miércoles, 5 de agosto de 2015

Muriendo en primera persona



Eliane Brum
4 de agosto de 2015
El País


Después de haberse convertido en algo silenciado en el siglo XX, la muerte ocupa cada vez más espacio en las narrativas

El 24 de julio, Oliver Sacks, escritor, neurólogo y uno de los pensadores más interesantes de nuestro tiempo, escribió un nuevo artículo sobre su morir, en la página de Opinión del diario The New York Times. En febrero, él había anunciado que tenía cáncer de hígado, sin posibilidad de curación, en un bellísimo texto sobre la vida, que se tradujo y se publicó en el mundo entero. Ahora, a los 82 años, Sacks comienza a sentir náuseas y debilidad por la enfermedad, pero no menos encanto y curiosidad por la existencia. Sigue esperando con alegría la llegada de las revistas científicas, ansioso por los descubrimientos sobre un universo que le fascina. Semanas atrás, él estaba en el campo, lejos de las luces de la ciudad, cuando se deparó con la totalidad monumental del cielo "salpicado de estrellas". Sacos concluyó: "Ese esplendor celestial de inmediato me hizo darme cuenta de cuán cortos eran el tiempo y la vida que me quedaban. Mi percepción de la belleza del cielo, de la eternidad, era inseparable de mi percepción de transitoriedad. Y de la muerte". Les contó entonces sus sentimientos a los amigos que le acompañaban, Kate y Allen, y les dijo: "Me gustaría ver este cielo de nuevo cuando me esté muriendo". Y los amigos le aseguraron que harían que pudiese ver las estrellas una vez más.

Al contarnos sobre su morir, un morir vivo, en el que la experiencia de llegar al fin es una novedad más para un hombre curioso con el mundo y con la existencia, Oliver Sacks se ha convertido en uno de los señalizadores de que algo fundamental está cambiando en nuestra época. Y de forma bastante rápida, ya que nuestro tiempo histórico es acelerado. Aunque el silencio acerca de la muerte, la enfermedad y el luto aún persista en la vida cotidiana —y quizás sea aún lo que se le impone a la mayoría de la gente—, ya no vivimos la muerte "avergonzada" o "clandestina" que se estableció en el siglo 20. El enfermo terminal que finge que no se está muriendo, para no alarmar ni la familia ni al equipo médico, puede estar empezando a convertirse en un espécimen en extinción. La muerte empieza a volverse sin pudor y especialmente confesional, muy en sintonía con este momento en el que se narra todo en las redes sociales.

La historia humana se puede contar según el modo como cada sociedad, en diferentes períodos históricos, miró a la muerte y se ocupó de ella. El trabajo más completo sobre este tema posiblemente sea aún el del historiador francés Philippe Ariès (1914-1984), primero en un libro llamado Historia de la muerte en Occidente y, después, en una obra mayor, titulada El hombre ante la muerte. En estos análisis, el historiador muestra cómo, en el siglo 20, la muerte pasó a ser escondida y acallada. Ya no un acto público, sino una especie de no acontecimiento. En la sociedad tecnicista era necesario que se ocultase la muerte entre las paredes de un hospital, de la forma más aséptica posible, e inmediatamente se olvidase. Esta mentalidad ayuda a explicar por qué, a día de hoy, cualquiera que pierda a aquellos que ama tenga legalmente un tiempo cortísimo para ausentarse del trabajo y empezar a elaborar su luto. Cuando se espera que la ciencia prolongue la vida a cualquier precio y la juventud se convierte en un valor en sí misma, la muerte pasa a ser un fracaso que debe escamotearse.

En el siglo 20, el fin de la vida se convirtió en algo a ignorar y, así, no había necesidad ni de superarlo, ya que lo mejor sería fingir que ni siquiera había sucedido. "La muerte en el hospital, erizado de tubos, está a punto de convertirse hoy en una imagen popular más aterradora que el traspasado o el esqueleto de la retórica macabra", escribió Philippe Ariès. La muerte se había convertido en algo casi contagioso y aquel que se moría, en el portador de una enfermedad/mala noticia cuya contaminación los vivos deberían evitar a toda costa.

Otro pensador, el antropólogo británico Geoffrey Gorer (1905-1985), escribió un ensayo sobre lo que él llamó la Pornografía de la Muerte. "Hoy en día la muerte y el luto se tratan con el mismo pudor que los impulsos sexuales hace un siglo", afirmó. La prohibición del sexo, en la era victoriana, había sido sustituida por la prohibición de la muerte, en el siglo 20. La muerte se había vuelto obscena y fea, por lo que debería esconderse. Y el luto, circunscrito al ámbito privado, se había vuelto tan secreto e individual como la masturbación.

Como ocurre tantas otras veces, el arte anticipó la interpretación de su época. Ese cambio en la mirada sobre la muerte consolidado en el siglo 20 ya se podía detectar, a finales del siglo 19, en la pequeña obra maestra de Tolstói: La muerte de Iván Ilich. En su libro Educación para la muerte – temas y reflexiones la psicóloga brasileña Maria Júlia Kovács así analiza la novela del escritor ruso: "Nadie quiere hablar de lo que está pasando con el enfermo, ni siquiera él mismo, que sufre, gime, pero nada dice. Los familiares también sufren, no saben qué hacer, pero fingen que está todo bien". A pesar de que todos tratan de banalizar el acontecimiento, transformándolo en un no acontecimiento, el enfermo, aunque nada diga, sabe lo que vive.

El siglo 21, de cuyo nacimiento hemos sido testigos, comienza a engendrar otra mirada sobre la muerte, cuyas señales ya podrían notarse en las últimas décadas del anterior. La historia, como se sabe, es movimiento y conflicto. El propio surgimiento del concepto de hospice y de la práctica de los "cuidados paliativos", en los años 60 del siglo pasado, con la idea de que cuidar es más importante que curar y de que es necesario escuchar a aquel que vive su morir, comenzó a poner en jaque el silenciamiento de la muerte.

Hoy en día, no son apenas las series de televisión y las películas del cine las que han pasado a tratar de la muerte, la enfermedad y el envejecimiento con una frecuencia cada vez mayor. En esta nueva mirada sobre el fin de la vida, Internet, con sus redes sociales, ha desempeñado un papel central y creciente. Si la literatura nunca ha dejado de tener la muerte como tema, el morir se ha ido convirtiendo en una narrativa confesional, de no ficción, escrita en la primera persona del singular.

Oliver Sacks no fue el primero a escribir sobre el final de la vida en este siglo. Lejos de eso. En 2005 la periodista estadunidense Joan Didion publicó un libro, El año del pensamiento mágico, en el que contaba la muerte de su marido y su luto. Ya al comienzo hace una síntesis de la condición humana: "La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conocías acaba de repente". Esta mezcla de narrativa confesional con investigación periodística entró en las listas de los más vendidos en varios países, inclusive Brasil. Más tarde, en 2011, Didion lanzaría Noches azules, sobre la muerte de su única hija, su propio envejecimiento y su soledad. Este último libro es la historia de la mujer que quedó, la narrativa de quien se descubrió sola para ser testigo de su propio fin. Por lo tanto, un relato aún más duro y perturbador, que parece haber sido más difícil para sus lectores. Didion ahora se ve a vueltas con formularios de hospital, donde se le hace una pregunta que no puede responder: ¿a quién llamar en un momento de emergencia? Ya no hay a quién.

