Dice que, como ya no es un borracho, le es imposible amarlo. Algo así. A Ana el poema la tocó profundo porque le recordó a su padre. Le recordó que tenía un alcohólico como padre al que, pese a todo, consideraba el amor de su vida.

Sin embargo, Ana no recuerda un solo verso. Nada. Sólo que el poema lo leyó una mujer. Y que quizá era asiática. Ha esculcado en las memorias del festival desde el 2001 hasta el 2005, pero no ha podido hallar el poema que ha olvidado.

Dentro de dos días, Cristina Torres, alguien que asiste desde hace ocho años al festival, me contará una historia similar. En uno de los tantos festivales oyó a un poeta que le encantó pero cuyo nombre no recuerda. Y el poeta recitaba tan bien los poemas en su lengua extraña, que Cristina pensó que la mujer que leía las traducciones los arruinaba sistemáticamente con cada sílaba pronunciada en español. Así mismo, Elkin Naranjo, otro asistente, me hablará en especial sobre un surafricano y una cubana que hicieron una gran presentación con instrumentos musicales y que… Bueno, nada más.

Me pregunto si algo parecido me pasará con Nguyen Phan Que Mai. Con este recital que ha logrado conmoverme.

Cada año —esta es la versión 23 del festival de poesía—, en Medellín los poetas llaman a masas de entusiastas. Se habla de público más que de lectores.

El festival, aunque tiene un riguroso registro en texto y video, es esencialmente oral, y tengo el presentimiento de que ahí radica buena parte de su fuerza. Le devuelve al poema su naturaleza primigenia, oral, cercana al mito. El poeta colombiano Álvaro Marín dirá, en una charla que aún no sucede, que “el conocimiento entra por la boca”, que la poesía es una paráfrasis del mito, y que en las urbes modernas la conciencia mítica aparece cuando algo, de repente, adquiere cierto extrañamiento.

Pues bien, el poema, fuera del libro, en este festival, tiene calor, latido y, al mismo tiempo, cierta cualidad extraña, es efímero.

Hoy el teatro al aire libre Carlos Vieco ha obtenido una asombrosa similitud con los antiguos teatros griegos.

Nguyen Phan Que Mai ha acabado su presentación. El público ha roto su silencio y ha estallado en un aplauso.

Ana quiere comprar unas palomitas de maíz.


Cafeteros insisten en que irán a paro el próximo 19 de agosto


El Espectador
13 de julio de 2013

Se reunirán con el Gobierno para analizar cumplimiento de acuerdos.


Líderes del Movimiento Dignidad Cafetera se reunieron con representantes del Gobierno colombiano para discutir el grado de cumplimiento de los acuerdos firmados en marzo pasado que pusieron fin a un paro del sector.

El coordinador nacional de Dignidad Cafetera, Víctor Javier Correa, aseguró que la reunión con el ministro de Agricultura, Francisco Estupiñán, y con el presidente de la Federación Nacional de Cafeteros, Luis Genaro Muñoz, es para escuchar y pedir explicaciones al incumplimiento en los acuerdos de marzo.
En la reunión, que se celebra en el municipio de Montenegro, en el departamento cafetero del Quindío, no se tratará el paro convocado para el próximo 19 de agosto por los productores de café y secundado por otros gremios, según Correa.

"Esta reunión no tiene como objetivo analizar el paro del 19 de agosto; se está trabajando es el asunto de los puntos ya firmados, lo del tema del paro depende de lo que se discuta en Bogotá la próxima semana", señaló Correa.

Correa indicó que los acuerdos cafeteros y el paro convocado para agosto "son dos cosas distintas" y lo que se busca en la reunión de este sábado es entender "por qué no se cumplieron estos acuerdos (de marzo) y cómo se soluciona el tema".

"Si el Gobierno atiende los reclamos que tenemos evidentemente no habrá justificación para un paro", manifestó Correa.

Por su parte, el ministro Estupiñán dijo antes de la reunión con los cafeteros que el Gobierno está dispuesto a trabajar y a dialogar dentro de un espíritu democrático.

"El mensaje es claro. El Gobierno del presidente (Juan Manuel) Santos y los ministerios de Agricultura y de Hacienda estamos dispuestos a trabajar, a dialogar, dentro de un espíritu democrático, abierto, sin inamovibles de ninguna clase y sin limitaciones que afecten el resultado final porque en últimas el que pierde es el país completo", aseguró en un comunicado.

Estupiñán agregó que el Gobierno, que quiere "un diálogo franco, sincero y constructivo" ha hecho un esfuerzo fiscal sin precedentes para ayudar a los cultivadores de café con subsidios.  

Por: EFE

 

Caficultores sin subsidio


Huila, Antioquia y Tolima, los principales receptores

El Espectador
12 de julio de 2013

Según cálculos de la Federación Nacional de Cafeteros, 200 mil productores no han recibido los auxilios estatales. Hasta la fecha, el monto entregado en ayudas asciende a $482.879 millones.



Aunque el programa de Protección del Ingreso Cafetero (PIC) entró en vigencia en marzo de este año, tras el paro del sector que duró 12 días, cientos de campesinos aún señalan que las ayudas otorgadas por el Gobierno —que aprobó el desembolso de $900 mil millones— no han llegado a sus bolsillos. Según cálculos de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), documentalmente no se puede demostrar que cerca de 200 mil productores estén recibiendo los auxilios.

Luis Felipe Acero, gerente administrativo de la Federación, explicó que según un sondeo hecho por el gremio, son varias las razones que han llevado a que las ayudas no lleguen al campesino. Una de ellas es que el café que tiene un productor en la finca es improductivo (por ejemplo, las plantas tiene un año de sembradas); otra, que un caficultor venda el grano a nombre de otra persona. Además, otros motivos son que ya se han presentado facturas, que no se ha comercializado el grano y que a la hora de vender no quede un comprobante físico.

Carlos Armando Uribe, gerente técnico de la Federación, manifestó que los cafeteros que busquen acceder al subsidio de $145.000 por carga de 125 kilos deben tener las facturas que demuestren que su café se comercializó (esto se estipuló en el acuerdo de Pereira, tras el paro). Con este comprobante, la cooperativa, el comité de cafeteros o Almacafé hacen el registro en el sistema PIC. Agregó que el productor tiene la opción de recibir la ayuda a través de medios como cédula cafetera, tarjeta cafetera, cuenta de ahorros o un cheque del Banco Agrario.

Según el gremio, en las últimas 36 semanas se han dado apoyos que ascienden a $482.879 millones, que han beneficiado a 302.000 cafeteros (en lo que va del programa se han aprobado 2’299.523 facturas correspondientes a 4,60 millones de cargas). Los departamentos que más han recibido recursos son Huila, Antioquia, Tolima, Caldas, Valle del Cauca y Risaralda.

Aún así, el Movimiento por la Dignidad Cafetera amenaza con convocar a un paro nacional agropecuario el próximo mes y señala que el Gobierno no está cumpliendo con lo acordado tras la movilización que terminó en marzo, ya que 270.000 productores no han recibido recursos en departamentos estratégicos como Huila, Antioquia, Risaralda, Caldas y Cauca.

En medio de este panorama, el ministro de Hacienda y Crédito Público, Mauricio Cárdenas, recalcó que la chequera gubernamental para subsidiar el café está al límite y concluyó que si se dan más apoyos, otros sectores, como infraestructura y educación, se quedarían sin recursos.
Por: Redacción Negocios