jueves, 29 de octubre de 2009

Ana Blandiana


Ana Blandiana: Una poética de la Humildad. Joaquín Mª Aguirre Romero. Universidad Complutense de Madrid


La única forma de ser poeta es ser uno mismo. Cuando el poeta intenta ser los otros, gustar a los otros, sorprender a los otros, deja de tener valor su poesía. La autenticidad de la poesía es el descubrimiento radical del recorrido por las miserias humanas, de nuestra debilidad congénita, de nuestra inmersión en el abismo de nuestra condición, de nuestra muerte cotidiana. La obra del poeta tiene valor solo si descubre que su experiencia en la vida está al servicio de evidenciar nuestra frágil condición.

La poesía no es sino el grito modulado del hombre en su largo camino hacia el silencio. Es la manifestación de su impotencia para mantenerse en el silencio primordial de las cosas. Por eso nos habla Ana Blandiana de una poesía que se dirige hacia el silencio: la auténtica poesía nace en el silencio y debe volver a él, so pena de convertirse en falsedad. Las palabras dichas deben remitir a las no dichas, que son las verdaderas. La poesía debería ser tan natural como el respirar, pues es aliento que vive y hace vivir. El secreto de la poesía es que no tiene secreto, que está todo ahí, frente a nosotros, que lo que nos muestra como restitución final es lo que perdimos al inicio de nuestro viaje, lo que ya teníamos. No aprendemos, recordamos. Un recuerdo que no es solo el del idealismo platónico, sino el de las experiencias primeras que constituyen los fundamentos que arrinconamos en nuestras trayectorias vitales. Los seres humanos somos terriblemente incompetentes en la gestión de lo primordial. Los seres humanos olvidamos y, fruto de ese olvido, debemos permanentemente desaprender los errores que acumulamos y a los que llamamos “experiencias”.

(...) Soportamos difícilmente el frío, pero hemos partido en expediciones a los polos; no podemos soportar el hambre, pero hemos hecho huelgas de hambre; odiamos las guerras, pero hemos partido como voluntarios a los frentes; podemos callar, pero no se nos puede imponer el silencio: conozco a hombres desesperados por haber sido dejados por mujeres que siempre los dejaron abandonados; soy feliz cuando logro estar sola y sufro terriblemente cuando me dejan sola (...)

A mi sombra le da miedo


A mi sombra le dan miedo
las sombras de los árboles
mucho más que a mí los árboles.
Los árboles no se atreven
a atacarme.
Pero, detrás de mí,
siempre se oye
una salvaje refriega
de sombras.

(...)

1 comentario:

Anónimo dijo...

"El conocimiento poético es reconocimiento en la medida en que se acerca no a una verdad abstracta sino a un silencio vital, un silencio en el que lo inefable externo se funde con aquello que el ser humano encuentra cuando mira sin anteojeras en su interior, esa verdad que no comienza con la razón sino que se agarra al estómago y le estremece, la verdad de todo el cuerpo, la verdad integral que abarca todas las dimensiones y que se muestra como una epifanía. La verdad es, finalmente, paz, beatitud, un estado de armonía entre lo exterior y lo interior, entre el mundo y el hombre, un estado de reposo en el que la palabra es innecesaria porque la poesía, finalmente, ya no tiene nada que describir, dar cuenta de ninguna diferencia. Por eso, la verdad de la poesía se encuentra en el silencio y se encuentra en la soledad, en el retiro, en el estado en el que cualquier conflicto ha cesado."Joaquín Mª Aguirre Romero. Universidad Complutense de Madrid