En 2008 el escritor y analista político David Rieff lanzó un libro sobre cómo fue presenciar el fin de la vida de su madre, la pensadora estadounidense Susan Sontag, muerta por el tercer cáncer de su trayectoria cuatro años antes, a los 71 años. David le dio a la obra un título desgarrador: Nadando en un mar de muerte - memorias de un hijo. Susan Sontag publicó libros fundamentales sobre el tema. En La enfermedad y sus metáforas, escrito cuando ella ya se había tratado de un cáncer de mama y lo había superado, Sontag analiza cómo la tuberculosis fue la muerte romántica, en el siglo 19, y el cáncer, la enfermedad-símbolo del siglo 20, la muerte "sucia". Defiende también que el cáncer sea tratado como una enfermedad, una lotería genética, y no como una idea que llegó a ser muy popular y aún persiste en algunos medios, de que la persona habría "hecho" su cáncer o lo habría "atraído" por represiones sexuales y problemas psicológicos mal resueltos.

Susan Sontag, en palabras de su hijo, al mismo tiempo sentía pavor de la muerte y obsesión por la muerte. Murió sin reconciliarse jamás con la idea de morir. Incluso habiendo sido informada por los médicos de que un trasplante de médula ósea tendría escasas posibilidades de éxito en su caso, optó por hacerlo. Cuando supo que la cirugía había fracasado, estaba cautiva de 300 metros de tubos, por los cuales le inyectaban las sustancias que la mantenían con vida, y preguntaba qué más los médicos podrían hacer por ella. Murió cubierta de moretones y heridas, con la esperanza de "vencer" el cáncer, sin despedirse de nadie y sin permitir que se despidiesen de ella. Fue su elección, solo ella podía hacerla. "Era imposible decir que la amaba, porque hacer eso hubiera significado decir: 'Te estás muriendo'", escribió David Rieff, en un libro que enfrenta las preguntas espinosas sobre el lugar de un hijo ante el morir de la madre, en la singularidad de cada historia, siempre particular e irrepetible.

Mortalidad se basa en las columnas publicadas en la revista estadounidense Vanity Fair por el escritor, periodista y gran polemista Christopher Hitchens, un fiero defensor del ateísmo que se mantuvo fiel a sus ideas hasta el fin. Murió de cáncer en diciembre de 2011, a los 62 años, y el libro se lanzó en 2012. Con el mismo coraje y la ironía que siempre caracterizaron sus artículos, Hitchens discurrió sobre la vida en lo que llamó cáusticamente "Tumorlandia".

En el estilo que le hizo atraer tanto admiradores como enemigos a lo largo de una extensa colección de polémicas, sugirió la creación de un "Manual de etiqueta del cáncer", destinado "a los pacientes y también a los simpatizantes". Hitchens explica: "Mi Manual tendría que imponerme derechos a mí, así como a aquellos que hablan demasiado, o demasiado poco, en el intento de disfrazar el inevitable embarazo en las relaciones diplomáticas entre Tumorlandia y sus vecinos". A él le gustaría recordarle a la gente, en general, que no circulaba por ahí con un enorme broche en la solapa en la que estuviese escrito: "PREGÚNTEME SOBRE CÁNCER DE ESÓFAGO EN METÁSTASIS EN LA CUARTA ETAPA Y APENAS SOBRE ESO". Es un libro tan vivo, este en el que Christopher Hitchens escribe sobre su morir que, al terminarlo, echamos muchísimo de menos al autor.

Pero el marco de este nuevo siglo, en la escritura sobre la muerte y especialmente sobre el cáncer, es posiblemente el libro de Randy Pausch. Ninguna obra sobre el tema ha sido tan célebre y popular como La última lección. Y no por casualidad. Muerto de cáncer de páncreas en 2008, el profesor universitario Randy Pausch construyó una narración muy al gusto de la cultura estadounidense, marcada por la división entre losers (perdedores) y winners (ganadores). La suya era una escritura de "superación" de la adversidad, de la "batalla" contra la enfermedad, un viaje del héroe adaptado al tan difundido discurso en el sentido común y en los medios médicos del "guerrero que luchó hasta el fin la guerra contra el cáncer". Randy murió, pero como un "vencedor", ya que había convertido su cáncer en un "caso" de éxito. No pudo "vencer" a la enfermedad, pero, en aquello que parecía esencial para él y para la sociedad en la que vivía, había vencido. En aquel momento, era bastante revelador que, después de tanto silencio, la más comentada fuese una muerte "exitosa", materializada en un superventas internacional que recaudó millones de dólares y transformó a su autor en una celebridad.

Todo indicaba que esta podría ser la línea narrativa preponderante de nuestro tiempo: la muerte al servicio de la superación y del éxito, de la industria y del culto a celebridades. Citada, sí, pero apenas para una vez más encubrir el dolor y los conflictos de la condición humana. No es lo que ha sucedido, como prueban los escritos de Christopher Hitchens, Joan Didion y del propio Oliver Sacks, entre muchos otros. No hay una forma "correcta" ni "incorrecta" de hablar de la enfermedad y de la muerte, ya sea la propia o la de quien amamos. Así como no hay una narrativa superior a un debate honesto sobre lo que se dice de su época y sobre cómo influye en ella, aunque su autor sea alguien que se está muriendo.

La muerte está untada de vida y de humanidades. Hay tantas maneras de pensar sobre ella como vividores y moridores. La belleza, incluso en sus momentos de brutalidad, es cuando estas narrativas son capaces de afrontar la complejidad de este momento, con todos los sentimientos ambiguos y las contradicciones que lo pueblan. Sería una pena, después de todo, reducir un momento tan abisal como ineludible a un manual pobre del "morir bien". Como en la frase que me encanta: "La muerte no es lo contrario de la vida, la muerte es lo contrario del nacimiento. La vida no tiene contrarios".

Mi expectativa de que estamos en un nuevo momento en lo que se refiere a la mirada sobre la muerte aumentó al seguir la historia de Tig Notaro, de 44 años. Comediante de stand-up, la estadounidense Tig estaba pensando en tener un hijo, en 2012, cuando sufrió una infección que casi la mató. Poco después de su salida del hospital, perdió a su madre, que en sus palabras era la persona que más la conocía, comprendía y alentaba. Tig se vio en vilo. Pero no era todo. Enseguida supo que tenía cáncer de mama.

Tig estaba a la víspera de un espectáculo. Y ahora, ¿debería presentarse? La humorista pensó que, a final de cuentas, después de todo lo que había acabado de vivir, era muy ridículo tener aun por encima un cáncer. Subió al escenario e hizo un espectáculo considerado histórico.

–Hello, good evening, hello! Tengo cáncer. ¿Cómo estáis? ¿Todo el mundo se está divirtiendo? Me diagnosticaron un cáncer...

Aunque pueda parecer extraño, al reproducirlo aquí, al ver el espectáculo nos damos cuenta de que Tig consiguió hacer algo sofisticado y profundo con el cáncer y su miedo de morir: consiguió hacer humor. Ella no negaba el dolor de su condición, sino que la usaba para producir arte, reflexión y... risa. Sin haber planeado esa actuación, su carrera dio un salto. Enseguida Tig estaba en la portada de revistas, en programas de auditorio en la televisión.

En este punto, temía que pudiese convertirse en una especie de "celebridad del cáncer" y nunca más hablase de otra cosa. Pero si lo que hizo con la enfermedad la puso en otro lugar, y esto es un hecho, el camino de Tig parece ser el de poner el cáncer, el luto por su madre, los fracasos reproductivos y también el éxito en el contexto de una vida con un poco de todo, a veces bastante de alguna cosa, pero no monotemática.

Esta elección, al menos, es lo que aparece en un documental sobre su trayectoria, lanzado en julio de este año por Netflix, llamado apenas Tig. La suya es una historia en abierto, como cualquier otra, y la vemos frágil y confusa ante el futuro. Seguimos a la artista en su dilema sobre hacer o no un tratamiento reproductivo, en el intento de tener un hijo, y arriesgarse a aumentar las posibilidades de que el cáncer vuelva debido a las hormonas; compartimos su ansiedad para que el embrión se desarrolle en una barriga de alquiler, así como su amor por otra mujer, que en un primer momento la había rechazado, porque hasta entonces solo había tenido relaciones heterosexuales. Somos testigos también de su inseguridad acerca de con qué material trabajar en sus espectáculos, después de haber alcanzado un nivel tan paradigmático al llevar el cáncer al escenario.

Pero tal vez el momento-síntesis de la narrativa de Tig sobre el cáncer y la posibilidad de morir sea una escena que no está en el documental, a pesar de mencionada. En noviembre de 2014, Tig se quitó la camisa en el escenario y mostró la ausencia de lo que la enfermedad le arrancó, en una mastectomía doble sin cirugía reconstructiva, y sus cicatrices. Hasta ahí, podría ser simplemente una especie de "espectáculo de choque", un truco para ganarse a los espectadores. Sin embargo, después del impacto inicial, el público acogió y superó esa desnudez señalada por la enfermedad y por la condición humana, gracias al talento de Tig.

Como dijo el crítico Jason Zinoman: "Tig Notaro muestra que el humor no solo consigue transformar la tragedia en comedia, sino que también es capaz de desviar la atención de las personas de la imagen más vendida y cosificada de la cultura popular: el cuerpo femenino desnudo". Allí estaba alguien dolida y alegremente viva que no negaba sus marcas. Esta trascendencia colectiva fue un gran momento de vida, con toda la incertidumbre y la fragilidad que es vivir como un ser que se sabe para la muerte.

Mi apuesta es que lo más fascinante de esta nueva mirada sobre la finitud humana posiblemente aún está por venir. Y vendrá no por aquellos que ya tienen un lugar de escucha, sino por los anónimos que comienzan a producir narrativas en internet sobre el envejecimiento, la enfermedad y la muerte. Así como las redes sociales vienen produciendo tanto sobre todo —y no solo discursos de odio—, también autorizaron un decir que revela cómo cada uno se posiciona delante de la mortalidad. Si internet les ha permitido a aquellos que comulgan de deseos sexuales considerados fuera de los estándares que se encuentren y puedan vivir su expresión de forma consensual, entre adultos, también comienza a establecerse como un lugar de confesión y de intercambio sobre el luto, las pérdidas y la muerte. Un espacio para narrativas múltiples, para vivencias múltiples del morir. Cuando uso la palabra "fascinante", no establezco si es bueno o malo, apenas que estamos ante algo emocionante y tal vez sorprendente, exactamente por ser contradictorio.

Meses atrás, una carta de una lectora de 78 años en el Tablón del Lector del diario Folha de S.Paulo me impactó. Para mostrar su desacuerdo con el planteamiento de un artículo sobre el deseo y el envejecimiento, se posicionó así: "Quien ha leído a Simone de Beauvoir va a entenderme. Son inocuas las 'zanahorias', las sorpresas o los placeres externos cuando te das cuenta de que, por dentro, estás pudriéndote poco a poco. Llegar a esta constatación es de una crueldad sin comparación. No hay ninguna sonrisa de nieto que consiga desvanecerla. Por encima de todo, no quiero ocuparme más de esos males, y para eso, estoy en plena y ocupada fase de desprendimiento. Para mí, ya basta. ¿Y mi derecho a no querer vivir más? ¿Dónde se queda?"

Lo que importa aquí no es estar de acuerdo o en desacuerdo, porque cada uno conoce su dolor y sus elecciones. El hecho es que ya es posible decir y ya existe un espacio para ser escuchado, incluso si lo que usted tiene que decir está fuera del sentido común y de la publicidad acerca de la "tercera edad", fuera del manual y de los discursos edificantes o de las "lecciones vida" de buen comportamiento.

En un interesante artículo sobre este fenómeno de las narrativas de muerte en tiempo real, el periodista Lee Siegel recuerda el testimonio de una mujer en la columna Private Lives (Vidas privadas), del periódico The New York Times, marcado por una crudeza sin ningún pudor: "Por hablar de pérdidas, no perdí solamente a mi marido y mi vida, también perdí mi cabello. Recientemente, un policía me detuvo por quedarme parada en el coche. El tráfico estaba siendo redirigido, pero yo me había congelado y retenía a una larga cola. Levanté las manos, esperando a que me esposase, diciendo: 'No hay nada que puedas hacerme que sea peor que lo que ya se ha hecho'. Él dijo: '¿Qué historia es esa, señora?'. Yo dije: 'No tengo marido, no tengo amigos, no tengo cabello'".

El mismo Times tiene otro espacio, The End, con declaraciones acerca del morir, el luto y el cuidar a quien padece una enfermedad. En Brasil, Folha de S.Paulo creó, en octubre de 2014, un blog llamado Morte Sem Tabu (Muerte sin Tabú), producido por la dramaturga Camila Appel. En todo el país, usando las redes sociales, surgieron y surgen grupos para compartir experiencias de pérdida, como Mães Sem Nome (Madres Sin Nombre), que reúne a personas de diferentes clases sociales e historias de vida: "Cuando un(a) hijo(a) pierde a sus padres se queda huérfano(a).Cuando perdemos al marido/esposa nos quedamos viudos (as). Cuando la madre pierde a sus hijos, no tiene nombre". En junio de este año, siete amigas que perdieron a personas que amaban lanzaron una plataforma en Internet para escuchar este momento tan profundo y en general solitario: "¿Vamos a hablar del luto?" Los muros de silenciamiento se rompen por todos sus lados.

En 2008 hice el seguimiento como reportera de los últimos 115 días de vida de una mujer con un cáncer incurable. También fui testigo durante meses de la rutina de una enfermería de cuidados paliativos de São Paulo, liderada por una médica especialísima, María Goretti Maciel, en la que se creía más en la anchura de la vida que en su longitud: más importante que prolongar la vida a cualquier precio, en general, un precio alto, era asegurar la calidad de la vida que quedaba. Así como se mostraba fundamental respetar y acoger el modo como cada uno escogía vivir ese momento, sin dogmas ni juicios. No era un lugar donde la humanidad se dividiese en "perdedores" y "ganadores", ni el tratamiento de la enfermedad, por lo general un cáncer, fuese visto como una "guerra". Lo fundamental era garantizar las condiciones para que cada uno pudiese escoger cómo vivir el tiempo que tenía, sin tratamientos inútiles, dolorosos e invasivos, rodeado de aquellos a quienes amaba o incluso solitario, en caso de que ese fuese su deseo. Cómo vivir su muerte, solo lo sabe aquel que la vive.

En aquella ocasión, al decidir contar la muerte en general silenciada, aquella causada por la enfermedad y por la vejez, callada exactamente por ser la de la mayoría —y no la muerte violenta, causada por crímenes, accidentes y catástrofes, más común en la narrativa periodística— fui una y otra vez acusada de "mórbida". Yo replicaba, diciendo que era lo contrario. Mórbido era aquello que nos paralizaba, el miedo que no podía nombrarse ni pronunciarse.

Al callarnos sobre el envejecimiento, la enfermedad y la muerte, perdíamos una oportunidad insustituible para pensar sobre de la vida y, en especial, sobre el tiempo. Yo había sido transformada para siempre por una frase de Ailce de Oliveira Souza, la mujer que me permitió contar su morir, en un enorme acto de confianza. Ya en nuestro primer encuentro, ella, que había acabado de jubilarse y había comenzado a vivir aventuras hasta entonces pospuestas, dijo: "Cuando tuve tiempo, me di cuenta de que mi tiempo se había acabado". Le agradezco inmensamente esta frase, que multiplicó la anchura de mi vida.

Hoy, pasados menos de diez años, creo que ya no me acusarían de "mórbida". No tanto, por lo menos. Hombres y mujeres anónimos han comenzado a decir de sí sin miedo. No sé qué escucharemos ni cuánto estos decires van a influir en nuestra forma de afrontar la finitud de nuestra condición. Pero esta posibilidad de hablar y de ser escuchado también sobre el envejecimiento, la enfermedad, la pérdida y la muerte me encanta. 

Espero apenas que siga existiendo espacio no para el silenciamiento, ese acto que nos reprime y nos aniquila, sino para el silencio de aquellos que prefieren retirarse dentro de sí mismos y de casa y nada decir. Que hablar y "confesar" no se convierta en un nuevo imperativo o dogma. Que haya espacio para todas las formas de ser, de vivir y de morir.

Pero la pregunta que más me mueve en este momento es: ¿qué diremos ahora que podemos decir?

Escuchar al otro es arriesgarse al otro. Es vivir.


Eliane Brum es escritora, reportera y documentalista. Autora de los libros de no ficción Coluna Prestes - o Avesso da Lenda, A Vida Que Ninguém vê, O Olho da Rua, A Menina Quebrada, Meus Desacontecimentos y de la novela Uma Duas
Sitio web: desacontecimentos.com Email: elianebrum.coluna@gmail.com Twitter: @brumelianebrum

Traducción: Óscar Curros

miércoles, 29 de julio de 2015

Elecciones cafeteras para corregir errores


El Espectador
Juan Pablo Ruiz Soto
28 de julio de2015

Estamos a puertas de la elección del o la nueva gerente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC). Desde el punto de vista del mercado y el medio ambiente, el o la gerente enfrentará grandes retos originados en severos errores de sus antecesores. 

Desde los tiempos de Cárdenas Gutiérrez, los directivos decidieron que destruirían el bosque asociado al café para aumentar la productividad por hectárea. El análisis fue simple y errático, pues sólo se evaluó el impacto que esto tendría en la generación de divisas y se desestimaron los impactos negativos, como la pérdida en calidad del grano, la aparición de enfermedades y plagas asociadas al monocultivo, la pérdida de suelos —buena parte de los cafetales están en zonas de alta pendiente que, al perder la cobertura arbórea, se erosionan—, la destrucción de la regulación hídrica, la aparición de temperaturas extremas a las que se exponen las plantas, la pérdida de biodiversidad y la reacción del consumidor frente a un café disociado de los principios de sostenibilidad.

La FNC forzó al campesino productor a destruir el bosque cafetero y el policultivo asociado a su actividad. Los extensionistas del FNC señalaban en sus visitas que los árboles debían ser derribados. “Tumba los árboles que le están dando sombra al café o no hay crédito”, era la amenaza cuando la sapiencia campesina se resistía a tumbar los frutales y maderables que cuidaban y apreciaban en el policultivo asociado al café. Y exigían usar la llamada “Variedad Colombia”, desarrollada para monocultivos a plena exposición.

Resultado: se aumentó el volumen de producción por hectárea, pero se perdió la calidad del grano y la sostenibilidad económica y ambiental. El famoso café colombiano de aroma extraordinario, original de la llamada zona cafetera de suelos volcánicos, perdió sus cualidades. Se buscó mantener la buena imagen mediante el despliegue propagandístico de Juan Valdez, quien recordaba que el café de Colombia era el mejor café del mundo. 

Simultáneamente se mezclaba el empobrecido café de Antioquia y el Viejo Caldas con el grano tradicional producido en las llamadas zonas marginales de Huila, los Santanderes y la Sierra Nevada de Santa Marta, que, gracias al abandono de la FNC, conservaron su calidad.

El mercado se fue sofisticando y el genérico “Café de Colombia” dejó de ser el mejor del mundo. El café de origen de Costa Rica y otros países, y el de algunos colombianos que desobedecieron a la FNC y no tumbaron sus árboles ni cambiaron de variedad, tomaron su lugar.

La nueva o el nuevo gerente tiene grandes retos para recuperar la calidad del café colombiano y afrontar el cambio climático con suelos frágiles, desnudos y empobrecidos, plantas expuestas a temperaturas extremas, cuencas destruidas y plagas propias de monocultivos.

Hoy el consumidor aprecia el café amigable con el medio ambiente. La herramienta a disposición de la FNC son los resultados del proyecto de Café y Biodiversidad, apoyado por GEF y Naciones Unidas, que evidencia con fundamente científico las bondades del café asociado al bosque.

Recuperar el paisaje cafetero es rentable, genera sostenibilidad y mejores condiciones para competir en el mercado. Estos son retos para el nuevo o la nueva gerente.


lunes, 27 de julio de 2015

El 'café pendiente' para quien no lo pueda pagar: la última tradición del Café Comercial


El País
Lucía González
27 de julio de 2015


El café más antiguo de Madrid, que cierra tras 128 años, impulsó en España esta iniciativa en plena crisis

Sobre la barra dos pizarras con un contador que se actualizaba con tiza: el número de cafés y bocadillos 'pendientes', que alguien había dejado pagados para quien no pudiera permitírselo. Es la última tradición que incorporó a su historia el café más antiguo de Madrid, el Café Comercial, sede de famosas tertulias y que este lunes ha cerrado sus puertas tras 128 años.

En plena crisis, en octubre de 2012 el Comercial decidió impulsar esta tradición en España, anunciándolo así en su cuenta de Facebook: "Hoy empezaremos a servir cafés sospesos!!! Si por alguna cosa te sientes feliz, comparte tu felicidad con otros que no tengan el día. ¿Hacemos felices a otros y dejamos que nos hagan felices a nosotros?". Y explicaban la tradición con esta cita del escritor italiano Luciano de Crescenzo: 



En Nápoles, en el barrio de Sanitá, cuando alguien estaba feliz después de que algo bueno había pasado, en lugar de pagar un café pagaba dos, dejando sobre la mesa el dinero para el próximo cliente. Ese gesto fue llamado 'caffe sospeso', literalmente, café en espera. Entonces, si alguien entraba en la cafetería preguntaba si había algún 'sospeso'. De algún modo, era como la compra de café a la humanidad
Meses después apareció también una web que recogía iniciativas similares en toda España, cafespendientes.es, cuya página de Facebook tiene más de 16.000 seguidores. Esta web recopila información con locales en los que existe el 'sospeso' en más de 40 ciudades españolas. Generó cierta atención mediática y comentarios positivos en internet. En los dos primeros años el Comercial llegó a repartir más de 7.500 cafés solidarios, según datos del coordinador de caféspendientes.es, el experto en marketing Gonzalo Sapiña, tal y como recogió Buenavida.

La iniciativa funcionaba. Lo explicaba el blog Somos Malasaña en esta crónica de su hasta ahora vecino Café Comercial:
En contra de lo que alguno pudiera pensar, resulta que en el Comercial lo ‘sospeso’ no vuela. La semana pasada, a última hora de un día cualquiera, con la pizarra en la que se registran los cafés pagados para el que venga bien cargadita de ellos, uno de los camareros confesaba no haber servido ninguno. No hay pillería.
El Comercial, que con motivo de su cierre se ha convertido en trending topic en Twitter, realizó un corto la pasada Navidad para seguir dando a conocer la iniciativa. Un grupo de actores representando el espíritu de los "cafés pendientes". "En el año 2012, Café Comercial impulso en España la iniciativa ¡'Café y bocadillo pendientes'. Consiste en pagar anticipadamente un café o un bocadillo a las personas más necesitadas", explican en el vídeo.



CAFÉ PENDIENTES from TALTAVULL on Vimeo.
Dir: J Canales Sepúlveda y J Taltavull Sepúlveda
Actores:
Alex Cremades
Iban Gago
Carlota Occon
David Amón

domingo, 26 de julio de 2015

Colombia siembra el turismo del café


El País
Juan Morenilla
25 de julio de 2015

Las fincas productoras diversifican sus ingresos con la llegada de visitantes extranjeros, en una industria tradicional que se reinventa

 
Un trabajador en una plantación de café en Colombia. / SAMUEL SÁNCHEZ

Gustavo Patiño recibe un mensaje en su móvil mientras explica a un grupo de turistas el largo y costoso proceso de producción del café. Esta vez es un grupo con españoles, italianos, alemanes e ingleses quienes escuchan al propietario de la finca El Ocaso, en el departamento colombiano de Quindío. Otras veces son chilenos, argentinos o australianos. De todo el mundo acuden visitantes a esta propiedad de 35 hectáreas, 18 de ellas dedicadas al café, que Patiño, nieto de cafeteros, gestiona desde hace 28 años. Es el ejemplo de un turismo del café con el que esta industria tradicional se ha reinventado para diversificar sus beneficios. Al aumento de la producción no ha correspondido un aumento de los precios y por lo tanto de las ganancias, y hoy algunas medianas fincas echan el lazo a los turistas como otra fuente de ingresos.

El mensaje del móvil le informa a Patiño, varias veces al día, del precio del café. La producción de hoy va a Washington. El precio varía según el valor de la libra en Nueva York y del dólar respecto al peso colombiano. La industria del café requiere una visión a largo plazo porque las decisiones actuales, como qué variedades cultivar, se recogerán en unos años. Entre tantas dudas, el turismo parece un valor firme.

La Unesco nombró al Paisaje Cultural Cafetero como Patrimonio Mundial de la Unesco en 2011. Además de este coffee tour por las praderas de El Ocaso, un viaje que para el visitante comienza con la plantación de la semilla y acaba con una taza de café en la mesa, la finca ofrece la opción de convertirse en agricultor durante tres días y aprender con detalle el proceso con un empleado de la empresa (y traductor si es necesario). Son unos 700 dólares, hospedaje incluido

“Los turistas se van maravillados de todo lo que hay detrás de una taza de café”, explica Patiño, que ha recibido incluso a una televisión coreana para mostrar su nuevo negocio. “El turismo ha permitido que los trabajadores tengan mejores condiciones, ha dado más sostenibilidad a nuestra industria. Con la venta de café cubrimos gastos. Con el turismo es con lo que podemos tener beneficios. En 2012 sufrimos la peor cosecha de la historia, los precios eran muy bajos y no rentaba. Colombia perdió mercado. Ahora ha recuperado la producción, hacemos más sacos, pero no han subido tanto los beneficios porque los precios no han vuelto a niveles tan altos. De ahí que necesitemos el turismo”, añade el propietario de El Ocaso. Las visitas relacionadas con este sector crecieron en el país un 10% en 2013 y otro tanto en 2014.

En Colombia hay unas 550.000 familias dueñas de fincas en 590 municipios. La maquinaria se ha recuperado después de ese bache de 2012. Entre abril de 2014 y marzo de 2015, por ejemplo, la producción de café en Colombia aumentó un 8%, de 11,5 millones de sacos de 60 kilos a 12,3, según la Federación Nacional de Cafeteros, el principal gremio del país, nacido en 1927. En ese periodo, las exportaciones crecieron un 5%, de 10,4 millones de sacos a 10,9. Es decir, casi toda la producción se exporta y el resto, el café de peor calidad —el grano pasa un examen que detecta 14 defectos diferentes—, se destina al consumo nacional. Los principales destinos son Estados Unidos (4,5 millones de sacos en 2014), Japón, Alemania, Bélgica y Canadá. A España viajaron 266.000 sacos el año pasado.

Patiño y otros productores de café tienen la esperanza de que el diálogo entre el Gobierno y las FARC desemboque en una paz que impulse el turismo. “La gente ve ahora a Colombia de manera distinta. El año pasado Colombia recibió 4,2 millones de turistas y el objetivo de este año son los cinco. Hay un interés también económico en el proceso”, cuenta “don Gustavo”, como le llaman sus empleados. Los recolectores reciben 450 pesos por kilo y día, más la alimentación. Una jornada supone para cada uno entre 10.000 y 15.000 pesos (entre 3,5 y 5 dólares). Patiño explica que el 70% del coste se va en mano de obra y que este gasto ha aumentado porque se ha elevado la exigencia de calidad. Y lamenta que un productor como él solo reciba “el 2% de lo que se paga en un bar o un restaurante por una taza de café”.

“En un momento en que el sector del café está con incertidumbre, aparece otro negocio vinculado a él que es un respiro. El turismo nos permite diversificar la ganancia”, añade Juan Pablo Echeverri (de origen vasco), gerente de Hacienda Venecia, en el departamento de Caldas. En las 200 hectáreas de la finca, entre 100 y 500 trabajadores, según la época, cuidan 1,3 millones de plantas de café. El año pasado recibieron a 7.000 turistas. “Ahora vienen más extranjeros que se van con una buena sensación de Colombia”, explica Echeverri; “en los noventa los colombianos teníamos miedo de viajar por Colombia incluso, y eso ha cambiado. Esta es una nueva Colombia”. Con el café de siempre.

 

miércoles, 22 de julio de 2015

Eutanasia: en la ruta de la dignidad humana


El Espectador
22 de julio de 2015
Saul Franco
Médico Social

La reciente reglamentación de la eutanasia en Colombia es un paso firme en la dirección correcta de la dignidad y la libertad humanas. Como lo reconoció la Corte Constitucional -CC- en la Sentencia T-970 de 2014, se trata de un asunto “controversial y sensible”. Y como lo vivió y expresó la familia de José Ovidio González, el primer colombiano al que se le concede legalmente su solicitud de ejercer el Derecho a Morir Dignamente –DMD-, “es una decisión muy difícil”. 

El tema ha preocupado por siglos a la humanidad, pero sólo desde los setenta del siglo pasado el debate llegó a las instancias de decisión jurídica y se ha venido concretando en leyes, reglamentaciones y protocolos que van materializando el derecho. Holanda fue el país pionero al haber logrado en 2001, después de un cuarto de siglo de debates en diferentes escenarios sociales, darle piso legal al ejercicio del DMD. Al año siguiente Bélgica legalizó también la eutanasia, y el 13 de febrero del año pasado dio otro paso de avanzada al reconocer a los niños el mismo derecho, requiriendo adicionalmente el consentimiento explícito de ambos padres.

En Colombia el paso más avanzado se dio en 1997 cuando la CC, con ponencia del magistrado Carlos Gaviria, profirió la Sentencia C-233, sentando las bases jurisprudenciales para reconocer ese derecho a las personas mayores e instando al Congreso a legislar sobre el tema. El argumento central de dicha Sentencia es que el derecho fundamental a la vida digna implica el derecho también fundamental a la muerte en condiciones de dignidad. Y, en consecuencia, despenalizó la eutanasia cuando se cumplan dos requisitos esenciales: que sea solicitada de manera libre e informada por un paciente que padezca una enfermedad terminal que cause sufrimiento y dolor grave e incurable, y que sea practicada por un médico. A pesar de cuatro intentos, el Congreso no ha logrado legislar sobre el tema y el año pasado la CC, retomando los postulados de la Sentencia C-233, delimitó los lineamientos para materializar este derecho en Colombia, exhortó nuevamente al Congreso a legislar al respecto y ordenó al Ministerio de Salud emitir una directriz que permita hacerlo efectivo mediante la creación de Comités Científicos Interdisciplinarios en las instituciones que prestan servicios de salud y la presentación de una propuesta de protocolo médico que sirva como referente para el procedimiento. El Ministerio tuvo que obedecer el mandato y profirió este año la Resolución 1216 del 20 de abril.

Como puede verse, la eutanasia tiene dimensiones e implicaciones científicas, éticas, jurídicas, legales, religiosas y emocionales. Ninguno de dichos debates está cerrado. Pero todo Estado laico y pluralista debe ir priorizando y conciliando derechos e intereses y creando mecanismos para que se hagan efectivos los derechos fundamentales, como éste de morir dignamente, en consonancia con los derechos a la vida digna y a la salud.

Entre las tareas pendientes para avanzar en esta ruta de humanización que es el DMD, merecen destacarse: que el Congreso no siga evadiendo el tema y emita una Ley Estatutaria específica; que el Ministerio de Salud divulgue amplia y pedagógicamente la Resolución mencionada y elabore el protocolo pendiente; que todos los órganos del Estado depongan sus intereses particulares y contribuyan al desarrollo conceptual y a la ejecución de los mandatos legales; que las Universidades profundicen los debates y formen profesionales competentes al respecto; que las instituciones y el personal de salud estudien mejor el tema y asuman actitudes ilustradas e imparciales; y que todos los ciudadanos/as aclaremos nuestras respectivas posiciones, vayamos asumiendo nuestras decisiones e inclusive hagamos nuestro propio “testamento vital” expresando anticipadamente nuestra voluntad final.



domingo, 12 de julio de 2015

Nairo, el boyacense de pura raza







Quedó segundo en su primer Tour y primero en su primer Giro. La nueva sensación del ciclismo, Nairo Quintana.

domingo, 5 de julio de 2015

Cafés cocteleros


El Espectador
Hugo Sabogal
4 de julio de 2015

En charlas con varios de los protagonistas del Día del Café, celebrado en Colombia el sábado 27 de junio –y sobre el cual comenté la semana pasada–, han surgido interesantes historias sobre formas menos convencionales de tomarse la bebida. 

Olvidémonos del café como acompañante del desayuno o complemento del almuerzo o la cena. O como cálido y delicioso cómplice para animar lazos familiares y de amistad. Lo entretenido es también poderlo disfrutar como ingrediente dentro de una amplia gama de preparaciones con bebidas espirituosas o, incluso, gasificadas.

Para los españoles el tema no es nuevo, pues el famoso carajillo –mezcla de café caliente con aguardiente de orujo, brandy o ron– ha acompañado a muchos trabajadores ibéricos a despertarse y llenarse de energía antes de empezar la jornada laboral.

Y los irlandeses lo han llevado a nuevas alturas mezclándolo con whisky para obtener el célebre Irish Coffee, introducido en los años cuarenta tras la suspensión de un vuelo en el aeropuerto de Foynes. Bastó un sorbo para bajar la tensión de los viajeros. Hoy se sirven, a diario, miles de Irish Coffees en bares y restaurantes de todo el mundo.

Y si vamos un poco más atrás, nos encontramos con que, desde finales del siglo XVIII, los suecos mezclaban café con vodka.

Unir café y licor es un asunto de afinidad natural. Esto se debe a que los efectos estimulantes de la cafeína contrarrestan los efectos depresivos del alcohol, dejándonos en un estado de alerta, pero totalmente desinhibidos.

Entre nosotros, echarle aguardiente de caña o ron a una taza de café no es extraña. Sin embargo, se ha tratado de una costumbre familiar más que de una estrategia comercial.

Recientemente, tras una alianza entre Luis Fernando Vélez, productor de café de origen, y el grupo de restaurantes DLK, importador de varias ginebras, se ha desarrollado un coctel que sirve como aperitivo o bajativo, y que se ha denominado Café-Martini.

Llegar al punto de combinar café y ginebra no es cosa de adolescentes. Hubo que sentarse a analizar todos los componentes del destilado y compararlos con los elementos organolépticos del café.

El primer análisis llevó a concluir que la ginebra Citadelle de origen francés compartía con el café elementos vitales, y más cuando se trataba de un café de la marca Amor Perfecto, con granos de Nariño, región que, precisamente, le permitió a Vélez conseguir en junio una de las dos medallas de oro y otra de plata que obtuvo en el Concurso de Cafés Tostados en Origen, auspiciado por la Agencia Francesa para la Valoración de Productos Agrícolas.

Inspirados en los Espresso-Martinis de otras latitudes –que agregan azúcar y otros edulcorantes para reducir el amargor del café–, Vélez y DLK desarrollaron una versión de Amor Perfecto con Citadelle, que dejaba a cada bebida manifestar sus atributos aromáticos y gustativos naturales, sin más intervenciones. En particular, el café de Nariño aportó su dulzor natural, algo muy común en la mayoría de cafés suaves colombianos.

Y lo más interesante fue que, una vez batida la mezcla, apareció una crema de buen cuerpo como la del espresso para darle mayor vistosidad a la copa.

La mezcla obra como un buen aperitivo, porque refresca y reanima al mismo tiempo.

“Lo interesante del ejercicio es mostrar que el espectro del café va más allá de lo que hasta ahora hemos estado acostumbrados, y esto abre una serie de oportunidades hacia el futuro”, dice Vélez.

Y uno de esos caminos acaba de anunciarse con motivo del verano en el hemisferio norte. Es el Coffee-Tonic, ya presente en Colombia, Vélez ha preparado una versión con Amor Perfecto.

Grupo DLK. De manera que ahí tienen los comensales dos oportunidades para aumentar su experiencia cafetera en estos días, en los que la bebida nacional amplía su radio de acción hacia más y mejores consumidores.


domingo, 28 de junio de 2015

La fiesta del café


El Espectador
28 de junio de 2015
Hugo Sabogal




Ayer 27 de junio pasará a la historia como el momento en el que los promotores colombianos lograron alcanzar el mayor récord de actividades dirigidas a estimular el consumo de la principal bebida nacional.

El marco de referencia fue la celebración del #Día del Café, actividad del programa Toma Café, conformado por productores y tostadores para incrementar la demanda y mejorar la oferta.

Aunque falta mucho para que cada colombiano sea un experto consumidor y un hábil embajador de su propia bebida, el terreno conquistado es apreciable.

Hemos pasado de considerar al café como un simple producto básico para percibirlo como un alimento complejo y atractivo. Lo encontramos en seductores empaques, tanto en grano como molido, y lo podemos disfrutar en uno de los tantos locales especializados que se multiplican en todas las ciudades, donde se cuida hasta el más mínimo detalle del servicio.

Asimismo, hemos superado aquellos días en que tomábamos un café áspero y quemado, hecho con los granos defectuosos que quedaban de seleccionar los mejores lotes para la exportación.

Ya no sólo es posible tomarse un café de origen (Huila, Cauca, Nariño, Antioquia, Amazonas o Sierra Nevada), sino que hemos llegado al punto de comprar partidas de un caficultor específico. Y ese es un gran logro.

Llegar aquí no ha sido fácil y justo es reconocer el trabajo de algunos rebeldes empresarios, que retaron al monopolio oficial y se atrevieron a montar proyectos independientes de enorme trascendencia. Entre ellos figuran Luis Fernando Vélez, de Amor Perfecto; Steven Sutton, de Café Devotion, y Jaime Duque, de Laboratorio del Café.

Hay que destacar también que el programa Toma Café ha desarrollado una plataforma de apoyo para todos los involucrados en el negocio. Por ejemplo, acopia y divulga investigaciones de tendencias, hábitos y usos de consumo, así como material sobre el comportamiento del café en los canales de venta y en las regiones. Y proporciona a los profesionales de la salud detallada información científica sobre los beneficios de consumir la bebida, pues la desinformación en torno a este punto estaba conduciendo a una preocupante deserción.

En asociación con el Sena, las Cámaras de Comercio, los municipios y las gobernaciones, el programa Toma Café ha coordinado la capacitación de más de 15.000 jóvenes en distintas técnicas de preparación, convirtiendo el arte de preparar café en un oficio tan anhelado y respetado como lo es el del sommelier en el vino.

Las celebraciones de ayer demostraron que la ambiciosa estrategia ha funcionado. Hubo charlas, degustaciones y decenas de festivas celebraciones en Cauca, Quindío, Tolima, Santander, Cundinamarca, Antioquia, Caldas, Huila, Valle del Cauca, Boyacá y la Costa Atlántica.

Y en Santa Rosa de Cabal se buscó romper un Récord Guinness sirviendo más de 20.000 tazas de cafés especiales colombianos.

Grandes cadenas como Éxito y Jumbo se sumaron con promociones y activaciones en sus tiendas. Y lo mismo hicieron los principales productores de las marcas nacionales.

Igual de significativo fue el lanzamiento anunciado por Café Juan Valdez de un microlote de la finca Potrero Grande, de Pitalito, Huila, cultivado por Nancy Muñoz, quien está en Bogotá promoviendo este tipo de café premium como si se tratara de una estrella de cine. Lo cierto es que si tenemos el mejor café suave del mundo, saquemos a la luz a quienes lo hacen posible.

Qué bueno que hayamos dejado atrás ese café amargo y simplón con el que crecimos. Nuestros grandes cafés merecen reconocimiento y admiración.

jueves, 25 de junio de 2015

¿Qué tiene que ver el café que tomas con los bosques del mundo?


El País
25 de junio de 2015

Río de Janeiro

Para defender la calidad del grano, los productores están cada vez más involucrados en la protección del ambiente

El cafetero Márcio Vargas, de Varre-Sai, Río de Janeiro. / M.C. (BANCO MUNDIAL)

¿Qué relación tienen el café y los bosques? La respuesta es simple: sin bosques corren peligro la productividad y el buen sabor de esta bebida cotidiana. El grano crece en terreno montañoso, que depende de la protección de los árboles para evitar la erosión y mantener la humedad ideal. 

Los productores de café en América Latina no siempre han dominado este conocimiento, pero ahora muchos de ellos se han puesto a la vanguardia de la lucha por la conservación de los bosques.

Entre ellos se encuentran los agricultores de Varre-Sai, una pequeña ciudad 260 kilómetros al noroeste de Río de Janeiro. Todo Río de Janeiro y otros 16 estados de Brasil estuvieron cubiertos alguna vez por la Mata Atlántica, la formación vegetal más grande del continente después de la selva amazónica, con una superficie total de 1,3 millones de km2, un área del tamaño de Colombia.

Pero este bioma ha sido tan afectado por la ocupación humana que hoy en día solo queda el 12,5% de la superficie original, según un sondeo publicado a finales de mayo por la Fundación SOS Mata Atlántica. Y en el noroccidente del estado de Río, una región históricamente dominada por el monocultivo de café y azúcar, la superficie restante es de apenas del 3%.

Una curiosidad es que el grano que se produce en estas tierras todavía tiene mala fama, al punto de que en el mercado de café brasileño se utiliza el adjetivo "riado" (originario de Río de Janeiro) para describir una bebida amarga, hecha con granos baratos y de mala calidad.

Por eso, no son pocas las fincas de café que se han empezado en cambiar esa percepción y han comenzado a hacer esfuerzos por recuperar las áreas degradadas y conservar las que todavía existen. Estas fincas, como resultado, comienzan a tener paisajes – y productos – con cualidades similares.

El valor del bosque

Con estas nuevas técnicas, las cimas de las montañas cercanas a las fincas tienen un área protegida y cercada, formada por árboles nativos, que ayudan a absorber la lluvia. Más abajo, las plantaciones de café se distribuyen en curva de nivel para evitar la erosión. Algunas granjas, como la de Márcio Vargas, cuentan también con tanques de contención para el almacenamiento y reutilización del agua que no ha sido absorbida.

"Con esto, se obtiene un grano de mayor calidad, que ofrece tuestes más sabrosos", dice Vargas. Él y otros doce productores son apoyados por el programa de Río Rural (2006-2018), una asociación entre el gobierno del estado de Río de Janeiro y el Banco Mundial. Entre otras actividades, la iniciativa financió la conservación y recuperación de la Mata Atlántica.

En alianza con la municipalidad de Varre-Sai, los productores reciben el 60% del llamado IVA Ecológico, una cuota creada para recompensar a los cafeteros que crearon reservas privadas para proteger el patrimonio natural. En 2014, estas zonas abarcaron más de 200 hectáreas y sus propietarios recibieron más de US$17.500.

"No fue difícil movilizar a los agricultores para crear y preservar estas áreas. Al contrario. Es un trabajo que para ellos se traduce en una compensación económica. Y para la ciudad en un aumento de la biodiversidad y la belleza escénica", explica el técnico rural Manoel Duarte, quien lidera el programa en Varre-Sai.

Guardianes del agua

Otro paso para mejorar la calidad de los cafés locales es ayudar a los productores a tener acceso a la formación y equipamiento. Con el apoyo del programa Río Rural, por ejemplo, Márcio Vargas logró construir un patio de secado.

Ahora sueña con montar una estación para tratar el agua que sobra de la transformación de los granos. "Otro de los objetivos es obtener una certificación relacionada con el café cultivado de manera sostenible", dice.

Para mejorar la productividad de los agricultores y promover el cuidado del medio ambiente, Río Rural es considerado por la ONU como un programa de referencia. En total, se dará asistencia a 78.000 agricultores hasta 2018.

"Con el programa, el agricultor se convierte en gerente y protector del agua y la biodiversidad, ya que ha aumentado la productividad y los ingresos. Esta combinación de beneficios hace que las buenas prácticas de manejo de recursos naturales se convierten en algo atractivo", explica el economista Marianne Grosclaude, responsable del programa en el Banco Mundial.

El café de sombra

Los esfuerzos se repiten en países como Colombia, que ya cultiva uno de los mejores granos de América Latina. Los agricultores trabajan para reforestar las zonas de montaña y diversificar los cultivos – uniendo plátano y café, por ejemplo –, una idea por la que ya han mostrado interés productores africanos, que buscan replicar estas técnicas.

También en Costa Rica, un proyecto compensa a agricultores, entre ellos productores de café, que mantienen sus bosques. En la granja de Julio Hernández, un productor que participa en la iniciativa, los cedros proporcionan sombra a las plantaciones de café y sirven como fertilizantes naturales. También son una fuente de ingresos: por cada árbol plantado, el agricultor recibe US$1,30 cada tres años.
El resultado es que gana el medio ambiente; y también el sabor y la calidad del café que va a parar en nuestra taza.

 

miércoles, 24 de junio de 2015

Perfil nuevo gerente Federación Nacional de Cafeteros


El Espectador
23 de junio de 2015
Uriel Ortiz Soto


El nuevo gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, debe ser un gran visionario, que haga honor al reconocimiento que hizo la Unesco, con el Paisaje Cultural Cafetero, sobretodo, que entre a solucionar los más álgidos problemas que hoy padece el gremio; por los continuos incumplimientos del Gobierno, y que por esta causa está a punto de estallar un nuevo paro campesino promovido por: Dignidad cafetera. 

 Esperamos también que el nuevo gerente, tenga sabor a caficultura y no a componendas gubernamentales, que en medio de trapisondas politiqueras, su nombramiento se negocia en Palacio de Nariño, para conjurar crisis de otros sectores a costa del sudor de nuestros sufridos campesinos caficultores.

Lo primero que debe hacer, es solucionar la grave crisis por la cual atraviesan millones de: recolectores, o jornaleros del gremio cafetero, que después de prestar tan indispensable servicio durante toda su vida, finalmente son relegados por sus bajos rendimientos debido a su avanzada edad, miles de ellos, a sus ochenta o más años, los vemos cargando el yugo del abandono, sin ninguna prestación social, muriendo de miseria, hambre y enfermedades en destartalados cuchitriles, que no se compadece con la dignidad humana, ni con el servicio que prestaron durante toda su vida.

Colombia gracias al gremio cafetero, ha entrado en la era de los cafés especiales, con ellos está rompiendo fronteras hasta llegar a ubicarse en sitios privilegiados que le está permitiendo destruir el paradigma de la imposibilidad e incertidumbre, pero, lo insólito de todo, es que quienes han logrado estas metas, ha sido por sus propios medios, sin el concurso de la Federación Nacional de Cafeteros.

Es irónico que el organismo rector de la caficultura no esté a la vanguardia de logros tan importantes, antes por el contrario, según sus promotores, es su mayor obstáculo para el desarrollo de metas, para colocar estos productos en los mercados internacionales, que están solicitados por varios países Europeos, pero, que lamentablemente tan importante sub gremio o actividad, no ha tenido una respuesta gubernamental como realmente debería ser.

Nadie se explica donde van a parar los recursos que destina el Gobierno para programas de cafés especiales, que desde luego son manejados por la Federación Nacional de Cafeteros, que a su vez los debe girar a los comités departamentales. Lo único cierto es que quienes están promoviendo este tipo de cafés, lo hacen con sus propios recursos, pero, ante la incertidumbre de encontrarse con las talanqueras de Federacafé.

Los Organismos de Control con la Fiscalía General de la Nación a la cabeza, deberían investigar tantos desafueros que se cometen con el gremio caficultor, que si bien está conformado por familias auténticamente campesinas, sus derechos les son vulnerados por un grupo de politiqueros que se hacen elegir para representarlos en los comités municipales, departamentales y nacionales, pero que en honor a la verdad, no son más que oportunistas disfrazados de dirigentes cafeteros.

Cuando hemos tenido la oportunidad de visitar exposiciones de cafés especiales, al hablar con varios expositores, nos han explicado todas las trabas que les pone la Federación Nacional para lograr sus objetivos. Para poder exportar sus productos siempre lo tienen que hacerlo bajo el monopolio odioso de federacafe, quien es el que impone las condiciones a unos costos bastante onerosos para los productores, que a punta de esfuerzo y sacrificio han logrado brillar con nuestro producto emblemático en los mercados internacionales.

Por infinitas razones, el nuevo gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, debe ser ante todo un caficultor, que se haya fogueado en el gremio, goce del aprecio y el respeto de sus afiliados, tenga sentido de pertenencia y manejo del gremio con sentido social, sobre todo, que acerque el Estado al sector campesino y caficultor.

Considero que la infraestructura de la Federación Nacional de Cafeteros, que se extiende por casi todo el País, a costos bastante elevados para los caficultores, debería reestructurarse, no se justifica que el gerente general, devengue un sueldo astronómico de cuarenta millones de pesos, con un séquito de aduladores; en la misma forma los comités departamentales, que si bien son a menor escala, también reina el despilfarro, la anarquía y la burocracia innecesaria.

El desempeño del doctor Genaro Muñoz ha sido el más corto hasta la presente fecha, solo duró seis años en el cargo, su administración no dejó de estar cuestionada, fue durante su período que se realizaron varios paros cafeteros con serias reclamaciones por el incumplimiento de los acuerdos inicialmente pactados con la complacencia del Gobierno Nacional, no se justifica que parte de los subsidios presupuestados por el Gobierno, para conjurar en parte la crisis cafetera de los años anteriores, hubiesen ido a parar al bolsillo de delincuentes de cuello blanco, que se hicieron pasar por caficultores sin serlo.

Aún hoy los caficultores en varios municipios continúan esperando se les cumpla con el pago del subsidio a que se comprometió el Gobierno para levantar los paros del 2012 y 2013, muchos se perdieron y hasta la fecha no aparecen los responsables, no obstante, que en su momento se han iniciado varias investigaciones de rigor.

La mayor parte de los comités departamentales, no estuvieron de acuerdo con el desempeño que le venía dando el doctor Genaro Muñoz a uno de los gremios más importantes del País y sobre todo del cual sobreviven más de quinientas mil familias, que ante tantas incertidumbres que sus directivos le han venido dando al gremio desde hace varios años, les ha tocado cambiar de actividad o muchas veces abandonar sus fincas.

Por eso, insistimos en que el nuevo gerente no puede ser un improvisador, ni mucho menos un aparecido; debe ser un dirigente de mucho peso en el gremio con el suficiente conocimiento para emprender nuevas metas de desarrollo dentro de él, lo más importante: que cumpla a cabalidad los acuerdos a que llegue con el gremio productor.

Aún con los altibajos de los precios del café, el gremio debe estar lo suficientemente sólido para solucionar a sus afiliados los más álgidos problemas, es indignante ver que productores que sacan una cosecha que les debe reportar buenos dividendos, finalmente reciben la desagradable noticia: que el precio del café se descolgó justamente al momento de venderlo al comprador del pueblo.

Considero que esta práctica debe desaparecer y los precios del café deben mantenerse en un estándar, aun por encima o por debajo de las los indicadores internacionales, lo que sucede es que el Gobierno muchas veces negocia el sudor de los caficultores para favorecer intereses de otros gremios.

urielos@telmex.net.co
urielos@hotmail.es 


miércoles, 17 de junio de 2015

X Campeonato de Baritas Cataluña 2015






Vídeo resumen del X Campeoanto de Baristas de Cataluña Fórum Café, celebrado el 24 de Abril 2015 en Reus (Tarragona). 1er CLASIFICADO: IVETTE VERA - 2o CLASIFICADO: DANI OJEDA - 3r CLASIFICADO: ALBERT GRAELLS

ORGANIZACIÓN: Fórum Cultural del Café, Brasilia

COORGANIZADORES: Medalla de Oro, Unic, Cafés El Magnífico, Grupo Cafés Batalla, Cafento, Cafés Cornella, Café Saula

PATROCINADORES: Quality Espresso, Compak, Eunasa, Cerámicas Sant Pancraç, Lotus, Monin, Reybar, Calidad Pascual, Azaconsa, Cepac, Viladrau

COLABORADORES: Escola d´Hostaleria i Turisme de Cambrils

COLABORACIÓN ESPECIAL: Gremi de Torradors de Cafè de Catalunya




martes, 16 de junio de 2015

baúl de los recuerdos (vintage)



Haciendo un hoyo para sembrar una planta apareció esta 'chapa'. Un bello recuerdo de hace 32 años. Creo que ya no se hacen este tipo de recuerdos, por lo menos en Barichara...